El resultado de las elecciones federales alemanas fue casi exactamente igual al que preveían las encuestas de opinión. Los socialdemócratas (SPD) obtuvieron la mayoría de los votos (25,7%), 5,2% más que en la catástrofe de 2017. El porcentaje de votos obtenido por la Unión Democrática Cristiana – Unión Social Cristiana (CDU-CSU) cayó a 24,1%, la votación más baja desde su formación. Los Verdes obtuvieron 14,8%, menos que lo previsto en los sondeos anteriores pero aun así su mejor resultado de siempre (5,8% más). El Free Democrats (FDP) de los pequeños empresarios y del mercado libre obtuvo 11,5%, un resultado un poco por arriba del de 2017.

De: Michael Roberts

El partido de izquierda Die Linke sufrió una gran derrota, cayendo a 4,9%, contra 9,2% en 2017. Por lo que se ve, muchos electores de izquierda cambiaron por el SPD para derrotar a CDU-CSU. El partido antiinmigrantes “Alternativa para Alemania” (AfD) también perdió terreno, cayendo 2,3%, aunque haya mantenido su base electoral en las partes más pobres de Alemania Oriental.

La participación de los electores fue de 76,6%, solo 0,4% por arriba de 2017. El porcentaje parece elevado en comparación con las elecciones en los Estados Unidos o en el Reino Unido, pero en realidad es bajo para los padrones alemanes, incluso después de la anexión en 1990 de Alemania Oriental, donde la votación es más baja.

Gráfico 2: Participación de los electores en las elecciones generales en Alemania – 1949 a 2017.

Como había previsto, la suma de los votos de los dos principales partidos quedó, por primera vez en la historia de la República Federal, por debajo de 50%. Considerando el porcentaje de la población que votó, eso significa que ambos partidos obtuvieron, cada uno, menos de un quinto de los 61 millones de votos del universo de posibles electores, lo que difícilmente puede ser visto como una verdadero mandato. La política alemana se fragmentó; no son buenas noticias para los capitalistas alemanes, pues se tornó más difícil asegurar “continuidad” para los intereses del capital.

Ningún partido tiene una mayoría clara en el Bundestag (parlamento alemán), y, por lo tanto, habrá meses de disputa. El líder del SPD, Olaf Scholz, debe ser el favorito para la formación de una coalición gubernamental, pero los potenciales aliados, los Verdes y el FDP, no tienen acuerdo entre sí en cuanto a las políticas económicas y sociales, y el FDP del “libre mercado” preferiría una coalición con la CDU-CSU. El SPD y los Verdes sí quieren formar una colación, pero el FDP tendrá que ser convencido. Tendrán que ofrecerle el Ministerio de Finanzas, y, por lo tanto, permitirle impedir cualquier aumento de impuestos o de reglamentación sobre las empresas, así como impedir que la deuda pública aumente aun más, lo que implica un cierto grado de “austeridad”. Los Verdes quieren acelerar el ritmo de Alemania en la reducción de emisiones de carbono, pero no tienen ninguna política creíble para hacerlo dentro de las restricciones impuestas por el capitalismo alemán. Las subas de los salarios mínimos y la reducción del límite de velocidad en las autopistas alemanas es lo más lejos a que llegan.

Alemania es el Estado más populoso de la Unión Europea y es también su potencia económica, siendo responsable por más de 20% del PIB del bloque. Preservó su capacidad de producción industrial mucho mejor que otras economías avanzadas. La industria aún representa 23% de la economía alemana, en comparación con el 12% de los Estados Unidos y 10% del Reino Unido. Y la industria emplea 19% de la mano de obra alemana, en oposición a 10% en los Estados Unidos y 9% en el Reino Unido.

El relativo éxito del capitalismo alemán en comparación con otras grandes economías europeas se basó entres factores. El primero es que la industria alemana utilizó la expansión de la Unión Europea para desplazar sus sectores clave hacia áreas donde los salarios son más bajos (primero, para el Estado español y Portugal, y, más tarde, para el vecino Este europeo). Eso hizo contrapeso a la fuerte caída de la tasa de ganancia del capital que vivieron en los años de 1970 (como en muchas otras grandes economías capitalistas).

Gráfico 3: Alemania – Tasa de ganancia

En segundo lugar, el capitalismo alemán fue el que más se benefició con la creación de la Zona Euro, que lo ubicó en una posición fuertemente competitiva en el comercio dentro de la Zona Euro y, al mismo tiempo, mantuvo baratas las compras de capital en el extranjero.

Finalmente, las llamadas reformas laborales Hartz, introducidas durante el último gobierno del SPD, crearon un sistema de estratificación salarial (dual wage system) que mantuvo a millones de trabajadores con salarios rebajados, como empleados temporarios a tiempo parcial para las empresas alemanas. Una versión moderna de lo que Marx llamó “ejército de reserva de mano de obra”. Eso estableció las bases para el gran aumento de la rentabilidad del capital alemán desde el inicio de los años 2000 hasta la crisis financiera global.

Cerca de un cuarto de la mano de obra alemana recibe ahora salarios de “baja renta”, utilizando una definición común de “baja renta” como aquella que es inferior a dos tercios de la mediana. Es una proporción más elevada que en todos los 17 países europeos, con excepción de Lituania. Un estudio reciente del Institute for Employment Research (IAB) reveló que la desigualdad salarial en Alemania ha aumentado desde los años 1990, particularmente del lado de los rendimientos más bajos. El número de trabajadores temporarios en Alemania casi se triplicó en los últimos diez años, alcanzando cerca de 822.000, de acuerdo con la Agencia Federal de Empleo.

Así, el reducido porcentaje de desempleados entre los trabajadores alemanes fue conseguido a costa de los salarios reales de los que trabajan. El recelo por los bajos apoyos a quien quedase desempleado, justamente con la amenaza del desplazamiento de las empresas para el extranjero, para el resto de la Zona Euro o para el Este de Europa, combinados, forzaron a los trabajadores alemanes a aceptar reajustes salariales bajísimos, mientras los capitalistas alemanes arrancaban un gran aumento de ganancias. Los salarios reales alemanes cayeron en la era de la Zona Euro y están ahora por debajo del nivel de 1999, mientras el PIB per cápita real alemán aumentó casi 30%.

Gráfico 4: Aumento salarial en Alemania, %

No obstante, incluso el capitalismo alemán –la economía capitalista avanzada más exitosa del mundo– no consiguió escapar a las fuerzas descendentes de la Larga Depresión. Desde el colapso financiero global de 2008-2009, la tasa de ganancia alemana se estancó. Y a partir de 2017 comenzó a caer, incluso antes de la caída abrupta por el Covid en 2020. La tasa de ganancia está ahora próxima a los mínimos del inicio de la década de 1980.

Gráfico 5: Alemania: Retorno líquido sobre el capital (2015=100)

La abrupta caída por el Covid fue un desastre para el gobierno Merkel. La tasa de mortalidad por Covid puede haber sido más baja que en Francia, Italia o el Estado español, pero fue mucho más elevada que en Escandinavia (excepto por Suecia). Y, tal como en el Reino Unido, los políticos de derecha sacaron ventaja de la situación invirtiendo en empresas privadas de equipamientos necesarios por cuenta del Covid para ganar dinero. Después, el gobierno falló incluso en la gestión de las inundaciones de verano que, enormemente perjudiciales, afectaron a millones de personas. La economía alemana aún no recuperó sus niveles prepandémicos.

Gráfico 6: PIB real alemán trimestral.

Y los niveles de productividad son actualmente más bajos de lo que eran hace diez años.

Gráfico 7: Producto/productividad por trabajador.

El sector de la industria alemana dependiente de la energía enfrenta serios problemas para intentar cumplir las metas climáticas globales. El principal destino de sus exportaciones después de los Estados Unidos es China; y China está ablandando, al mismo tiempo que Estados Unidos está exigiendo que Europa reduzca el comercio y las ligazones de inversiones con China. Y la Unión Europea ya no es una vaca lechera, fuente de lucro fácil para el capital alemán. Los próximos cuatro años serán mucho más difíciles que los últimos cuatro para el capitalismo alemán.

Al contrario de la impresión general, Alemania no es una sociedad igualitaria. Las disparidades regionales son grandes (entre Oeste y Este) y, aunque la desigualdad de ingresos no sea grande según los padrones internacionales, la desigualdad de riqueza está entre las peores de Europa.

Gráfico 8: Desigualdad de riqueza y de ingresos (índice GINI).

El SPD ganó (por poco) porque obtuvo los votos de muchos de la izquierda. Estos electores estarán esperando algunos cambios: más y mejores servicios públicos; impuestos sobre los ricos; mejores salarios. Y, dentro del SPD, hay un crecimiento de un ala a la izquierda, particularmente en la juventud, que quiere acción. Scholz va a tener dificultades para satisfacer las exigencias de su oposición [interna] y permanecer en una coalición a gusto del FDP.

Artículo publicado en https://emluta.net

Traducido del original en inglés al portugués por Marina Peres.

Traducción del portugués al español: Natalia Estrada.