El 18 de noviembre se cumplen 100 años, desde que por primera vez un Estado reconociese el aborto como un derecho social de las mujeres. Sucedió a tres años de iniciada la revolución obrera más profunda que ha conocido la historia: la revolución bolchevique de octubre de 1917. Ese día de 1920, los Comisarios del pueblo para la salud y la justicia expidieron un decreto a petición de las mujeres trabajadoras, cuyos argumentos centrales eran: el reconocimiento de una cruda realidad que afectaba de manera masiva la salud de las mujeres,(aborto inseguro) en segundo lugar, que la ilegalidad y el método represivo existentes desde el Zarismo creaba una red de personas que se lucraban del negocio clandestino a expensas de la necesidad de las mujeres poniendo su vida en peligro o era practicado por personas sin ninguna formación profesional y en tercer lugar su ineludible deber de proteger a “gran escala” la maternidad y la infancia.

Por Rosa Cecilia

En tal sentido deciden:(1) Permitir que este tipo de operaciones se practique libremente y sin ningún cargo en los hospitales soviéticos, donde las condiciones necesarias para minimizar el daño de la operación estén aseguradas.”[1] Al mismo tiempo plantean que se prohíbe la práctica del aborto por personas que no sean médicos, quienes junto con los médicos que lo hagan con fines de lucro, serán llevados ante un tribunal popular. Es un decreto corto, directo y contundente.

La situación de hace 100 años en la Rusia Zarista, a la cual los bolcheviques dieron respuesta, la podemos comparar con la que ocurre en la actualidad en una gran mayoría de países capitalistas, a pesar de que hace 100 años no se disponía ni del avance de la ciencia que hoy tenemos, y mucho menos de los métodos anticonceptivos modernos.

El decreto soviético sobre el aborto libre comienza describiendo la situación en Rusia y el mundo de esta manera Durante las últimas décadas, el número de mujeres que recurren a la interrupción artificial del embarazo ha crecido tanto en Occidente como en este país. La legislación de todos los países combate este mal mediante el castigo de la mujer que decide practicarse un aborto y del médico que lo practica”Como resultado, hasta el 50 por ciento de estas mujeres desarrollan infecciones en el transcurso de la operación, y hasta el 4 por ciento de ellas mueren.”

Parece como si estuviese hablando de la situación actual y es que los cambios después de un siglo más de capitalismo, han sido pocos. En 2019 el diario El Tiempo retomando un informe de la OMS destaca que el aborto, sea seguro o inseguro, es un evento común en todo el mundo y que aproximadamente uno de cada cuatro embarazos que se presentaron en el período 2010-2014 tuvo este desenlace.” 

Es una cifra enorme, el 25% de las mujeres que están en embarazo abortan, evidentemente por múltiples razones, pero definitivamente demuestra que esas razones antes, como ahora, tienen mucho en común.

Cuando una mujer o una joven, incluso niña, decidió terminar con su embarazo lo hará enfrentándose a los riesgos de salud o de ilegalidad del procedimiento y pasando por encima de cualquier prejuicio moral o religioso. Fue así desde hace siglos, y continúa siéndolo porque las condiciones que las llevan a tomar esta decisión – la mayoría socioeconómicas- no se han resuelto, y otras siempre existirán como las malformaciones y enfermedades maternas. Basta recordar, los métodos a los que recurrían las esclavas para abortar cuando quedaban en embarazo producto del abuso de sus dueños, o en la edad media cuando las siervas eran obligadas, por el famoso “derecho de pernada”, a tener relaciones con los “señores del feudo” cuando estas se casaban y antes de poder tenerlas con sus esposos.

Evidentemente esta práctica que siempre fue clandestina ponía en riesgo la vida de las mujeres mucho más antes, que ahora. La sociedad hoy cuenta con recursos científicos y métodos seguros para terminar con un embarazo no deseado sin poner en riesgo la vida de las madres; la popularización del medicamento Misoprostol disminuyó drásticamente la mortalidad por aborto en el mundo, pero no la erradicó.

Sin embargo, las estadísticas siguen siendo escalofriantes. La causa de mayor mortalidad materna precisamente el aborto inseguro que se practica sobre todo en los países semicoloniales en donde las legislaciones o son demasiado restrictivas o directamente no lo permiten bajo ninguna circunstancia y si lo permiten ponen miles de barreras.  “Cada año, 44 millones de mujeres deciden terminar de forma voluntaria su embarazo (la mayor parte en países en vías de desarrollo) y de ellas 47.000 mueren debido a abortos inseguros y otros cinco millones sufren lesiones graves. Sólo en América Latina, las víctimas de abortos inseguros suponen un 24% del total de muertes relacionadas con el embarazo y el parto, un índice que en muchos países de África Subsahariana asciende al 30-40%[2]De estos 44 millones dice la OMS que 25 millones son abortos inseguros, es decir en condiciones no aptas.

A 100 años de legalizado por primera vez, el panorama mundial según un informe de finales del 2018 de BBC Mundo es el siguiente­:

58 países permiten el aborto a petición de la mujer, 134 lo autorizan bajo condiciones más o menos estrictas” variando las causales y en algunos casos solo cuando la vida de la madre está en riesgo y Solo “5 lo prohíben totalmente”. De los 5 que lo penalizan en cualquier circunstancia están en primer lugar el Vaticano que es evidentemente el centro de la religión católica y la isla de Malta también en Europa. Increíblemente Nicaragua en donde hace algunas décadas ocurrió un proceso de revolución democrática. El Salvador conocido mundialmente por el caso de Evelyn Hernández, joven de 18 años que dio a luz a un bebé muerto tras ser violada por un pandillero y luego sentenciada a 30 años de cárcel. República Dominicana y les faltó mencionar a Haití y  Honduras, en donde de acuerdo con investigaciones de  una ONG, cada año se realizan entre 50.000 y 80.000 abortos evidentemente clandestinos, lo que demuestra que ni las leyes restrictivas ni las sanciones penales disminuyen el número de abortos.

Que no es con leyes punitivas como se puede enfrentar la dolorosa realidad, está demostrado hasta la saciedad y ese fue un punto de partida de los Bolcheviques para que en 1920 se convirtieran en los pioneros del derecho al aborto libre.

¿Por qué la URSS fue la primera en legalizarlo?  

La revolución obrera de 1917 en Rusia, dirigida por los Bolcheviques, fue, es y seguirá siendo una referencia obligada para la clase trabajadora y todos aquellos que queremos acabar con este injusto y bárbaro sistema capitalista de explotación y opresión, y construir una sociedad completamente distinta. Ella fue un laboratorio en donde se demostraron tendencias, se pusieron a prueba teorías y se llevaron a la práctica los principios fundamentales del marxismo que sirvió de guía a los revolucionarios. Hacer una revolución que no modifique radicalmente las bases del sistema dominante, será una revolución a medias. Por eso lo primero que hicieron los bolcheviques fue tomar el poder apoyados en los órganos de doble poder (consejos) que construyeron los obreros, los soldados y los campesinos pobres, en medio del proceso revolucionario, proceso en el que la participación de las mujeres proletarias fue decisivo y fundamental. Un año después expropiaron los medios de producción y los pusieron bajo el control de los propios trabajadores. Para los marxistas esta es la base material que puede propiciar un desarrollo tal de la producción que permita colocarla al servicio de las necesidades del conjunto de la población en lugar de enriquecer a una minoría de privilegiados. Es la base material para acabar con la explotación y todo tipo de opresión, comenzando por la de la mitad de la humanidad: las mujeres.

León Trotsky, dirigente indiscutido de esta revolución describe de esta manera lo que hizo la revolución por las mujeres “la revolución de octubre cumplió honestamente su palabra en lo que respecta a la mujer. El nuevo régimen no se contentó con darle los mismos derechos jurídicos y políticos que al hombre, sino que hizo – lo que es mucho más- todo lo que podía y en todo caso infinitamente más que cualquier otro régimen para darle realmente acceso a todos los dominios culturales y económicos,”[3].

Y así fue, tanto que hasta los historiadores que no son socialistas tienen que reconocer que la revolución obrera fue pionera no solo en el reconocimiento del aborto voluntario, legal y gratuito sino en el reconocimiento de la igualdad social de la mujer. A un mes de tomado el poder, en diciembre de 1917 expidieron una serie de leyes estableciendo el matrimonio civil en sustitución del religioso; reconociendo a los hijos “ilegítimos” con iguales derechos; derecho de divorcio a petición de cualquiera de las partes; igualdad jurídica y de derechos políticos del hombre y la mujer. En octubre de 1918, se expidió un código sobre el matrimonio, la familia y la tutela. Y más adelante a pesar de las enormes dificultades heredadas del régimen capitalista y ocasionadas por la terrible guerra civil desatada por el ataque de varios ejércitos de países capitalistas de Europa, se estableció una red de servicios de salud, comedores, guarderías, lavanderías para comenzar a socializar las labores domésticas.

Los debates soviéticos 

Frente a este tema, como a muchos otros los bolcheviques realizaron debates importantes. El gobierno bolchevique creía que el aborto desaparecería en tanto que las razones económicas y sociales que llevaban a las mujeres trabajadoras al límite de la desesperación, desaparecieran. Eso sería posible proporcionalmente al ritmo del desarrollo y construcción de la sociedad socialista, en la medida en que la producción social se incrementara al punto de acabar con la “miseria socializada” y que la red de servicios sociales para el cuidado de la maternidad y de los niños se fortaleciera para armonizar el trabajo productivo con la maternidad.  Mientras tanto el aborto sería tratado como un problema de salud pública para evitar los daños causados por los abortos inseguros. Nótese que en el decreto de 1920 se considera el aborto como “un grave mal a la comunidad”, dejando claro que estar por el aborto legal no tiene nada que ver con promoverlo.

Este decreto se expidió a instancias del Zhenotdel, así se llamaba el Departamento para el trabajo entre la Mujer del partido bolchevique y fue respaldado completamente por Alexandra Kollontai, la Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública. El decreto también expresa que este derecho debía ir acompañado de una fuerte campaña de propaganda contra el aborto entre las mujeres trabajadoras. Pero en tanto, las condiciones ya expuestas no se dieran seguiría siendo un derecho legal y gratuito.

Sin embargo, algunas organizaciones de médicos que ya venían proponiendo la legalización del aborto y la anticoncepción, desde antes de la revolución, avanzan en los argumentos sobre qué tipo de derecho debe ser el aborto. 

“En 1922, por ejemplo, el médico ruso A. Rivkin publicó un folleto de 23 páginas titulado Una mirada moderna sobre el aborto involuntario, en el que argumentó que “solo por el hecho de que la mujer es capaz de dar a luz, el Estado no puede exigir que la mujer dé a luz, no la puede convertir en una máquina de hacer bebés”. El control del medio ambiente era, en su opinión, incompleto sin los medios para regular la fertilidad. “En opinión del Dr. Rivkin, el ejercicio del control era una prerrogativa de la mujer, y sus derechos invalidaban a los del Estado en este asunto. “Durante el período de la vida intrauterina, el derecho sobre el feto pertenece solo a la madre” [4].

Esta opinión es de muchísima importancia y denota que ya en esa época y justo en la Unión Soviética se abre un debate que está presente aún en nuestros días y que coloca en el centro los argumentos científicos y democráticos contra los reaccionarios argumentos ideológicos y sobre todo los amparados en las distintas religiones.

Con relación a estos debates Wendy Goldman, señala: “la idea de que las mujeres tenían el derecho básico de controlar su propia fertilidad, recibió poca consideración como tal. Hasta Alejandra Kollontai, una poderosa defensora de la liberación femenina, creía que la maternidad no “era un asunto privado”[5].   Efectivamente, ella sostuvo en sus 14 lecciones en la universidad de Sverdlov de Leningrado en 1921 ese concepto, en el marco de la teoría marxista de que hay que liberar a la mujer del trabajo improductivo del hogar, para que realice un trabajo productivo y racional. “Entre nosotros la maternidad no es ya un asunto privado y de derecho familiar sino una función social y adicional importante de la mujer”[6]En el contexto de sus exposiciones se puede interpretar que se podría estar refiriendo a que la maternidad no es un asunto “privado” al estilo del capitalismo en que cada familia aislada se las arregla como puede, sino que es un problema que tiene que ver con el papel y la función social de la mujer en un Estado socialista en el que ser trabajadora y madre no se pueden contraponer ni ocasionar a la mujer angustia y sufrimiento.  Sin embargo, sus análisis de los tiempos para lograrlo se revelaron un tanto románticos y poco dialécticos. Es claro que el gobierno soviético no sustentó el decreto de legalización sobre el derecho individual de la mujer a decidir sobre su maternidad y este fue un enfoque polémico.

Otra discusión, aún actual, es la que tiene que ver con los argumentos desde la ciencia con relación a la vida embrionaria o fetal, con los tiempos del desarrollo y formación del feto, en qué momento puede sentir dolor y pensar, cuál es el número de semanas recomendables para realizar un aborto y a partir de cuándo se puede considerar persona. Un argumento médico es que mientras el feto esté en el útero y depende completamente de la madre, no se puede considerar persona. Solo hasta su nacimiento, pues, aunque dependa de los cuidados de la madre ya es un ser independiente. Por lo tanto, no podemos hablar de “derechos del feto” sino de derechos de la mujer y en todo caso del niño cuando nace. Hoy en día la ciencia ha avanzado muchísimo y sabemos por ejemplo que el feto hasta alrededor de las 24 semanas no es capaz de sobrevivir fuera del útero ni con ayuda, y que antes las 26 a 29 semanas su desarrollo neuronal no le permiten sentir dolor; sobre el pensamiento y la conciencia la evidencia científica sugiere que no tienen lugar hasta la vida posnatal porque requieren la interacción social para desarrollarse.

También está comprobado que si bien el aborto es menos riesgoso cuanto más temprano se haga, incluso los abortos tardíos si se hacen por personal entrenado son menos riesgosos que el parto o cesárea a término, claro eso es ahora con el actual desarrollo de la técnica.

En aquellos años en la URSS algunos jueces consideraban el aborto como un asesinato, pero solo en casos de un embarazo bastante avanzado, sin embargo, la ley soviética no consideraba al feto sujeto de derechos; por tanto, la mujer que abortaba en estas situaciones era juzgada desde el punto de vista de las circunstancias de tal manera que no era procesada. “Además, la maternidad debía ser vista como un derecho y no como un deber de la mujer libre y, por lo tanto, no debía ser regulada de esta manera. Inessa Armand incluso propuso un nuevo eslogan: “Bajo el orden comunista, es impensable que el nacimiento de un niño sea una forma de reclutamiento laboral”.[7]

Más allá de los argumentos que sustentaron el decreto de 1920, el gobierno de los soviets supo interpretar una realidad profunda y angustiante de las mujeres.

La demanda de abortos creció mucho más rápido que la capacidad hospitalaria, lo que obligó a que el departamento para la protección de la mujer y la infancia pidiera a los centros ginecológicos y parteras que dieran información sobre la anticoncepción como manera de frenar su crecimiento. (La anticoncepción se legalizo en 1923) Tuvieron además que establecer criterios de prioridad para resolver la enorme cantidad de solicitudes.  Lo que realmente estaba constatando esta tendencia era la necesidad de las mujeres de controlar la natalidad. Las estadísticas demuestran que la mayoría de las mujeres que abortaban tenían ya 1 o varios hijos, o habían pasado por más de un aborto y además eran casadas. Si bien la mayoría de ellos se daban en las ciudades, las cifras en el campo comenzaron a cambiar y el rango de edad a subir.  El aborto se estaba convirtiendo en el principal “método” de anticoncepción. “Un estudio de las mujeres que se practicaron abortos a principios de la década de 1930 mostró que menos estaban motivadas por la pobreza y más por el deseo de “no tener un hijo”. El hambre en el campo, el racionamiento en las ciudades, y las expropiaciones forzadas de millones de campesinos contribuyeron a la aguda caída de la tasa de natalidad. El aborto legalizado no era la causa de esta caída, era simplemente uno de los varios métodos que utilizaban las mujeres para evitar embarazos.”[8]

 

La burocracia se fortalece, los derechos retroceden

Años más tarde de que el gobierno revolucionario de los Soviets, legalizara el aborto voluntario y gratuito, José Stalin, quien, tras la muerte de Lenin y el destierro y persecución de León Trotsky, se convirtió en el centro del poder apoyado en un fuerte aparato burocrático dentro del partido y del Estado, lo prohibió.

Este aparato se fortalecía en la medida en que la revolución europea y principalmente la alemana retrocedía y el Estado Obrero se quedaba cada vez más aislado.  Esta derrota, combinada, con la muerte en el frente de batalla de muchos bolcheviques durante la guerra civil, y el cansancio de las masas frente a las penalidades ocasionadas por ella, sirvieron de base para el ascenso del poder burocrático de Stalin.

En este marco muchas de las medidas tomadas por los Bolcheviques en los primeros años fueron derogadas. La persecución a los bolcheviques que seguían fieles a los postulados de la revolución fue implacable. Se montaron juicios fraudulentos y calumniosos, se encarceló, fusiló y desterró a quienes pertenecían a la Oposición de Izquierda y a sus familias, y a todo aquel que disintiera del Secretario General.

Trotsky se refiere así al proceso de burocratización y retroceso frente a las normas de la familia y la mujer “Los amigos líricos y académicos de la URSS tienen ojos para no ver. La legislación del matrimonio instituida por la revolución de octubre, que en su tiempo fue objeto de legítimo orgullo para ella, se ha transformado y desfigurado por amplios empréstitos tomados del tesoro legislativo de los países burgueses. Y, como si se tratara de unir la burla a la traición, los mismos argumentos que antes sirvieron para defender la libertad incondicional del divorcio y del aborto – “la emancipación de la mujer”, “la defensa de los derechos de la persona”, “la protección de la maternidad”-, se repiten actualmente para limitar o prohibir uno y otro”.[9]

Efectivamente el derecho de divorcio se limitó al establecer el pago de su registro y aumentar la tarifa en caso de repetición, las penas y multas para los padres que no cumplieran con los auxilios alimentarios también. El 27 de junio de 1936 el Comité Ejecutivo Central Soviético emitió un decreto declarando ilegal el aborto. Se castigaba con hasta 2 años de prisión a quienes lo realizaran y para las mujeres se establecieron altas multas después de la primera infracción.  Desde inicios de la década del 30 el mismo año en que Stalin disuelve el Zenothdel, la sección femenina del partido, para “callar la ira de las mujeres”, arrecia la campaña por restaurar la familia nuclear que el marxismo planteaba debía ser reemplazada o se “extinguiría” dando paso a otras formas basadas en el amor y la solidaridad. Al tiempo que se ilegaliza el aborto se establecen incentivos para las madres y los  hijos pequeños y se elogia la familia como la célula principal de la “patria Socialista”.

En un reciente artículo titulado La política del aborto en la URSS, publicado el 30 de noviembre del año pasado, el autor expone las razones por las cuales se justificó el restablecimiento de la penalización del aborto bajo Stalin.

Al ritmo de abortos que se estaban produciendo en la Unión Soviética los gobernantes del país llegaron a la conclusión de que la nación llegaría al borde del colapso demográfico y, en la práctica, se extinguiría. Y en tiempos de amenazas militares o contrarrevoluciones internas llevadas a cabo por elementos conspiradores esto no podía ser permitido. Además, el desarrollo del ejército, la industria, la agricultura y demás fuerzas productivas era imposible sin un aumento constante de la población.”[10]

Efectivamente una de las justificaciones para sustentar tal retroceso en los derechos de la mujer, inaceptable en un país que se llame “socialista”, fue que la permisividad frente al aborto produjo la baja de la tasa de natalidad. W. Goldman demuestra como esa no fue “la causa” de la caída de la tasa, era por el contrario la expresión de otra serie de factores los cuales ya se han señalado.

Lo que si llama la atención de esta cita es la manera como se afirma que la nación podría llegar a su “extinción”, pues parece más un argumento para infundir temor, de la misma manera que decir que por razones de “seguridad nacional” se ilegaliza el aborto, a no ser claro que fuese un argumento ideológico para manipular la conciencia de las mujeres. En el mismo artículo de manera sesgada se presenta al nazismo alemán como partidario del aborto y la anticoncepción, como arma para evitar el crecimiento de la población soviética. Pero esto lo único que demuestra es que la burguesía sea democrática o fascista utiliza los métodos que sean necesarios y se apoya en su doble moral, para eliminar los derechos de la clase trabajadora. Es típico del estalinismo señalar a sus opositores de izquierda y revolucionarios, como   proimperialistas y contrarrevolucionarios. Eso hizo durante la década del 30 con la gran purga o juicios de Moscú.

“la represión a largo plazo, demostró, ser inútil tanto para elevar la tasa de natalidad como para eliminar el aborto” (W.G.) Dos años después de ilegalizado el aborto la tasa de natalidad en 1938 volvió a caer. Las mujeres retornaron a las redes de abortos clandestinos enfermando, y muriendo de nuevo por esta causa.

A partir de 1944, la inversión del derecho familiar era completa: el Edicto sobre la familia repudió toda la legislación revolucionaria de 1917 a 1920, pasó a no reconocer el casamiento de hecho, limitando así las uniones libres; reintrodujo la ilegitimidad de los hijos nacidos fuera del nacimiento como forma de exigir la formación de las familias…”[11]  

Nikita Khruschev después de la muerte de Stalin en 1953, el 23 de noviembre de 1.955, revocó las leyes de 1936 y promulgo una nueva ley sobre el aborto. Este decreto no estableció una ruptura con la legislación anterior bajo la era Stalin. En el sentido que rescataba que las medidas llevadas a cabo para proteger la maternidad y la infancia, así como el crecimiento de la conciencia y la cultura de las mujeres permitían un cambio en la política. Ese decreto partía de la confianza de que por esas razones las mujeres optarían por la maternidad y no por el aborto, aunque restableció el derecho. Este restablecimiento y sus denuncias sobre la gran purga las hace en el marco del periodo llamado de desestalinización de la URSS y en el marco de una disputa Inter burocrática.

Entre los años 1985 y comienzos de la década del 90, se produce en la URSS un proceso de contrarrevolución en las bases del Estado obrero, que culmina por supuesto con la restauración del capitalismo que restauró hasta el nombre de Rusia. Según fuentes diversas, parece ser que las tasas de fertilidad y el aborto disminuyeron porque se facilitó más el uso de anticonceptivos. Aunque ya la ex URSS había fortalecido la planificación familiar, los anticonceptivos no estaban a disposición amplia de la población, lo que dejaba de nuevo el aborto como forma de controlar el tamaño de las familias. En 1988 el gobierno tiene que legalizar los “mini abortos” que se realizaban durante las primeras 7 semanas con el método de aspiración al vació, lo que evitaba los tres días de hospitalización requerida anteriormente. Durante la década del 90 el 75% de las mujeres sexualmente activas utilizaban anticonceptivos preventivos.

En 2011 el parlamento aprobó varias restricciones al aborto  “para combatir «la caída de la tasa de natalidad» y la » caída de la población «. Las restricciones incluyen exigir a los proveedores de servicios de aborto que dediquen el 10% de los costos de publicidad a describir los peligros del aborto para la salud de la mujer y hacer que sea ilegal describir el aborto como un procedimiento médico seguro. La esposa de Medvedev, Svetlana Medvedeva, ha asumido la causa pro-vida en Rusia en una campaña nacional de una semana contra el aborto llamada «¡Dame vida!» y un «Día de la familia, el amor y la fidelidad» de su Fundación para las Iniciativas Sociales y Culturales en conjunto con la Iglesia Ortodoxa Rusa “.[12] Los nuevos capitalistas rusos han terminado de restaurar, casi con los mismos argumentos, la familia burguesa que comenzó a restaurar el burócrata Stalin. Por supuesto ahora con los medios de producción y el estado en sus manos, la restauración de la doble moral y de todas las ideologías burguesas será mucho más fácil.

  Esta es la explicación de porqué a pesar de haber transcurrido un siglo desde la conquista de este derecho, hoy todavía tenemos que seguir luchando por derechos democráticos de las mujeres, a pesar de los discursos demagógicos de “defensa de la democracia” de la clase dominante. De hecho, podemos afirmar que en los países capitalistas que se ha establecido el derecho al aborto de manera legal a petición de la mujer, ha sido producto no de una concesión otorgada por el estado burgués, sino de una conquista arrancada por la movilización y la lucha de las mujeres, de la misma manera, las recortadas causales no penalizadas que existen en la mayoría de ellos.

El significado profundo de las transformaciones de hace 100 años a favor de la mujer y de la clase trabajadora, no avanzaron porque la revolución socialista en el mundo no avanzó. Por el contrario, las trincheras conquistadas en esta lucha histórica retrocedieron no porque el socialismo haya fracasado sino porque los burócratas que dirigieron los países en donde se hicieron revoluciones que expropiaron, las llevaron al callejón sin salida del socialismo en un solo país, las traicionaron y terminaron aliados con el imperialismo en la restauración del capitalismo. En nuestras manos y en nuestra lucha está cambiar esta realidad y construir un futuro “en el que seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”    

Notas:

1 https://www.marxists.org/espanol/tematica/urss/gobierno/decretos/1920/nov-18-decretosaludmujer.pdf

[2] https://www.alianzaporlasolidaridad.org/

[3] La Revolución traicionada. L. Trotsky

[4] Frencia, Cintia y Gaido, Daniel (2018). Los orígenes del decreto soviético de legalización del aborto (1920). Anuario de la Escuela de Historia Virtual, 14, 2652

[5] La Mujer el Estado y la Revolución, Wendy Goldman

[6] La mujer en el desarrollo social. Alexandra  Kollontai. Editorial Guadarrama

[7] Frencia y Gaido Idem.

[8] Wendy Goldman. Idem.

[9] La revolución Traicionada,  León Trotsky

[10] Berlín Confidencial, 30 NOVIEMBRE, 2019.

[11] Género y clase, Cecilia Toledo, segunda edición 1916

[12] Demografía de Rusia . Wikipedia