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Siria

¿Hacia dónde va Siria?

Fabio Bosco

octubre 5, 2026

El 18 de marzo de 2011, el pueblo trabajador sirio salió a las calles y se sumó a una ola de revoluciones sociales que quedó conocida como la Primavera Árabe. Catorce años después, el 8 de diciembre de 2024, tras enormes sacrificios humanos (más de 500.000 muertos, 200.000 desaparecidos en la red de prisiones de la dictadura y siete millones de exiliados), el pueblo sirio conquistó la caída de la dictadura de Assad, la disolución de las fuerzas armadas del régimen y de todos sus servicios de seguridad, y la liberación de todos los presos políticos. Además, se conquistó, en principio, un amplio nivel de libertades democráticas nunca visto en 50 años. Estas conquistas representaron el primer paso en la lucha por las reivindicaciones de la revolución: pan, libertad y justicia social.

Pan

En agosto de 2026, se produjeron protestas en las calles de varias ciudades contra el aumento del precio de los combustibles. El gobierno de transición, encabezado por Ahmad al-Sharaa, anunció un aumento promedio de alrededor del 40%, que impactó en el conjunto de la actividad económica: calefacción, transporte y precio de los alimentos. El gobierno de transición responsabilizó al mantenimiento de la principal refinería del país, ubicada en la ciudad de Baniyas, y al aumento del precio internacional del petróleo y el gas. Posteriormente, bajo la presión de las movilizaciones, redujo el aumento de algunos combustibles.

La cuestión es que, después de un año y diez meses de la caída de la dictadura, la situación de pobreza en el país no disminuyó y se mantuvo en alrededor del 90% de la población. Esto se debe al modelo económico de reconstrucción del país adoptado por el gobierno de transición, que es un modelo capitalista en el cual se favorece a las grandes empresas internacionales, los millonarios y los amigos del nuevo gobierno.

Las grandes empresas y los millonarios no tienen objetivos sociales, solo buscan ganancias fáciles y rápidas a costa del pueblo. Es el caso de los megaemprendimientos inmobiliarios de lujo “Marota City” y “Basilia City”, en el distrito de Mezzeh, para los cuales fueron desalojadas alrededor de 30.000 personas sobre la base del decreto legislativo 66 de 2012, emitido por el antiguo régimen.

Esta política favorece a una nueva burguesía capitalista en sustitución de Rami Makhlouf, compuesta por algunos millonarios del antiguo régimen, como Mohammad Hamsho; otros vinculados al gobierno de transición, como es el caso de Jamal al-Sharaa, hermano del actual presidente; y otros asociados directamente al capital internacional, como es el caso de la familia Khayyat, amiga de la familia Trump.

Libertad

En cuanto a las libertades democráticas, que son la principal conquista de la caída de la dictadura, el gobierno de transición busca limitarlas, como ocurre con la exigencia de autorización del Estado, con un aviso previo de cinco días, para la realización de manifestaciones callejeras. Quien decide estas limitaciones es un gobierno no electo, que formó un nuevo Parlamento no electo a partir de integrantes designados directa o indirectamente por el gobierno de transición. Este gobierno y este Parlamento no tienen ninguna legitimidad para limitar los derechos democráticos de la población.

Además, la legalización de los partidos políticos todavía no fue reglamentada, aunque existen alrededor de 70 partidos organizados que esperan esa legalización.

Justicia social

En cuanto a la justicia social, existe una lucha en curso encabezada por asociaciones de víctimas de la dictadura que exigen la investigación y el castigo de los criminales del antiguo régimen. Bajo la presión de una ola de movilizaciones ocurrida en junio, que se extendió desde Deir ez-Zor hasta Damasco, el régimen comenzó a juzgar a algunos de esos criminales: el exdictador Bashar al-Assad, que se encuentra en Moscú bajo la protección de Vladimir Putin, ya fue condenado a muerte. Sin embargo, hay criminales del viejo régimen que pasaron a estar protegidos por el gobierno de transición; el caso más conocido es el de Fadi Saqr, uno de los responsables de la famosa masacre de Tadamon.

Además, el asesinato de Mohammad Ghamira, un exintegrante de los Cascos Blancos, mientras se encontraba bajo custodia policial en Latakia, encendió una señal de alarma entre toda la población ante la posibilidad de que el gobierno de transición repita las prácticas represivas del viejo régimen.

A esto se suma que, durante el primer año, las fuerzas del régimen llevaron adelante dos masacres: una en la región costera y otra en la provincia de Suwayda, en las que fueron asesinadas alrededor de 1.400 personas en cada una. Hasta ahora, la investigación sobre los responsables avanza lentamente y casi nadie fue castigado.

Unidad nacional

El plan israelí de partición de Siria fracasó, lo que representa una conquista del pueblo sirio. Los kurdos consiguieron el reconocimiento de algunos derechos y el partido kurdo PYD, bajo presión turca y estadounidense, pasó a integrar el gobierno sirio. Sin embargo, continúa el avance de la invasión israelí en el sur del país, donde se realizan incursiones diarias con detenciones, agresiones y bombardeos contra la población local.

El Estado de Israel también se articula con el jeque Hikmat al-Hijri en Suwayda (que se convirtió en el líder druso más influyente de la provincia después de las masacres del año pasado) para impedir la unidad nacional. La principal política del gobierno de transición ha sido apoyarse en la diplomacia y en las buenas relaciones con Donald Trump que, hasta ahora, no dieron como resultado la paralización de la agresión israelí.

Una Siria libre dependerá de la lucha de la clase trabajadora

Está en manos de la clase trabajadora y de la juventud siria autoorganizarse y luchar para que las reivindicaciones de la revolución sean plenamente atendidas. Estas reivindicaciones comienzan por una reconstrucción económica popular orientada a satisfacer las necesidades de la población trabajadora, y no los intereses de las grandes empresas internacionales y de un puñado de millonarios.

Es necesario un plan para conquistar la soberanía alimentaria, produciendo alimentos baratos para abastecer a toda la población, y un plan de obras públicas para la reconstrucción de todas las áreas devastadas en el menor plazo posible, ya sea mediante empresas públicas de construcción civil o mediante trabajos colectivos populares, con producción local de materiales de construcción baratos. Este plan se completa con la reconstrucción de la infraestructura económica del país, en particular con un plan de generación de energía limpia y barata disponible las 24 horas del día para todos los hogares.

Un segundo paso es la lucha por la inmediata legalización de todos los partidos políticos y la convocatoria a elecciones libres para una Asamblea Constituyente, que deberá discutir y definir una nueva Constitución para el país. Otro punto importante es la formación de tribunales populares para llevar a juicio a todos los criminales del viejo régimen.

Para enfrentar a Israel, es necesaria la organización de un ejército popular armado y equipado con las nuevas tecnologías de bajo costo, como drones y misiles, para que, junto con la presión diplomática, obligue a las tropas israelíes a retirarse de todo el territorio sirio, incluidas todas las áreas ocupadas en 1967. Además, el gobierno de transición tiene que posicionarse contra la agresión militar israelí y estadounidense contra los palestinos, el Líbano e Irán.

Lamentablemente, el gobierno de transición no tiene ninguna intención de cambiar su modelo capitalista de reconstrucción económica ni de ampliar las libertades democráticas. Por eso, todas estas propuestas tendrán que ser conquistadas por la clase trabajadora y la juventud siria, a través de su autoorganización en sindicatos obreros y estudiantiles libres, además de asociaciones feministas, barriales y de víctimas de la dictadura.

Es fundamental, además, construir un partido revolucionario de trabajadores y jóvenes que pueda dirigir esta lucha para que todos los ideales de la revolución sean conquistados, haciendo de Siria un punto de apoyo para que todos los pueblos de la región se levanten para poner fin al colonialismo imperialista, al Estado de Israel y a todas las dictaduras que gobiernan los países árabes.

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