Desde ámbitos sociales ligados al progresismo se ha vendido la idea de que el régimen del 78 recoge los valores de la II República. Nada más lejos de la realidad, bajo el manto de sus formas democráticas subyace un entramado institucional, económico-social determinado por la destrucción de la II república y las conquistas sociales que lograra (divorcio, derecho al voto de la mujer, etc.).

Por Eusebio López

La Transición no significó una ruptura con el régimen surgido de la Guerra Civil, el franquismo; antes al contrario, como ya se ha denunciado en multitud de ocasiones no solo sus principales instituciones se transformaron en los administradores de la victoria del 39, sino que la misma estructura económica construida bajo la dictadura pervive hasta hoy.

El plan de estabilización, la emigración y el “Spain is different”

Derrotada la clase obrera en 1937 por el gobierno de la II república, esta fue barrida de la historia porque la burguesía española enfrentó la tarea histórica de incorporarse definitivamente al capitalismo a través de la contrarrevolución fascista. Este salto suponía la industrialización y la proletarización de la sociedad española como siempre lo hizo la burguesía, por la fuerza, y con las leyes represivas de la dictadura.

El desarrollo económico y tecnológico que vivió el mundo tras la II Guerra Mundial, los llamados “30 gloriosos”, tuvo su manifestación en el Estado Español en el Plan de Estabilización de finales de los 50. La tecnificación del trabajo en el campo sin modificar la propiedad de la tierra, expulsó a millones de campesinos a las ciudades que tenían hambre de mano de obra barata para la reconstrucción tras los desastres de la guerra, calculándose que a comienzos de los 60 eran 3000 los extremeños y castellanomanchegos que entraban al día en Madrid. Una emigración masiva y despoblamiento del rural de donde surgirían los barrios de chabolas como el Pozo del Tío Raimundo.

Por otro lado, la industrialización creada por la necesidad de las grandes multinacionales yanquis y europeas de deslocalizar su producción en la búsqueda de la reducción de costes, llevó a la aparición de grandes centros fabriles, principalmente en Madrid, Catalunya, Euskadi, y zonas urbanas del resto del estado, con una mano de obra empobrecida hasta el hambre y disciplinada por la dictadura franquista.

Por otro lado, la burguesía española necesitaba de una industria pesada, metalurgia, construcción naval, minería, combustibles, …, que le suministrara insumos industriales. Por su debilidad era incapaz de construir ella sola; para eso el estado crea el INI (Instituto Nacional de Industria) donde se agruparan las grandes fábricas de la industria pesada. Fueron los años de los Planes de Desarrollo franquista.

En tercer lugar, la reconstrucción europea tras la II Guerra Mundial y su reindustrialización exigía la incorporación de mano de obra barata a las fábricas alemanas, francesas, inglesas, suizas, etc. La burguesía española seguía siendo subsidiaria respecto a las grandes potencias, y hacia allí encaminaron los pasos millones de campesinos pobres de todo el Estado, principalmente, castellanos, gallegos, andaluces y extremeños, que se unieron a los italianos o griegos, para ser la base de la reindustrialización masiva de Europa.

Como la burguesía española no podía competir con las europeas y, ni mucho menos con la estadounidense, entra en la división internacional del trabajo por las rendijas que la competencia le dejaba; surge aquí el lema de Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo de Franco, del “Spain is different”; es decir, el turismo y todo lo que conlleva de especulación con la vivienda, bajos salarios y trabajos precarios, se convierte en la columna vertebral del capitalismo español. ¿Suena?

Una vivienda cara, inaccesible para la clase obrera, se convierte en protagonista de filmes históricos como El Pisito de Marco Ferreri o El Verdugo de Berlanga. Una sociedad volcada a la emigración de millones de trabajadores y trabajadoras que el sistema capitalista español es incapaz de absorber es fomentada por toda una serie de filmes con títulos tan claros como “Vente pá Alemania Pepe”. El turismo se incorpora a la ideología del cine español, creando una “escuela” conocida como el “landismo”.

Si en 1936 la clase obrera se hubiera impuesto, la industrialización del estado español se habría producido bajo su control y sobre la base de sus necesidades; como lo que se dió fue el triunfo del fascismo y la burguesía, esta se produjo de la peor manera posible para los trabajadores y trabajadoras, bajo la bota de las instituciones y las leyes de la dictadura.

La ley de amnistía (re)institucionaliza la corrupción

Las ilusiones creadas el 14 de abril de incorporar a la sociedad española a la modernidad, fueron traicionadas en 1936, y sus consecuencias llegan a la actualidad. ¿O no son hoy los debates sobre la vivienda, la especulación y la corrupción, la precariedad o el turismo, los que centran la realidad política ante la crisis económica?

Incluso con el tiempo pasado desde la muerte del dictador, la burguesía española es la misma en la persona de ex ministros de la dictadura como Martin Villa (Endesa) o Villar Mir (Ferroatlántica y todo un conglomerado de empresas), o a través de los herederos de los negocios construidos en el franquismo. El 60% de los altos ejecutivos de empresas del IBEX son herederos de esos negocios y empresas.

La ley de Amnistía del 76 no solo tiene la perspectiva de librar a los criminales franquistas de responder de sus actos, sino que se amnistiaron a todos aquellos que se enriquecieron bajo la dictadura. Si la ley de Amnistía fuera derogada, se abriría la puerta a la expropiación de todos aquellos que hicieron sus fortunas bajo su legislación.

La corrupción institucionalizada que era el régimen de Franco también encontró continuidad en la corrupción generalizada actual que atraviesa la sociedad española, desde la Casa Real hasta los ayuntamientos. El golpe militar del 36 y su triunfo tras la guerra civil institucionalizó la acumulación de riqueza por medios externos a la explotación de los trabajadores y trabajadoras, a través del saqueo de las cuentas públicas, el estraperlo / contrabando (cuantas fortunas no se hicieron trapicheando con bienes de primera necesidad en los años 40 y 50) y el robo descarado de propiedades (¡el Pazo de Meirás!).

La ley de Amnistía del 76 no solo libra a los responsables de estos latrocinios de responder ante la población, sino que lo legaliza. Así, desde Aznar / Rajoy y la Caja B del PP, hasta las “comisiones” del rey “a la fuga” son vistas por la sociedad como algo “natural”, consustancial a la picaresca y el “carácter” español que no tiene ninguna consecuencia. Al no haberse roto con el franquismo a todos los niveles, la sociedad española asume como normal que sus representantes públicos sean unos corruptos, y el PP, un partido declarado por un juez como “organización criminal” puede seguir ganando elecciones como si no pasara nada.

Por todo ello, hay que ser claros, no es cierto que la Constitución del 78 encarne los valores de la II República como pretenden hacernos creer desde el progresismo burgués (el PSOE), para justificar su alineamiento con la monarquía borbónica. A pesar de su carácter burgués y contrarrevolucionario, el régimen surgido el 14 de abril, la II República, como democracia capitalista era cualitativamente superior al actual régimen.

Artículo publicado en www.corrienteroja.net, 13/4/2021.-