Vote por Hertz y Vanessa: con los trabajadores, contra el sistema
En esta elección, tenemos el curioso caso de que todos los candidatos dicen estar contra el sistema. La pregunta que queda es: si todos están contra el sistema, ¿cómo y por qué sigue existiendo? Porque no es exactamente así.
El sistema está controlado por las grandes empresas brasileñas y extranjeras que mandan en toda nuestra economía y política. Brasil está dominado económicamente por Estados Unidos, que dirige el sistema mundial. El Congreso, los gobiernos, el STF, las leyes, todo funciona obedeciendo a los intereses de los grandes monopolios capitalistas.
Trump viene amenazando y agrediendo económicamente al país, quiere interferir en las elecciones y profundizar la dependencia de Brasil respecto de los intereses de los monopolios estadounidenses, transformándonos en una colonia.
El bolsonarismo quiere empeorar el sistema
El bolsonarismo no tiene nada de antisistema. Cuando estuvo en el gobierno, hizo exactamente lo que el sistema le pidió. Entregó Eletrobras, congeló el salario mínimo y abrió de par en par Petrobras a la política de precios internacionales.
Flávio Bolsonaro es la cara de esta extrema derecha autoritaria y entreguista, que defiende abiertamente profundizar la explotación de los trabajadores. Se arrodilla ante Trump hasta el punto de prometerle al presidente estadounidense un equipo de transición en caso de ser elegido.
Es la única fuerza política del país que hace campaña pidiendo aranceles contra su propio pueblo, castigando al trabajador brasileño que pierde su empleo. Antisistema es el discurso. El proyecto es entregar el país más rápido.
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El gobierno de Lula mantiene el sistema
Lula dice que es capaz de mejorar el sistema gobernando para todos. Dice defender a los trabajadores, pero en la práctica mantiene el sistema funcionando para enriquecer a la misma élite de siempre. Si el Lula de los años 1970 expresaba un ascenso obrero que chocaba de frente con el régimen militar, hoy el presidente, en su tercer mandato, es quien mantiene el status quo, gobierna junto con el centrão y la derecha, implementó el marco fiscal, bate récords en concesiones privadas, negocia con Trump y sigue los dictados del gran agronegocio, de los banqueros y de los monopolios capitalistas brasileños y extranjeros.
Medidas insuficientes que garantizan cierto alivio, como la exención del Impuesto a la Renta hasta R$ 5.000 —sin actualización de la tabla— y el programa Desenrola, incluso pueden traducirse en algunos votos, pero no tocan los problemas estructurales de Brasil. Al no enfrentar el problema de nuestra desindustrialización, del descenso del país en el orden mundial y mantener la economía bajo el dominio de 250 grandes empresas controladas por el capital extranjero imperialista, sigue administrando la crisis y, por consecuencia, las condiciones que permiten la perpetuación de la extrema derecha.
¿Por qué todos dicen estar contra el sistema?
El PT y la extrema derecha intentan apropiarse de un sentimiento que se generaliza, principalmente después de la llamada crisis de la Nueva República. Una percepción, aunque todavía vaga, de que manteniendo todo como está nada va a cambiar, y de que las promesas posteriores al fin de la dictadura, según las cuales con la democracia burguesa tendríamos avances sociales, no se confirmaron.
No es casualidad que resurjan incluso el golpismo y las Fuerzas Armadas con peso en la política a través del bolsonarismo. Tampoco es casualidad que el PT sea identificado como parte del sistema. Gobernó durante 18 de los 40 años de redemocratización. Fue responsable, junto con la derecha, de la decadencia del país, administrando un sistema capitalista fracasado que no resolvió los graves problemas sociales históricos de Brasil.
Por eso la extrema derecha consigue aparecer como antisistema. Pero necesitamos desenmascarar la farsa de la derecha. Así como disputar a los trabajadores, mostrando que la izquierda y el socialismo de verdad no tienen nada que ver con lo que hace la izquierda del sistema encabezada por el PT y el PSOL.
Para enfrentar el sistema, hay que enfrentar a quienes dominan la economía
Para enfrentar los problemas que más siente la clase trabajadora y el pueblo pobre, desde los salarios hasta la agotadora jornada laboral impuesta por la escala 6×1, pasando por mejoras en salud y educación, es necesario tocar a fondo el sistema que funciona para enriquecer cada vez más a un puñado de monopolios extranjeros, al gran agronegocio y a una burguesía nacional subordinada al imperialismo.
La omisión del gobierno de Lula frente al ataque de los aranceles de Trump y a la escalada de amenazas, incluso militares, del imperialismo estadounidense, así como el servilismo y entreguismo de los bolsonaristas, muestran cómo distintos proyectos políticos, al mantenerse dentro de los marcos del capitalismo y ligados a diferentes sectores de la burguesía, son incapaces de enfrentar el sistema.
Luchar por la soberanía y por mejores condiciones de vida para los trabajadores, buscando resolver los problemas estructurales del país, como la desindustrialización, es parte fundamental de la lucha contra el sistema.
No hay reindustrialización porque la clase dominante gana más asociándose con los extranjeros que nos dominan que desarrollando el país. Décadas de desindustrialización trajeron la escala 6×1, el trabajo precario, los bajos salarios y el desmantelamiento de los servicios públicos.
Ahora Trump quiere profundizar todavía más la colonización. Privatizar también significa perder la soberanía del país. Quien controla la energía, el petróleo y las tierras raras decide lo que Brasil puede hacer, y esa decisión se toma en Nueva York, Londres o Pekín. Por eso Trump nos amenaza con aranceles. Para defender la soberanía, un país debe ser dueño de sus riquezas.
Por soberanía, industrialización y derechos para los trabajadores
Estatizar las empresas estratégicas de Brasil
La extrema derecha cree que por medio del mercado conseguirá reindustrializar el país. Lula cree que con la intervención estatal conseguirá revertir la decadencia. Pero se trata de un proceso estructural que avanzó durante las últimas décadas y está detrás del retroceso económico y social del país. Revertir la reprimarización y reindustrializar Brasil, por lo tanto, no es una cuestión de estímulos, incentivos o buena voluntad: es una cuestión de quién controla las riquezas del país y los medios para producir esa riqueza.
Vale, CSN, Eletrobras, Embraer, ferrocarriles, puertos: todo fue construido con dinero público y entregado a precio de remate a grupos privados. Hoy Petrobras distribuye R$ 100.000 millones en dividendos en cuatro años, y Vale, R$ 30.000 millones. Solo el año pasado, R$ 546.000 millones salieron del país en forma de ganancias, intereses y dividendos. Ese dinero podría ser reinvertido en el país.
Para el trabajador, privatizar siempre significó despidos, tercerización y peores servicios: los trenes de São Paulo incendiándose, el agua de Sabesp insalubre, Enel dejando barrios a oscuras.
Enfrentar el sistema es sacar las empresas estratégicas de las manos de los multimillonarios. Por eso el PSTU defiende la estatización de los sectores estratégicos del país bajo control de los trabajadores; estatizar el sector energético, el petróleo, la minería, el agronegocio y la siderurgia. Junto con eso, estatizar los bancos y el sistema financiero para controlar el flujo de capital. También es posible estatizar sectores clave de alta tecnología, como Avibras, que incluso adquiere una importancia aún mayor ahora con las amenazas militares de Trump, y Embraer, además de garantizar una Petrobras 100% estatal.
Con los sectores estratégicos en manos de los trabajadores, la riqueza que hoy sale del país como remesa de ganancias puede ser planificada de acuerdo con lo que necesita la población: empleo, reducción de la jornada sin reducción salarial, vivienda, salud y educación públicas, tierra para quien la trabaja. No es una lista de promesas aisladas. Es el camino concreto para reindustrializar, defender la soberanía y garantizar mejoras en la vida de los trabajadores.
Estrategia
Por un gobierno de los trabajadores sin capitalistas
No se trata de decirle al pueblo “vótennos y nosotros lo haremos por ustedes”. Este programa necesita de la clase trabajadora movilizada, organizada y en lucha por su implementación. Solo así podrá vencer la resistencia reaccionaria de los políticos defensores del capitalismo, de la propia burguesía cobarde y violenta y del imperialismo, que intentarán impedir cualquier cambio favorable a los trabajadores. Solo así es posible enfrentar a la extrema derecha, a los multimillonarios y a las multinacionales. Quien acepta la colaboración de clases termina administrando el capitalismo en crisis, como hizo el PT.
Solo un gobierno de la clase trabajadora y del pueblo pobre, movilizado y apoyado en sus propias organizaciones, en las fábricas, en los barrios y en los lugares de trabajo, es capaz de tomar las riendas de su propio destino, administrando las riquezas producidas por los trabajadores de acuerdo con los intereses de los propios trabajadores. Un gobierno que destruya el Estado construido para la dominación de la burguesía y del imperialismo y construya su propio Estado con una amplia democracia de los trabajadores, capaz de garantizar que todos controlen los aspectos de la economía y de la política. Solo así se derrota verdaderamente a la derecha y se garantizan conquistas para los trabajadores.
Hertz presidente
Una vida digna para la clase trabajadora, un país libre, desarrollado y soberano y un gobierno socialista de los trabajadores son tareas inseparables. Eso es lo que la candidatura de Hertz Dias y Vanessa Portugal a la Presidencia y las candidaturas del PSTU en los estados ponen en pie: una verdadera alternativa contra el sistema. Cada voto al 16 en estas elecciones fortalece este proyecto.




