En las últimas tres semanas Nigeria está viviendo un proceso revolucionario. Comenzó con la lucha contra un sector de la policía, el SARS, y se transformó en una semiinsurrección.

Por: César Neto

Las protestas nigerianas son mucho más que contra la violencia policial

La profunda crisis económica que ganó un impulso en 2019, desde entonces han quitado el sueño a la burguesía y sus gobiernos. Los trabajadores y las masas salieron a las calles en Hong Kong, Ecuador, Chile, entre otros países, para defenderse de los ataques que estaban sufriendo. Con la pandemia, la situación que estaba mala, solo empeoró. Así, vimos nuevas ondas de importantes movilizaciones en el continente africano, como en Zimbabue, Malí, Sudán, Kenia, Tanzania, Angola, etc. En realidad, es más fácil contar los países que no están pasando por procesos de luchas y convulsiones sociales en el África que enumerar aquellos que lo están.

La novedad, en este proceso de movilizaciones, es la entrada en escena de Nigeria, el país con mayor concentración obrera, oriunda de la industria petrolera, que anteriormente venía acumulando fuerzas a partir de diversas movilizaciones.

Ya desde marzo de 2019 podemos identificar las primeras manifestaciones después de que un oleoducto se prendiera fuego y por lo menos 50 personas murieran carbonizadas. En marzo de este año, los trabajadores de la salud hicieron huelga exigiendo mejores condiciones de trabajo en el combate al Covid-19 y debido a los salarios atrasados desde el final de 2019. En junio, hubo masivas manifestaciones en el enfrentamiento contra la violencia a la mujer que exigían medidas de los gobiernos nacional y estaduales; en el comienzo de agosto, los petroleros iniciaron una huelga como consecuencia del no pago de sus salarios.

Una de las luchas más impresionantes de los nigerianos, aún en ese período anterior a la pandemia, ocurrió en setiembre de 2019, en que luego de una ola de ataques xenofóbicos contra extranjeros, incluyendo a nigerianos, en el África del Sur, de repente explotó un movimiento de masas contra empresas sudafricanas instaladas en Nigeria, y las empresas sudafricanas sufrieron saqueos e incendios en supermercados, tiendas de ropas y empresas de telefonía y por un gran período no consiguieron operar en territorio nigeriano; eso fue una respuesta directa a los actos xenofóbicos contra los nigerianos que viven en África del Sur.

Nigeria está gobernada por Muhammadu Buhari, que fue electo presidente en 2015. Muhammadu Buhari es un militar de la reserva del Ejército, que dio un golpe de Estado contra Shehu Shagari e instaló una dictadura que gobernó el país de diciembre desde 1983 hasta agosto de 1985. Buhari, que se autodenomina “renovado” en referencia con su pasado de dictador, en 2015 conquistó el poder a través del voto directo. El término “renovado”, utilizado por Buhari, es extremadamente relativo, pues nunca abdicó de sus posiciones proimperialistas y de la represión a los trabajadores y a la juventud pobre del país.

Cuando Buhari fue electo, en 2015, había mucha expectativa de cambios, pero rápidamente la expectativa fue siendo sustituida por la desilusión. Y los años 2019 y 2020 estuvieron marcados por grandes movilizaciones que plantearon como tarea inmediata la caída de Buhari.

La rabia explotó con las manifestaciones #ENDSARS

La primera semana de movilizaciones en Nigeria provocó movilizaciones en los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, África del Sur, Brasil, y obligaron al dictador Buhari a decretar solo formalmente el fin del Escuadrón Especial Anti Robo (Special Anti-Robbery Squad – SARS). Lo que, por su parte, para muchos analistas, con esta medida el gobierno conseguiría controlar el movimiento que tomó las calles del país. Sin embargo, las cosas no se dieron como el gobierno esperaba.

Las movilizaciones expusieron todas las contradicciones de un país capitalista atrasado, súper explotado y dependiente del imperialismo mundial. No obstante, Nigeria posee el mayor Producto Interno Bruto (PIB) del África Subsahariana debido a la producción petrolera, que es responsable por 95% de los ingresos de divisas en el país, y mantiene 80% de los gastos presupuestarios. El petróleo hace de Nigeria la 26° mayor economía del mundo; sin embargo, la pobreza es asustadora, pues al comparar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) medido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los 189 países evaluados Nigeria está en la 158° posición.

Las multitudinarias movilizaciones cuentan con alta participación de la juventud, esto es expresión también de la propia composición poblacional que, de acuerdo con la ONU, 60% de la población residente en el país tiene menos de 24 años. E incluso, los actos y manifestaciones cuentan con la participación de varios gremios profesionales, estudiantes, trabajadores independientes, artesanos y trabajadores que son miembros de pequeños sindicatos. Sin embargo, la intervención del movimiento sindical ha sido bastante limitada. Y las únicas declaraciones explícitas de apoyo en los últimos días fueron de dos sindicatos de trabajadores del petróleo, NUPENG y PENGASSAN. Las dos centrales sindicales, NLC y TUC, y otros importantes sindicatos dieron declaraciones de apoyo pero no se envolvieron tanto cuando se esperaba.

La tradición represiva en el país se remonta a los años de 1970 con el histórico de sucesivas masacres, desde la llamada Guerra de Biafra. Otras masacres ocurrieron durante la dictadura militar de Buhari entre los años 1983 y 1985; e incluso la masacre ocurrida en 2015 contra la población musulmana chiita, cuando las fuerzas policiales mataron a centenas de manifestantes desarmados.

Actualmente, está en vigencia en el país el Decreto Anti Sabotaje de 1975, que impuso la pena de muerte o la prisión de hasta 21 años para actividades que obstruyan la producción y distribución de petróleo bruto. Por lo tanto, las masacres de estas semanas, que pueden contar con alrededor de 100 muertos, son una secuencia más de la práctica común de violencia contra los trabajadores y el pueblo pobre de Nigeria.

El gobierno tuvo que desarticular el SARS pero la represión no acabó

El movimiento que tomó las calles del país y ganó repercusión internacional, #EndaSARS, al obligar al gobierno de Buhari a desarticular el SARS, garantizó una importante victoria parcial. Es una victoria de las primeras semanas de movilizaciones, pero el gobierno en verdad transfirió los efectivos del SARS hacia una unidad especial de la policía, el SWAT (Special Weapon Tactical); las masas no aceptaron esa maniobra y la lucha sigue su flujo.

Toque de queda, paramilitares y militares en las calles para reprimir

En la segunda semana de movilizaciones, los presidios para presos correccionales en Benin y Oko fueron invadidos, y los presos liberados. Esos ex presos fueron reclutados por el Estado nigeriano gobernado por Buhari, para atacar las movilizaciones con una fuerza paramilitar.

Enseguida, el lunes, el gobierno decretó otra medida, con el objetivo de sacar a los manifestantes de las calles, lo que se dio con la imposición del toque de queda que, por su parte, fue ampliamente rechazado por los manifestantes que siguen ocupando los espacios públicos y realizando las manifestaciones.

Al mismo tiempo, el ejército anunció ejercicios militares en todo el país, en la denominada Operación Sonrisa de Cocodrilo, que se inició el 20 de octubre y se extendió hasta el 31 de diciembre.

De esta manera, no es difícil entender la represión brutal que sufren los nigerianos, pues están sometidos a una represión ostensiva que sumada a las medidas dichas arriba e incluso combinada con las fuerzas paramilitares, las organizaciones como el SWAT y diversas organizaciones de vigilancia civil y militar son responsables por las sucesivas masacres junto con el SARS, y que son ampliamente denunciadas en este actual ciclo de luchas.

La masacre de Lekki Toll Gate

Millares de personas se manifestaban frente al peaje del aeropuerto, área de nombre Lekki Toll Gate. Y el gobierno, con el objetivo de acabar con la ocupación del lugar, realizó una operación entre los distintos organismos del Estado, en la cual cortaron el abastecimiento de energía eléctrica. Así, las luces fueron completamente apagadas, las cámaras de video del lugar fueron quitadas, y en la oscuridad se abrió fuego contra los manifestantes. Una acción coordinada que expone claramente el papel de los gobiernos estaduales y federal en el asesinato de decenas de manifestantes y heridos en esta acción.

Paramilitares se infiltraron en las manifestaciones

Diversas manifestaciones fueron disueltas por grupos paramilitares, en realidad, ex presos correccionales sacados de las prisiones, que portando armas blancas y revólveres atacaron a los manifestantes.

Durante la manifestación frente al Banco Central en la capital Abuja, esta semana, los paramilitares atacaron a los manifestantes bajo la mirada complaciente de 30 a 40 policías. De esta forma, los secuaces del gobierno Buhari incendiaron el camión donde estaba el sistema de sonido e incendiaron el campamento. Algunos manifestantes llegaron a ser golpeados, entre ellos una mujer que necesitó ser hospitalizada.

La noche de los ataques a los manifestantes proseguían con acciones coordinadas por los secuaces de Buhari, que incendiaron los vehículos de los manifestantes y, al mismo tiempo, la policía dispersó a los manifestantes con bombas de gas lacrimógeno y armas de fuego. Esas mismas acciones se repitieron en otras regiones del país y se realizaron de forma coordinada, practicadas por paramilitares, milicias y el aparato de la policía estatal.

Las masas no se rinden y avanzan

A pesar de la enorme represión a los jóvenes trabajadores que luchan, el movimiento se radicaliza y continúa agregando más activistas. El canal de televisión TV News, siempre pronto para presentar noticias favorables al gobierno y contra la clase trabajadora, fue invadido e incendiado. También fueron incendiados la residencia de la madre del gobernador, la terminal de ómnibus en Oyingbo, la oficina de la Autoridad Portuaria en Apapa, entre otros. Apapa es el principal puerto marítimo del país y posee una terminal de contenedores que fue vendido, en 2005, a la empresa danesa Moller-Maersk, generando un enorme desempleo en la región.

La acción de ocupación y bloqueo del aeropuerto de Lagos obligó a las empresas aéreas a cancelar los vuelos nacionales e internacionales, y afectó directamente la circulación de productos de la empresa petrolera Chevron, que está instalada en el aeropuerto.

La red de supermercados del Grupo Shoprite, de capital sudafricano, también tuvo sus instalaciones destruidas por la población durante los diversos saqueos ocurridos a lo largo de esta semana, en varias partes del país.

Preservar las vidas y organizar la autodefensa

El Estado nigeriano, en todos los niveles, es responsable directo por la masacre a los trabajadores y al pueblo pobre que está en lucha. La acción del Estado nigeriano se da a través de las varias policías junto con los paramilitares que reprimen y matan a jóvenes y trabajadores. Y aún están las fuerzas armadas, que organizan la Operación Sonrisa de Cocodrilo con el mismo fin. De esta manera, al mismo tiempo que el dictador Buhari pide calma a los manifestantes, organiza la represión, las masacres y las carnicerías contra el movimiento.

Los trabajadores, los jóvenes y el pueblo pobre solo pueden contar con sus propias fuerzas. En este sentido, es preciso organizar sistemas de autodefensa y resistencia para protegerse de los paramilitares, de las policías y de las fuerzas armadas.

Los sindicatos y las organizaciones populares precisan convocar asambleas y juntos discutir, aprobar y aplicar planes de autodefensa.

Organizar la huelga general de 48 horas

Hasta ahora, las centrales sindicales han dado apoyo formal al proceso revolucionario del pueblo nigeriano. Es preciso mucho más, es preciso organizar una huelga general que ponga a la clase trabajadora de la industria petrolera, de la minería, de los bancos, el transporte y el comercio en movimiento de lucha contra el gobierno y los grandes empresarios que apoyan el gobierno, la súper explotación y la represión.

Una huelga general que tenga como su centro el Fuera Buhari y por un plan económico que garantice empleo, salario digno, y las necesidades básicas de la población.

Incentivar campañas internacionales de solidaridad con el pueblo nigeriano

Es preciso construir una amplia solidaridad con el proceso revolucionario que se vive en Nigeria. Un país con larga tradición de gobiernos totalmente sirvientes del imperialismo y extremadamente represivos contra su pueblo, se torna más difícil de derrotar si no se tiene el apoyo internacional.

Saludamos las iniciativas de los manifestantes en distintas partes del mundo. Es preciso ampliar las formas de solidaridad y extenderlas hacia varios países. La clase trabajadora es internacional.

  • Fuera Buhari y sus ministros.
  • Investigación de todos los crímenes de la SARS y el SWAT.
  • Castigo a los criminales.
  • Preparar la huelga general de 48 horas.
  • Organizar los Comités de Autodefensa.
  • Por un gobierno de los trabajadores.

Traducción: Natalia Estrada.