1. La resistencia al golpe, continuidad de una poderosa acumulación histórica de lucha.

Durante once meses, entre noviembre de 2019 y octubre de 2020, las masas trabajadoras bolivianas no dejaron de luchar contra el gobierno de transición de Jeanine Añez, surgido del golpe de noviembre. Su lucha sacrificada, con masacres de por medio, se inició la misma noche de consumado el golpe, mientras Evo Morales y los altos dirigentes del MAS huían al exilio, las bases movilizadas hacían temblar a la derecha golpista al punto de estar en cuestión la asunción del gobierno de facto, de no haber sido por la ausencia de dirección y por la facilitación del MAS debido a su cadena de renuncias en la Asamblea legislativa que derivaron en la habilitación de la senadora Jeanine Añez, dando así el barniz de legalidad al golpe.

A la heroica resistencia de Sacaba y Senkata, en noviembre, le siguieron las permanentes luchas más localizadas, en contra de los despidos en varias fábricas durante la pandemia del COVID 19, los bloqueos protagonizados por barrios populares como Kara Kara en Cochabamba, exigiendo mejores condiciones de salud durante la pandemia para los sectores empobrecidos. Todas estas manifestaciones de resistencia durante el primer semestre del 2020, se acumularon y confluyeron en la huelga y bloqueo de caminos de agosto que llegó a concretar más de 170 piquetes de bloqueos en los caminos más importantes del país, rechazando las intenciones de postergar indefinidamente las elecciones con el pretexto de la pandemia y exigiendo la renuncia inmediata de Añez y su gobierno.

Los resultados de las elecciones del 18 de octubre, no pueden entenderse de forma aislada de la lucha y resistencia contra el golpe de estos once meses, y esta tenaz resistencia contra el golpe no se comprende sin considerar la acumulación de experiencia histórica de lucha revolucionaria que tiene dentro suyo la clase trabajadora boliviana de tres momentos históricos 1952, 1984 y 2003-2005, en los cuales su lucha derribó gobiernos y puso en el orden del día la toma del poder por la clase trabajadora.

Esto nos permite dos conclusiones, primero, el golpe no fue derrotado sólo por el voto en las urnas, como muchos dirigentes del MAS pretenden hacer creer, fue derrotado con la lucha constante de las bases movilizadas. Por ser el voto, expresión y continuidad de la lucha contra el golpe, no es un voto a favor del MAS y sus candidatos, es un voto contra los ajustes que pretendía imponer la derecha golpista, por ello mismo no es un voto de cheque blanco al MAS.

  1. Catorce años de gobierno de Evo Morales.

El MAS y Evo Morales llegaron al gobierno en enero de 2006, como una forma de conjurar el poderoso ascenso revolucionario abierto en octubre de 2003, que derribo a los gobiernos primero de Sánchez de Lozada, luego de Carlos Mesa, ambos fieles aplicadores de las recetas de ajuste del FMI y el imperialismo.

El MAS y Evo Morales, durante estos catorce años, expresaron la concreción de un gobierno de Frente Popular, es decir un gobierno que goza de la confianza y presencia de sectores campesinos, de la clase trabajadora y sectores populares empobrecidos, pero se propone gobernar respetando y favoreciendo a la burguesía y las transnacionales. Ese propósito se graficó en el discurso de posesión del primer gobierno de Evo, cuando refiriéndose a las transnacionales dijo: “No se preocupen, nosotros queremos ser socios”.

Este carácter del gobierno del MAS, también fue reconocido y reivindicado por el actual presidente electo Luis Arce, ex ministro de economía durante los catorce años, quien durante su campaña dijo “Los empresarios y la banca ganaron más en los catorce años del MAS que con cualquier otro gobierno anterior”.

Las pocas medidas, progresivas que se dieron, como la mentada nacionalización de los Hidrocarburos, que en realidad fue una renegociación de la participación accionaria de las transnacionales, se aplicaron más que por la voluntad política del MAS, por la presión de las masas que esperaban el cumplimiento de la “Agenda de Octubre”[1]. La voluntad política del MAS en contra de la nacionalización de los recursos estratégicos, se plasmó en las luchas por la estatización de las empresas mineras de Huanuni y Colquiri, impuestas al gobierno por una lucha sacrificada de los trabajadores con muertos de por medio.

De la misma forma, en el litio, del cual Bolivia posee una de las reservas mundiales más grandes. La “Agenda de Octubre” y el pedido del pueblo potosino, es el desarrollo de su aprovechamiento desde una iniciativa 100% estatal, para evitar su saqueo por las transnacionales. Sin embargo, a lo largo de estos años, el gobierno del MAS ha tenido varias negociaciones con transnacionales francesas, coreanas, japonesas, chinas y de otros países imperialistas, ofertándoles la explotación del litio con una participación de  49% de las acciones para las transnacionales, procesos que no avanzaron por la resistencia desde las bases movilizadas. De hecho, una de las causas para que el pueblo trabajador de Potosí, se posicione abiertamente en contra del gobierno del MAS durante el proceso del golpe, fue el contrato con una transnacional alemana a quienes entregaba el litio, contrato que se rompió en un intento desesperado de aplacar la movilización de los potosinos.

En el terreno democrático, la “Agenda de Octubre”, reivindicó la construcción de un Estado Plurinacional, en el cual estén representados e incluidos las nacionalidades indígenas originarias, un paso importante para desterrar la estructura racista y colonial con la que se fundó la República que privilegiaba a los sectores blancos en las estructuras más altas del Estado.

Esta reivindicación, se concretó en la constitución de 2009 que reconoce a 36 nacionalidades indígena originarios campesinos. Sin embargo, el avance se detuvo y empezó a retroceder, debido a los compromisos del gobierno de Evo con las transnacionales, la violación de los territorios indígenas para favorecer proyectos de explotación minera, de hidrocarburos o la expansión de la frontera agrícola a favor de las transnacionales y el agronegocio, fue una constante de su gobierno.

El conjunto de retrocesos, en las reivindicaciones de la clase trabajadora, sumado a la persecución de dirigentes que se oponían al gobierno y la cooptación de las organizaciones, empezó a manifestarse en rupturas y rechazo al MAS y Evo Morales, debido a su fiel aplicación de los planes capitalistas, en contra del interés de las mayorías.

El desgaste, se expresó primero en la derrota del MAS en el referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando se pretendió modificar la constitución para habilitar a Evo a una reelección indefinida, luego en la caída de la votación en octubre de 2019 con indicios de fraude para evitar una segunda vuelta. El descontento fue aprovechado por la derecha y los sectores más reaccionarios para orquestar el golpe, en noviembre de ese año.

  1. ¿Qué esperar del nuevo gobierno del MAS de Arce Choquehuanca?

La asunción del nuevo gobierno, con una votación del 55%, es vista con mucha esperanza por los sectores obreros, campesinos, juventud y población empobrecida, para resolver la aguda crisis económica, la desprotección y el colapso del sistema de salud ante la pandemia del COVID 19 y recuperar las libertades democráticas de organización.

Sin embargo, la Arce ya anunció, que salir de la crisis llevará al menos dos años y medio, que será necesario achicar el Estado, que hará lo posible por no devaluar la moneda, pero no descartó esa medida, que ahora corresponde trabajar y no movilizarse.

El gobierno del MAS de Arce Choquehuanca, está obligado a continuar la aplicación del ajuste en contra de los trabajadores y los pueblos indígenas, continuará dentro las características de un gobierno de Frente Popular, respaldado por las organizaciones sociales, pero aplicando un plan de acuerdo a los intereses de las transnacionales y la agroindustria.

Usará su amplio respaldo social, para favorecer los planes capitalistas, llamando a no movilizarse a sacrificarnos para salir de la crisis, pero protegiendo los intereses de los grandes empresarios. En ese sentido, los trabajadores, los campesinos, la juventud y los sectores empobrecidos, no tienen mucho que esperar y al contrario sacudirse las ilusiones y tener en claro que este no es su gobierno.

  1. La ultraderecha ofrece al nuevo gobierno el salvavidas de una amenaza de golpe

La burguesía boliviana está dividida, los empresarios, sectores de la agroindustria y la banca, saludaron con entusiasmo el triunfo del MAS y le pidieron planes para reactivar la economía. Los sectores más reaccionarios de la burguesía y derecha boliviana, rechazan el triunfo y vuelven a agitar las intenciones de golpe de manera abierta. En las ciudades capitales de Santa Cruz, Cochabamba, Sucre y La Paz, se han realizado intentos de cabildos con asistencia numerosa, pero no masiva, salvo Santa Cruz, dirigidos por las agrupaciones semifacistas de la Unión Juvenil Cruceñista, la Unión Juvenil Kochala, rechazando los resultados y convocando al ejército y la policía, para conformar un gobierno cívico militar.

Si bien, de momento, las expresiones de la ultraderecha no tienen la fuerza para concretar la anulación de las elecciones e imponer un gobierno cívico militar como proponen, su movilización convocando a un paro en Santa Cruz, durante los días de posesión del nuevo gobierno, parece orientarse a evitar que el nuevo gobierno, ceda concesiones al movimiento obrero y popular y se mantenga en la línea de aplicar el ajuste. En ese sentido, favorecen al nuevo gobierno regalándole el fantasma de un nuevo golpe, para frenar las luchas sociales.

En medio de estas manifestaciones de la ultraderecha, se ha sucedido agresiones a dirigentes del MAS, con la trágica muerte Orlando Gutierrez, secretario Ejecutivo de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, que según denuncias fue golpeado por gente afín a estos grupos. Al momento no hubo una respuesta clara de parte del MAS y los gobernantes electos, para identificar y castigar a los responsables de su asesinato. Es más, apoyados en las amenazas de los grupos de ultraderecha, renunciaron a proseguir la aprobación del inicio de juicio de responsabilidades al gobierno de Añez y sus ministros por las muertes de Senkata, dejando esa tarea a la próxima Asamblea Legislativa, que no tendrá los dos tercios que ahora si tenía el MAS, para aprobar el inicio del juicio.

  1. Retomar el camino de la independencia de clase y la lucha como única garantía.

Frente a este panorama, los trabajadores, la juventud, los campesinos y pueblos indígenas, debemos recuperar nuestras organizaciones de manos del MAS, para evitar repetir la misma historia de estar atados de mano y no poder enfrentar las políticas en contra de nuestros intereses que aplicaran Arce y Choquehuanca, peor aún no poder enfrentar con éxito los intentos de golpe desde la derecha.

Es necesario, discutir e imponer con la lucha, un plan de emergencia frente a la crisis económica y de salud. Ante el despido y cierre de empresas, activar la toma de fábricas y el control obrero, la estatización de las grandes empresas mineras, profundizar la nacionalización de los hidrocarburos, la nacionalización de las clínicas privadas para poner al servicio de los trabajadores.

Para ello es necesario construir una alternativa, para la toma del poder por nuestra clase, en caminos al socialismo.

Viva la lucha triunfante contra el golpe

Ninguna confianza en el nuevo gobierno del MAS

Enfrentar a los golpistas con la lucha organizada

Lucha Socialista (Bolivia)

Nota:

[1] La Agenda de Octubre, es el nombre que recibe el pliego de movilizaciones de octubre de 2003, que llevó a la caída del Gobierno de Sánchez de Lozada, cuyo punto principal es la nacionalización de los hidrocarburos y el gas.