La huelga de los bomberos ocurrida en 2011 en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, realizada en reclamo de mejores salarios y condiciones laborales, puso duramente a prueba las posiciones de las organizaciones que se reivindican revolucionarias. El artículo que reproducimos aquí fue publicado en la revista Correo Internacional – Tercera Época n.° 6 de dicho año, y creemos que refleja bien esta polémica.

Por: RLN

Sabido es que esta lucha se combinó, por un lado, con una impresionante adhesión popular y de otros sectores organizados del movimiento de masas como los docentes, trabajadores de la salud y del metro, funcionarios públicos, estudiantes e, incluso, algunos sectores locales de la policía militar y civil que se unificaron en movilizaciones de hasta 50.000 personas. Por otro lado, el gobernador carioca, Sergio Cabral (del oficialista PMDB), reprimió fuertemente a los bomberos, llegando en un momento a apresar a más de 400 huelguistas.

En el Brasil, los bomberos constituyen una excepción a muchos otros países, pues están incorporados a la estructura policial. Si bien innegablemente no cumplen una función de represión directa al movimiento de masas, están sujetos a la jerarquía de ese aparato represivo. He ahí donde se inicia la polémica. Siendo el cuerpo de bomberos parte de las fuerzas represivas del Estado burgués brasileño, ¿es políticamente correcto para los revolucionarios apoyar movilizaciones o huelgas de este u otros sectores integrantes de las fuerzas represivas burguesas por cuestiones salariales y laborales?

Nuestra posición, desde la LIT-CI y el PSTU, fue de apoyo e impulso decidido a esa huelga. No solo apoyamos la lucha de los bomberos, sino que los defendimos delante de la represión ejecutada por sus superiores. La LER-QI (Liga Estrategia Revolucionaria, ligada al PTS argentino, actual MRT) tuvo la posición opuesta y, por ello, nos acusó de haber capitulado a las fuerzas represivas del Estado capitalista pues, según esta corriente, no es correcto apoyar ninguna lucha o huelga de sectores provenientes de las fuerzas armadas. Pero démosle la palabra a estos compañeros:

“Estamos en contra de apoyar motines y movimientos policiales, en contra de tratarlos como trabajadores. En relación a las fuerzas de represión (…) estamos por la disolución de todo el aparato represivo, por lo tanto estamos en contra de apoyar e incorporarse a los movimientos policiales y sus reivindicaciones reaccionarias. Más salarios y mejores condiciones para los policías significa más represión contra los trabajadores, la juventud y las masas (…)”[1].

La LER-QI sostiene que nuestra posición se debe a que, desde el PSTU y la LIT-CI, nos dejamos llevar por “presiones del ‘sentido común’ o la exigencia de respuestas tácticas”. Ellos, por el contrario, proclaman con su acostumbrada grandilocuencia que siempre actúan “al lado de los trabajadores, en el sentido estratégico y no meramente táctico (apoyar o no una de terminada movilización)”[2].

Un primer acuerdo: la discusión no es ni táctica ni coyuntural, tiene un sentido estratégico para la lucha revolucionaria en general. Partamos del inicio. Las FF.AA. capitalistas y sus contradicciones Se puede discutir el rol, secundario o no, de los bomberos dentro de la estructura policial y represiva del Estado capitalista brasileño, pero despejemos esto reafirmando que ellos son parte de ese aparato. Punto. A partir de ahí, olvidemos por un instante a los bomberos y vayamos más lejos en la discusión: para nosotros, los militantes de la LIT-CI, hubiese sido correcto apoyar una lucha como esta, desde el punto de vista de los principios, el programa y la política revolucionarias, incluso si se trataba de la Policía Militar, civil o el mismísimo BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales).

Esta posición no implica ninguna capitulación o falta de claridad sobre el carácter de las fuerzas represivas, policiales o militares, dentro del aparato estatal capitalista. Como socialistas revolucionarios, tenemos plena conciencia de que los militares, la policía, la inteligencia y todas las FFAA burguesas son la principal institución del Estado capitalista, son su pilar, su sostén. Son, al decir de Lenin, “destacamentos de hombres armados” al servicio de mantener por la fuerza el orden capitalista, reprimiendo las luchas de los explotados. De esta caracterización se concluye que, como institución, las FFAA burguesas son inquebrantables e irrecuperables.

Ahora bien, tan cierto como esta valiosa enseñanza del marxismo-leninismo, es que dentro de las FFAA burguesas existen, como en toda la sociedad, contradicciones de clase. Cualquiera podrá notar que no es lo mismo la alta jerarquía militar o policial, el alto mando privilegiado y bien remunerado, que los soldados rasos, conscriptos bajo el servicio militar obligatorio, o los policías que ganan salarios miserables y soportan las mismas condiciones de vida que la clase trabaja dora. Si bien las capas inferiores de soldados y policías no son parte orgánica del proletariado –son parte de una superestructura burguesa– tienen la enorme contradicción de ser asalariados y de provenir de la clase obrera o el campesinado pobre.

Teniendo clara la tradicional definición marxista de las FFAA burguesas y sus contradicciones internas, surge el problema de qué política tener hacia ellas en el sentido de poder concretar la revolución socialista.

Lenin y Trotsky versus la LER-QI

Lenin siempre tuvo una posición y una política opuesta a la que sostiene la LERQI.

El fundador del Partido Bolchevique, hablando de las lecciones de la primera revolución rusa de 1905, se refirió a la insurrección, específicamente, “(…) a la manera de hacerla, a las condiciones en las cuales las tropas se pasan al lado del pueblo (…) Es obvio que no se puede hablar de una lucha seria mientras la revolución no gane a las masas y al ejército mismo. Evidentemente, el trabajo realizado entre el ejército es imprescindible (…)”[3]. Es decir, para Lenin, no podía tan siquiera pensarse en una revolución victoriosa sin hacer un trabajo tendiente a “ganar” una parte de las fuerzas armadas para la causa del proletariado.

Contra el espontaneísmo funcional al orden burgués, Lenin siempre defendió que el trabajo político, aquella “preparación espiritual” de las tropas, es una tarea previa y preparatoria de la insurrección. Muy claramente afirma: “(…) No debemos predicar la pasividad ni la simple “espera” del momento en que la tropa “se pase” a nuestro lado. ¡No!, debemos tocar los tambores y proclamar la necesidad de la ofensiva intrépida, del ataque a mano armada, la necesidad de exterminar a los jefes y de luchar con la mayor energía por la conquista del ejército vacilante (…)”[4].

Estas lecciones, extraídas de la revolución rusa de 1905, Lenin las aplicará con profunda decisión en 1917, defendiendo la lucha política para ganar a los “elementos vacilantes” de las fuerzas armadas para “arrastrarlos a la lucha activa” y organizarlos. La Historia confirmará la justeza de esta política insurreccional leninista, sin la cual nunca se hubiese podido tomar el poder en Rusia. Trotsky sostenía la misma posición, pues confiaba en que “la insurrección puede arrastrar una parte de las fuerzas armadas, paralizar las fuerzas del enemigo y derribar el viejo poder”[5] y esto solo se puede dar por la acción (es decir, teniendo una política e interviniendo activamente), mediante la cual “(…) los más avanzados arrastran a los vacilantes, aislando a los que resisten”[6].

Pero Trotsky es más categórico aún al afirmar que: “(…) La tarea de la insurrección consiste, desde su inicio, en traer a las tropas para su lado”[7]. Evidentemente, es claro que existen sectores de las fuerzas armadas burguesas profesionales que no pueden ser disputadas políticamente y frente a las cuales solo cabe el enfrentamiento físico. Hablamos de las guardias pretorianas, sectores de la alta oficialidad privilegiada y bien remunerada, como la Guardia Nacional de Somoza o las guardias elitizadas de Gadafi, Sadam o Assad. Por eso hablamos de tener una política para dividir a las fuerzas armadas burguesas, disputando la conciencia de las capas más bajas del ejército o la policía.

Esto significa aumentar al máximo las contradicciones dentro de su estructura y llevar la lucha de clases dentro del propio aparato represivo. Significa exacerbar las contradicciones de clase entre la base del ejército o las policías (generalmente provenientes de sectores del proletariado o el campesinado) y la alta oficialidad acomodada e ideológicamente proburguesa.

Aquel sector minoritario, en palabras de Trotsky cuando se refiere a la Revolución de Octubre, “(…) compuesto de elementos calificados de las Fuerzas Armadas: oficiales, cadetes militares, militares de la tropa de choque y, tal vez, también cosacos. Estos elementos no podían ser conquistados políticamente: era necesario derrotarlos”[8].

Estas lecciones, que identificaron y aplicaron Lenin y Trotsky tras el triunfo de la revolución socialista de 1917, pasaron a ser patrimonio de todo el movimiento comunista internacional. La III Internacional, entre las condiciones para admitir partidos revolucionarios en su seno, colocaba: “4º. El deber de propagar las ideas comunistas implica la necesidad absoluta de realizar una propaganda y una agitación sistemática y perseverante entre las tropas”[9].

Es evidente que la posición de la LERQI, en el caso de la huelga de los bomberos, es la opuesta a la defendida por Lenin y Trotsky. Con esta postura, esta corriente no hubiese sido admitida en las filas de la III Internacional en sus tiempos revolucionarios.

Estrechez política

Si consideramos la insurrección como un arte, ¿cómo negar tamañas contradicciones en el seno de las FF.AA.? ¿Cómo, a partir de ellas, no tener una política para acentuar esas contradicciones de clase apoyando e interviniendo con todo en aquellas situaciones donde esa base del ejército o de la policía (hijos de obreros o campesinos) se enfrentan a sus cúpulas y hacen tambalear la jerarquía militar represora?

¿No fue justamente eso lo que pasó cuando los bomberos, orgánicamente parte de las fuerzas represivas, enfrentaron a sus comandantes exigiendo mejores salarios y condiciones laborales? ¿Fue progresivo o regresivo, desde el punto de vista de la preparación de la revolución, el hecho de que cuestión[aran] la vertical disciplina policial haciendo una huelga?

¿Cómo negar el hecho de que se produjo una crisis fortísima dentro del aparato represivo cuando tuvieron que llamar al BOPE para reprimirlos, porque una parte de la propia Policía Militar se negaba a hacerlo?

Pero la LER-QI no toma en cuenta nada de esto. Ellos, con su consabida estrechez política, opinan que todas las huelgas policiales son reaccionarias, pues “su sentido general no es de debilitar el aparato represivo, sino de fortalecerlo”[10].

Nosotros opinamos que ocurre exactamente lo contrario. La lucha de los bomberos metió en crisis a toda la jerarquía policial, la debilitó y acercó más a un sector de estos (bomberos y una parte de la policía militar) a las organizaciones sociales y sindicales del movimiento de masas, abriendo espacio para discutir un programa revolucionario para las tropas, como el derecho a la sindicalización como forma de lucha y la desmilitarización de toda la estructura policial. No solo debilitó a la jerarquía policial-militar, sino al propio gobierno estadual de Cabral.

La lucha de los bomberos fue altamente progresiva, no solo desde el punto de vista “táctico” sino desde una perspectiva estratégica. La política del PSTU fue, sin dudas, parte de ese trabajo previo que toda organización revolucionaria debe realizar frente a las crisis de los aparatos represivos. Esta apreciación, bajo ninguna hipótesis significa desconocer el papel contrarrevolucionario de las FFAA burguesas.

Implica no caer en un esquematismo oportunista de considerar aquella institución como un todo y negarse a luchar por su división, una de las condiciones fundamentales para el triunfo de la revolución socialista. Es preciso “recordar” a la LER-QI las enseñanzas de Trotsky cuando este afirmó que: “(…) el ejército de los poseedores llevaba adentro el gusano del aislamiento y de la disgregación”[11]. Pero para llegar a esa disgregación hay que tener política. Cruzarse de brazos solo ayuda a las clases propietarias.

Una posición oportunista y espontaneísta

Se podría pensar que esta corriente, al no apoyar tamañas movilizaciones unitarias –que fueron comparadas incluso con la lucha por las ¡Directas ya! en el final de la dictadura militar brasileña, o el ¡Fuera Collor!–, sostiene una posición “sectaria”. En verdad, aunque esta corriente actúe como una secta dentro del movimiento de masas, su posición es claramente oportunista. Y lo es porque, en los hechos y pesar de toda su retórica pseudo izquierdista, la LER-QI capitula a las fuerzas armadas de la burguesía, al negarse a aplicar una política para dividirlas o generar crisis y fisuras dentro de ellas. No solo esto. Al tener una posición de no apoyo a los bomberos, diciendo: “Ningún apoyo al represor Sergio Cabral ni al motín de los bomberos”, se coloca objetivamente al lado del gobernador pues, ante semejante lucha y represión, los típicos “ni-ni” solo fortalecen la posición de las clases dominantes y su represión.

La posición de la LER-QI, de contenido, es espontaneísta y pacifista. Espontaneísta pues, al no tener una política previa para dividir a las fuerzas armadas, la resolución del problema sobre cómo enfrentar la represión quedaría postergada para cuando “suene la hora” de la insurrección; y la historia ha demostrado que tal postura solo lleva al proletariado hacia la derrota. Pacifista pues, como vimos, se niegan a encarar la lucha política al interior de las fuerzas armadas. Si está de mostrado que sin división no hay destrucción de las FFAA burguesas, y sin la destrucción de estas no hay revolución, entonces, de hecho, la LERQI termina negando la propia insurrección tal como lo plantearon los maestros del marxismo y tal como se dio en la Historia.

Esto es así pues, dentro de las corrientes revolucionarias que coinciden con que es imprescindible la destrucción de las FFAA burguesas para que se pueda pensar en una revolución triunfante, existen dos posiciones fundamentales: la leninista, que pasa por tener política para dividirlas y la del foco guerrillero, que propugna un enfrentamiento frontal de ejército a ejército. Si la LER-QI no defiende ni lo uno ni lo otro, es claro que su posición es pacifista, contraria a la misma insurrección.

Ellos hablan de un programa revolucionario que plantee la disolución de las fuerzas armadas burguesas, con lo cual coincidimos plenamente. El problema es que para eso, primero la clase trabajadora debe tomar el poder. El partido revolucionario, entonces, debe dar una respuesta política a la cuestión de cómo enfrentar a las fuerzas armadas en el camino hacia el poder obrero. Hasta la disolución de las fuerzas armadas burguesas existe un camino que recorrer. ¿Cómo hacemos, mientras?

Repetimos: una de dos, o las enfrentamos a pecho gentil, o nos trazamos una política para dividirlas. Si optamos por la segunda opción, como hicieron Lenin y Trotsky, debemos tener política (agitación y propaganda) hacia la base de las fuerzas armadas y la baja oficialidad.

Eso implica tener un programa que busque, además, su organización sindical, su participación gremial y política (como fue el caso de los soviets de diputados soldados o la Guardia Roja, durante la Revolución Rusa), exacerbando las contradicciones de clase dentro de esa superestructura burguesa. Caso contrario, sin este trabajo previo, caeremos en un espontaneísmo aventurero e irresponsable, que se demostró catastrófico para el proletariado en innumerables ocasiones a lo largo de la Historia.

Oponerse a la estrategia de lucha por el poder que incluya un trabajo político sobre la base del ejército es capitularle a las fuerzas armadas burguesas. Pensar que se puede tomar el poder sin lograr que el aparato represivo de la burguesía se divida es ir rumbo a una derrota segura y sangrienta cuando estalle una crisis revolucionaria.

Notas:

[1] Declaración de la LER-QI: ¿Por qué los revolucionarios no deben apoyar la “lucha” de los bomberos?, publicado el 21 de junio de 2011 en el sitio web de Fracción Trotskista.

[2] Ídem.

[3] LENIN, V.I. “Las lecciones de la insurrección de diciembre de 1905 en Moscú”.

[4] Ídem.

[5] TROTSKY, León. “El arte de la insurrección proletario-socialista: Revolución, insurrección, conspiración”.

[6] Ídem.

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] Resoluciones del 2.° Congreso de la III Internacional.

[10] ¿Un movimiento en defensa de la “seguridad pública”?, publicado en el sitio web de la LER-QI.

[11] TROTSKY, León. ”El arte de la insurrección proletario-socialista: Revolución, insurrección, conspiración”.

Artículo publicado originalmente en la revista Correo InternacionalTercer Época n.° 6, setiembre de 2001, pp. 41-43.