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Quiebra, crisis y corrupción: el capitalismo no tiene futuro

septiembre 23, 2011

En la primera semana de agosto, los mercados mundiales sufrieron verdaderos momentos de terror. Por algunos días pareció que el sistema financiero global pudiese explotar.



La rebaja de la nota de la deuda pública norteamericana por parte de una agencia de rating, las voces sobre una posible, sino probable falencia de la deuda pública italiana, las indiscreciones sobre las dificultades que estaban llegando las finanzas públicas de Francia… La situación parecía sin salida. Las bolsas reaccionaron: caída de todos los mercados, de Wall Street a Londres, Milán, Frankfurt, París, hasta llegar a los espacios financieros de Extremo Oriente. Después de todo lo sucedido volvieron a la normalidad, las pérdidas fueron casi todas recuperadas y nos preguntamos ¿cómo fue posible llegar a ese punto?




Todos los analistas sostienen, no en vano, que las voces que causaron el pánico hace algunos días, ya se habían notado hace algún tiempo y que, a diferencia del 2008, no había ocurrido algo clamoroso (la quiebra del banco Lehman Brothers) que pudiese justificar una ola de pánico parecida. Observación correcta, como decíamos, pero incompleta. El problema real es que, tres años después del inicio de la Gran Recesión, no se ve ninguna salida.



Los problemas no resueltos de la gran recesión… regresan



EE.UU. está en dificultades: el crecimiento del PBI para el 2011 fue reevaluado hacia abajo, la producción industrial comenzó a caer, el desempleo no cesa. Ahora se da por cierto una verdadera recaída en la recesión. En este cuadro, poco importa que, a pesar de la rebaja de la nota de la deuda pública, la corrida para comprar títulos del gobierno no para, por el contrario, llegó a un nivel récord. Se trata de entender hasta qué punto se sustenta un débito público formalmente casi igual al PBI, pero que, en realidad, lo supera ampliamente si algunos artificios contables utilizados por el tesoro americano fueran considerados.



En Europa es el mismo discurso, con novedad para el caso de Francia. La segunda economía del continente no sólo no llega a un presupuesto equilibrado hace 30 años, sino también se destaca como el más alto déficit primario (diferencia entre ingreso y salida, excluyendo el pago de los intereses sobre la deuda pública) del continente, superior también al de las desastrosas finanzas italianas. Está claro que esta situación no puede ser sostenida por mucho tiempo, sobre todo si la economía real no crece. También para Francia se prevé un crecimiento muy bajo, sino una verdadera caída para su economía.



Una situación similar es la de Italia, de España y de Gran Bretaña, donde los recortes draconianos de los gastos públicos del gobierno de Cameron, además de tener un efecto depresivo sobre la economía, están creando tensiones sociales como no se veía hace años.



Si el tren frena o descarrila…



¿Y las economías que crecen? La Bolsa de São Paulo (Brasil) fue golpeada también por el pánico. En un país que crece gracias a las exportaciones, un freno en el crecimiento y también en el comercio mundial podría tener efectos devastadores. Así como Alemania (se sabe que el PBI del país, en el segundo trimestre del año, creció apenas el 0.1%) y China. En lo que se refiere a esta última, el anuncio hecho por el gobierno algunos días atrás, del redimensionamiento del programa para crear una vasta red ferroviaria de alta velocidad (el pretexto fue un desastre ferroviario), revela que, tal vez, el “milagro chino” esté por acabar. 

 

Pérdidas virtuales, problemas reales



En una situación semejante, es obvio que los mercados mundiales viven en una tensión constante. Las bolsas, por si solas, no crean riqueza. Se limitan solamente a transferir entre las clases, internamente, y entre los Estados, la riqueza producida en la economía “real”.



Hoy, en los mercados, la regla en vigencia es “sálvese quien pueda”. Si la economía mundial corre el riesgo de caer de nuevo en la recesión, no debe espantar tanto, pues bastan mensajes intercambiados vía tweeter sobre la dificultad (después desmentida) de un importante banco francés, para aterrorizar a los mercados financieros de los cinco continentes. 



Para poner un límite a todo esto, los gobiernos están tratando de hacer los debidos reparos, porque si es verdad que lo que se gana y se pierde en las bolsas de valores son virtuales, en tanto no se vendan o se compren acciones los problemas se revelan reales.



Si las acciones de una empresa, por ejemplo, que son inscritas en su balance por un determinado valor no se valorizaran, la pérdida se vuelve concreta, incluso si no fueran vendidas. Será de hecho forzada a rectificar su valor. Podrá, entonces, ver reducidos los valores útiles o, por último, registrar una pérdida con consecuencias, repetimos, muy concretas, en las variaciones meramente “virtuales”. Eso vale también para los bancos, aseguradoras, etc.



El mismo raciocinio vale para EE.UU. Los rendimientos de sus títulos, que el mercado espera para adquirirlos, se transforman en un problema, no tanto por las variaciones que aumentan día tras día (los gobiernos no emiten títulos cotidianamente), pues vuelven más oneroso el financiamiento en el momento en que los títulos de la deuda pública son emitidos (por ejemplo, en los últimos tres meses del 2011 el gobierno italiano deberá emitir en el mercado más de 200 mil millones de euros en títulos. Cada punto porcentual más de los intereses que ofrecen a los inversionistas, cuesta a las arcas públicas 15 mil millones de euros al año).



El plan de Tremonti: un robo a mano armada a los trabajadores  



Mientras tanto, el gobierno italiano se distingue por haber anunciado, el 13 de agosto, un nuevo plan de corrección de las cuentas públicas que, sumada a aquella de julio pasado, llega a un total astronómico de cerca de 130 (según el periódico La Republicao 200 (según el periódico Il Corriere) mil millones de euros para el trienio 2011/13.



En ambos casos, además de los diferentes métodos de cálculo, se trata del mayor plan financiero de la historia de este país. Y, como siempre, serán las clases trabajadoras que van a pagar el precio. Aumento drástico de la edad de jubilación de las mujeres que trabajan en el sector privado (de 60 a 65 años que, con los ajustes previstos de la expectativa de vida, llegará hasta 67); recortes locales, con el consecuente aumento directo de las tasas (IRPEF adicional para las regiones y comunas) o indirecto con recorte o cancelación de los servicios sociales, privatizaciones de las empresas públicas locales y estatales, que ya han visto bloqueados por cuatro años cada aumento salarial; será atrasado hasta por dos años el pago del TFR y bloqueado el 13° salario si los dirigentes no respetaran los recortes de los gastos previstos: ¡Pagarán los trabajadores por las culpas de otros! Por último, fue prevista la muerte definitiva del contrato nacional: el artículo 18 contra los despidos injustificados podrá ser revocado por la empresa, así como podrán ser realizados acuerdos sin respeto a los contratos de trabajo nacionales que, en la práctica, quedan sin efecto. No serán tocados los grandes patrimonios y los rendimientos (tasados “sólo” al 20%). Para rendimientos mayores se ha previsto una modesta contribución temporal que, sin embargo, podrá ser reducida por medio de una declaración de rendimientos.



¿Y la oposición liberal? Berlusconi ya anunció que, muy probablemente, no será votado el decreto de ley porque la oposición está demostrando ser “responsable”. Y esto ya explica mucho. Cuando la, así llamada, izquierda radical (SEL de Vendola y FED de Ferrero) se lamenta, mas por causa del deseo de construir una alianza con la centro-izquierda para las próximas elecciones, es previsible que no irá más allá de un lamento.

 

CGIL: ¿defender a los trabajadores o el aparato burocrático?



En lo que se refiere a la CGIL, aparentemente parecía haber cambiado de actitud en este momento. La secretaria Camuso de CGIL rechazó el plan del gobierno y anunció una huelga general para setiembre. En realidad, el comunicado de la secretaria, del 19 de agosto, habla genéricamente de un llamado a la movilización. Sin entrar en detalles. Pensamos, entonces, que la huelga sea probable. Pero ese supuesto cambio radical del mayor sindicato italiano no debe engañarnos. Al contrario. La convocatoria de la huelga sería un paso obligatorio, considerando las presiones que, en estos meses, vienen del mundo del trabajo. Vacilar ante un ataque como el preparado por Berlusconi sería arriesgarse a una verdadera y real revuelta contra la GGIL.



Además, las decisiones anunciadas sobre los contratos de trabajo ponen seriamente en juego la propia existencia de la central sindical, que tiene en el carácter nacional y en la estructura de confederación a su propia razón de ser. Una cosa, ciertamente, es dejar a la Central la posibilidad de renunciar a los contratos nacionales (como en el acuerdo del 28 de junio), otra cosa es establecer la renuncia por ley, ignorando, de hecho, a los sindicatos. Por lo tanto, aquello que aparece como un tardío despertar, está determinado por la voluntad de conservación del enorme aparato burocrático sindical. Cosa que será hecha por los dirigentes de la CGIL, como siempre, fingiendo una reacción (una huelga lo más estéril posible) con doble objetivo: de no ser superada por las masas y de poder tener acceso a las mesas de negociación juntamente con el gobierno y la patronal.



Un sistema social que no puede ser gobernado a favor de los trabajadores



Lo que no exime, obviamente, en el caso de la huelga general de ser convocada, el deber de la vanguardia del sindicalismo de trabajar para su realización y para su extensión. Para impedir que la huelga se convierta, por enésima vez, en un inocuo desfile conmemorativo, como fueron las últimas huelgas de cuatro horas, sin una manifestación nacional centralizada, es necesaria una movilización unitaria de todo el mundo del trabajo, superando el autocerco sectario impuesto por las direcciones del sindicalismo de base.



Deben convocarse asambleas en cada lugar de trabajo para explicar las consecuencias que las decisiones del gobierno tendrán sobre las condiciones de vida de millones de personas. Debemos oponernos al uso de la huelga como sustentación del pseudo contrapaquete propuesto por el Partido Democrático (PD), que está recibiendo el aplauso de importantes sectores de la burguesía italiana (De Benedetti y varios banqueros). Tal plan desenmascara las ilusiones de que un eventual gobierno de centro-izquierda pueda realizar opciones a favor de los trabajadores en el campo económico. Incluso, sin recordar las dos experiencias de los gobiernos de Prodi; la actual experiencia de Milán, donde Pisapia (con apoyo del PD y de toda la izquierda reformista y centrista) aumentó las tasas y el costo de los transportes públicos; o la experiencia consolidada en Puglia, donde Vendola se rehusó a rebajar las tarifas del servicio hídrico, demuestran cómo es ilusoria, en el capitalismo, la idea de gobiernos nacionales y locales que no defiendan las exigencias de ganancia y del mercado.

 

Un verdadero programa de movilización para el próximo período



Huelga por tiempo indeterminado hasta la anulación del plan del gobierno y la expulsión del actual gobierno, no a los despidos, escala móvil de horas de trabajo hasta acabar con el desempleo, contratación por tiempo indeterminado de todos los trabajadores precarios, piso salarial, disminución de la edad de jubilación y aumento de las pensiones proporcional al aumento del costo de vida, permiso de residencia para todos los inmigrantes, con los mismos derechos políticos y sociales de los trabajadores nativos, servicio público gratuito, ocupación y expropiación, bajo el control de los obreros, de las empresas que cerraran o despidieran, expropiación de los bancos privados y la construcción de un banco único del Estado. Estos son algunos de los principales ejes de un programa de lucha verdadera: el único programa capaz de combatir realmente a la crisis sin que sean los trabajadores quienes la paguen. Un programa sobre el cual se puede construir comités de lucha en los lugares de trabajo y una gran movilización de masas que luche no solo por la caída de Berlusconi, sino también que comience su sustitución, no por otro gobierno patronal, sino por una verdadera alternativa de poder de los trabajadores.



No pensamos, ni siquiera por un minuto, que quien como Camusso permitió que el presidente de la Federación de Industrias hablase en nombre de las “partes sociales” (patrones y sindicatos), en virtud de un inexistente “intereses común” entre explotadores y explotados, pueda realizar realmente este programa. Por eso, es necesario construir otra dirección, tanto sindical como política.



Hoy nos encontramos en un punto de giro de la historia de las relaciones entre las clases. Los proletarios, en los cinco continentes perderán la paciencia. Después de las revoluciones árabes, como habíamos previsto, se inició, también, el incendio de Europa. Lo que se aproxima puede ser finalmente una verdadera estación caliente, en que los trabajadores vuelvan a ser amos de sus destinos. Como revolucionarios, estaremos en la primera fila de cada lucha, dando nuestra contribución.

¡Los patrones fracasaron y ahora es la hora de luchar!
¡Contestemos en las plazas el robo del ministro de economía Tremonti!
¡Construyamos una gran huelga general unitaria!


Traducción: Laura Sánchez

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