Si la situación de la mujer en Venezuela ya era difícil por la profundidad de la crisis económica y social que vive este país, ahora esta se agravó con las implicaciones de la pandemia, para tener una idea, basta ver el incremento de los feminicidios en el 2020 como expresión de esta cruel realidad.

Por: Ana Rodríguez, de la Unidad Socialista de los Trabajadores (UST)

En relación al año pasado hubo un aumento desde enero a octubre de 59,5%. Según la Utopix (ONG) organización de derechos humanos que lleva registro de los casos publicados en los medios de comunicación, digitales, televisivos e impresos. Durante el 2019 ocurrieron hasta octubre 136 casos y para este 2020 hasta octubre van registrados 217 casos, de mujeres víctimas de feminicidio. Lo que significa un promedio de 5 casos por semana, es decir, cada 33 horas una mujer pierde la vida a manos de su agresor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Utopix (2020)

Como se puede ver en el gráfico el mes de enero arranca con 34 casos de feminicidio en el país y si observamos octubre último mes del registro, este tuvo un aumento en el 2020 de 120% en comparación al mismo mes del año 2019.

El feminicidio la otra pandemia silenciosa 

Si el confinamiento sin garantías es para la clase trabajadora un desafío para sobrevivir ante la falta de salarios, alimentación, medicinas y vivienda; para la mujer víctima de violencia se convirtió en un espacio de guerra, conviviendo permanentemente con el agresor y sin las herramientas por parte del estado para su protección.

En este país a pesar de no contar con cifras oficiales por parte del estado, las organizaciones sociales, no gubernamentales y de derechos humanos han hecho esfuerzos por registrar las cifras de este mal que azota a la mujer venezolana y sobre el cual al gobierno no le interesa hablar.

Según Utopix (ONG) en su monitoreo digital desde el 16 de marzo, momento en el cual se declaró la cuarentena hasta la actualidad, se han registrado 148 feminicidios en todo el país, afirmando que la violencia que sufren las mujeres niñas y adolescentes aumentó durante el confinamiento, debido a que las victimas quedan atrapadas en el espacio doméstico. La mayoría, han perdido la vida a manos de sus parejas, por medio de armas blancas, asfixia mecánica y armas de fuego.

Pero mientras esto pasa en los hogares venezolanos, el Estado y sus instituciones no brindan a la mujer la posibilidad de salir de ese lugar de violencia, hacia lugares seguros como casas de abrigo para ellas y sus hijos. Al contrario, en este país, el gobierno no invirtió en estos espacios de protección que pueden salvar la vida de una mujer víctima de violencia. Las cinco casas de abrigo que existían, están todas cerradas por la falta de inversión y mantenimiento y algunas están siendo utilizadas para otros fines.

En relación a la línea 0800_mujer, se ha convertido en un trámite burocrático, las mujeres dicen que sólo quieren salvar sus vidas y cuando llaman pidiendo auxilio, no dan la solución oportuna. Lo que ellas quieren es ser separadas de su agresor de manera inmediata.

Para el Comité de Familiares de las Victimas (COFAVIC), el índice de impunidad en caso de violación a derechos humanos  en Venezuela es de 98%. En  el caso de la violencia contra la mujer se suma, la falta de celeridad para poner en prisión a los agresores denunciados.

En la migración: La violencia en la pareja también migra

La migración venezolana continua en ascenso, ante la situación de crisis económica, social y humanitaria que vive el país los trabajadores y las trabajadoras han decidido emprender un viaje incierto a otros países en la búsqueda por la sobrevivencia de ellos y de sus familiares.  Según la agencia de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) el número de migrantes venezolanos refugiados paso de 4,7 millones (2019) a 6,5 millones en el 2020.

De igual manera el monitoreo de feminicidio realizado por el Centro de Justicia y Paz (CEPAZ) 2020, asociación civil, afirma que cada 4 días una mujer venezolana es víctima de feminicidio fuera de su país, siendo Colombia donde se registra mayor índice con 42,9% seguido de México 28,9%, Perú, Ecuador, EEUU, Trinidad y Tobago y Republica Dominicana. También informo este centro que las edades de las mujeres asesinadas, están comprendidas entre 15-18 (21,4%) y las que corresponden a las edades entre 19-35 representan un 49,9% y se responsabiliza en un 35,7% a su pareja venezolano.

Cuando hay situación de violencia en la pareja y estos no son resueltos, estos conflictos emigran y tienden a agravarse en el país de acogida. La mujer migrante queda aislada del apoyo de la familia y de la red de amigos y al momento de la escalada de la violencia termina en feminicidio. Los casos de feminicidios durante el mes de septiembre 2020, de: Joanna Díaz, Osnery Prieto, Génesis Pinto y una adolescente con siete meses de gestación, son algunos casos que muestran la violencia a la que son sometidas las mujeres venezolanas en el exterior.

El ciclo de violencia que vive una mujer está lleno de miedo e inseguridad. Pero ahora, siendo migrante se suma su situación de irregularidad en el país de acogida, su estatus de ilegalidad la deja en mayor grado de vulnerabilidad, muchas veces las mujeres migrantes no visibilizan su situación, por temor de que al denunciar puede ser deportada, otras no conocen los mecanismos de protección que existen para ellas en ese país. Esto significa que, si bien es cierto que las políticas de atención a la mujer deben arropar a ambas mujeres, la migrante y la natural del país, también es cierto, que la migrante no tiene papeles y tiene un temor añadido.

Crisis y aumento de la Xenofobia

Los y las migrantes, refugiados y refugiadas, enfrentan nuevos desafíos en los países de acogida. Las medidas de confinamiento afectan directamente la posibilidad de generar ingresos para poder pagar alquileres, servicios, comprar alimentos, medicinas y enviar remesas a sus familiares. Ese estado de vulnerabilidad puede afectar desproporcionadamente a las mujeres quienes, en búsqueda de satisfacer las necesidades básicas de sus familias, son víctimas de violencia sexual, asedio y prostitución forzada.

De acuerdo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en el 2019 el 80% de los migrantes venezolanos estaban trabajando sin ningún acuerdo contractual, o laborando en el sector de la economía informal. Lo que nos hace inferir que para el 2020 año en el que arrancó el confinamiento, estos no han recibido remuneración, o peor aún, han sido despedidos sin ningún tipo de seguridad laboral.

De acuerdo a la encuesta elaborada por ACNUR a un grupo de migrantes venezolanos en el contexto de la pandemia, 42% perdió sus empleos y 46% han sido excluidos de los beneficios que otorgan los países donde están refugiados.

Es de notar que, en la lucha por la sobrevivencia en cada país, en medio de una crisis económica mundial y la pandemia, crece la hostilidad para obtener insumos sanitarios, bonos sociales y alimentos. De ese mismo modo también se han acentuado en estos países, las acciones violentas, de xenofobia y discursos de discriminación contra los migrantes.

Se pudo observar durante los meses de abril – mayo del 2020 a venezolanos desalojados de sus viviendas en Colombia, Perú y otros países de Sudamérica, por no poder pagar alquileres. Muchas eran mujeres solas con sus hijos en brazos.

Es necesario unir a la clase trabajadora en torno a sus necesidades, nuestros enemigos de clase no son los migrantes que vienen huyendo de sus países de origen para salvar sus vidas. Nuestro enemigo es la burguesía, los multimillonarios, los dueños de bancos, empresarios y los gobiernos burgueses. Contra ellos es que tenemos que luchar, son ellos (y no los trabajadores migrantes) los responsables de que no tengamos salarios dignos, vivienda, alimentación, entre otros derechos elementales. Por eso decimos; de aquí o de fuera somos la misma clase obrera.

Violencia y asedio sexual, la pesadilla que persigue a las mujeres vayan donde vayan

El caso de Stefani Flores (18) joven que migro a Trinidad y Tobago, fue encontrada el 12 de agosto ensangrentada en la vía publica apuñaleada y violada por tres hombres. Ella fue vista cuando tomó un taxi para trasladarse desde Sipara hasta San Fernando lugar donde trabajaba vendiendo empanadas. Los agresores pensaron que la habían matado, ella pudo salir desde los arbustos y desmayarse en la vía pública.  Por el caso fueron detenidos según la cuenta oficial de twitter de embajada de Venezuela en Trinidad y Tobago, un oficial de la policía y un guardia de seguridad.  El Ministerio Público de Trinidad y Tobago informó que ambos fueron imputados por los delitos de violación secuestro e intento de asesinato. Este caso muestra como en algunos países los responsables de la violencia están vinculados a los órganos de «seguridad» del Estado. 

Lizmar Hernández (27) despareció el 30 diciembre 2019. Ella fue asesinada de un disparo en la cabeza por su jefe (72) en Perú. Días antes de su muerte ella, le había confesado a su tía que su jefe le pedía mantener relaciones sexuales, a lo que ella siempre se negó. «Ella siempre le manifestó que su relación seria de trabajo, pero él no lo acepto».

Otro caso de violencia brutal en Perú es el de la Joven venezolana Yilda Sol Mujica (27) «No se cómo sobreviví». Un hombre con quien nunca tuvo una relación amorosa, le desfiguró el rostro con ácido, la apuñalo 12 veces y fue violada. Ella alquilaba un apartamento y el hijo de la dueña la acosaba, la invitaba a comer a través de mensaje de textos. Ante el rechazo el hombre con la excusa de cobrar el alquiler la visitó violentándola de forma cruel y despiadada, este agresor pensó que la había matado. Ella cuenta que al recuperar la conciencia lo escuchó hablar por teléfono sobre su plan de picarla y meterla en una bolsa.  Yilda para salvar su vida, se lanzó de un tercer piso por la ventana. Hoy se encuentra con su rostro desfigurado, perdió un ojo, un dedo, tiene fracturas y las marcas psicológicas y emocionales que nunca se borrarán.

Lo anterior muestra, como la experiencia de las mujeres de la clase trabajadora venezolana en el fenómeno migratorio está llena de violencia, discriminación, asedio, xenofobia y hasta prostitución forzada. Y deja claro que el capitalismo no es seguro en ningún país del mundo; a este sistema sólo le importan las ganancias y el lucro de capitales y sobrevive a base de la explotación masiva de los seres humanos que hacemos parte de la clase trabajadora.

Como liberar a las mujeres.  La Revolución Rusa cada día más vigente

Estamos conmemorando el 25 de noviembre, día internacional de la no violencia contra la mujer y vemos el aumento de las cifras de la violencia de género en todo el mundo y observamos casos emblemáticos de la crueldad del machismo y de la discriminación como los que arriba mencionamos. Nos preguntamos ese fantasma de la violencia que persigue a la mujer en cada rincón y que se incrementa con la crisis económica y la pandemia mundial, ¿será posible erradicarla?

Tenemos que dejar claro que en este sistema podemos luchar por igualdad de derechos, por respeto a la vida etc., podemos inclusive arrancar algunas conquistas, pero estas siempre se verán amenazadas constantemente por el capitalismo, más aún cuando entra en crisis, porque este buscará la forma de implementar sus políticas para atacarlas y llevar a las mujeres a una situación de barbarie, como la estamos viviendo hoy. Por eso la liberación plena de la mujer sólo será posible en otro sistema, en una sociedad distinta.

La historia muestra que para que la liberación de la mujer sea posible ellas deben emprender junto a la clase trabajadora el camino hacia la revolución socialista, un camino hacia la transformación de las relaciones sociales humanas, que permita erradicar todas las formas de explotación, de opresión y de discriminación. Esa experiencia la podemos sacar de la revolución rusa, las conquistas que las mujeres obtuvieron, el desarrollo de su creatividad y su incorporación a lo inimaginable solo fue posible en el transitar hacia el socialismo. Lenin decía «sin ellas no habríamos ganado».

Entonces no sólo la mujer encontrará en ese espacio su libertad plena como ser humano, sino la garantía de ser parte de la trasformación de esa propia realidad, en la línea del frente como lo hicieron las mujeres rusas junto al conjunto de la clase trabajadora. Por eso no es de extrañar que en el proceso de la restauración capitalista de la URSS las primeras conquistas de la clase obrera atacadas fueron las de las mujeres. Porque estas tienen una fuerza inquebrantable cuando se suman a la lucha.

Reloj de campana, tócame las horas

Para que despierten las mujeres todas.

Reloj de campana no me dejes sola, ya escuché los pasos de la trabajadora.