El proceso de luchas en Colombia iniciado el pasado 21 de noviembre es parte de un ascenso de luchas que ha sacudido al mundo. En América Latina las luchas sostenidas en Haití y Honduras, y sobretodo el estallido de Ecuador, Chile, y Colombia se han sumado a las luchas de Hong Kong, Libia, Cataluña y Francia.

Por Francis

Varios de estos procesos de lucha han surgido como respuesta de las masas a los planes de sobreexplotación y austeridad impuestos por los gobiernos cipayos siguiendo las órdenes de los organismos imperialistas que ante la crisis económica y la perspectiva de una nueva recesión mundial, imponen condiciones para otorgar préstamos a los gobiernos que ya no tienen como cubrir el presupuesto estatal manteniendo los privilegios tributarios a la burguesía.

De todos estos procesos, el Chileno es uno de los más profundos, donde las masas en las calles, con la juventud a la cabeza han puesto como punto central de las movilizaciones la ruptura con el régimen político heredado de la dictadura de Pinochet representado en la Constitución del 80, sostén jurídico que apuntaló la imposición del neoliberalismo en el mundo.

Tres meses del estallido

Tras el anuncio de un aumento de 30 pesos chilenos en la tarifa del metro de Santiago, desde el 18 de octubre evasiones masivas en varias estaciones del metro protagonizadas por jóvenes, se convirtieron en el inicio de un verdadero levantamiento popular en Chile.

Tras la imposición del Estado de Emergencia en la capital chilena, en vez de retroceder, las movilizaciones se tomaron las calles, en las que la ira popular arrasó con varias estaciones del metro y el edificio de la multinacional ENEL. En las siguientes semanas las calles de Santiago fueron el escenario de duras confrontaciones, de multitudinarias movilizaciones, en que las fuerzas especiales intentaban sofocar las luchas, obteniendo como respuesta la heroica resistencia de la población, haciéndolas retroceder en varios casos.

El tratamiento de guerra interna que le ha dado Piñera al descontento generalizado de la población se ha expresado en una feroz represión contra los manifestantes ha llegado a niveles de las dictaduras. Superan incluso las del ejército de Israel contra palestinos, Chile tiene actualmente el 70% de casos de daño ocular en los últimos 27 años en el mundo. También los métodos de la tortura y los abusos sexuales son armas que ha usado la policía contra las manifestaciones.

Mientras organizaciones internacionales como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y la propia ONU han denunciado y reconocido los graves hechos de violencia policial contra las manifestaciones, la respuesta de Piñera ha sido la de profundizar la represión, endureciendo las leyes contra las manifestaciones, comprando más armamento e incluso trayendo como asesores a policías españoles especializados en la represión en Cataluña. Adicional a esto, el gobierno ha endurecido las leyes contra la protesta contra lo que llama la “alteración del orden público”. En medio de las protestas el parlamento aprobó leyes “anticapuchas” y contra los saqueos y barricadas, acompañado de mayor inmunidad legal para los policías lo que garantiza mayor impunidad para los responsables de los abusos policiales. A todo éste panorama se han sumado las amenazas de muerte y el amedrentamiento por parte de bandas paramilitares contra luchadores y defensores de derechos humanos.

A pesar de la brutal represión Piñera no ha logrado doblegar ni sofocar las protestas. Hoy, a más de tres meses de iniciadas, las calles de Santiago continúan siendo escenario de barricadas, multitudinarias movilizaciones y enfrentamientos con la policía.

Como respuesta a represión estatal han surgido múltiples formas de autodefensa y de resistencia organizada, entre los cuales se destaca el surgimiento de la Primera Línea que ha sido cualitativa no solo en los enfrentamientos con la policía sino en la conciencia de los que luchan, que en muchos pasos han roto con las ideologías pacifistas y civilistas que pretenden mantener las protestas dentro de los estrechos cauces de la ley para que sean inofensivas a los intereses de los empresarios.

No son 30 pesos, son 30 años

Lo que inició en Chile como una protesta contra el aumento del precio del pasaje rápidamente se transformó en un levantamiento contra todo el régimen político chileno y las políticas neoliberales impuestas desde la dictadura y continuadas por todos los gobiernos posteriores, tanto los abiertamente neoliberales como los de la concertación que con un discurso menos duro, también administraron la desigualdad social y la sobreexplotación.

La lucha de años contra el sistema privatizado de pensiones, el anti democrático sistema educativo, la lucha de los mapuches por su territorio, las luchas obreras y la entrega de los recursos naturales al capital imperialista, hoy se han juntado y potenciado el descontento generalizado de la población, no sólo con el gobierno sino con el régimen político, garante de la desigualdad social.

Hacia el 8 de marzo de lucha

Aunque el gobierno ha tratado de paliar la crisis política actual, con medidas superficiales, y con un intento de desviar el descontento hacia las urnas en el amañado proceso de consulta sobre una eventual constituyente, las protestas no van a ser sofocadas. Por eso se vienen preparando nuevas acciones de lucha, dentro de las cuales el 8 de marzo, como día internacional de las mujeres trabajadoras, se convertirá en un nuevo pulso para doblegar al gobierno. Al igual que en Colombia, se necesita que la lucha crezca en donde ha sido más débil: en la presencia organizada de la clase obrera, que garantice la parálisis de la producción en las fábricas, el único punto que verdaderamente le duele a la burguesía nacional y extranjera en Chile, en cabeza del propio Piñera.