La “boliburguesía”: un nuevo sector burgués
Leonardo Arantes, Correo Internacional, diciembre 2015.
Una burguesía que nace parasitando al Estado
El Estado venezolano ha sido fructífero en dar origen y apalancar el surgimiento de poderosos grupos económicos y sectores burgueses. No es el objetivo de este artículo describir históricamente este proceso (para eso sería necesario un trabajo mucho más amplio), pero es ineludible mencionar que casi todos los grupos económicos y sectores burgueses existentes (y algunos desaparecidos) han surgido a partir de parásitar la renta petrolera, de usufructuar el presupuesto nacional y de los favores recibidos del Estado por los gobiernos de turno. Ejemplo de esto han sido los grupos Alfonzo Rivas (desaparecido al ser adquirido por la estadounidense Cargill), Delfino y Mendoza, por mencionar solo algunos. Bajo el régimen chavista, esto no ha sido una excepción.
Boliburguesía es un vocablo formado por la combinación de las palabras “bolivariano” y “burguesía”. Fue el término acuñado por el periodista Juan Carlos Zapata para designar a un nuevo sector burgués surgido en el transcurso de los años de gobierno de Chávez (continuando con el de Maduro) y estrechamente ligado a su régimen. La expresión engloba tanto a aquellos que, teniendo un origen de clase distinto, se convirtieron en empresarios multimillonarios a partir de negocios lícitos o ilícitos facilitados por los gobiernos Chávez-Maduro, como a los que, siendo ya empresarios de alta, mediana o poca monta, desde sus inicios hicieron parte del proyecto chavista e incrementaron sus fortunas a partir de los mismos negocios.
¿Cuáles son los orígenes de este nuevo sector burgués? ¿Cuáles son sus características? ¿Qué sectores lo integran? Son todos interrogantes a las que este artículo intentará aproximarse.
Las bases materiales para el surgimiento de la boliburguesía y sus mecanismos de acumulación
Un elemento a considerar es la heterogeneidad de la composición social del movimiento chavista desde sus inicios. Tal como en cualquier movimiento con una estrategia electoral y un programa reformista, esto es lo que explica la coexistencia en un mismo movimiento de sectores tan disímiles como activistas del movimiento popular, militantes de los partidos de izquierda reformista, viejos políticos reciclados de los partidos de la derecha tradicional, militares, banqueros, empresarios y burócratas sindicales, entre otros.
En el curso de los primeros ocho años del chavismo (en 2006 se empezaría a hablar por primera vez de la existencia de una boliburguesía), se hizo evidente la tendencia, directamente como parte de la dirección chavista o de sectores cercanos a la misma, de parasitar el Estado en beneficio propio y como forma de enriquecimiento, teniendo un papel privilegiado en esto los militares, los banqueros y el empresariado. Este proceso, que ha continuado hasta ahora, tuvo como base material la abundancia fiscal que comenzó en 1999, cuando Chávez encontró el petróleo a nueve dólares el barril, y vino luego la racha alcista que lo colocaría en sesenta y dos dólares y que, pasado 2006, lo elevaría a más de cien dólares el barril. Hoy, cuando la dinámica es la contraria —el precio del petróleo decrece y las cuentas fiscales son deficitarias—, el parasitismo y la rapiña van en aumento.
Los mecanismos de enriquecimiento han sido diversos: servir como intermediarios en los negocios entre las empresas privadas y el imperialismo con el Estado, recibir sobornos y favores para el otorgamiento de los contratos públicos, las “empresas de maletín” (de fachada), el desvío de partidas presupuestarias, la corrupción, el fraude cometido principalmente desde las gerencias de las empresas estatales con el otorgamiento de las divisas para importaciones de alimentos, repuestos y demás (cuestión que también ocurre en empresas privadas), han sido, entre otros, los medios empleados para amasar o incrementar fortunas.
Desde la dirección de ministerios, instituciones, PDVSA (estatal petrolera), empresas básicas y otras empresas estatales, bancos públicos y privados, aseguradoras, todos han sido espacios propicios para el enriquecimiento y la constitución de poderosos grupos económicos, cuyas fortunas son imposibles de justificar lícitamente.
Su génesis, sectores y características
El economista de izquierda, periodista e historiador Domingo Alberto Rangel1 señalaba la existencia de tres grandes grupos económicos. El primero y más fuerte gira en torno a Diosdado Cabello y Rafael Sarría, ambos militares retirados. Las propiedades de ese grupo incluirían bancos, varias plantas industriales y participación como accionistas en empresas de servicios. Posiblemente, después del Grupo Polar, es el primer imperio financiero del país.
Un segundo grupo es el esbozado en torno a otro militar retirado, Jesse Chacón. Su hermano sería el dueño o líder aparente de este grupo, que en los primeros ocho años de chavismo habría adquirido un banco, una de las fábricas de leche en polvo más grandes de Sudamérica, y varias haciendas.
Por último, se refería a un tercer grupo oligárquico cuyos cabecillas serían Ronald Blanco La Cruz y Edgar Hernández Behrens, militares retirados ambos, gobernador de Estado Táchira el primero (2006), y el otro, banquero, presidente del Fondo de Garantías de Depósitos (Fogade), de CADIVI (Comisión de Administración de Divisas) y de SUDEBAN Superintendencia de Bancos) durante un largo período. En aquel momento, eran los tres grupos económicos entre los que se repartían sus efectivos la entonces naciente boliburguesía.
A estos grupos debíamos sumar a los empresarios y banqueros que acompañaron a Chávez desde sus inicios (o que se acercaron en sus primeros años) y que, con el chavismo, vieron incrementar su fortuna. Entre ellos están Alberto Cudemus, presidente de FEPORCINA; Alberto Vollmer dueño de Ron Santa Teresa y hoy representante de Venezuela en el Mercosur; Miguel Pérez Abad presidente de FEDEINDUSTRIA; Víctor Vargas Irasqüín, dueño del Banco Occidental de Descuento (BOD), llamado en su momento“el banquero preferido de Chávez”, y suegro de Luis Alfonso de Borbón (duque de Anjou y bisnieto del dictador Franco); Víctor Gil, presidente del extinto banco Fondo Común; Wilmer Ruperti, multimillonario naviero petrolero, quien luego de ayudar a Chávez durante el paro petrolero de 2002, vio crecer su fortuna hasta los 10.000 millones de dólares; Luis Van Dam, empresario metalúrgico, chavista desde 2005 (en 1988 estuvo involucrado en un escándalo por una pretendida estafa a la Nación por el orden de 70 millones de dólares, en el caso de un contrato para la repotenciación de unos tanques AMX30), y hoy en el negocio petrolero y eléctrico.
También son señalados por los medios como “boliburgueses” José David Cabello (hermano de Diosdado), ministro de la Infraestructura desde 2006 hasta 2008 y, desde entonces, director del SENIAT (Servicio de Impuestos y Aduanas). Todo el comercio exterior de entrada y salida de mercancías está en sus manos; todos los impuestos, tasas, desacuerdos, pleitos y procesos son gestionados por él. Rafael Ramírez Carreño (ex presidente de PDVSA y ex ministro de Energía y Petróleo hasta su destitución por parte de Maduro) participaba del programa de alimentación del gobierno que importa la comida a través de PDVAL, de la construcción de viviendas (Gran Misión Vivienda) y del financiamiento de las misiones sociales, todo esto junto al negocio energético. Se estima que manejaba al menos 150.000 millones de dólares anuales.
Muchos se han beneficiado de parasitar la renta petrolera y el presupuesto nacional (constituido mayoritariamente por ingresos fiscales). Millones de regionales han surgido gracias a su relación con el régimen chavista. Y también están aquellos cuyas fortunas y negocios trascienden las fronteras nacionales, convirtiéndose en verdaderos “magnates boliburgueses”.
Diversos medios (como los opositores Reportero24 y Sexto Poder) señalan a los siguientes como parte de los principales exponentes de la boliburguesía: Diego Salazar Carreño, alias el “Rojo de Oro”, hijo de un guerrillero y poeta de los años ’’60 y primo del mencionado Rafael Ramírez Carreño, quien le otorgó el multimillonario contrato de la póliza de seguros y reaseguros de PDVSA, pasando de vendedor de pólizas de seguros a ser uno de los hombres más ricos del país. Alejandro José Andrade Cedeño (teniente del Ejército, participó en el intento de golpe de 1992). Se le calcula una fortuna de 5.000 millones de dólares. Pedro Torres Ciliberto, con un patrimonio de 700 millones de dólares. Se lo señala como testaferro del periodista chavista José Vicente Rangel. Leonardo González Dellán, expresidente del Banco Industrial de Venezuela (de capital mixto entre el Estado y la banca privada); se le calcula una fortuna de 1.000 millones de dólares. Eudo Carrullo Perozo (hijo de Eudomaro Carrullo, exdirector de PDVSA que prestó a Chávez colaboración durante el paro petrolero), posee aparentemente un patrimonio de 500 millones de dólares. A Baldo Sansón, exasesor financiero de PDVSA, se le calcula una fortuna de 600 millones de dólares. Armando Capriles Capriles (vinculado a las empresas de la familia, amigo del exministro de Finanzas Nelson Merentes y primo del opositor Henrique Capriles Radonsky) se le estima con una fortuna de 2.000 millones de dólares.
La lista continúa: Samark José López Bello (de origen humilde con padres profesores), es actualmente el presidente de Profit Corporation (empresa cuyos principales clientes son PDVSA, PDVSA GAS y el Ministerio de Relaciones Interiores). Está involucrado en los escándalos de la importación de alimentos descompuestos a través de PDVAL. Posee un capital de 1.000 millones de dólares. Raúl Antonio Gorrín Belisario (“El hombre de los guisos en Venezuela”). Asociado a negocios ilícitos, con el apoyo de hombres poderosos del gobierno, se dice que actúa como testaferro de dueños de medios. Aparece como comprador del canal Globovisión por un monto de 68 millones de dólares. Es dueño de Seguros La Vitalicia, y su riqueza asciende a 2.000 millones de dólares.
Hay otros como Walid Makled (llegó a comprar la línea aérea AEROPOSTAL); Eligio Cedeño, Leopoldo Castillo Bozo (dueño de Banvalor, casa bursátil), y Miguel Mawad, todos ellos poseedores de riquezas exorbitantes y relacionados con funcionarios y exfuncionarios gubernamentales (Freddy Bernal, Aristóbulo Istúriz y Luis Felipe Acosta Carles, entre otros).
Cometieron actos ilícitos tan escandalosos que el gobierno, para no ser salpicado por ellos, abrió procesos judiciales en su contra (también motivados por faltar a su “lealtad” al gobierno). Por ejemplo, Makled amenazó al gobierno de revelar nombres y secretos de altos oficiales vinculados al “cártel de los soles” (relacionado con el narcotráfico), y Cedeño financió la fuga de Carlos Ortega (expresidente de la CTV y líder del paro petrolero patronal de 2002-2003). Hoy son prófugos de la justicia venezolana. Sus relaciones giraban en torno a empresas estatales como PEQUIVEN y el BANDES (Banco Nacional de Desarrollo).
Hay dos fenómenos más recientes, aún poco conocidos: el surgimiento de los llamados “bolichicos” y los “bolichoros”. El primero se trata de un conjunto de jóvenes de entre veinte y treinta años, convertidos en millonarios por jugosos contratos con las empresas del Estado. En algunos casos, más que contratistas son testaferros de altos funcionarios del régimen. En general, son jóvenes de refinados gustos, provenientes de familias adineradas, que estudiaron en los mejores colegios y universidades del país y se desenvuelven en la alta sociedad. Nada tiene que ver con algo que se parezca al antiimperialismo y/o socialismo. El segundo es el de militares que se dedican al narcotráfico, a la extorsión e incluso a manejar redes de delincuencia organizada, actividades a través de las cuales acumulan grandes cantidades de dinero.
