Dom Dic 04, 2022
4 diciembre, 2022

Colombia: El PST y la Brigada Simón Bolívar

El Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia cumple 45 años de existencia. Desde su fundación ha sido una organización dedicada a la política revolucionaria; para intentar cambiar la sociedad interviniendo en los distintos terrenos de la lucha de clases con un programa que no ha vacilado en poner en práctica, haciendo parte de la Cuarta Internacional, primero en el marco de la Fracción Bolchevique y luego en el de la Liga Internacional de los Trabajadores.

En 1979, hace 43 años, el PST intervino en la revolución nicaragüense a través de la Brigada Simón Bolívar –organizada en Colombia por la Fracción Bolchevique– donde propuso aplicar el programa de la revolución socialista, con medidas como la reforma agraria distribuyendo la tierra al campesinado pobre, organizando sindicatos de trabajadores y comités de fabrica para organizar y controlar la producción, al servicio de la sociedad, colectivizando los medios de producción y eliminando la ganancia para distribuir la riqueza, entre otras medidas, con el objetivo de construir un Estado obrero.

Pero el programa de la fracción Bolchevique chocó con el programa de reconstrucción nacional del Estado capitalista que tenía el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN); por esa razón los brigadistas fueron expulsados. El FSLN se proponía lo mismo que se propone actualmente el gobierno colombiano de Gustavo Petro: reformar el capitalismo gobernando con el sector de la burguesía opositora al dictador Anastasio Somoza.

El resultado del programa de los sandinistas en Nicaragua, de reconstruir el capitalismo supuestamente para para darle libertad al pueblo y para satisfacer sus necesidades materiales, fracasó. Es lo que demuestra hoy la situación de miseria del pueblo nicaragüense, donde Daniel Ortega, quien fuera uno de los luchadores contra el dictador Somoza, se eternizó en el poder, convirtiéndose en un dictador igual o peor que Somoza.

El capitalismo es un sistema mundial en decadencia que no se puede reformar. Por eso el programa del Partido Socialista de los Trabajadores y de la Liga Internacional de los Trabajadores es para la revolución socialista mundial para conquistar el socialismo como sistema global.

Los artículos publicados a continuación describen la experiencia del Partido Socialista de los Trabajadores y la Liga Internacional de los Trabajadores, en un hecho particular de la lucha de clases, como fue la insurrección armada del pueblo nicaragüense en la revolución de 1979.

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La Brigada Simón Bolívar y la lucha armada

Fernando Graco

Artículo publicado en la Revista Marxismo Vivo N°21 de 2009

Versión completa

En 1979 La Fracción Bolchevique de la Cuarta Internacional, desde Colombia y en cabeza del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), impulsó la constitución de una brigada de combatientes para apoyar al pueblo nicaragüense en su batalla por derrocar la dictadura de Anastasio Somoza. El PST que desde su fundación en 1977 combatió la estrategia guerrillera de la insurgencia colombiana, en esa ocasión se colocó abiertamente del lado de los combatientes nicaragüenses en una aplicación concreta de la concepción marxista sobre las formas de lucha, aspecto que intentaremos desarrollar en estas notas.

La caracterización de la revolución nicaragüense

La Fracción Bolchevique (FB) de la Cuarta Internacional elaboró, desde 1978, una caracterización sobre el proceso revolucionario nicaragüense y sobre el papel que podía cumplir la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional en esa revolución puesta en marcha para echar del poder al “Tacho” Somoza. La caracterización de la FB se puede sintetizar en que se iban a combinar huelgas e insurrecciones parciales con acciones guerrilleras del FSLN, y que esa combinación colocaría al Frente Sandinista como vanguardia de la lucha contra la dictadura. El sandinismo contaba además con la particular circunstancia de que la burguesía, que se encontraba dividida, había agotado las posibilidades de hacer un recambio controlado del régimen político y de que el imperialismo, viendo la insurrección avanzar, no encontraba mejor salida que la de buscar apoyo en los gobiernos latinoamericanos para que intervinieran desviando el proceso al terreno de la democracia burguesa.

En efecto, la combinación de las huelgas y las insurrecciones parciales con las acciones guerrilleras del FSLN se dio, en forma bastante cercana a las predicciones de la FB, entre 1978 y en el primer semestre de 1979. En febrero de 1978 estalló una insurrección en la ciudad de Masaya, al sur del país; en septiembre del mismo año se replicaron en varios departamentos del país: León, Matagalpa, Chinandega, Managualos, Estelí y, nuevamente, Masaya. La oleada revolucionaria, que ya abrasaba a la mitad de la población nicaragüense desembocó, en abril de 1979, en un nuevo levantamiento de la población de Estelí, al norte, en el que las masas insubordinadas incorporaron el método de la insurrección armada.

Luego de las insurrecciones de septiembre la Fracción bolchevique concluyó que: “Todo el proceso de huelgas y movilizaciones está creando las condiciones objetivas para la huelga general y para una derrota definitiva de la dictadura… Estas experiencias y el inmenso prestigio del FSLN, hacen cada vez más factible la generalización de las acciones insurgentes del Pueblo”. Y agregaba que “El FSLN es la única fuerza que en ese momento podría impulsar esta tarea [la de organizar a las masas para la insurrección], y darle sustento a una alternativa de poder.” Para definir que “Obrando en consecuencia, desprendimos continuar el apoyo a la lucha del FSLN y levantar la consigna ‘Por un gobierno del FSLN y de las organizaciones de los trabajadores’”. (Periódico El Socialista Nº 128 de septiembre 4 de 1978).

La organización de la Brigada Simón Bolívar

En mayo de 1979 Daniel Samper Pizano, reconocido periodista colombiano, titulaba su columna del diario El Tiempo: “Necesítase gente”. El texto se iniciaba con la siguiente información: “En la calle 17 Nº 4-49, oficina 201 de Bogotá, están necesitando gente. No dan trabajo ni prometen enriquecer aspirantes de la noche a la mañana a través de la venta de enciclopedias. Lo único que ofrecen es la posibilidad de perder la vida, sometiéndose a riesgos e incomodidades y llevar durante un tiempo incierto una vida llena de peligros. A cambio sólo brindan la oportunidad de luchar por la liberación de un pueblo. En este lugar funciona la oficina de reclutamiento de combatientes colombianos que quieran voluntariamente alistarse en la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua”.

Un informe redactado unos meses después del triunfo sandinista resumía así los resultados de la campaña: “La Brigada Simón Bolívar alcanzó a recibir solicitudes de incorporación de más de 1.200 colombianos. De todo el país se presentaron voluntarios… De ellos, cerca de 320 habían sido seleccionados pero solo alcanzaron a viajar 53, de los cuales siete eran nicaragüenses. En el momento en que cayó Somoza había 200 brigadistas más que se aprestaban para partir hacia Nicaragua.

“De América Latina salieron otros militantes de la Brigada Simón Bolívar, que contó con voluntarios de Argentina, Bolivia y Brasil. Hubo incluso tres norteamericanos que se sumaron a la Brigada. En el grupo hubo tres muertos; los tres pertenecían a la oficina de Colombia”. (Tomado de Nicaragua: reforma o revolución tomo I. Recopilación de artículos, 1980, Bogotá Colombia).

Un llamado a organizar brigadas de combatientes

En un informe interno de los organizadores de la Brigada se lee: “En la Conferencia de prensa convocada por el Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia, el 13 de junio de 1979, se instó a través de los medios de difusión a conformar la Brigada Simón Bolívar, a ser integrada por hombres, mujeres, trabajadores y estudiantes colombianos de cualquier partido o ideología, que quisieran participar militarmente en la lucha del hermano pueblo de Nicaragua y el Frente Sandinista, en los momentos cruciales que estaba viviendo en su enfrentamiento contra la dictadura.

“De esta manera periodistas de todos los medios de comunicación nacionales más representantes de varias agencias internacionales hicieron llegar el llamamiento solidario del PST a miles de colombianos, convirtiendo esta noticia en la más importante del día. El llamado fue también conocido en todo el mundo, con importantes repercusiones en el sentido de alentar a grupos e individualidades a llamar a formar brigadas o incorporarse directamente a la lucha contra Somoza. Ejemplo de esta repercusión fueron las brigadas haitianas que se constituyeron en Nueva York o el ‘Sandinistas al Socialismo’ integrada por nicaragüenses y salvadoreños en la ciudad de los Ángeles (EEUU). Ambas llegaron a acuerdos con la Brigada Simón Bolívar posteriormente, aportando 150 voluntarios. También la LCR colombiana adhirió a la Brigada Simón Bolívar y envió 3 dirigentes al combate.

“Algunas organizaciones de la Cuarta Internacional rápidamente dieron respuesta a la convocatoria en sus propios países. En Costa Rica se constituyeron dos columnas de voluntarios: la Brigada Simón Bolívar y la Juan Santamaría que sumaron 190 compañeros. En Panamá el PST aportó dos militantes trotskistas a la Brigada Victoriano Lorenzo y llamó a la conformación de la Brigada Simón Bolívar reclutando 70 personas. Lo mismo ocurrió en Ecuador con un total de 30 personas. En Argentina y Brasil no se pudieron hacer llamados públicos por razones de clandestinidad pero igualmente se alistaron militantes del trotskismo. En Chile se constituyó la Columna Salvador Allende integrada por compañeros del Partido Socialista (CNR) que llegó a acuerdos con la Brigada Simón Bolívar sobre la base de dos puntos sustanciales: 1. Disciplinarse militarmente a las filas del FSLN; 2. Impulsar una política clasista independiente en Nicaragua. En otros países, como Bolivia que se encontraba en plena campaña electoral lograron reclutar compañeros. En México se alistaron 3 compañeros trotskistas.” (Tomado de un informe interno de la época).

La Brigada en Nicaragua

En Nicaragua los miembros de la Brigada fueron alistados en el Frente Sur. “El Frente Sur estuvo tradicionalmente dirigido por la tendencia insurreccional o ‘tercerista’. Su máxima figura militar era Edén Pastora y sus dirigentes políticos los hermanos Humberto y Daniel Ortega…” (Idem).

Con voluntarios de varios países de América Latina llegaron a Nicaragua 110 combatientes, y en Nicaragua se sumaron otros más, contabilizando un total de 250 miembros efectivos en la Brigada Simón Bolívar. Después de un intenso entrenamiento fueron incorporados al Frente Sur del FSLN. En este frente la dictadura resistió hasta el último día cuando, en desbandada, la Guardia Nacional acompañada de mercenarios yanquis, vietnamitas y gusanos cubanos emprendió la huida.

“En el Sur de la línea de fuego [el avance del sandinismo] se había estancado debido a la situación desfavorable: las mejores tropas de la Guardia controlaban el ‘corredor’ paralelo al Lago de Nicaragua desde la Colina de la Virgen y la escasa población de la zona priva al FSLN del apoyo de masas que tenía en el norte.

“Fue una guerra de posiciones, donde cada palmo de terreno se logró a costa de un gran número de compañeros muertos y heridos. EL FSLN sufrió allí el mayor porcentaje de bajas —aproximadamente un 25% de sus efectivos entre muertos y heridos— y los integrantes de la Brigada Simón Bolívar también se enfrentaron al peligro.

“Del arrojo de nuestros compañeros en el combate hay más de un testimonio y, sobre todo una dolorosa prueba: tres muertos en la línea de fuego, Mario Cruz Morales y Pedro J. Ochoa, colombianos y Max Leoncio Senqui, nicaragüense…” Tomado de El Socialista Nº 165, agosto de 1979.

La expulsión de la Brigada

Cuando se organizó la Brigada Simón Bolívar se definió que apoyaría militarmente al Frente Sandinista de Liberación Nacional, combatiendo bajo su disciplina para derrocar a la dictadura de Somoza, pero al mismo tiempo se dejó claro que eso no implicaba apoyo político al programa de reconstrucción del Estado burgués que levantaban los sandinistas.

En contraposición la Brigada Simón Bolívar proclamó y defendió que “La crisis por la que atraviesa Nicaragua no tendrá una salida favorable para las masas trabajadoras, campesinas y populares dentro de los marcos en que quieren mantenerla el imperialismo, la Iglesia y la burguesía opositora. La única salida para esta crisis es el derrocamiento de Somoza y la instauración de un gobierno que cumpla el siguiente programa:

“-Armamento de las masas obreras, campesinas y populares y liquidación de la Guardia Nacional.

“-Expropiación de todas las empresas de Somoza, sus familiares y de todos los colaboradores de la dictadura, y que sean colocadas bajo control de los trabajadores. Expropiación, bajo control de los trabajadores, de todos los monopolios imperialistas.

“-Reforma agraria, expropiando a los terratenientes y entregando las tierras a los campesinos.

“-Ruptura de todos los pactos políticos y militares con el imperialismo.

“-Libertad de todos los presos políticos y retorno de los exiliados. Plenas libertades de prensa, organización política y sindical, reunión, manifestación y huelga.

“-Disolución del parlamento y de todas las instituciones del Estado somocista.”

“-Elecciones libres para una Asamblea Constituyente que reorganice el país al servicio de los trabajadores, los campesinos y el pueblo”. (Tomado de Revista de América, año 1 Nº 8/9 (Tercera época). Bogotá, enero, febrero de 1979.)

Mientras se combatía por derrocar a Somoza no se presentaron diferencias importantes, dado que los miembros de la Brigada Simón Bolívar estuvieron bajo la disciplina militar del Frente Sandinista, pero una vez derrocada la dictadura surgieron, inevitablemente, las diferencias políticas y programáticas. Los brigadistas, consecuentemente, impulsaron el programa que habían propuesto, teniendo en cuenta la dinámica del proceso revolucionario y la iniciativa de las masas.

En cuanto al armamento general de las masas propugnaron por el fortalecimiento de los Comités de Defensa Sandinista (CDS), comités armados que en el transcurso del enfrentamiento con la Guardia Nacional se habían constituido como organismos de autodefensa, denominados entonces Comités de Defensa Civil (CDC). Por el contrario, la política del Gobierno de Reconstrucción Nacional fue desmantelarlos y reemplazarlos por un ejército regular burgués y una policía como la de cualquier otro estado burgués.

Igualmente importante fue el papel que cumplió la Brigada en la organización de las masas en los barrios, en la distribución de víveres, medicamentos armas y construcción de refugios antiaéreos y barricadas. Los brigadistas también impulsaron la construcción de sindicatos; en pocos días ayudaron a fundar 80 sindicatos e incentivaron la constitución de los Comités de Fábrica, que se convirtieron en una especie de organismos de poder que ejercían control político, militar y administrativo dentro de las fábricas. Con estos organismos los trabajadores destituían a los gerentes y altos ejecutivos de las empresas, pedían al gobierno nacional la expropiación sin indemnización de las empresas y su estatización bajo control de los trabajadores.

En el campo, la Brigada estimuló organismos parecidos para expropiar la tierra y distribuirla gratuitamente a los campesinos, desarrollando la tarea democrática de la reforma agraria. La Brigada impulsó este programa llamando a los sandinistas a gobernar con las organizaciones de los trabajadores y las masas, sin burgueses. Pero la presión del imperialismo y la burguesía latinoamericana para evitar que Nicaragua se convirtiera en una nueva Cuba, donde se colectivizaran los medios de producción, llevó al Gobierno de Reconstrucción Nacional a expulsar a la Brigada Simón Bolívar “por extremista”.

Para tratar de evitarlo importantes sectores de trabajadores manifestaron su simpatía por la Brigada y en una movilización por las calles de Managua, en la que participaron unas 5.000 personas, reclamaron que se otorgara a los integrantes de la Brigada la ciudadanía nicaragüense.

Los brigadistas fueron convocados a una reunión en la que fueron desarmados y posteriormente enviados a Panamá en un avión especialmente fletado, allí fueron entregados al ejército que los torturó y los envió de regreso a Colombia. En Colombia los brigadistas y el PST tuvieron que soportar la persecución del reaccionario régimen encabezado por Julio César Turbay que, equivocadamente, sospechaba de sus intenciones de organizar una nueva guerrilla en Colombia.

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¿Por qué la lucha armada?

Alejandro Pereira

Artículo publicado en la Revista Marxismo Vivo N°21 de 2009

Versión completa

Vista en perspectiva histórica, la experiencia de la Brigada Simón Bolívar aparece como paradójica, o por lo menos como contradictoria, puesto que la Fracción Bolchevique y el PST combatían la política y la táctica guerrilleras elevadas a estrategia por el estalinismo, el maoísmo y el guevarismo en varios países de América Latina, empezando por la propia Colombia. Sin embargo no hay nada de contradictorio en esa política que heredaron de la Fracción Bolchevique, la Liga Internacional de los Trabajadores y el PST, y con la que siguen combatiendo ideológica y políticamente a organizaciones guerrilleristas como las Farc y el ELN que desconocen la situación de las masas y de sus luchas. La guerrilla colombiana no reconoce, en los hechos, el papel protagónico de las masas en la lucha revolucionaria, y ha convertido la lucha del aparato guerrillero en una estrategia inmodificable, esquemática y ahistórica. A diferencia de las direcciones de las guerrillas colombianas, los sandinistas, en su momento, reconocían el papel de las masas en el proceso revolucionario, como se desprende de la declaración de Humberto Ortega de que “Es muy difícil tomar el poder sin una combinación creativa de todas las formas de lucha en donde quiera que puedan tener lugar: campo, ciudad, pueblo, barrio, montaña, etcétera, pero siempre basadas en la idea que el movimiento de masas es el punto focal de la lucha, y no la vanguardia cuando las masas se limitan sólo a apoyarla”. (Citado por Richard Harris y Carlos M. Villas en La revolución en Nicaragua, Ediciones Era, México 1985.

Apoyadas en las Revoluciones China de 1949, y Cubana de 1959 florecieron las teorías de la guerra de guerrillas que desconocían el criterio marxista que la considera como una táctica, como una forma más de lucha. Sus voceros más reconocidos, entre ellos el Che Guevara, la llevaron al nivel de una estrategia. Para estos teóricos es la forma de lucha privilegiada a usar en todo momento y en todos los países y a la que todas las demás deben supeditarse. No obstante, esa “elaboración” nada tiene que ver con el marxismo que parte del más riguroso análisis de la realidad concreta de la lucha de clases para desprender la teoría y la política y no de de las elaboraciones abstractas, esquemáticas y dogmáticas a cuya correspondencia hay que forzar la realidad.

La adopción del método marxista es la que explica la aparente contradicción de por qué la Fracción Bolchevique y el PST colombiano, al tiempo que se oponían a impulsar la lucha guerrillera en países como Colombia, organizaron una brigada para apoyar la lucha armada del sandinismo y el pueblo de Nicaragua. Hace treinta años se sustentó la definición de tal audacia táctica en los siguientes términos:

“La esencia del leninismo y el marxismo consiste en no privilegiar una forma determinada de lucha, sino en utilizar todas las formas que desarrolle e impulse la lucha de clases. Las elecciones, la guerrilla, la lucha armada, la lucha democrática, la lucha sindical, todas las formas que desarrollen las luchas de las masas sirven en la medida en que profundizan su acción y elevan su conciencia.

“El que dice: ‘sólo la guerrilla es admisible’, cae en el guerrillerismo. El que dice: ‘sólo es admisible la vía electoral’, cae en el electoralismo. El que dice: ‘no hay nada más importante que los sindicatos’ cae en el sindicalismo. Todos esos métodos son ajenos al marxismo.

“El marxismo es una combinación incesante de los distintos métodos que se adaptan a las etapas concretas por las que atraviesa la lucha de clases. De allí que la labor del partido verdaderamente revolucionario consiste en combinar las consignas que movilicen a las masas y las lleven a independizarlas de la burguesía, enfrentándolas a esta para imponer el poder de los trabajadores” (Tomado de Nicaragua: reforma o revolución tomo I. Recopilación de artículos, 1980, Bogotá Colombia).

Aunque muchos activistas y algunas organizaciones reivindican todas las formas de lucha, a cada una de ellas la aíslan de la lucha de clases concreta y la generalizan para todas las etapas, y a todas las formas de lucha le dan, aparentemente, la misma jerarquía. Es así como terminan formulando la “teoría” de “la combinación de todas las formas de lucha” independientemente del desenvolvimiento concreto de los hechos de la lucha de clases.

Organizaciones como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), de Colombia, elevaron de táctica a estrategia la lucha guerrillera y la han mantenido durante varias décadas por encima de su relación con la lucha de las masas en cada momento. Los dirigentes de las FARC y el ELN han “decidido” que la forma fundamental de lucha es la guerra de guerrillas y que es el único camino para la toma del poder. Poco les interesan las formas de lucha que adopten las masas en cada momento, ni el programa y la política que se les debe presentar para incentivarlas, a partir de su nivel de conciencia. Menos les interesa aún la necesidad de construir un partido revolucionario. Para las guerrillas, en general, no cuentan las masas. En ese sentido son elitistas.

Ese esquematismo ha llevado a muchos dirigentes guerrilleros a pasar de impulsar fanáticamente como único método el de la guerra de guerrillas, a abrazar entusiastamente otros métodos como el electoralismo, al tiempo que reniegan del método que ayer practicaron. Ejemplos hay muchos. El FMLN en el Salvador; los tupamaros en Uruguay; y el M-19, el EPL y otras guerrillas menores en Colombia.

En cuanto a la lucha armada, en particular, se pueden dar muchas variantes: la insurrección armada, la huelga general organizada con milicias o comités de defensa obreros y campesinos, y la guerra de guerrillas, entre otras. La Revolución Rusa de octubre de 1917 triunfó mediante la insurrección armada; igual ocurrió con la Revolución Boliviana de 1952. En el caso de Nicaragua se combinaron la insurrección armada de las masas y las acciones guerrilleras del Frente Sandinista.

En síntesis, de lo que se trata es de descubrir, y no de inventar, cuál es la forma de lucha más conveniente y que hayan adoptado las masas en un momento determinado, y desarrollar esa forma de lucha. Pero para ello hay que estar abiertos, no tener esquemas ni dogmas.

La guerra de guerrillas y el marxismo

La guerra de guerrillas no es un método de lucha novedoso. Es tan antiguo como la guerra misma. Pero lo que si debe quedar claro es que es un método defensivo. Y para el marxismo es un método de lucha secundario, accesorio que debe estar supeditado a la lucha de masas. Es la lucha del débil contra el fuerte. Es la guerra pequeña, como afirmaba Trotsky a propósito de la guerra de guerrillas que se dio en algunas zonas y en algunos casos en la guerra civil después de la toma del poder en Rusia en 1917. Si la lucha guerrillera no tiene apoyo de las masas está condenada al fracaso. Esa ha sido la gran diferencia entre las guerrillas de Nicaragua y Colombia.

Lenin aportó, a partir de la experiencia rusa, criterios sobre la adopción de las formas de lucha. Veamos, a modo de conclusión parte de su análisis sobre el tema:

“Comencemos por el principio. ¿Cuáles son las exigencias fundamentales que todo marxista debe presentar para el análisis de la cuestión de las formas de lucha? En primer lugar, el marxismo se distingue de todas las formas primitivas del socialismo en que no liga el movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas más diversas de lucha; además, no las “inventa”, sino que generaliza, organiza y hace conscientes las formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen por sí mismas en el curso del movimiento. El marxismo, totalmente hostil a todas las fórmulas abstractas, a todas las recetas doctrinarias, exige que se preste mucha atención a la lucha de masas en curso que, con el desarrollo del movimiento, el crecimiento de la conciencia de las masas y la agudización de las crisis económicas y políticas, engendra constantemente nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha. El marxismo no se limita, en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social. El marxismo, en este sentido, aprende, si puede decirse así, de la práctica de las masas, lejos de pretender enseñar a las masas formas de lucha inventadas por “sistematizadores” de gabinete. Sabemos —decía, por ejemplo, Kautsky, al examinar las formas de la revolución social— que la próxima crisis nos traerá nuevas formas de lucha que no podemos prever ahora”.

(…) Se dice que la guerra de guerrillas aproxima al proletariado consciente a la categoría de los vagabundos borrachines y degradados. Es cierto. Pero de esto sólo se desprende que el partido del proletariado no puede nunca considerar la guerra de guerrillas como el único, ni siquiera como el principal procedimiento de lucha; que este procedimiento debe estar subordinado a los otros, debe ser proporcionado a los procedimientos esenciales de lucha, ennoblecido por la influencia educadora y organizadora del socialismo. Sin esta última condición, todos, absolutamente todos los procedimientos de lucha, en la sociedad burguesa, aproximan al proletariado a las diversas capas no proletarias, situadas por encima o por debajo de él, y, abandonados al curso espontáneo de los acontecimientos, se desgastan, se pervierten, se prostituyen. Las huelgas, abandonadas al censo espontáneo de los acontecimientos, degeneran en Alliances, en acuerdos entre obreros y patronos contra los consumidores. El parlamento degenera en un burdel, donde una banda de politicastros burgueses comercia al por mayor y al por menor con la “libertad popular”, el “liberalismo”, la “democracia”, el republicanismo, el anticlericalismo, el socialismo y demás mercancías de fácil colocación. La prensa se transforma en alcahueta barata, en instrumento de corrupción de las masas, de adulación grosera de los bajos instintos de la muchedumbre, etc., etc. La socialdemocracia no conoce procedimientos de lucha universales que separen al proletariado con una muralla china de las capas situadas un poco más arriba o un poco más abajo de él. La socialdemocracia emplea, en diversas épocas, diversos procedimientos, rodeando siempre su aplicación de condiciones ideológicas y de organización rigurosamente determinadas” (Lenin, Guerra de guerrillas, Obras completas Tomo XI Editorial Cartago, Buenos Aires).

Como se puede apreciar lo que hizo la Brigada Simón Bolívar no fue más que aplicar la teoría del marxismo respecto a las formas de lucha. Se descubrió que el método de la lucha guerrillera estaba siendo asumido por las masas, que había que impulsar su generalización y adoptarlo para derrocar la dictadura de Somoza.

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