El 5 de marzo de 1871 nacía Rosa Luxemburgo, que fue asesinada el 15 de enero de 1919 por un gobierno considerado “de izquierda”, encabezado por el SPD (el principal partido reformista en Alemania), apoyado por el USPD (el partido centrista, es decir, semirreformista, en el cual militaba Kautsky). Como todos los demás gobiernos “de izquierda” o “reformistas” en el capitalismo que la historia ha conocido este gobierno fue un instrumento de la burguesía para frenar las luchas obreras. Este gobierno hacía asesinar por un “cuerpo libre” [o Cuerpo de la Libertad, Freikorps, bandas paramilitares] a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

Luego de haberlos arrestado, una banda al mando del capitán Pabst mató a Karl de un tiro en la frente (dijeron que había intentado huir), mientras el soldado Runge partía el cráneo de Rosa con la culata del fusil, y el teniente Vogel le disparaba en la cabeza antes de arrojarla en el canal desde el puente Liechtenstein.

Para los reformistas y su gobierno de colaboración de clase, Luxemburgo y Liebknecht constituían el principal peligro de un “contagio bolchevique” en Alemania (la revolución dirigida por Lenin y Trotsky había ganado un año antes en Rusia).

En estos días leemos conmemoraciones del 150 aniversario de Luxemburgo en la prensa burguesa y también en los sitios de los partidos reformistas y centristas. Partidos que, en realidad, si hubieran estado presentes en esos años en Alemania, ciertamente habrían apoyado al gobierno al que los Espartaquistas de Luxemburgo y Liebknecht hacían una oposición de clase en nombre de un verdadero gobierno obrero.

Por: Francesco Ricci

«La vanguardia revolucionaria del proletariado alemán se ha constituido en partido político autónomo […]. Se trata ahora de sustituir el estado de ánimo revolucionario indiferenciado con una inflexible determinación revolucionaria, la espontaneidad por la sistematicidad» (Rosa Luxemburgo, 1918, discurso de fundación del KPD).

Si hubiese podido ver lo que ciertos supuestos seguidores y críticos, de derecha y de izquierda, han hecho de su pensamiento, quizás también Rosa habría exclamado, como Marx: «¡no soy luxemburguista!».

En las últimas décadas, la etiqueta de «luxemburguismo» ha sido puesta sobre pociones preparadas por un grupo de médicos del capitalismo y charlatanes del socialismo. Espontaneísmo, movimientismo, anticentralismo, antibolchevismo, antipartidismo y aventurerismo: son poco los “ismos” del vocabulario del movimiento obrero que no han estado asociados de cualquier modo al nombre de Rosa Luxemburgo. A veces de buena fe, más a menudo por fraude, se ha intentado aislar simples errores de Luxemburgo, posiciones coyunturales, para poder amasarlos luego en una venenosa presunta doctrina, para doblarla, de tanto en tanto, a las más disparatadas exigencias.

¿Se necesita atacar el Octubre del ’17? Están prontas tres citaciones de Rosa contra Lenin. ¿Se quiere negar la concepción marxista de partido? Enseguida se desempolva un artículo de Rosa que probaría su convicción acerca de la inutilidad del partido.

Que simples artículos o frases de Rosa hayan sido desmentidos o superados en su propia obra y –lo que más cuenta– con sus acciones, es obviamente algo que no perturba a los detractores y falsos apologistas. Detrás del caos de falsificaciones históricas hechas por el estalinismo y los reformistas en este siglo, el revisionismo es un delito con impunidad garantizada. Al menos hasta el juicio implacable de la próxima revolución.

¿Rosa espontaneísta?

Según muchos, la principal virtud (o desviación, según el punto de vista) de la revolucionaria polaca sería haber refutado la concepción de partido de Marx y Lenin a favor de una exaltación de la llamada espontaneidad de las masas, liberadas de la constricción de un «partido guía». Lo sorprendente es que no hay un solo escrito de Rosa en el cual se teorice una contraposición partido-masas o se afirme la inutilidad del partido de vanguardia, es decir, de aquel destacamento de la clase profundamente integrado en ella.

Volviendo a leer la obra de Luxemburgo en su contexto es evidente que cada enfatización de la «energía espontánea» de las masas se hace en directa polémica con los aparatos en vías de burocratización de la socialdemocracia alemana (SPD), contra su transformación del partido de medio en fin, o un medio para subordinar los intereses de la clase obrera a los de una casta parasitaria de funcionarios y diputados. Cuando a inicios del siglo [XX] Rosa polemizaba contra aquello que veía como «excesos partidistas» de los leninistas, tenía en mente la situación alemana.

Ha sido el estalinismo el primero en imponer a la reconstrucción histórica la idea de una Rosa Luxemburgo como portadora de una «concepción distinta de partido».

Esto era funcional para presentar el bolchevismo como una completa innovación (de Lenin… y Stalin). Fue el Ejecutivo de la Internacional estalinizada, en marzo de 1935, el que acuñó el término «luxemburguismo». La misma interpretación ha sido adoptada, aunque con fines opuestos, por presuntos «luxemburguistas». 

La ruptura con el reformismo y el centrismo

Según la historia falsificada de los estalinistas[1], Lenin se orientaba ya en 1904 por una escisión de la Segunda Internacional y presionaba por una escisión en el SPD con la derecha y con el centro de Kautsky (que es presentado como si hubiese sido un renegado desde el inicio de su actividad). Esto es totalmente falso. Lenin consideraba el SPD un modelo y a Kautsky un maestro al menos hasta 1909 (año en el que Kautsky escribe El camino al poder, que Lenin reivindicaba plenamente y lo citaba de memoria), y, aparte de alguna rara crítica precedente, solo desde el «4 de agosto» (1914) de la Segunda Internacional, Lenin consideró necesario romper con los kautskistas (para iniciar la construcción de la Tercera Internacional)[2]. Por eso, aún en el verano de 1914 Lenin no criticaba en modo alguno a Luxemburgo por no haber roto con el SPD y, por el contrario, se sabe que Luxemburgo fue la primera en iniciar la batalla contra Kautsky.

Cuando en 1910 Luxemburgo acusa abiertamente a Kaustsky de haber tomado el camino del revisionismo, Lenin tomó posición en defensa de Kautsky. También sobre la presencia de Berstein y del sector abiertamente revisionista en el SPD, el único entre los dirigentes rusos en insistir con los dirigentes alemanes para romper con ellos es Plejánov, no Lenin[3].

La diferencia táctica (aunque con consecuencias estratégicas) entre los bolcheviques y el grupo alrededor de Luxemburgo (Internacional, más tarde Liga de Espartaco) sobre el momento de la ruptura se da solo a finales de 1914. Es en los meses siguientes que Lenin presiona por una ruptura también organizativa (la política ya se había dado) de la izquierda alemana con el SPD. Pero la diferencia entre Lenin y Luxemburgo no es sobre los principios de construcción del partido: es una cuestión de tiempos, por importante que sea. Por esto, en su crítica al “Folleto Junius”, en julio de 1916, Lenin no plantea críticas de principio a la autora, es decir a Luxemburgo, y al mismo tiempo que critica el aplazamiento de la ruptura se dice convencido de que los espartaquistas «podrán seguir adelante, por el buen camino»[4].

No tiene fundamento tampoco la afirmación según la cual Lenin habría criticado a los espartaquistas por no haber roto inmediatamente con el centrismo del USPD (partido formado en abril de 1917 de la ruptura del SPD, dirigido entre otros por Kautsky). En efecto, Lenin sostiene que la ruptura con los centristas ya se ha producido de hecho, y escribe: «En los últimos tiempos, los que están particularmente interesados por mezclar los papeles han hecho mucho ruido alrededor de la presunta unificación del grupo de Liebknecht y los kautskistas en el USPD. En realidad, el grupo de Liebknecht no se fusionó enteramente con los kaustkistas sino que conservó la propia autonomía organizativa, limitándose a constituir un bloque temporario y condicional contra los socialchovinistas[5].

En efecto, Karl Liebknecht confirma que en el USPD los espartaquistas (ya funcionando como un partido autónomo) estaban haciendo entrismo para juntar fuerzas y constituir un nuevo partido: lo que se hará a finales de diciembre de 1918.

Hoy podemos evaluar que fue un error no seguir la propuesta de los sectores revolucionarios de no entrar en el USPD centrista, pero se trata de una valoración sobre el momento de la ruptura, no de dos concepciones diferentes de partido.

¿Qué criticaba Lenin en Rosa?

Volviendo atrás, frente a las primeras críticas expresadas por Luxemburgo a inicios del siglo, Lenin responde con un artículo (“Un paso adelante, dos pasos atrás. Respuesta a Rosa Luxemburgo”, que no debe confundirse con el libro precedente, que tiene el mismo título y del que parte la polémica de Luxemburgo)[6].

En este texto, Lenin aclara varios errores fácticos contenidos en esta polémica de Luxemburgo sobre el real curso del II Congreso del POSDR (1903, ese que lleva a la ruptura entre bolcheviques y mencheviques) y más en general hace notar a Luxemburgo que ella está polemizando no con sus posiciones sino con una falsa descripción de sus posiciones («Rosa Luxemburgo en Die Neue Zeit hace conocer a los lectores no mi libro sino otra cosa distinta»). Es decir, Lenin no atribuye a Luxemburgo una concepción distinta de partido. Y respecto de la acusación de «ultracentralismo» Lenin responde que Luxemburgo está polemizando teniendo en mente el centralismo burocrático utilizado por los oportunistas en el SPD, no las propuestas concretas de Lenin.

Algunos hechos históricos «olvidados»

Quienes sostienen la tesis según la cual Luxemburgo tiene con Lenin no diferencias contingentes y secundarias (exageradas por la polémica) sino «una concepción distinta de partido» ignoran –además de lo que hemos reconstruido hasta ahora– también lo siguiente:

1) en un artículo escrito en 1906 (“Blanquismo y socialdemocracia”)[7], Rosa Luxemburgo polemiza con Plejánov y defiende a Lenin de la acusación de «blanquismo» que ella misma había utilizado poco antes contra Lenin. Es decir, corrige su posición sobre esto;

2) ya en 1905, viendo en la prueba de la revolución a bolcheviques y mencheviques, Luxemburgo comienza a atacar las posiciones de la nueva Iskra (precisamente sobre el tema del partido) y, en el Congreso de Estocolmo (1906) tomó posición en casi todas las cuestiones con Lenin contra Martov. En el Congreso de Londres de 1907, el voto de Luxemburgo fue determinante para asegurar la mayoría bolchevique. Ese mismo año, Lenin y Luxemburgo entablaron una batalla común en el Congreso de la Internacional en Stuttgart;

3) en su actividad concreta de construcción del partido polaco (SKDPIL) Rosa dirige un partido de vanguardia fuertemente centralizado;

4) en todos sus textos principales, más allá de los límites de algunos de estos y algunos errores, nunca se teoriza nada distinto del partido de vanguardia como elemento indispensable para traer la conciencia socialista «desde afuera» y dirigir a la clase obrera a la conquista del poder. Es Trotsky quien afirma que Luxemburgo siempre «se ha esforzado por educar anticipadamente el ala revolucionaria del proletariado»[8];

5) en sus últimas semanas de vida, en el Congreso de fundación del KPD (diciembre de 1918), Luxemburgo se enfrenta con el ala juvenil del partido que critica un «exceso» de centralismo en el naciente partido. Rosa responde utilizando exactamente los argumentos de Lenin a favor del centralismo que los jóvenes (impresionados por el centralismo burocrático del SPD) rechazaban.

Toda la evolución de Luxemburgo demuestra que estaba alejándose cada vez más de algunos errores cometidos en los primeros años del siglo y estaba aproximándose cada vez más a las concepciones de Lenin. Una evolución similar a la que hizo Trotsky, solo que Luxemburgo fue asesinada antes de completarla;

6) la otra polémica utilizada por los detractores de Luxemburgo o por los presuntos «luxemburguistas» se basa en el texto La revolución rusa que era en realidad un conjunto de apuntes escritos por Luxemburgo en la cárcel (setiembre de 1918) cuando no disponía más que de noticias fragmentadas. Ella misma manifestó (a Leo Jogiches, dirigente del partido y su compañero de vida) la voluntad de que estos apuntes fuesen quemados y no publicados porque había cambiado de opinión. Fueron publicados en 1921 por Paul Levi que, una vez expulsado del partido, traicionó la voluntad de Rosa. Pero hasta en este texto que algunos presentan como «antibolchevique», Rosa escribe, por el contrario, que el partido de Lenin «ha sido el único que comprendió las leyes y el deber de un partido verdaderamente revolucionario». Y el texto concluye afirmando: «el futuro pertenece en todas partes al bolchevismo»[9]. Realmente extraño para una «antibolchevique», ¿no?

Día a día siempre más «leninista»

Podemos afirmar que Rosa Luxemburgo no estuvo exenta de errores y desviaciones centristas (como tampoco el Trotsky «unitarista» y el Lenin de la «dictadura democrática de obreros y campesinos»). Pero, entre los errores de Luxemburgo, Lenin no señala nunca el «espontaneísmo» o una supuesta diferencia de concepción de partido respecto de la suya. Por esto, muchas veces Lenin dijo que era necesario publicar todas las obras de la gran revolucionaria y formar con ellas a los militantes.

Y, siempre por esto, Trotsky sostiene que las diferencias con Rosa se referían solo a «lo accesorio», elementos «episódicos», pero no una concepción distinta y contrapuesta al partido de tipo bolchevique. En un texto en el cual utiliza las expresiones que hemos citado, escrito en 1935, Trotsky expresa lo que nos parece sea el juicio que mejor desautoriza las visiones de una Luxemburgo autora de «otra concepción» de partido. Nos tomamos la libertad de citarlo ampliamente: «[…] Últimamente, se han realizado varios esfuerzos por construir un llamado luxemburguismo para ser utilizado como un atrincheramiento, por los centristas de izquierda, contra el bolchevismo-leninismo. No se avanza un paso al decir que Rosa Luxemburgo contraponía desapasionadamente la espontaneidad de las masas con la política conservadora «victoriosa y coronada» de la socialdemocracia alemana, especialmente después de la revolución de 1905.

Esta contraposición tenía un carácter completamente revolucionario y progresista. Mucho tiempo antes que Lenin, Rosa Luxemburgo había comprendido el carácter retardatario del osificado partido y del aparato sindical, y había comenzado a luchar contra ellos. Porque ella confiaba en la inevitable intensificación de los conflictos de clase, tenía siempre prevista la certeza de una aparición independiente de las masas contra la voluntad y contra la línea de los burócratas. En esta su visión histórica general, Rosa se ha mostrado correcta.

[…] La propia Rosa nunca se ha limitado a la mera teoría de la espontaneidad […]. Rosa Luxemburgo se esforzó anticipadamente por educar el ala revolucionaria del proletariado y unirla organizativamente lo más posible. En Polonia ha construido una organización independiente muy rígida. Lo máximo que se puede decir es que su evaluación histórico-filosófica del movimiento obrero, la preselección de su vanguardia frente a las acciones de masas que eran esperadas, fue muy poco acentuada en Rosa; mientras, en cambio, Lenin –sin consolarse siquiera con los milagros de acciones futuras– tomó a los obreros más avanzados para soldarlos constante y incansablemente en núcleos firmes, legal o ilegalmente, en organizaciones de masas o clandestinas, mediante un programa finamente definido».

Y Trotsky continúa: «La teoría de la espontaneidad de Rosa fue una saludable arma contra el osificado aparato del reformismo. Por el hecho de que este a menudo se dirigía contra el trabajo de Lenin de construcción de un aparato revolucionario, eso revelaba –ciertamente solo en forma embrionaria– su carácter reaccionario. Con Rosa esto ocurrió solo ocasionalmente. Ella era muy realista, en sentido revolucionario, para desarrollar los elementos de la teoría de la espontaneidad en una consumada metafísica. En la práctica, ella misma, como ya se ha dicho, cuestionaba esta teoría a cada paso. Después de la revolución de noviembre de 1918, inició la ardiente labor de ensamblar a la vanguardia proletaria. […] día a día, Rosa se estaba aproximando a la concepción teóricamente bien delineada de Lenin en cuanto a liderazgo consciente y espontaneidad. (Seguramente, fue esta circunstancia la que le impidió hacer público su manuscrito contra la política bolchevique, del que más tarde se abusó vergonzosamente)»[10].

Notas

[1] Sobre el juicio de Stalin sobre Luxemburgo véase por ejemplo un artículo de Stalin de 1931: “Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo”, publicado en la revista Proletarskaja Revoljucija n.° 6, 1931, consultada en la versión en español disponible en: www.marxists.org/espanol/stalin/1930s/sta1931.htm

[2] Sobre las relaciones entre Lenin y la Segunda Internacional, véase: G. Haupt: “Lénine, les bolcheviks et la II Internationale [Lenin, los bolcheviques y la II Internacional], en Cahiers du monde russe et soviétique, 3, 1966. En lo que respecta a Trotsky, sostenía que la Segunda Internacional había desempeñado «un papel histórico progresivo [que] había terminado con el inicio de la guerra imperialista», citamos de La Tercera Internacional después de Lenin, Schwarz, 1957, p. 107.

]3] Véase al respecto el libro de C. Weill, Marxistes russes et social-démocratie allemande [Marxistas rusos y socialdemócratas alemanes]. 1898-1904, Maspero, 1976.

[4] Para el juicio de Lenin sobre el “Folleto Junius”, véase “A proposito dell’ opuscolo di Junius” [A propósito de Folleto Junius], (julio 1912) en V. I. Lenin, Opere complete [Obras Completas], Editori Riuniti, 1966, volumen 22, p. 304.

[5] Para el juicio de Lenin sobre la permanencia de los Espartaquistas en el USPD, véase: “Socialsciovinisti e internazionalisti” [Socialchovinistas e internacinalistas] (abril 1917) en op.cit., volumen 24, p. 335.

[6] V. I. Lenin, “Un paso adelante, dos pasos atrás. Respuesta de Lenin a Rosa Luxemburgo”, en op. cit. volumen 7, p. 460. Este artículo fue enviado a Die Neue Zeit (revista teórica del SPD) pero Kautsky no lo publicó, Fue publicado por primera vez en 1930.

[7] Rosa Luxemburgo, “Blanquismo y socialdemocracia” (1906), consultado por nosotros en la edición en francés disponible en internet, en: www.marxists.org/francais/luxembur/works/1906/rl19060600.htm

[8] León Trotsky, “Rosa Luxemburg e la Quarta Internazionale” (24 de junio de 1935), disponible en internet, en: www.marxists.org/italiano/trotsky/1935/6/24-luxemburg.htm

[9] Rosa Luxemburgo, La Rivoluzione russa, Massari editore, 2004.

[10] León Trotsky, “Rosa Luxemburg e la Quarta Internazionale”, ver nota 8.

Artículo original publicado el 14/1/2019 por el Partido de Alternativa Comunista (PdAC) Italia, disponible en: https://www.partitodialternativacomunista.org/politica/internazionale/cento-anni-fa-un-governo-dei-riformisti-uccideva-rosa-luxemburg

Traducción: Natalia Estrada.