Mié May 22, 2024
22 mayo, 2024

40 años construyendo una organización de combate

La Liga Internacional de los Trabajadores ha dedicado sus últimos años a actualizar el programa para la revolución socialista mundial. Pero quien piense que esto es un trabajo de gabinete está totalmente equivocado, el programa de una organización revolucionaria se construye en la interrelación dialéctica cotidiana con los principales acontecimientos de la lucha de clases, y la acción directa del proletariado. Así actuó nuestra corriente morenista durante décadas y esta fue la lección que nos enseñaron nuestros maestros, desde Marx, Lenin y Trotsky.

Por: Américo Gomes

Esta interrelación dialéctica implica que los revolucionarios estén presentes en las principales luchas y enfrentamientos de la lucha de clases, estando allí con un programa revolucionario y sus propuestas políticas. Esto es fundamental, porque en los últimos años ha habido muchas luchas en el mundo, algunas de ellas heroicas, involucrando a muchos jóvenes y sectores de la clase obrera, pero sin un programa revolucionario. Por ello, el conjunto de estos procesos desembocó en el apoyo a organizaciones reformistas e ilusiones en la democracia burguesa.

Trotsky, en la Historia de la Revolución Rusa describió la importancia de la presencia revolucionaria: «En cada fábrica, en cada corporación, en cada compañía militar, en cada taberna, en los hospitales de la tropa, en cada cuartel, e incluso en los campos despoblados, avanzaba un trabajo molecular de la idea revolucionaria». Incluso en la Revolución de Febrero, mientras los políticos burgueses creían que la masa se movía en un proceso instintivo, Trotsky contrapuso que quienes dirigieron la Revolución fueron «los trabajadores conscientes y endurecidos que, sobre todo, se habían formado en la escuela del partido de Lenin».

Junto a esto, el sello distintivo que identificó a la corriente “morenista” fue el internacionalismo y la confianza en la clase obrera. Con la firme decisión de construir el partido en la clase obrera, siendo parte de sus luchas. Portando un programa y una orientación política, pero también con voluntad de aprender, a partir de la defensa de la más absoluta democracia obrera.

Nuestra corriente en la Argentina fue fundada por media docena de jóvenes en 1943, con el Grupo Obrero Marxista (GOM). Su principal objetivo era participar en las luchas obreras, por lo que en su inicio fundó o asesoró a sindicatos como el textil y el de los frigoríficos, donde dirigimos grandes huelgas, como la metalúrgica de 1956. Junto con el trabajo en la clase obrera, desarrolló una práctica internacionalista, e intervino en la construcción de la Cuarta Internacional, a la que se vinculó orgánicamente desde el Segundo Congreso Mundial en 1948, donde se llevaron a cabo una serie de batallas teóricas, programáticas y políticas, como en los debates sobre el papel de los trotskistas en la Revolución Boliviana de 1952.[1]

Estuvimos con Hugo Blanco en la revolución agraria en el Perú, en los años 1960; participamos en la Revolución de los Claveles en Portugal; impulsamos la Brigada Simón Bolívar en la Revolución Nicaragüense. Luchamos contra todas las dictaduras en América Latina. En el Brasil, en la década de 1980, entramos en varios sindicatos de trabajadores, dirigimos huelgas obreras y varias ocupaciones de fábrica. Actualmente estamos activos, con los jóvenes, en primera línea en Chile, Paraguay y Colombia, en huelgas obreras en Europa, y en el tren a Ucrania.

En este artículo vamos a recordar algunos de estos momentos de lucha en los que nuestra Internacional jugó un papel importante.

Al frente de la Revuelta Campesina en el Perú

En 1957, Hugo Blanco fue ganado para nuestra corriente. El estudiante peruano que actuaba en el movimiento estudiantil regresó al Perú, se incorporó al POR, y pronto fue perseguido por la policía y huyó a su tierra natal, Cuzco, donde se unió a los campesinos indígenas que venía protagonizando revueltas e incluso una incipiente lucha armada.

“En este dinámico proceso revolucionario, las camadas oprimidas encontraron en Hugo Blanco una figura verdaderamente representativa. No exagero cuando digo que la unidad de este movimiento agrario no tiene límites, como un inmenso océano. Sin duda tiene un nombre que une al pueblo de las montañas, de las estancias y de la comunidad: Hugo Blanco».[2]

Cerca de 92% de la población campesina estaba compuesta por miembros de la comunidad indígena o «ayllus», que hablaban quechua, sin ningún derecho y poder político[3]. Violados desde la independencia en 1822 y en las revueltas campesinas aplastadas a lo largo de casi un siglo y medio. Sufrieron una triple opresión: oprimidos como peruanos por el imperialismo estadounidense; como quechuas por los blancos y mestizos de habla hispana; y como trabajadores por capitalistas y terratenientes.

Hugo Blanco fue acusado por la burocracia del PC de ser un «provocador y agente de la CIA», pero terminó convirtiéndose en el gran dirigente de las huelgas campesinas, de las tomas de tierra, de las movilizaciones y de la organización de decenas de nuevos sindicatos. Cuando llegó al Cuzco encontró seis sindicatos (dirigidos por el estalinismo), y debido a su orientación política se formaron 146.

En ese contexto, varios cuadros argentinos y todos los fondos del partido fueron enviados al Perú; Moreno orientó este trabajo e incluso se reunió con el Che Guevara, en el Uruguay, para pedir la ayuda de Cuba. Posteriormente, Moreno viajó al Perú. El objetivo de toda esa ayuda era hacer frente a las tareas que exigía la revolución agraria; extender el movimiento a los trabajadores de las ciudades; ayudar a armar a las milicias que se estaban formando en el campo; y avanzar en la construcción del partido.

Pronto comenzó la represión, con cientos de detenidos, torturados y varios fusilados. Hugo Blanco, junto con los dirigentes del levantamiento, organizó un destacamento guerrillero para defenderse, pero terminaron siendo derrotados. Con Blanco huyendo, y el ejército y la policía persiguiéndolo para matarlo. Fue arrestado y sentenciado a muerte, pero no pudieron matarlo. El gobierno se vio obligado a conmutar la pena de muerte por 25 años de prisión, dada la campaña internacional que la IV Internacional, junto con Palabra Obrera, organizó en su defensa. Fue llevado a la terrible prisión de Frontón, en medio del mar, donde se vio obligado a hacer seis huelgas de hambre en defensa de las condiciones de los presos.

Varios compañeros argentinos que fueron enviados al Perú para ayudar en este trabajo fueron presos, torturados violentamente, y condenados a varios años de prisión. Moreno fue perseguido, acusado de ser el principal responsable por el último gran ataque, pero logró huir a Bolivia, donde fue preso y solo fue liberado gracias a la gran campaña de la central obrera, la COB. De regreso en Argentina, fue arrestado nuevamente, aunque el gobierno argentino se negó a extraditarlo al Perú.

La Brigada Simón Bolívar fue un hito histórico

En 1979, la Fracción Bolchevique (FB) de la IV Internacional promovió, desde Colombia, la formación de una brigada de combatientes para apoyar al pueblo nicaragüense en su lucha por derrotar la dictadura de Anastasio Somoza.

Algunos dirían que la Brigada Simón Bolívar sería una contradicción con la política de la Facción Bolchevique de combate a la política y la táctica guerrillerista, elevada a estrategia por el estalinismo, el maoísmo, el guevarismo y, por seguidismo, por la mayoría de las corrientes trotskistas.

Pero no hubo nada contradictorio, pues estas organizaciones no tomaron en cuenta la situación de las masas y sus luchas, priorizando la lucha del aparato guerrillero, como una estrategia fija, esquemática y suprahistórica, desconectada de la realidad de cada país. Su portavoz más conocido fue el Che Guevara.

La FB, al construir la Brigada Simón Bolívar para apoyar la lucha armada del pueblo de Nicaragua, se basó en la estrategia leninista de utilizar todas las formas posibles para desarrollar la lucha de clases, que eleven la conciencia de la clase trabajadora. Ya sean elecciones, lucha armada, lucha democrática o lucha sindical.

La caracterización de la FB era que se combinarían huelgas e insurrecciones parciales con acciones guerrilleras, y esta combinación colocaría al Frente Sandinista como vanguardia de la lucha contra la dictadura. Cuando estallaron varias insurrecciones, una ola revolucionaria abrazó a la mitad de la población nicaragüense, desembocando en el levantamiento de 1979. «Todo el proceso de huelgas y movilizaciones está creando las condiciones objetivas para la huelga general y para la derrota definitiva de la dictadura. Como consecuencia de nuestra política, debemos seguir apoyando la lucha del FSLN y levantar la consigna ‘Por un gobierno del FSLN y de las organizaciones de los trabajadores’».

En mayo de 1979 se hizo la convocatoria para la formación de la Brigada en Colombia. Se presentaron más de 1.200 colombianos, se seleccionaron cerca de 320, pero solo lograron viajar 53, de los cuales siete eran nicaragüenses. Cuando cayó Somoza, había otros 200 brigadistas preparados para partir hacia Nicaragua. Eran voluntarios de Argentina, Bolivia y Brasil, incluidos tres estadounidenses. En el grupo hubo tres muertos: Mario Cruz Morales y Pedro J. Ochoa, colombianos, y Max Leoncio Senqui, nicaragüense. Esta acción también fue conocida en todo el mundo, en el sentido de animar a grupos e individuos a formar brigadas o incorporarse directamente a la lucha contra Somoza.

En Nicaragua, integrantes de la Brigada se alistaron en el Frente Sur, encabezado por la tendencia insurreccional o tercerista, comandada por Edén Pastora y, entre sus dirigentes políticos, Humberto y Daniel Ortega.

Tras la caída de la dictadura, la Brigada fue expulsada por el gobierno sandinista porque, a pesar de su disciplina militar, no brindaba apoyo político al programa de reconstrucción del Estado burgués que implementaban los sandinistas. Su programa defendía: el control obrero y la expropiación de los grandes medios de producción, entre otras cosas. Precisamente con el armamento general de las masas a través del fortalecimiento de los Comités de Defensa Sandinista (CDS), armados en el transcurso del enfrentamiento, fue que se conformaron los Comités de Defensa Civil (CDC). El Gobierno de Reconstrucción Nacional estaba en contra de esta política porque quería reemplazar los Comités con un ejército regular y una policía como en cualquier otro Estado burgués. La Brigada también trabajó en los barrios, en la distribución de alimentos, medicinas, armas y la construcción de refugios antiaéreos y barricadas; promovió la construcción de sindicatos e incentivó la formación de Comités de Fábrica, reivindicó la expropiación sin indemnización de las empresas y su nacionalización bajo el control de los trabajadores. En el campo, la Brigada estimuló organizaciones similares a expropiar tierras y distribuirlas gratuitamente a los campesinos, desarrollando la tarea democrática de la reforma agraria. Y llamó a los sandinistas a gobernar con las organizaciones de los trabajadores y de las masas, sin burgueses.

La presión del imperialismo, de la burguesía latinoamericana y del castrismo para evitar que Nicaragua se convirtiese en una nueva Cuba, llevó al Gobierno de Reconstrucción Nacional a expulsar a la Brigada Simón Bolívar “por extremista”.

Fueron desarmados y enviados a Panamá en un avión especialmente fletado. Allí, fueron entregados al ejército, que los torturó y los envió de regreso a Colombia, donde tuvieron que soportar la persecución del régimen reaccionario encabezado por Julio César Turbay[4].

La lucha contra las dictaduras en Argentina y Brasil

Nuestra corriente estuvo a la vanguardia en la lucha contra las dictaduras en América Latina.

En Argentina, la organización morenista, PST, estuvo al frente del levantamiento obrero y popular que intentó combatir los ataques de la Triple A, del gobierno de Isabel Martínez de Perón, y, luego, de la dictadura genocida, formando parte de muchas de las huelgas que se dieron en los cordones industriales, llevando una lucha política y programática, constituyéndose como una organización de cuadros reconocida por la vanguardia. Esto le costó el asesinato de más de un centenar de camaradas y le impuso condiciones de clandestinidad y seguridad restricta[5].

En el Brasil, la Convergencia Socialista, una de las organizaciones que dio origen al PSTU, tuvo a sus militantes conocidos a finales de la década de 1970 e inicios de la de 1980 como aguerridos luchadores contra el régimen militar y por su trabajo en el movimiento obrero. Sus militantes estuvieron al frente de las luchas obreras cuando las huelgas volvieron al escenario político contra la dictadura. De 1978 a 1988 hubo más de 2.188 huelgas. “La fuerza de una nueva y poderosa clase obrera en lucha golpea el régimen militar, lo obliga a acelerar la apertura, conceder amnistías y, un poco más tarde, permitir la legalización de los partidos políticos, principalmente del PT, que no estaba en sus planes”[6]. Tal acción llevó a una serie de detenciones y a toda una acción montada por el Estado para la destrucción de la organización, denominada “Operação Lótus”. Decenas de sus militantes fueron detenidos y despedidos ​​de las fábricas, algunos incluso fueron torturados por los aparatos de represión.

Primera línea en Chile, Paraguay, Colombia, y el 18D de Argentina

El aumento de la miseria y del hambre en los sectores más explotados de la población, producto de la crisis económica mundial, está provocando reacciones violentas por parte de los trabajadores y en particular de la juventud, que salen a las calles, realizan manifestaciones y huelgas, se chocan con los aparatos de represión, los que utilizan cada vez más truculencia contra la clase trabajadora. Pero la clase no retrocede y los enfrenta. Esto sucedió en Chile, Paraguay y Colombia. En esos momentos, las organizaciones de la Liga Internacional de los Trabajadores estuvieron presentes, como ocurrió recientemente en el Ecuador, e incluso en África en las manifestaciones de Guinea-Bissau.

En Argentina, en 2018, en las protestas contra la reforma previsional del gobierno de Mauricio Macri, tuvimos dos presos perseguidos políticos del PSTU-A, por haber sido parte de la primera línea que se defendía, con lo que tenía en sus manos, contra la brutal represión policial: Daniel Ruiz fue encarcelado, durante trece meses, en una prisión de máxima seguridad, y Sebastián Romero, perseguido político durante cuatro años y cuatro meses, de los cuales casi dos años estuvo encarcelado.

Uno de los afiches de la campaña internacional por la libertda de Sebastián.

En Chile, nuestra compañera abogada María Rivera se hizo muy conocida por su defensa de los presos políticos, tildados de “violentos” por la burguesía y por las organizaciones de izquierda, y fue elegida diputada constituyente tras recibir decenas de amenazas de muerte; en la Convención Constituyente estuvo en la línea de frente de la defensa por la liberación inmediata de los presos políticos del gobierno de Piñera que ahora pertenecen al gobierno de Boric. En Chile combinamos nuestra presencia a la vanguardia en la “primera línea” de lucha y acción directa con la presentación de un programa, que incluía la asamblea plurinacional, la nacionalización del cobre y la planificación económica.

La mayoría de las centrales y sindicatos de los trabajadores más representativos estuvieron ausentes de las luchas, producto de su burocratización, su traición, y de la cooptación de sus dirigentes por parte de gobiernos y sectores de la patronal. Esto llevó a que abandonasen a la juventud en los enfrentamientos callejeros y no se solidarizasen con los presos políticos que fueron aprehendidos en los enfrentamientos y la represión. Por su parte, los sindicatos y centrales sindicales que tienen en su dirección a militantes de la Liga Internacional de los Trabajadores estuvieron al lado de estas luchas y en la defensa de los presos políticos, como la CCT del Paraguay; los sindicatos de Cartagena en Colombia; y la CSP-Conlutas en el Brasil, que incluso protagonizó el “Ocupa Brasilia” en 2017, demostrando así que no hacemos solo discursos, también estamos en la acción directa.

Autodefensa organizada por el PSTU, en el «Ocupa Brasília» de 2017.

En países como Colombia y Chile, muchos de estos dirigentes sindicales y movimientos sociales, no solo abandonaron a los presos sin solidaridad, sino también los propios conflictos laborales, con la expectativa de ser funcionarios de los nuevos gobiernos.

En Ucrania como en Bosnia

En la guerra de Ucrania somos la vanguardia de la campaña que exige “armas para la resistencia ucraniana, por la derrota militar de Putin” en todos los países donde hay secciones de la LIT, desde los primeros días de la invasión del país.

Denunciamos la acción de los imperialismos estadounidense y europeos, que a pesar de la demagogia de hacer propaganda sobre que están enviando armas, y de utilizar esa propaganda para aumentar su propio poderío bélico, envían armas insuficientes y de la peor calidad, porque, en realidad, temen que una victoria de la resistencia ucraniana, en esta guerra de liberación nacional, desencadene las fuerzas del proletariado en todo el mundo. También denunciamos el gobierno de Zelensky, por ser cómplice de un proyecto estratégico del imperialismo, de paz rápida aun a costa de la integridad territorial ucraniana, y de su proyecto de transformar su país en una semicolonia imperialista, razón por la cual su gobierno ataca constantemente los derechos de la clase trabajadora.

Participamos y promovimos los dos Convoyes organizados por la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas, que llevaron apoyo político y material a los trabajadores ucranianos. El segundo convoy incluso se dirigió a la ciudad minera industrial de Kryvyi Rih, en el centro de Ucrania.

Construyendo la autodefensa de la clase trabajadora

La profunda crisis del capitalismo afecta las democracias burguesas y su proyecto preferencial de reacción democrática para contener la revolución. Esta descomposición social fortalece las tendencias hacia regímenes autoritarios y bonapartistas. Para garantizar sus ganancias, el gran capital imperialista necesita atacar el nivel de vida del proletariado y la pequeña burguesía y avanzar en la destrucción de las fuerzas productivas en todo el mundo. Para eso necesita de guerras y métodos que garanticen la espoliación, el saqueo, la opresión y la barbarie.

Con la crisis abierta en 2008, este proceso dio un salto, con aumento del desempleo y oleadas masivas de inmigración. En este momento, la crisis económica mundial se ve agravada por los reflejos de la pandemia, que aún no han pasado, y por la guerra en Ucrania.

En varios países vemos la tendencia a que los gobiernos se vuelvan más autoritarios y represivos, incluso cuando se presentan como progresistas. La represión a la clase trabajadora aumenta, como lo demuestran los presos políticos en Chile, Argentina y Colombia, e incluso en países imperialistas como España y Francia, donde hay represión a los trabajadores. Ni hablar de El Salvador, Honduras y Haití, o las dictaduras castrochavistas en Nicaragua, Venezuela y Cuba. En los continentes africano y asiático esta realidad se presenta ciertamente de forma más truculenta, como en los golpes de Estado en Sudán, Malí, Chad, Guinea y Myanmar, y el crecimiento de la represión en regímenes que pretenden presentarse democráticos como en Túnez, Angola, África del Sur y Guinea Bissau.

Además de esta tendencia a la bonapartización, la intensificación de la lucha de clases está llevando a un crecimiento de organizaciones de ultraderecha, con el propósito de combatir a las organizaciones de la clase trabajadora. Estas organizaciones de ultraderecha defienden el liberalismo económico y presentan una agenda xenófoba y prejuiciosa. Acciones como la invasión del Capitolio en Estados Unidos y la toma de carreteras en el Brasil, en períodos postelectorales, no son meras coincidencias. Ocurren en el momento de crecimiento de figuras políticas como Kast en Chile y Milei en Argentina. O la llegada al poder, en Italia, de la exmiembro de la organización fascista, Meloni, y los resultados electorales de la ultraderecha en Francia, España y Portugal.

Esta realidad tiene que materializarse en nuestro programa y nuestra orientación para la intervención en la lucha de clases, que apunte hacia la autodefensa y autoorganización de nuestra clase. En este sentido, es importante combatir la subestimación de la ultraderecha por parte de sectores de nuestra clase, así como cualquier política que afirme que la mejor forma de combatir a las organizaciones de ultraderecha es la conciliación las clases con un sector de la burguesía y creer en las instituciones del Estado burgués.

La Liga Internacional de los Trabajadores, como lo demuestra la historia de nuestra corriente, estará al frente del desafío y de este combate necesario que debe realizar nuestra clase, rompiendo con cualquier ilusión en los regímenes democráticos burgueses, en el marco de la lucha contra el Estado burgués y de la constitución de la Dictadura del Proletariado.

Traducción: Natalia Estrada.


[1] GONZÁLEZ, Ernesto (coordinador). El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, tomo 1.

[2] NEIRA, Hugo. Tierra de Cuzco y muerte.

[3] GONZÁLEZ, Ernesto. Op. cit., tomo 3, vol. 1. Editorial Antídoto, p. 210.

[4] GRACO, Fernando. “La Brigada Simón Bolívar”, Marxismo Vivo n.° 21, 2009.

[5] GONZÁLEZ, Ernesto. Op. Cit., tomo 1, Editorial Antídoto, p.16.

[6] Artículo de Bernardo Cerdeira.

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