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TEORÍA

39 años de la Masacre de La Plata

septiembre 8, 2014

Hace 39 años, el 4 y el 5 de setiembre de 1975, fueron asesinados en La Plata, Argentina, ocho militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), por las manos de la “Triple A”, grupo paramilitar que actuó bajo la protección del gobierno “democrático” de Isabel Perón. 

Eran Roberto “Laucha” Loscertales, de la dirección regional del partido; Hugo Frigerio, dirigente del Ministerio de Obras Públicas; Adriana Zaldúa, dirigente estudiantil de la Facultad Arquitectura; Ana María Guzner, delegada de los profesores universitarios; y Lidia Agostini, que recién había ingresado al partido. Estaban yendo a apoyar a los trabajadores de Mafisa (en la época, Petroquímica Sudamericana), que estaban ocupando la fábrica.

Al día siguiente, otros tres compañeros, encargados de la denuncia del hecho, fueron también secuestrados, torturados y asesinados: Carlos “Diky” Povedano, dirigente de Previsión Social, Oscarcito Lukati, trabajador estatal, y Patricia Claverí, estudiante universitaria.

Llama la atención que el  asesinato de los compañeros fue antes de la dictadura, durante el gobierno peronista de Isabelita. Y fue contra compañeros que estaban apoyando la lucha de los trabajadores de Mafisa, y que llamaban públicamente a los estudiantes y trabajadores a no confiar en “salvadores” y a organizarse y luchar por un gobierno realmente de los trabajadores, para construir el socialismo. Hasta el día de hoy, a pesar de la lucha de sus familiares y compañeros, no existe ningún condenado, ni siquiera un acusado por este crimen.

Varias discusiones

La primera es que, para nosotros, la verdadera lucha de fondo no es la de la democracia contra la dictadura, y sí la de los trabajadores y el pueblo contra la burguesía. Los mismos gobiernos “democráticos” no dudan en apoyar represiones y asesinatos cuando el Estado burgués corre riesgos. Se da una lucha por la supervivencia. Vemos eso hoy en Siria, que vive una guerra civil, o en Grecia, donde la derecha armada se organiza en el partido Aurora Dorada y realiza acciones fascistas impunemente. También en nuestro país, donde se cumplen 21 años del asesinato de Miguel Bru [joven asesinado por la policía].

La segunda discusión es que, exactamente en esa lucha por la supervivencia, la burguesía entera defiende a su clase, contra los trabajadores. Por eso los asesinatos de la dictadura después no eran contra cualquiera: estaban orientados a destruir toda la organización del pueblo y a sus dirigentes. Comenzaron antes, con la complicidad del gobierno, de la oposición burguesa y de las burocracias sindicales, que denunciaban a los luchadores y dirigentes combativos para debilitar las luchas. Hoy no existe dictadura, pero la mayoría de los militares que formaron parte, y los que silenciaron sus crímenes, no sólo gozan de impunidad sino que son “premiados”. Entre ellos están Bergoglio, hoy Papa en el Vaticano, o el general Milani, a la cabeza del Ejército.

La tercera discusión es en relación a los días de hoy. Porque la democracia burguesa y la dictadura son dos respuestas distintas, en momentos distintos, de una misma clase, la burguesía, con un mismo objetivo: mantener el sistema capitalista en pie. Y en momentos de crisis, “vale todo”. Vemos esto todos los días, cuando se pagan miles de millones de dólares de deuda externa pero nos cobran impuestos sobre los salarios y eliminan becas de estudios; y vemos esto en otros países, como Brasil o Chile, donde las movilizaciones por los derechos básicos son brutalmente reprimidas por las Fuerzas Armadas del Estado. Vemos esto más intensamente en Medio Oriente, con guerras de ocupación, como fue la invasión yanqui a Irak, o la guerra del Estado sionista de Israel contra Palestina. Cuando hay crisis, se acaban las políticas de Derechos Humanos.

Por todo esto, no sólo reivindicamos a los compañeros muertos en la masacre como mártires de la lucha obrera sino también el proyecto político que ellos defendían. Y así como no nos acobardamos en la época con el asesinato de nuestros compañeros, no nos acobardamos hoy. La mejor manera de honrar sus muertes es honrar sus vidas, continuando su lucha por la construcción de este partido revolucionario que hoy expresa la Liga Internacional de los Trabajadores [LIT], de la cual orgullosamente el PSTU argentino forma parte, para organizar a los trabajadores y a los pueblos del mundo en la lucha contra el capitalismo; para no dejarnos vencer por el miedo, y para tomar en nuestras propias manos la construcción del socialismo.

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