Lun Jul 22, 2024
22 julio, 2024

Capitalismo: productor de pandemias

Hace más de un año la pandemia de Covid-19 es tema central de la vida de todos en el planeta, donde todos los días nos preocupamos con nuestra rutina, con miedo constante de contaminarnos, además de la angustia en relación con nuestros seres queridos. Frente a eso, nos cuestionamos y pensamos en cómo será “cuando todo esto acabe”. Sin embargo, especialistas apuntan que pandemias se han vuelto cada vez más comunes, y así, pasado el pico de Covid-19, otras pandemias no están tan distantes.

Por: Samanta Wenckstern

El 11 de marzo de 2020, la OMS categorizó el Covid-19 como pandemia, haciendo que todo el mundo quedase aprensivo, pero sin imaginar lo que estaría por venir. Más de un año después del anuncio, la pandemia comenzó a perder fuerza en algunos pocos países debido a la aceleración de la vacunación, pero sigue descontrolada, incluso por la desigualdad en el acceso a las vacunas.

Desde el comienzo de la pandemia surgieron diversas especulaciones sobre cómo la enfermedad se desarrolló y pasó a los seres humanos. Vimos fake news, comentarios racistas y con preconceptos sobre costumbres chinas, y mucha teoría de la conspiración. Incluso, fue necesario una pesquisa para comprobar que el virus de Covid-19 no fue creado en laboratorio[1], como alegaban muchas fake news.

Huyendo de respuestas fáciles, debemos afirmar que hasta el momento no se sabe precisamente el origen del coronavirus, sin embargo, se tienen indicios. Un estudio publicado recientemente en la revista Science of the Total Environment[2] apunta que el surgimiento del virus ocurrió en la provincia china de Hubei, pero no consiguió identificar precisamente aún cuál animal fue la fuente del virus, aunque debido a las evidencias genéticas, probablemente partió de murciélagos, teniendo pangolines como posibles huéspedes intermediarios. Los pangolines son mamíferos comunes en Asia y África, y son consumidos en China.

La pesquisa citada hace también una interesante relación entre el surgimiento de este coronavirus y el calentamiento global, pues debido al aumento de la temperatura y del dióxido de carbono la vegetación de la región de Hubei fue afectada, cambiando de arbustos tropicales para sabanas tropicales y selvas transitorias. Ese cambio favoreció la proliferación de murciélagos en la región, que son probablemente la fuente del Covid-19.

El calentamiento global ha modificado las vegetaciones en todo el mundo, afectando la vida salvaje, y así puede posibilitar la proliferación de nuevas enfermedades y, consecuentemente, nuevas epidemias.

Desmonte

El coronavirus es una familia de virus que causa infecciones respiratorias y circula entre animales como murciélagos y roedores, pero puede saltar a humanos si la convivencia es próxima.

Además de los coronavirus, otras enfermedades como el ébola, la fiebre amarilla, la brucelosis, surgen debido al contacto humano con animales salvajes, muchas veces pasando a través de un vector. Esas enfermedades ya generaron epidemias y pandemias. El desmonte, la destrucción de hábitats naturales hacen que los animales como ratas, murciélagos e insectos convivan más próximos de los humanos, siendo vectores de enfermedades ya conocidas, pero también de enfermedades nuevas.

Un estudio de 2017[3] verificó que 25 de los 27 brotes de ébola que ocurrieron entre los años 2001 y 2014 a lo largo de los límites del bioma de la selva tropical en África Central y Occidental se iniciaron en regiones que pasaron por desmonte dos años antes.

Los incendios forestales, que tienen causas humanas como en la Amazonía, pero también debido al calentamiento global, como el que vimos en Australia en 2020, causan grandes desmontes, lo que favorece el escenario descrito arriba. Frente a eso, poco o nada se ha hecho. Por el contrario, en el Brasil, vemos un incentivo por parte del gobierno Bolsonaro, hacia el desmonte.

Agronegocio: la tempestad perfecta para nuevas pandemias

Sin embargo, no es solo el desmonte y el cambio en las vegetaciones debido al calentamiento global los que pueden facilitar la aparición de nuevas enfermedades y pandemias. La forma cómo criamos animales para consumo humano en gran escala posee un papel determinante para eso.

El biólogo Rob Wallace, en su libro Pandemia de agronegocio: dolencias infecciosas, capitalismo y ciencia[4], analiza que la pecuaria industrial ofrece condiciones privilegiadas para que patógenos testen caminos evolutivos y se tornen más virulentos. Eso porque milenariamente la reproducción de los animales domésticos era in loco, lo que favorecía una diversidad genética e inmunológica de estos animales usados para consumo humano, creando una barrera epidemiológica y evitando así brotes de dolencias. Con el advenimiento de la revolución agropecuaria en el siglo XX, se verifica una práctica de monocultivo genético, lo que facilita la transmisión de dolencias entre los animales y así torna esos animales domésticos los mejores intermediarios entre las dolencias que vienen de animales salvajes y pasan a los humanos, incluso por la amplia escala en que son criados. Incluso, el autor hace una relación entre la revolución agropecuaria y una mayor incidencia de coronavirus en los últimos años, como los SARS-1, MERS y SARS-2.

La lógica de la ganancia a cualquier costo, inherente al capitalismo, transforma a los animales en “proteína animal”, transformando seres vivos en meras mercaderías. La búsqueda por mayor productividad favorece el ya citado monocultivo genético y que los animales compartan espacios minúsculos. Ese compartir hace que los animales no tengan acceso a la luz solar, no tengan espacio siquiera para moverse, y por eso quedan en contacto directo con sus propias heces. Debido a las situaciones degradantes a que estos animales son expuestos, para el aumento de las ganancias de la burguesía, se practica el uso excesivo de antibióticos y fármacos en la dieta de esos animales, para así evitar la proliferación de dolencias. El uso excesivo de antibióticos puede generar una mayor resistencia microbiana, o sea, las conocidas microbacterias[5]. Por eso, en el capitalismo, el riesgo de surgimiento de superbacterias resistentes a antibióticos y mortales para seres humanos es cada vez mayor, así como el aumento de virus que sufren mutaciones y pasan de animales a seres humanos. Así, la agropecuaria presenta dilemas éticos en relación con el tratamiento de las vidas de esos animales y dilemas en relación con el peligro que este tipo de producción representa para la humanidad.

Además de las cuestiones internas a la forma como la agropecuaria funciona y cría los animales, la expansión de la frontera agrícola es una de las principales causas del desmonte, como vemos con bastante frecuencia en el Brasil, con los desmontes criminales de los biomas del cerrado, del pantanal y de la selva amazónica. Tanto el desmonte, como la propia agropecuaria en sí favorecen el proceso de calentamiento global, conforme el informe del Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC)[6]. Como dicho arriba, el desmonte y el calentamiento global ayudan a la aparición y diseminación de dolencias nuevas, y esos elementos sumados a la forma como los animales son criados en la agropecuaria provocan una tempestad perfecta para nuevas epidemias.

¿Cuáles son las salidas?

Cuando la pandemia surgió, muchos vieron con optimismo ese cambio drástico en nuestras vidas, creyendo que la humanidad podría unirse y salir de la pandemia en conjunto. Ese optimismo cayó por tierra rápidamente con el aumento de la desigualdad social, de la pobreza y del hambre. Desigualdad abierta en este momento de vacunación, donde vemos que los países centrales tienen un ritmo acelerado mientras la mayoría de los países periféricos siquiera tienen acceso a las vacunas para la parte más vulnerable de su población.

El Covid-19 no fue una mala suerte o una casualidad: el sistema capitalista, con su depredación constante de la naturaleza y su búsqueda incesante por ganancia, facilita la diseminación de nuevas enfermedades y pandemias. La salida para la humanidad no saldrá de las manos de los que provocaron la crisis que estamos viviendo, y sí de las manos de los trabajadores y pueblos oprimidos que, construyendo una nueva sociedad, podrán tener una relación con la naturaleza que no esté mediada por la ganancia.

Notas:

[1] ttps://coronavirus.bahia.fiocruz.br/novo-coronavirus-nao-foi-criado-em-laboratorio/

[2] Ver estudio completo en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0048969721004812

[3] https://www.cnnbrasil.com.br/internacional/2020/12/23/medico-que-descobriu-o-ebola-alerta-para-virus-mortais-que-ainda-estao-por-vir

[4] Wallace, Rob. Pandemia de agronegócio: doenças infecciosa, capitalismo e ciência. São Paulo. Elefante e Igrá Kniga. 2020.

[5] https://www.bbc.com/portuguese/geral-50119820

[6] https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2019/08/4.-SPM_Approved_Microsite_FINAL.pdf

Traducción: Natalia Estrada.

Más contenido relacionado:

Artículos más leídos: