Este 9 de abril se cumplieron 70 años de la gran revolución obrera boliviana. Una serie de elementos se combinaron para hacer que en 1952 se diera en Bolivia una revolución muy similar a la rusa de 1917. Aunque, lamentablemente, a partir de la crisis de la dirección revolucionaria, el resultado fue el opuesto.   Los trabajadores no se hicieron con el poder y se reestableció el dominio burgués.

Por Alicia Sagra

Eso fue así, a  pesar de que los trabajadores mineros encabezaron una insurrección que derrotó y desarmó  al ejército, crearon su propia milicia y un poder obrero alternativo, impusieron la nacionalización de las minas bajo control obrero, la reforma agraria, el sufragio universal, y lo hicieron defendiendo un programa revolucionario (Las Tesis de Pulacayo) que plantean la toma del poder por los trabajadores.

Bolivia: un vivo ejemplo de la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado

Este país centralmente agrario, entra al siglo XX con relaciones semi feudales en el campo, donde su población (mayoritariamente quechua y aymara) estaba desposeída de todo derecho cívico, sometida a una relación de servidumbre hacia  dueños de las grandes haciendas,  con un estado que prohibía la educación de los indígenas y su circulación en las grandes ciudades (por fuera de las zonas de los mercados).

Al mismo mismo tiempo, una extendida explotación minera había dado origen a una fuerte oligarquía minera,  (Los Patiño, Hottschild y Aramayo, conocidos como los “barones del estaño), que estaban entre las fortunas más grandes del mundo.

Por otro lado,  la intensiva industria  minera había generado un fuerte y combativo proletariado.

En medio de esas contradicciones y de regímenes liberales de sufragio restringido (los analfabetos no tenían derecho al voto), combinados con brutales dictaduras, el movimiento obrero (tal como plantea la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado) va saltando etapas. No pasa por la Primera ni por la Segunda Internacional. Se logra imponer el proyecto stalinista, a partir de haber participado de un gobierno burgués oligárquico que le provoca un gran desprestigio.

Por otro lado, la deplorable situación económica, imposibilita el desarrollo de un movimiento populista apoyado en los trabajadores, similar al de Perón en Argentina.

Todo eso permite que el movimiento minero avance en su organización muy influenciado por los trotskistas.

Los antecedentes de la revolución                               

El marco de la revolución está dado por el importante ascenso colonial y semicolonial, que se da después de la segunda guerra mundial, potenciado por el triunfo de la revolución china de 1949.

Un años antes en Bolivia  habían surgido dos organizaciones que tuvieron un papel clave en 1952.

En 1940 se funda el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que, a pesar de sus iniciales simpatías con el nazismo, se define como nacionalista, antimperialista, antinorteamericano, y gana un importante apoyo entre los campesinos.

Y, en 1936, se funda en el exilio, el Partido Obrero Revolucionario (POR) que se convirtió en la sección boliviana de la Cuarta Internacional.

En julio de 1946 sectores de trabajadores y de campesinos (con excepción de los mineros), derriban el gobierno de Gualberto Villarroel al que cuelgan de un farol  de la Plaza Murillo (frente a la Casa de Gobierno). Esa insurrección espontánea es aprovechada por la oligarquía minera que a partir de ese momento  controla durante seis años al gobierno  conocido como “gobierno de la rosca”. El antecesor del PC, el PIR, participa de con ministros de ese gobierno con el argumento de que era “antifascista”.

En 1944 se había fundado la Federación de Mineros, que en 1946 aprueba las Tesis de Pulacayo, una adaptación a Bolivia del Programa de Transición, redactadas por Guillermo Lora, dirigente del POR. Meses después se hace un acuerdo electoral entre la Federación de Mineros y los trotskistas, que tiene gran una votación en los distritos mineros, eligiendo  5 diputados y 2 senadores, entre ellos Juan Lechín (principal dirigente minero y simpatizante del MNR) y Guillermo Lora (dirigente del POR)

Ese Bloque Minero-Parlamentario dio un gran ejemplo de como utilizar el parlamento al servicio de la revolución. Realizaron una gran campaña a favor de las luchas obreras, por la destrucción del ejército , por la formación de milicias obreras.   La burguesía reaccionó, logrando el desafuero, el apresamiento y después, el destierro de los parlamentarios obreros

En  mayo de 1951, el MNR que lleva como candidato a presidente a Víctor Paz Estenssoro, gana las elecciones con el apoyo del voto de los trabajadores. Pero el presidente saliente,  da un auto golpe, anula las elecciones y entrega el poder a una Junta militar.

Estalla la revolución

El 9 de abril de 1952, la policía y un sector del ejército, en acuerdo con el MNR, intentan un contragolpe que es derrotado y sus jefes se asilan en las embajadas.

Pero eso actúa como detonante de una impresionante revolución obrera.

La policía entregó algunas armas a los fabriles  de La Paz. Los mineros de mina de Milluni, próxima a La Paz, asaltan un tren militar que transportaba armamento, Los mineros  de Oruro y Potosí tomaron los regimientos de sus regiones y comenzaron a marchar hacia La Paz. En La Paz los trabajadores derrotan a siete regimientos y les sacan todas sus armas.

Así cae el gobierno y los trabajadores le entregan el poder al MNR. Paz Estenssoro vuelve del exilio para asumir la presidencia, con el apoyo de los obreros que  gritaban : ¡Nacionalización de las minas!,  ¡Reforma agraria!

El 12 de abril, los militares que seguían resistiendo, se rinden ante las milicias. Los prisioneros  desfilan en calzoncillos por La Paz custodiados por las milicias mineras

Surge el doble poder obrero

El 16 de abril se funda la COB (Central Obrera Bolivia), apoyándose en las organizaciones sindicales, asumiendo la dirección de las milicias y defendiendo la Tesis Socialistas de Pulacayo. Juan Lechín es su principal dirigente, mientras que los trotskistas del POR tiene un importante peso.

Las milicias organizadas por los sindicatos y dirigidas por la COB son la única organización armada del país, reuniendo entre 50 y 100 mil hombres. Recién tres meses después el gobierno saca un decreto para reorganizar el ejército.

La nacionalización de las minas era la principal bandera de la revolución,  pero Paz Estenssoro, con el apoyo de Lechín, convence a los obreros de no tomar las minas y esperar el decreto de nacionalización. Sin embargo, la fuerza de la revolución  impone que la nacionalización sea sin indemnización y bajo control obrero

La reforma agraria fue impuesta por la movilización de las masas campesinas que ocuparon las haciendas, expresando su odio ante las humillaciones sufridas, con el linchamiento de la mayoría de sus dueños.

Dos políticas frente a la revolución

La revolución obrera fue tan fuerte que, a través de la COB, ejerció un doble poder, impuso la nacionalización de las minas con control obrero, la reforma agraria, el sufragio y la educación universal… Pero no pudo avanzar más, porque la dirección lechinista de la COB impidió que se rompiese con el gobierno burgués y se luchase por el poder obrero. Juan Lechín Oquendo fue el gran traidor  de la revolución boliviana.

El POR  integraba la dirección de la COB,  aunque no tenía la fuerza para encabezar la lucha por el poder en ese momento. Pero de igual manera fue cómplice de esa traición al dar el apoyo “crítico” al gobierno burgués.  El POR boliviano no aplicó la política defendida por Lenin en abril de 1917, cuando se daba una  situación muy parecida a la del abril boliviano.  El POR no realizó una sistemática y paciente explicación de que, como decía Lenin, la única salida para lograr las reivindicaciones de la revolución en forma duradera, era con el poder obrero, es decir con el poder de la COB. Por el contrario, siguiendo con la orientación pablista de la IV Internacional[1] planteó el “apoyo crítico” al gobierno burgués, “En la medida en que lleva a cabo el programa prometido, el POR apoya al gobierno que surgió de la insurrección popular del 9 de abril”[2]

Recién en 1956, cuando las fuerzas de la revolución estaban desgastadas, el POR planteó “todo el poder a la COB”. Ya era tarde.

Pero no fue esa la única política dentro la IV Internacional. Desde Argentina,  Nahuel Moreno y su partido, fueron precisando su conocimiento de la realidad boliviana y desarrollando un fuerte debate al interior de la Internacional.  En mayo de 1952,  el partido argentino se oponía al  “apoyo crítico” al gobierno burgués y planteaba “la vanguardia boliviana debe ser consciente de que su lucha recién comienza y que se halla en un momento crucial de determinar por su propio y decisivo peso si se gana avanzando por el camino revolucionario hacia el poder auténticamente obrero o s pierde por el camino de la conciliación y de la esperanza pasiva en los cuadros dirigentes del MNR”[3]. Ya en 1953 se plantea con claridad la denuncia  de Lechín como “agente  de la ‘rosca’” y la exigencia de “Todo el Poder a la COB”.[4]

En 1954,  ante el giro a la derecha el POR boliviano y la dirección pablista plantean: “elecciones generales, voto universal, asamblea constituyente”. Nahuel  Moreno, siguiendo la táctica leninista de 1917, responde: “La línea sería perfecta con un agregado: para garantizar todo eso (elecciones, asamblea constituyente, etc.) es necesario que la COB tome el poder”

Esto muestra con claridad de que hubo dos políticas dentro del trotskismo. Lamentablemente, la corriente de Moreno no tenía el peso necesario para cambiar la política en Bolivia.  La consecuencia  fue que  triunfó la política lechinista, con la capitulación del trotskismo boliviano, y la burguesía  consolidó su poder.

Se perdió una oportunidad histórica. El POR nunca se autocriticó de su política, a pesar de que Guillermo Lora, actuando como historiador planteó que: “La COB era el amo del país, y en realidad durante un cierto período fue el único centro de poder (…) Para la mayoría de las masas, la COB era su único líder y su único gobierno”[5] . Y tuvo que reconocer que: “El lema de ‘todo el poder a la COB’ podría haber conducido a la victoria de los trabajadores en dos ocasiones excepcionalmente favorables. La primera fue cuando la agitación alrededor de la agitación de la nacionalización inmediata de las minas sin compensación y bajo control obrero alcanzó su punto más alto (primera mitad de 1952). La segunda surgió  con la derrota del golpe de estado del 6 de enero de 1953. No tomar la debida ventaja  de estas oportunidades y adaptarse a marchar por detrás voceando d la izquierda del MNR, fueron los errores más grandes del POR”[6]

Tal como reconoce Lora,  la toma del poder por la COB se pudo haber concretado.  De cualquier manera, no podemos estar seguros de que ese poder se hubiera podido mantener. De lo que sí estamos seguro de que, si el POR hubiese tomado la política defendida por Moreno de luchar por el poder obrero en vez de apoyar al gobierno burgués,   aún en el peor de los casos, otro hubiese sido el destino del trotskismo  boliviano y latinoamericano  y se habría estado en condiciones mucho mejores  para responder a la revolución cubana que se dio pocos años después. Una vez más, la crisis de dirección revolucionaria fue decisiva.

[1] En ese momento, la dirección de la Cuarte de Pablo y Mandel  defendían el entrismo en los partidos comunistas (y en los movimientos nacionalistas burgueses en los países semicoloniales) con el argumento de que la proximidad de una tercera guerra mundial podía hacer que esas direcciones avanzaran  hacia posiciones revolucionarias.

[2] Lucha Obrera (periódico del POR boliviano, del 18-04-1952.

[3] Frente Proletario, (periódico del partido argentino) N 73, 29 de mayo de 1952

[4] Frente Proletario, N 107, 15 de enero 1953.

[5] Guillermo Lora, Historia del Movimiento  Obrero Boliviano.

[6][6] Guillermo Lora, La revolución Bolivia: análisis crítico, La Paz, 1963.