Fuera Israel del Líbano, de Siria y de Palestina
El 21 de julio, los presidentes del Líbano, Joseph Aoun, y de Estados Unidos, Donald Trump, se reunieron en la Casa Blanca. Aoun le pidió al presidente Trump ayuda para reconstruir la economía, fortalecer las Fuerzas Armadas libanesas y acelerar la retirada de las fuerzas israelíes del país.
Trump respondió que no existe un plazo para la salida de las tropas israelíes, pero autorizó vuelos directos entre Estados Unidos y el Líbano.
Joseph Aoun, excomandante del Ejército, fue elegido el 9 de enero de 2025. Su elección puso fin a un ciclo de presidentes aliados al partido chiita libanés Hezbollah e inició un nuevo período de gobiernos vinculados al imperialismo occidental.
El Líbano venía atravesando una sucesión de crisis que se profundizaron a partir de la fuga de capitales en 2019. Hasta el momento, Joseph Aoun no ha logrado dar ningún paso para superar esas crisis. Por el contrario, todo indica que está conduciendo al Líbano hacia una nueva crisis: la subordinación total a Estados Unidos y una normalización de hecho con Israel.
Bajo el impacto del Memorando de Entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán, que entró en vigor el 20 de junio e imponía un alto el fuego en el Líbano, Trump promovió un acuerdo colonial entre el Líbano e Israel el 26 de junio. Conocido como acuerdo trilateral, establece la permanencia de Israel en el sur del Líbano, con control total sobre el 6 % del territorio libanés y con el «derecho» de defenderse ante cualquier amenaza. Gradualmente, el Ejército libanés va asumiendo zonas piloto bajo ocupación israelí y desarmando a eventuales grupos vinculados a Hezbollah.
Las dos primeras zonas piloto se encuentran casi en su totalidad en áreas no ocupadas por Israel. Analistas israelíes reconocen que Israel no tiene intención de retirarse de todo el territorio libanés.
Desde el 2 de marzo, las tropas israelíes llevaron a cabo una masacre en el país. En 111 días, los ataques israelíes mataron a 4.016 personas (un promedio de 257 por día), destruyeron o dañaron 90.000 viviendas y desplazaron a 1,2 millones de personas. Ni siquiera el sistema de salud fue perdonado. Diecisiete hospitales fueron bombardeados y 135 trabajadores de la salud murieron. Según la ACLED, se registraron 5.292 bombardeos, de los cuales el 81 % ocurrieron en los cuatro distritos del sur: Sour, Nabatieh, Bint Jbeil y Marjayoun. Apenas el 5 % de esos bombardeos fue comunicado previamente a la población, lo que demuestra que las advertencias israelíes son un mito.
El resultado fue la ocupación de 620 km², equivalentes al 6 % del territorio nacional; la destrucción de 90.747 viviendas; la pérdida de 56.320 hectáreas, valuadas en 530 millones de dólares; y órdenes de evacuación contra la población libanesa que afectaron al 19 % del territorio nacional y provocaron el desplazamiento forzado de 1,2 millones de personas, lo que constituye un crimen de lesa humanidad.
Las fuerzas israelíes también ocupan una zona en el sur de Siria. Hasta el momento, el presidente sirio Ahmad al-Sharaa ha recurrido únicamente a la presión diplomática para detener el avance sionista sobre el territorio sirio, sin éxito.
Además, Israel mantiene el genocidio contra la población palestina en Gaza, la limpieza étnica en Cisjordania y Al-Quds/Jerusalén, y el apartheid en la Palestina de 1948, todos ellos considerados crímenes según el derecho internacional.
Queda claro que es necesaria una estrategia de lucha para expulsar a las tropas israelíes del Líbano y de Siria, y para liberar Palestina, del río al mar.




