Sáb Feb 24, 2024
24 febrero, 2024

Una crisis política creciente del Estado de Israel y del sionismo

Un artículo reciente de Soraya Misleh explica la actual escalada de violencia contra los palestinos a partir de un análisis histórico de la esencia del Estado de Israel, de la continuidad de la resistencia palestina, y las implicaciones de los desastrosos Acuerdos de Oslo firmados por la dirección palestina, en 1993[1].

Alejandro Iturbe

De modo simultáneo, asistimos a una crisis política del régimen israelí en el contexto de una crisis más general del movimiento sionista internacional. ¿Cuáles son los procesos que generan y se manifiestan en esta crisis? ¿Cuáles son las posibles dinámicas?  

En las últimas décadas, ha habido un cambio en la estructura social de la población judía de Israel y, en ese marco, de su dinámica política. La población inmigrante de origen ashkenazim proveniente de Europa y otras partes del mundo que fue la que “puso el cuerpo” a la construcción y la “defensa” de Israel, en las décadas iniciales, ahora está mucho más “pequeño burguesa” y mucho menos comprometida con Israel.

Esto ya se había evidenciado en la invasión israelí a El Líbano, en 2006. Por ejemplo, la actitud del general Dan Halutz, entonces máximo comandante de las tropas israelíes, más preocupado por el destino de sus inversiones bursátiles, en medio de la reunión en que se planificaba el operativo, fue un síntoma del grado de deterioro de la moral de la cúpula de las FF.AA. Otro síntoma importante fue que numerosos altos funcionarios civiles y militares buscaban evitar que sus hijos cumpliesen el servicio militar en lugares que podrían entrar en combate y trataban de que lo hicieran en puestos seguros, en los edificios centrales de Tel Aviv que, según el diario sionista Haaretz, están “lejos de la guerra y cerca de los shoppings”.

A medida que la realidad se muestra cada vez más peligrosa, muchos se cansan de este ambiente de “guerra permanente” y crece el número de ciudadanos israelíes que abandonan el país. Las cifras son cuidadosamente escondidas: algunos hablan de decenas y otros de cientos de miles. Pero ya es un hecho que un número considerable de israelíes, muchos de ellos de la elite intelectual y profesional, busca una “solución individual” en la emigración hacia EEUU y Europa.

La mayoría sale discretamente, sin evidenciar que abandona el país (sin renunciar a la ciudadanía israelí), a través de proyectos de estudio o trabajos temporarios en el extranjero. Pero gran parte se queda en el exterior y sólo vuelve al país para visitar brevemente a sus familias. Como un reflejo de esto, también aumenta la deserción no explícita: la salida de jóvenes en edad militar, que tratan de evitar los frentes y el servicio en territorios palestinos ocupados en 1967 o libaneses.

Los “colonos” de origen ruso

En la medida que una parte de los descendientes de los “fundadores” ya no está dispuesto a defender a Israel con armas en la mano (muchos de ellos, ni siquiera a permanecer en el país), la “base militante” de “defensa de Israel” y agresión a los palestinos se va trasladando a los nuevos inmigrantes, en especial los judíos provenientes de Rusia (cuya inmigración se alentó, luego de la caída de la ex URSS),

Es un sector que recibe muchos privilegios para que Israel tome pleno control de Jerusalén y para ocupar y avance en la ocupación de territorio en Cisjordania. Reciben casas gratis y muchos subsidios del Estado. Por eso, son los más radicalizados y agresivos contra los palestinos y los más dispuestos a pelear por “la defensa de Israel”.

Sin embargo, en este recambio de “vanguardia”, el sionismo pierde una parte de sus mejores cuadros políticos, de mucha mayor convicción ideológica, formados a través de décadas.

Actualmente, se estima que esto “colonos” de origen ruso y sus familias son más de un millón de personas. Son la base electoral del partido Yisrael Beiteinu de Avigdor Lieberman, que así logra en todas las elecciones una representación parlamentaria importante, imprescindible para formar una mayoría parlamentaria gubernamental. Este partido se ubica en el extremo derecho del espectro político del sionismo y, utiliza su peso para aliarse con el Likud (derecha tradicional sionista) de Benjamín Netanyahu y obtener importantes puestos en sus gobiernos.

Al mismo tiempo, aunque minoritaria, se ha consolidado la base electoral de las organizaciones ultarreligiosas, como el Hamafdal (Partido Nacional Religioso en hebreo), surgido de la fusión de varios partidos menores. Los adherentes a este partido no trabajan y se dedican solo a “estudiar la Torah (Biblia hebrea)”. Por eso, exigen del Estado y de los gobiernos, subsidios o el pago de un salario mínimo para los jasídicos (como se llama a estos estudiosos). El Hamafdal utiliza su peso electoral y parlamentario para negociar con los partidos más fuertes su apoyo para formación de gobierno, a cambio de que mantengan ese beneficio financiero.

Una sociedad cada vez más “a la derecha”

En numerosos artículos de esta página y de otras publicaciones de la LIT-CI, hemos definido que la “esencia” del Estado de Israel es ser “un enclave militar al servicio del imperialismo”, construido sobre la base de la usurpación del territorio palestino histórico y la expulsión de gran parte de este pueblo de su tierra. Es un “enclave militar” para amenazar y atacar a los pueblos árabes.

Esa esencia de Israel determina el carácter de su sociedad y su dinámica política. Porque solo mantiene su “unidad” en el “combate al peligro” y a la amenaza que la rodea. Es decir, la resistencia del pueblo palestino y, más en general, la lucha de los pueblos árabes. Por eso, los gobiernos israelíes siempre tratan de salir de sus crisis con una nueva agresión a los palestinos.

Esta dinámica objetiva “hacia derecha” de la sociedad israelí de conjunto, explica porque ha retrocedido el Mapái (el partido de la supuesta “izquierda sionista”) y el centro político, desde hace décadas ha pasado a ser el Likud y la figura dominante, su líder Benjamin Netanyahu, formando gobiernos en alianza con Lieberman y los ultrarreligiosos, con la política de avanzar en la agresión y el robo de tierra palestina de Cisjordania (o de agresiones permanentes en la franja de Gaza)[2].

Tres factores de crisis

En ese marco, tres factores provocan crisis en ese régimen político. Uno de ellos, es que la derrota en la invasión al Líbano representó el fin del mito de la “invencibilidad militar israelí” y el impacto de esta comprobación en una sociedad acostumbrada a “dictar las reglas”.

A esto se suma, la permanencia obstinada y heroica de la resistencia del pueblo palestino que, a pesar de las permanentes agresiones y de la abrumadora desigualdad militar, continúa ahora en las “Guaridas de Leones”, presentadas en el artículo de Soraya Misleh. Es decir, ni siquiera en este caso, Netanyahu consigue una “victoria definitiva” sobre el pueblo palestino. Las condiciones nacionales y, más aún, las internacionales, le impiden avanzar hacia un genocidio masivo de los palestinos. Por eso, a través de las agresiones, solo puede ofrecer “avances con cuentagotas” en la perspectiva de “una guerra permanente” sin resolución a la vista.

Con ese marco, de fondo, aumentan sus choques con la población de origen ashkenazim, en especial con la generación más joven. En primer lugar, Israel sufrió el impacto de la crisis económica internacional iniciada en 2007/2008. Los ingresos que recibe del exterior (ayuda militar de EEUU, recaudaciones de las organizaciones internacionales sionistas, exportaciones de armas y tecnología de seguridad) no alcanzan para cubrir los gastos de Estado y los beneficios que otorga a la población judía. Además, el creciente desprestigio internacional de Israel y la campaña del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) han afectado las posibles inversiones de Occidente y erosionado exportaciones de productos israelíes, y sus ventas en el exterior.

Entonces, los gobiernos israelíes tienen que hacer recortes en el Presupuesto. Esa pequeña-burguesía de origen ashkenazim se siente perjudicada frente a los beneficios que se mantienen para los “colonos” rusos y los ultrarreligiosos. Una insatisfacción que ya se había expresado en el movimiento de los “indignados” que produjo una oleada de movilizaciones en 2011[3].

En segundo lugar, en el marco de su política de extrema derecha, el nuevo gobierno de Netanyahu (que asumió en diciembre pasado), también ataca algunas libertades democráticas que la población judía de Israel está acostumbrada a tener. Por ejemplo, la actual ola de movilizaciones se inicia por el anuncio de cierre de la emisora pública Kan y una reforma judicial que quitaría independencia a la Justicia. Fueron impulsada por organizaciones opositoras, periodistas, cineastas, intelectuales y hasta economistas (enojados porque la política de Netanyahu perjudica las inversiones extranjeras y las exportaciones)[4].

Entonces, partido por estas contradicciones en la sociedad, asistimos a una crisis del régimen político expresada en una fluctuación y alternancia de gobiernos que no consiguen consolidarse. En 2021, cayó una coalición liderada por Netanyahu al quedar en minoría parlamentaria. Siguió una coalición más “a la izquierda” que incluía hasta representantes de la fuerza política de los árabes que viven en territorio israelí y tienen una especie de “ciudadanía”. Netanyahu consigue voltearla (también por vía parlamentaria) en diciembre pasado y asume nuevamente el gobierno con una coalición considerada “la más derechista de la historia de Israel” y, pocos días después le estallan estas movilizaciones enfrentando algunas de sus medidas. Como es tradicional en él, Netanyahu y sus aliados a derecha tratan de salir de esta crisis con mayores agresiones a los palestinos.

Una crisis en el sionismo a nivel internacional

El movimiento sionista a nivel internacional (basado en las comunidades judías en otros países) también vive una crisis, especialmente en EEUU, donde está la mayor comunidad judía fuera de Israel. Cada vez son mayores los sectores (especialmente jóvenes) que sienten repugnancia con los crímenes del sionismo, simpatiza con el sufrimiento de los palestinos y sienten la “necesidad” de una “salida pacífica” que “reconozca” a los palestinos y empiece a negociar con ellos[5].

Muchos, por ejemplo adhieren al BDS. Tienden a ubicarse en el “ala izquierda” de Partido Demócrata y, desde allí, impulsan y presionan por esta política. Por supuesto, chocan contra la tradicional “defensa incondicional de Israel” del imperialismo estadounidense, incluida la dirección demócrata. Pero la contradicción existe y obliga a los gobiernos demócratas a plantearle a Netanyahu (así sea a nivel formal) que pare las agresiones y abra algún tipo de negociación. Netanyahu comprende que es un pedido puramente formal y sigue con la suya.

Un marco más favorable

Es posible que este debate sobre qué hacer los palestinos también acabe expresándose e no va a acabar expresándose dentro del propio Israel. Lo concreto es que esta crisis política (nacional e internacional del sionismo) es un dato positivo. Porque la lucha palestina contra el Estado de Israel y el sionismo (y toda la solidaridad que buscamos construir con esa lucha a través de la campaña BDS) no enfrenta un bloque sólido y sin fisuras sino un enemigo con grietas crecientes.

Lo que nos lleva a la necesidad de profundizar ese apoyo y esa solidaridad, buscando en cada país la formulación concreta, exigiendo la ruptura de relaciones diplomáticas de los gobiernos, como se hizo en su momento contra el régimen del apartheid sudafricano. En el caso de Brasil, por ejemplo es claro que debemos denunciar y combatir los muchos acuerdos de compra de armas y tecnología (que los gobiernos de Lula y el PT han mantenido).

En un próximo artículo abordaremos nuestra propuesta programática para el tema Palestina/Israel, que ya hemos formulado en muchos materiales[6].


[1] https://litci.org/es/con-sangre-escribimos-a-palestina/

[2] Sobre este tema, recomendamos leer, entre otros artículos, “La cuestión palestina; punto central de la revolución árabe” en Marxismo Vivo Nueva Época No2 (San Pablo, Brasil, 2011).

[3] https://elpais.com/internacional/2011/07/21/actualidad/1311199207_850215.html

[4] https://www.dw.com/es/israel-miles-de-manifestantes-en-tel-aviv-contra-el-nuevo-gobierno-de-netanyahu/a-64319814

[5] Ver, por ejemplo https://mondiplo.com/israel-se-aleja-de-los-judios-estadounidenses

[6] Ver, por ejemplo, el artículo de la referencia 2.

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