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Estados Unidos

La administración de Trump ataca los derechos de voto de la comunidad negra

BRIAN CRAWFORD

noviembre 3, 2026

A medida que Estados Unidos avanza a trompicones hacia las elecciones intermedias de 2026, la desesperación se ha apoderado de la Casa Blanca ante la perspectiva de perder la mayoría republicana en el Congreso. A medida que múltiples crisis se salen de control —agravadas por la propia actuación de la administración, el apoyo al partido está decayendo.

La administración está movilizando a las agencias gubernamentales para influir en las elecciones. Los esfuerzos por suprimir el voto han alcanzado un nivel de intensidad sin precedentes a medida que se acercan las elecciones. La supresión del voto no es un concepto ajeno en Estados Unidos. La versión de Trump es simplemente su última manifestación. Inevitablemente, la participación política de la comunidad negra se ve amenazada en cada elección. Si bien el Partido Demócrata se presenta como contrapunto a Trump y sus tendencias autoritarias, el partido ha traicionado a los afroamericanos cuando ha estado en el poder.

La participación de la población negra en el proceso electoral se logró gracias a las históricas luchas de liberación negra a lo largo de dos siglos. Si bien parecemos atrapados en la tenaza del sistema bipartidista, no se logra ningún avance únicamente a través del electoralismo. La abolición de la esclavitud fue un logro revolucionario. De sus cenizas surgió la Reconstrucción, que fue víctima no solo del terror blanco, sino también de la traición de los «aliados» del norte dentro del Partido Republicano. Con el fin de unir a las clases dominantes del norte y del sur y consolidar el capitalismo estadounidense, se sacrificó la promesa de la «segunda Revolución Estadounidense».

Esta fue una traición forjada por ambos partidos políticos. Uno de ellos tiene sus orígenes en la esclavocracia, el otro en el capital industrial. Los demócratas del siglo XIX representaban a la clase de los hacendados y más tarde instauraron un régimen muy similar a la esclavitud. El Partido Republicano era una organización heterogénea que incluía al capital industrial del norte, pero también a los abolicionistas.

El poder político negro fue derrotado con la caída de la Reconstrucción, lo que privó de derechos a la población negra y consolidó la hegemonía de la clase dominante blanca. Se utilizaron muchos métodos, incluido el fraude electoral a gran escala. Boicoteaban a los republicanos negros; se robaron urnas y se destruyeron boletas electorales. Se instituyeron impuestos electorales y cláusulas de antigüedad; la intimidación y el asesinato formaron parte de una campaña de terror blanco a gran escala.

La historia se repite a medida que el pasado asoma su fea cabeza. La incautación de urnas y la restricción del voto por correo forman parte del arsenal de la administración de Trump. Los republicanos inventan conspiraciones de fraude, elaborando una narrativa conveniente en caso de que pierdan las elecciones. Y, sin embargo, los casos de fraude electoral, según estudios de la conservadora Fundación Heritage y The New York Times, representan el 0,000008 % de los votos emitidos.

En varios estados se someten a votación medidas para instaurar la identificación del votante. El impacto de estas leyes afecta de manera desproporcionada a los afroamericanos. Del mismo modo, reducir el número de días de votación anticipada y eliminar la votación en domingo puede disminuir la participación electoral. En combinación con la reducción del número de centros de votación, estos métodos generan tiempos de espera más prolongados en los distritos de la comunidad negra. Trump también está considerando desplegar agentes federales para supervisar las urnas, y el presidente no ha descartado declarar un estado de emergencia nacional —una medida que es sinónimo de los regímenes autoritarios.

Los demócratas no son la solución

El Partido Demócrata tiene mucho que ganar en las elecciones de mitad de mandato. Ninguno de los dos partidos goza de popularidad, y los demócratas no logran distinguirse en lo que realmente importa: cambiar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

El partido de la esclavitud y la segregación se transformó en el partido de los programas del New Deal y la Gran Sociedad bajo el mandato de Franklin Roosevelt y Lyndon Johnson. Sin embargo, ninguno de esos programas surgió de una gran beneficencia, ni ofreció garantía alguna a la población negra. El partido toleró a los segregacionistas por conveniencia política. Esta situación impidió que se aprobara la legislación contra los linchamientos mientras los afroamericanos permanecían atrapados en la «casa de los horrores» del Sur, todo ello para apaciguar a los segregacionistas sureños.

Asa Phillip Randolph, quien fundó el primer sindicato afroamericano, la Hermandad de Maleteros de Vagones Dormitorio, amenazó con organizar una marcha hacia Washington en 1941 en respuesta a la discriminación en las prácticas de contratación federal y al sistema de segregación Jim Crow. El presidente Roosevelt ejerció una presión constante sobre Randolph y otros líderes afroamericanos para que cancelaran la marcha. Finalmente, Roosevelt ofreció la concesión de firmar un decreto presidencial que prohibía la discriminación racial en las industrias de defensa —mientras ignoraba la segregación en las fuerzas armadas y los departamentos gubernamentales. Los líderes afroamericanos cedieron y cancelaron la marcha.

En la década de 1960, aunque Johnson firmó la Ley de Derechos Electorales y la Ley de Derechos Civiles bajo la presión del movimiento por los derechos civiles, estaba más comprometido con la guerra de Vietnam. Las grandes expectativas a menudo pueden conducir a una gran desmoralización; los afroamericanos depositamos nuestras esperanzas en los candidatos demócratas, pero una vez que son elegidos, se nos dicen que necesitamos bajar nuestras expectativas.

La política de lo posible

Tras una docena de años de Reagan y Bush, la llegada de Bill Clinton generó grandes expectativas. Otra promesa de cambio, más promesas incumplidas. Reagan utilizó la caricatura racista de la «reina del bienestar social» para socavar el sistema de prestaciones. Pero donde fracasó el republicano Reagan, Clinton, el «nuevo demócrata», tuvo éxito. Proclamó con orgullo «el fin del bienestar social tal como lo conocemos».

Los partidarios liberales de Clinton se mostraron reticentes a oponerse a él. Katha Pollitt, de la revista The Nation, señaló: «Estos liberales [. . .] predican el evangelio del mal menor [. . .] que sin duda terminará con los liberales en el infierno organizando votos por Satanás porque Belcebú sería peor».

Este camino al infierno es muy transitado. Black Lives Matter, el movimiento de masas de 2020, sufrió una contraofensiva por parte de la derecha. Los demócratas no solo aumentaron los fondos destinados a la policía, sino que renunciaron a las demandas del movimiento.

Entre los afroamericanos y la urna electoral se interponían todos los obstáculos que el sur de Jim Crow pudiera concebir. Bajo el mandato de Trump, estas tácticas han resurgido y se están ideando otras nuevas. No habrá rendición ante la amenaza.

Recientemente, la Universidad Estatal A&T de Carolina del Norte, la universidad historicamente negra más grande del país, protestó contra la eliminación de los centros de votación anticipada. Los estudiantes y el cuerpo docente marcharon por 45 minutos para demostrar que no se dejarían intimidar. La firmeza de la lucha se mantiene, y la visión de la liberación es la fuerza motriz. Los afroamericanos pueden liderar como vanguardia contra las agresiones de Trump. Votar no es un privilegio; es un derecho. Debe defenderse; no podemos dar otro paso atrás. Y al hacerlo, debemos dar un paso de gigante hacia el socialismo como la única alternativa real y duradera.

Foto superior: Estudiantes de la Universidad Estatal Agrícola y Técnica de Carolina del Norte marchan por Greensboro, Carolina del Norte, el 22 de octubre en defensa del derecho al voto. (Rachel Moody / WFDD)

Abajo: Miembros de la NAACP de Atlanta vitorean durante la Marcha por los Derechos Electorales del 28 de agosto en Washington, D.C. Miles de personas participaron en eventos en varias ciudades, en el 58.º aniversario de la Marcha sobre Washington de 1963. (Tyrone Turner / NPR)

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