Presentación

Agitación y propaganda son términos muy comunes en la tradición bolchevique y entre las organizaciones que hoy reivindican su legado.

Por: Israel Luz

Al mismo tiempo, no son fácilmente definibles en términos prácticos más allá de la fórmula forzada que sintetiza: agitación es hablar de pocas ideas para muchas personas, propaganda es hablar de muchas ideas para pocas personas. Este enunciado, cuyo origen remonta a la formulación del socialdemócrata ruso Gueorgui Plejánov (1856-1918), más esconde que revela en esta fórmula sumaria y fuera de contexto con la cual es utilizada.

Con el objetivo de contribuir para contextualizar las nociones de agitación y propaganda, de darles más vida por medio del conocimiento de la práctica de quien las utilizó con maestría, es que hacemos esta traducción de dos intervenciones orales y una resolución realizadas en el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (1922) en el punto sobre el trabajo educativo de los comunistas.

La primera intervención es la de Edwin Hoernle (1883-1953), poeta y sacerdote que, luego de abandonar la Iglesia, ingresó en el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) en 1910. Después integró la Liga Spartakus y el Partido Comunista. La segunda transcripción trae el discurso de Nadia Krupskaia (1869-1939), militante rusa marxista desde el final del siglo XIX, bolchevique de la primera hora y dirigente del trabajo educativo soviético.

La presente traducción, hecha al portugués por Lilian Van Enck, se basa en la versión del inglés preparada por John Riddel, Toward The United Front – Proceddings of the Fourth Congress of the Communist International, 1922 (Brill, 2012).

Sesión 25 – Martes 28 de noviembre de 1922

Trabajo Educativo; Tratado de Versalles

Trabajo Educativo. El Tratado de Versalles. Telegrama de saludo al Congreso Sindical de toda la India.

Oradores: Hoernle, Krupskaia, Cachin, Gennari, Šmeral, Radić.

Convocado: 12:30 p.m.

Presidentes de mesa (alternado): Neurath, Marchlewski, Clara Zetkin, Carr.

Hoernle (Alemania):

Camaradas, hermanos y hermanas: la comisión de educación llegó a la conclusión de que la totalidad de la política educativa comunista no puede ser tratada aquí en el Congreso, nosotros podemos levantar apenas la cuestión del trabajo educativo comunista que está siendo realizado por el propio partido –esto es, la política educativa realizada por los miembros del partido y funcionarios entre las amplias masas fuera del partido.

La política comunista es distinta de la política de la burguesía y de los reformistas no solo por su objetivo sino también por el hecho de que tiene una fuerte base científica, que está basada en un cuidadoso análisis de la situación histórica y en el conocimiento de las fuerzas sociales en el trabajo en el capitalismo. El método aplicado aquí es el de la investigación marxista, del materialismo histórico[1].

Por lo tanto, la Internacional Comunista solo puede cumplir su tarea de ser la dirección del proletariado revolucionario y tribuna de las amplias masas de todos los oprimidos y explotados si su política tiene una firma base marxista. Apenas por esa razón, es necesario a los partidos comunistas emprender cuidadosa instrucción teórica de sus miembros y funcionarios.

El trabajo de educación política es importante también porque los partidos comunistas son todos jóvenes. Son jóvenes en dos sentidos, no solo porque la mayoría de los partidos existe hace apenas pocos años, sino también en un sentido bien físico, en relación con la edad, por lo menos la edad política de grandes masas de sus miembros. La mayoría de los miembros del partido comunista sufre aún hoy, en general, de las secuelas y de lo que restó de viejas actitudes e ideologías pequeñoburguesas y reformistas.

La situación en la cual estamos luchando hoy, especialmente en este momento, está constantemente poniendo nuevas y desafiantes tareas para esos partidos jóvenes y frecuentemente de crecimiento rápido. En particular, la táctica de frente único exige un alto nivel de flexibilidad intelectual, destreza y agilidad de pensamiento, asociado con la firmeza en los principios, no solo de la dirección sino también de los miembros. Por lo tanto, es más que esencial que el trabajo educativo comunista de los partidos comience entre las amplias masas de miembros y no sea limitado a la posterior instrucción de un pequeño círculo de funcionarios.

En contraste directo con los partidos reformistas, el énfasis del trabajo del partido comunista no está en un pequeño número de dirigentes sino en las masas de miembros. Ellos no son vistos meramente como juguetes electorales, ocupantes de asientos en reuniones y portadores de tarjetas de afiliación, sino como aquellos que realizan un trabajo partidario responsable. La forma como el partido realiza su trabajo a través de fracciones y células demanda que cada miembro individual tenga un mínimo de entendimiento político, instrucción marxista, y habilidades formales tales como elocuencia, habilidad de debatir, conocimiento de cómo hacer una reunión, capacidad organizativa, y así sucesivamente.

El trabajo educativo comunista es fundamentalmente diferente del realizado por los partidos reformistas. El trabajo educativo reformista aleja al trabajador de la lucha de clases despertando ilusiones de que incluso hoy, dentro del capitalismo, a pesar de toda la explotación y pobreza de los proletarios, es posible, por lo menos en el plano del conocimiento y la cultura, alcanzar equidad y libertad para toda la raza humana.

El trabajo de educación reformista es dirigido sobre todo hacia el egoísmo individual. Da al trabajador individual una oportunidad, limitada, de elevarse personalmente por encima de la media de los miembros de su clase y así alcanzar una existencia mejor a expensas de ellos. Hace eso a través de diligencia personal, oyendo varias palestras sobre temas académicos populares, y de educación en áreas particulares.

El trabajo educativo comunista tiene exactamente el objetivo opuesto. Visa educar a un luchador revolucionario de la clase, entrenar a cada individuo en una mayor solidaridad de clase, y aumentar y fortalecer la fuerza del partido en la lucha, agitación y organización. El resultado del trabajo de educación reformista es una elevada dependencia de la clase trabajadora de la ideología burguesa. El trabajo educativo comunista, en contraste, visa libertar al trabajador del hechizo de la ideología burguesa. Muestra a él cómo toda ideología depende de una base social y económica, y que la libertad intelectual es imposible en condiciones de subyugación económica y social.

De modo general, el trabajo de educación reformista entrega al trabajador un paquete acabado de conocimiento pobremente popularizado, busca presentar frutos dudosos de la ciencia y la cultura burguesas, ilusionando al trabajador con migajas envenenadas, pero siempre despertando la ilusión de que está entregando pan de verdad. El trabajo educativo comunista muestra al proletariado cómo todo el conocimiento burgués es moldeado por condiciones de clase, y declara una guerra intensa contra toda ciencia, arte, moralidad, y religión burguesas. Muestra cómo las tendencias burguesas encuentran expresión en cualquier lugar, no solo en las ciencias sociales, no solo en la política, sino en las ciencias aparentemente neutras, en campos aparentemente removidos lejos.

De esta forma, en debate crítico con la ciencia y la cultura burguesas, moralidad y religión burguesas, se crean los cimientos para la construcción de una cultura y un estilo de vida nuevos, proletarios y socialistas. Y es utópico pensar que una nueva cultura proletaria puede surgir de otra forma que no sea a través de una debate crítico con la ciencia y la cultura burguesas, realizado al servicio de la lucha de clases y de la revolución proletaria.

El proletariado está sin propiedad hoy porque le falta no solo bienes materiales sino también bienes intelectuales; fueron intelectualmente desposeídos. En esto, la revolución proletaria es esencialmente diferente de la revolución burguesa. En las revoluciones burguesas, precisamente durante el período revolucionario, los intelectuales burgueses alcanzaron grandes, poderosos y durables trabajos de arte y avances en las conquistas científicas. Pudieron hacer eso porque la burguesía ya se había desarrollado antes de su revolución política; ya poseía los medios de producción material e intelectual. Para el proletariado, lo contrario es lo verdadero. El proletariado solo puede tener la posesión de los medios de producción material e intelectual cuando conquiste el poder. El primer trabajo intelectual pionero del proletariado, visto históricamente, consiste de hecho en que, en plena lucha, el proletariado forjó la poderosa arma del materialismo histórico. Así como, aún en su infancia, inspiró las mentes de Marx y Engels para crear la poderosa estructura del marxismo.

Porque está rigurosamente al servicio de la lucha, el trabajo educativo comunista tiene que, por lo tanto, aceptar ciertas limitaciones. Es casi imposible para partidos financieramente débiles, metidos en la más difícil lucha política, ocupar cualquier área del conocimiento que sirva a ellos, que podrían muy bien ser buenos y útiles en sí, pero no tienen ninguna ligazón directa con las tareas de la lucha. Tiene que haber una cierta selección. Tiene que limitarse a lo que miembros y colaboradores requieren directamente para la lucha.

Por ejemplo, tiene que introducir la historia del movimiento revolucionario de los trabajadores y los conceptos básicos de las enseñanzas económicas y sociales marxistas a sus miembros. Tiene que familiarizarlos con los principios y orientaciones de la política de la Internacional Comunista. En regiones donde las amplias masas son aún altamente dependientes del clérigo y están presas en la ideología religiosa de la Iglesia, hay que ir más allá, familiarizándolos con la historia de la evolución de la naturaleza y con el crecimiento de la religión y su papel. Además, en países donde las amplias masas del proletariado aún son analfabetas, esto es, donde falta la educación más elemental, hay circunstancias donde el partido comunista tiene que transmitir educación básica, por lo menos a sus miembros, a fin de capacitarlos para actuar como propagandistas del partido, agitadores y reporteros. Esto tiene que ser hecho, simplemente porque de otra forma ellos no podrían realizar sus tareas políticas y revolucionarias.

Entonces, vean, la tarea está siempre planteada en términos de qué eleva mejor la capacidad del partido para la lucha, agitación y organización.

Pero, además del trabajo educativo general entre las amplias masas de sus miembros, todo partido que busca cumplir su tarea tiene que realizar educación especializada para sus funcionarios [cuadros]. El partido comunista tiene que realizar trabajo en los sindicatos, cooperativas, organizaciones de moradores, y entre las mujeres y la juventud. Tiene que funcionar en el parlamento, en las comunidades, y así sucesivamente. Por lo tanto, es necesario que los colaboradores tengan un cierto grado de conocimiento especializado para sus áreas específicas de trabajo.

Es imposible administrar sin un cierto grado de especialización. Conocimiento general de lo fundamental es más que suficiente para suplir todo lo que un individuo tiene que saber para áreas específicas de trabajo. Si tal trabajo educativo intensivo, sistemático y organizado no ocurre, el peligro bien puede aparecer, exactamente como en los partidos reformistas, donde los miembros caen en una dependencia intelectual de sus dirigentes, y son así impedidos de mantener la necesaria y democrática desconfianza en sus dirigentes, y sujetándolos al necesario criticismo. Ellos entonces caerán víctimas de las vacilaciones de sus dirigentes.

Pero no es suficiente realizar el trabajo de educación comunista entre los colaboradores y los miembros del partido. El trabajo de educación comunista tiene también que ser dirigido a las masas fuera del partido: los simpatizantes, los trabajadores reformistas y las amplias masas que permanecen indiferentes. Eso significa que los partidos comunistas más importantes no tienen que realizar su agitación con consignas genéricas, sino que tienen que fundamentarlas cuidadosamente en la ciencia y el marxismo y –a despecho de este abordaje científico– presentarlas de forma genuinamente popular, que sea comprensible por las masas.

Un eminente filósofo acuñó la frase: no hay arte mayor que decir cosas profundas de la forma más simple. La mayoría de los agitadores comunistas endosaron esta afirmación. Nada es más difícil que presentar los resultados científicos de la pesquisa marxista de una forma simple, popular, ligándolos con el entendimiento de las amplias masas indiferentes, con sus preconceptos y limitaciones, con sus pequeños intereses diarios, y guiarlos en dirección hacia grandes y profundos objetivos.

Los partidos comunistas tienen que, por lo tanto, dar gran importancia a asegurar que su propaganda y agitación utilicen nuevos métodos, métodos que estimulen, que tornen posible capturar la atención de las masas indiferentes y despertar su interés. Observen cómo la burguesía es habilidosa en dominar a las masas a través de medios como filmes, slide shows, y las pomposas ceremonias religiosas. Los partidos comunistas también tienen que aprender a utilizar esos métodos –slide shows, filmes, celebraciones artísticamente diseñadas, performances teatrales, piezas de propaganda política, y así sucesivamente–; un campo que ha sido hasta ahora muy descuidado en Europa Occidental y tiene que ser sistemáticamente desarrollado.

Los partidos comunistas también tienen que entrar en las organizaciones educativas proletarias que están fuera del partido, que son independientes o simpatizan con el partido. Tales organizaciones educativas proletarias existen en casi todos los países. Yo recuerdo, por ejemplo, dos librepensadores proletarios alemanes. En otros países, el movimiento es llamado ‘proletkult’; en Gran Bretaña, ‘Plebs League’[2]. Comunistas están ya trabajando en la mayor parte de esas organizaciones, pero su actividad aún no es dirigida por el partido comunista de modo centralizado. Hace una gran diferencia ser un individuo que trabaja en tal organización educativa proletaria como él considera mejor o si este trabajo está unificado a través de fracciones y dirigido por el partido.

En muchos otros países, hay una red de instituciones municipales o estatales para educación popular, las llamadas universidades del pueblo, y otras. Aquí también, bajo ciertas circunstancias, hay una posibilidad de actividad revolucionaria por el partido. En cierto grado, tales instituciones para educación popular son frecuentadas por las amplias masas y el partido está fallando en una tarea importante si no está presente en todos los lugares donde las masas de trabajadores procuran satisfacer su hambre intelectual. Tiene que, por lo tanto, investigar cuidadosamente hasta qué grado es posible ganar influencia en la dirección de tales universidades del pueblo, hasta qué grado su currículo puede ser influenciado, posiblemente de manera indirecta, a través de la administración municipal.

El partido tiene que fortalecer su influencia y las de las organizaciones de lucha proletarias como un todo en tales instituciones educativas. Tiene que intentar traer a las masas de trabajadores que escuchan y aprenden allí en oposición a los profesores universitarios y profesores comunes burgueses. Tiene que exigir que los métodos de enseñanza a través de palestras sean sustituidos por libre discusión. Tiene que tener a sus mejores miembros interviniendo en tales discusiones y así despertar una oposición intelectual contra la influencia burguesa.

Es obvio que, después de la conquista del poder, la tarea educativa de un partido comunista es muy diferente y mucho mayor. Para el partido comunista, entonces, no es más una cuestión de educar solo a su restricto número de agitadores, organizadores, editores, y así sucesivamente. Ni es simplemente una tarea para el partido educar a sus afiliados para un cierto nivel de comprensión política. En un país con una dictadura del proletariado, el partido comunista tiene obviamente la tarea de ir más lejos. Tiene que asegurar que el espíritu comunista sea predominante en todas las oficinas, fábricas, instituciones culturales, escuelas, universidades, y que la vida cultural total de la ciudad y de la comunidad tengan una dirección comunista.

El trabajo de educación comunista también difiere de la instrucción burguesa o del trabajo educativo reformista en sus métodos de enseñanza. En las universidades burguesas, el método más utilizado hoy es la palestra. Esto hace del estudiante un receptor pasivo para la información.

El conocimiento es transmitido como algo acabado, un conocimiento memorizado por el estudiante y si es posible llevado a la casa de forma impresa. Tales métodos son absolutamente inapropiados para el trabajo de educación comunista. Para nosotros, lo que está en juego no es la transmisión de la información sino, por encima de todo, transmitir a los estudiantes el método de la investigación científica, el método marxista, para que así ellos mismos aprendan a entender la situación económica y política. Eso los torna capaces de intervenir en discusiones con los reformistas y opositores burgueses, capaces de discernir en la fábrica lo que debe ser hecho, cuáles mociones plantear, como conducirse en la acción.

En lugar de la palestra, el trabajo educativo comunista tiene principalmente que tomar la forma de una sociedad de trabajo entre estudiantes y profesores, posiblemente en la forma de una palestra ligada a la instrucción a través de un seminario, un formato de discusión que facilite capacitar al estudiante para ser más activo que pasivo.

El trabajo educativo comunista está constantemente sujeto a la corrección a través de la experiencia diaria de la lucha y de la propaganda partidaria. Por lo tanto, tiene que ser realizado en contacto estrecho con la práctica diaria y la lucha. Bajo ninguna circunstancia el trabajo educativo puede permitirse ser conducido paralelamente a la lucha política. Pero tiene que estar subordinado a los puntos de vista políticos y los intereses diarios. Eso tiene que expresarse en un plano puramente organizativo, en el cual los funcionarios responsables por el trabajo educativo en el partido no deben ser escogidos entre figuras literarias, estetas o escritores –que observan en la periferia del partido como alguien a quienes se puede llamar seguidores del campo revolucionario– sino entre los mejores funcionarios políticos del partido y luchadores. De esta forma, la actividad educativa total puede estar estrictamente subordinada a los intereses políticos del partido y de la lucha.

Esto se expresará en el hecho de que el ámbito de este trabajo educativo también varía dependiendo de la situación. Vamos a suponer que el partido esté en una campaña que tensiona todas sus fuerzas al límite y llama a cada miembro para el frente de batalla, y el foco está en las calles, en las fábricas, y así sucesivamente. En tal momento de excitación, el trabajo educativo, el silencioso trabajo teórico, tiene naturalmente que dar un paso atrás, a fin de ser entonces sustituido del primer plano en un período de reflujo, en un tiempo de calma, para que las lecciones de la lucha, las lecciones de victoria o de derrota que el proletariado haya alcanzado o sufrido puedan ser inmediatamente usadas y reformuladas en nuevo conocimiento y nueva energía.

En una palabra, lo mínimo que tiene que ser exigido de los partidos comunistas hoy es trabajo educativo entre sus miembros, centralmente dirigido y organizado, el trabajo educativo especializado entre los funcionarios. Adicionalmente, su agitación tiene que ser más profunda, científica y marxista, y tiene que estar ligada a la propaganda que es genuinamente popular en la forma, y ser apoyada por material artístico, visual, musical y teatral de todo tipo.

Incluso el partido más débil puede responder a estas modestas necesidades creando un equipo de trabajo del partido que sea instruido en el marxismo y pueda educar al resto de los afiliados. Y el trabajo entre los miembros, los nuevos reclutas, los simpatizantes, y los candidatos a miembros, no tiene que ser realizado por grandes cuerpos profesorales [sino por] un buen camarada comprobadamente capaz de introducir en las tareas a los miembros nuevos y aún políticamente atrasados. Con frecuencia es necesario enseñar a esos miembros cómo leer los periódicos comunistas, cómo utilizar los contenidos que leyeron en la fábrica y en la agitación del sindicato, y así sucesivamente.

Sería un serio error dejarlos a la iniciativa de individuos o empresas de publicación para producir libros didácticos, perfiles del programa curricular y manuales. Aquí, también, la centralización es necesaria a fin de realizar racionalmente un trabajo y alcanzar el óptimo absoluto con fuerzas unificadas.

El secretariado del partido que dirige el trabajo educativo tiene que colaborar íntimamente con las empresas de publicación del partido y las librerías, procurando producir textos y panfletos que son de importancia particular para el trabajo educativo. No podemos descuidar la creación de bibliotecas. Como el empobrecimiento de la clase trabajadora torna cada vez menos posible para individuos adquirir los libros más importantes –no solo textos actuales sino también trabajos científicos marxistas– las sedes locales del partido enfrentan una tarea cada vez más urgente para mejorar esta deficiencia creando bibliotecas.

También deben hacerse esfuerzos para poner la literatura comunista en las bibliotecas municipales y de los sindicatos, reduciendo así los gastos del partido en tanto aún provee a sus miembros con lo que ellos precisan para su instrucción. La oficina central que un partido establece para dirigir su trabajo educativo tiene que buscar, además de publicar currículos y planes de instrucción, organizar a los artistas disponibles, actores y escritores que son revolucionarios o simpatizantes de la revolución, para ayudar en la propaganda comunista. Teniendo estas fuerzas trabajando individualmente, cada uno por su cuenta y en su propio local, no producirá los resultados para el partido que son posibles cuando las fuerzas están interconectadas por una oficina central y las experiencias en la propaganda artística y popular son intercambiadas.

Pase lo que pase, el trabajo educativo de los partidos comunistas tiene que abrazar trabajo entre jóvenes trabajadores e hijos de trabajadores. El trabajo educativo independiente de la juventud comunista tiene que recibir el más fuerte soporte del partido tanto financieramente como en la provisión de los instructores, libros, y demás. Cada miembro de la juventud comunista tiene que ser atraído sin demoras y tiene que tener acceso a todos los eventos educativos del partido. Y, junto con la organización de la juventud comunista, el partido tiene que comenzar la educación revolucionaria de los niños proletarios, que fue comenzada por nuestros grupos de niños comunistas.

La Comisión propone al Congreso –y someteremos la correspondiente resolución al Presidium (Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, ndt.)– que se establezca una división bajo el Ejecutivo de la Internacional Comunista para organizar, dirigir y supervisar el trabajo educativo comunista de cada partido. Coordinará, organizará y dirigirá internacionalmente el trabajo de los secretariados educativos de cada partido en su coyuntura nacional.

La Comisión también considera extremadamente deseable que para conducir el trabajo educativo como un todo, se cree una facultad socialista aquí en Moscú, la sede del Ejecutivo, el lugar donde todos los hilos de la Internacional corren juntos y la perspectiva internacional de los camaradas es más acentuada. Qué forma debería tomar puede ser considerado en discusiones posteriores. Pero creemos que es necesario que camaradas de diferentes países que fueron testados en la acción y recibieron algún grado de instrucción previa reciban la oportunidad de obtener una educación completa y verdaderamente marxista aquí en la sede del Ejecutivo. Todos los partido en el Occidente, excepto aquel de la Rusia Soviética, sufren particularmente por el hecho de que tenemos un gran número de camaradas de mente revolucionaria capaces, pero muy, muy pocos tienen una educación en el marxismo.

En cada país, sufrimos por la falta de un equipo de camaradas con una educación verdadera en marxismo científico. Una facultad aquí, en esta localidad, ayudaría a remover esa debilidad.

Camaradas, hermanos y hermanas: la forma de este trabajo educativo será, naturalmente, diferente en los partidos que tienen que trabajar ocultos [en la clandestinidad] que en los partidos que pueden trabajar legalmente. La forma también será diferente en los partidos que ya alcanzan amplias masas y por eso tienen más recursos financieros y materiales, que en los partidos que aún son muy pequeños y débiles y todavía no están firmemente establecidos. Pero la Comisión cree que, si tal trabajo educativo metódico y centralmente organizado fuese dirigido desde aquí, por el Ejecutivo, entonces será posible que este trabajo educativo comunista y la instrucción teórica aumenten significativamente la fuerza de lucha de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista (fuertes aplausos).

Krupskaia (Rusia):

Camaradas, gustaría agregar algunas palabras a lo que fue dicho por el camarada Hoernle. Nuestro Partido Comunista ruso tiene amplia experiencia en el campo de la agitación y la propaganda. Lo que distingue a nuestro partido es el hecho de que cada miembro dentro de él tiene que ser un miembro activo. Esto siempre fue una consecuencia de las condiciones en las cuales el partido existió, estuvo oculto por un largo tiempo, y juntarse al partido trajo consigo, claro, el peligro de perder todo, de ser preso. El Partido no concedió beneficios e impuso responsabilidades muy grandes sobre sus miembros. Siguió a esto que solo fuerzas activas se juntaran al partido.

Pero, teóricamente también, la cuestión siempre fue clara para nosotros desde el comienzo. En su panfleto ”¿Qué hacer?”[3], el camarada Lenin desarrolló veinte años atrás la posición de que todo miembro del partido tiene que ser activo. En el segundo Congreso del partido, en 1903, fue precisamente esta cuestión de la afiliación al partido la base para la división entre bolcheviques y mencheviques. Lenin entonces ofreció la formulación de que cada miembro del partido tiene que ser un miembro activo del partido. Él tiene no solo que aceptar el programa del Partido como también ser activo en su organización interna. La formulación de Martov, por otro lado, consistió en determinar que el miembro del partido tiene que meramente aceptar el programa y trabajar bajo la dirección del partido[4].

A primera vista, la diferencia no parece grande. Y pareció a muchos camaradas en la época que la disputa decía respecto de cosas insignificantes y que no era un punto importante. La historia posterior del Partido mostró que la cuestión era extremadamente importante. Solo gracias a esta circunstancia es que nuestro partido fue capaz de ganar gran influencia entre las masas. Fue capaz de alcanzar la victoria solo porque sus miembros eran miembros activos del partido. El hecho de que todo miembro sea activo afectó nuestra situación entera y nuestra conducta con respecto a la agitación y la propaganda. Una cosa es comenzar la teoría y estudiar varias cuestiones cuando eso refleja interés meramente personal y otra cuestión es cuando el estudio teórico y el esfuerzo para aprender los fundamentos son requisitos para el trabajo de un individuo. Todo miembro del partido tiene que trabajar o en la agitación y la propaganda o en la actividad organizativa. Comenzaré, antes que todo, con la cuestión de la agitación. Gracias a un correcto entendimiento de agitación, fue posible para el Partido Comunista, el partido de los Bolcheviques, tener éxito en mantener gran influencia entre las masas en todos los tiempos. Agitación lidia con sentimientos, con el lado emocional de las cosas. Es a través de la agitación que las amplias masas son atraídas hacia el Partido. La cuestión de la agitación fue planteada para nosotros por primera vez cuando encontramos un amplio movimiento económico. Desarrollamos una agitación en amplia escala por primera vez en conexión con la lucha para desarrollar condiciones materiales. Era el final de los años 1890. Muchos camaradas entonces quedaron excesivamente preocupados por ese lado de las cosas. En aquella época, teníamos una tendencia particular, aquella de la revista Rabotchaia Myls [Pensamiento Obrero]. Esta corriente sobreestimó la importancia del movimiento inmediato y elemental de los trabajadores. Se tornó arrebatada por el enorme éxito disfrutado por la agitación, y sus apoyadores comenzaron a decir que la teoría no era de modo alguno necesario y que solo el movimiento elemental era significativo. Ellos fueron incluso tan lejos hasta el punto de hacer la notoria reivindicación de que Marx y Engels no eran necesarios y que la clase trabajadora podría alcanzar el socialismo incluso sin ellos. En aquella época, el Partido puso en ejecución una lucha enérgica contra esta corriente.

Otra cuestión que surgió en la época fue de qué manera la agitación debería ser intensificada. Esto ocurrió al mismo tiempo; todas estas disputas surgieron para nosotros hace veinte años. Una parte de los camaradas dijo entonces que la agitación no debería ser forzada y que nosotros deberíamos restringirnos a las cuestiones que interesan a las masas. En aquella época, las masas estaban preocupadas principalmente con la situación económica y una sección de la afiliación del partido mantuvo que nosotros deberíamos restringirnos a tales cuestiones. Dijeron que no deberíamos avanzar y profundizar la agitación, sino quedarnos en el nivel que la clase trabajadora había alcanzado en esta época.

Teníamos entonces la así llamada corriente economicista, asociada con Rabotchaie Dielo [Causa Obrera], que sostenía que la agitación no debería ser profundizada, que precisábamos meramente seguir a la clase trabajadora. El grupo alrededor de la Iskra [Chispa] realizó una intensa lucha, feroz y apasionada, contra esa corriente que es considerada extremadamente nociva. Y si el Partido hubiese, de hecho, adoptado la posición de los economicistas, eso lo habría vuelto incapaz de dirigir a las masas.

El marxismo ayudó al Partido a evaluar correctamente el significado de la agitación. ¿Cómo condujimos esta agitación? Siempre establecemos el foco de la agitación, y dedicamos mucho, mucho tiempo a esa determinación. En los finales de los años 1890, el foco estaba en la agitación económica. Más tarde, en 1905, estaba en el hecho de que la clase trabajadora estaba sin derechos. Finalmente, en el período más reciente, durante la Gran Guerra Mundial, la Guerra era el foco de todas las cuestiones. Pero el problema era determinar no solo la cuestión central, sino también el sistema entero de cuestiones que constituían el asunto central. Una equipo entero de agitadores se reunió en un colectivo que discutió todos estos temas.

Nuestro partido fue capaz de realizar tal tarea colosal durante la Guerra solo porque del principio al fin de todo el período anterior dedicó extrema atención a esas cuestiones de agitación. Al hablar de formas de agitación, tenemos que mirar más atentamente hacia la agitación oral. El éxito de la agitación es dependiente no tanto de la elocuencia y habilidad del orador sino del grado en que la cuestión en torno de la cual la agitación es conducida toca los intereses vitales de las masas y los afecta íntimamente. No había falta de pruebas en este punto. Entonces, durante la Guerra, cuando cualquier soldado tomaba la palabra, incluso para decir unas pocas palabras, tenía un efecto enorme en las masas porque podía expresar los sentimientos que llenaban su vida interior. Tenemos que prestar mucha atención a este factor.

No trataré de agitación local, pero me voy a referir a otra forma de agitación que alcanzó un enorme desarrollo durante la Guerra. Me refiero a la agitación con ayuda del arte. El trabajador, las masas de trabajadores, piensan más en términos de imágenes que de secuencias lógicas. Por esta razón, la agitación artística, a través de carteles y música y teatro, siempre tuvo una influencia irresistible en los trabajadores. Y, cuando la tarea es estimular a las masas y atraerlas al trabajo, el uso del arte es extremadamente importante. La experiencia rusa muestra que este abordaje es particularmente importante para conducir la más básica agitación.

Hay incluso otra tradición en nuestro partido. No fueron solo agitación y propaganda las que desempeñaron un papel importante en nuestro partido. Incluso antes de que la agitación en gran escala fuera utilizada, nosotros desarrollamos propaganda en grupos clandestinos. Generalmente, un marxista vendría al grupo, presentaría a Marx y Engels allá, y dirigiría discusiones sobre asuntos actuales. Historia cultural y economía política serían abordados. Esta tradición alcanzaba raíces profundas entre nuestra clase trabajadora, no solo en los adultos sino también en los jóvenes trabajadores.

Yo misma fue testigo de esto en una pequeña villa remota, donde estudiantes exigían de su profesora que ella tenía que abordar absolutamente los tópicos previamente discutidos por el grupo e instruirlos en economía política e historia cultural. Parecía a los jóvenes que no había otro camino. Mientras tanto, después de un corto espacio de tiempo, los grupos de trabajadores tuvieron que ser interrumpidos por causa de las prisiones, y los trabajadores completaron su educación en el exilio o en las prisiones.

En la tradición de nuestro partido, ambos, prisión y exilio, se tornaron una especie de escuela y universidad, donde los trabajadores que más tarde se tornaron dirigentes del partido recibieron una buena instrucción marxista.

El grupo Rabotcheie Dielo, entre tanto, subestimó la importancia de la propaganda. En su polémica contra ellos, el camarada Lenin se refirió al prefacio de Engels a su trabajo sobre la guerra campesina, en la cual él enfatizó que, además del movimiento económico de la clase trabajadora y de la lucha política, la elaboración de la teoría también tiene enorme importancia[5]. El Partido Comunista, por lo tanto, nunca separó la agitación y la propaganda de su tarea subyacente. Cuestiones de agitación y propaganda siempre formaron la esencia de la actividad del partido.

Después de la toma del poder por la clase trabajadora, el Partido se tornó legal y todo nuestro trabajo educativo y nuestra actividad en los sindicatos quedó imbuido por las mismas tradiciones. Cada funcionario en la oficina central realiza educación política, donde quiera que él pueda ser activo –en una escuela para adultos o en una biblioteca– como todo funcionario del sindicato está obligado a realizar propaganda de acuerdo con las oportunidades y con sus habilidades. El Partido, junto con el movimiento sindical, ahora también dirige la educación política entre adultos.

A lo largo de este camino, tales actividades evolucionaron hacia una enorme fuerza. La educación marxista está en curso en todo lugar en el país y vemos cómo nuestra juventud ahora dedica la mayor energía a aprender. Solo podemos saludar este empeño por estudiar teoría. Eso fue expresado con particular fuerza en nuestro más reciente congreso de la juventud. Sobre todo, estamos testimoniando una vuelta brusca. En los primeros años de la Revolución, nuestra entera atención estaba enfocada en la agitación en los frentes y en la retaguardia. En el presente, entre tanto, ahora que volvemos nuestra atención hacia el trabajo de construcción económica, cuestiones de naturaleza más profunda pasan al primer plano. El interés en la teoría y en el marxismo crecieron notablemente, en la oficina central para educación política, donde yo trabajo, recibimos confirmación diaria del hecho de que las masas ahora están sedientas de esta comprensión más profunda. Y eso es completamente comprensible.

La Revolución de 1905 levantó a las masas y sacudió el país entero. Después de eso, tuvimos los años de la reacción, durante los cuales el coraje de los intelectuales entró en colapso. Parecía a ellos que todas las conquistas de la Revolución habían sido destruidas, que todo estaba perdido. Pero las masas no pueden nunca olvidar la Revolución. Aprendimos eso en 1912. Los eventos en Lena repentinamente despertaron a las masas y mostraron el grado de madurez que estas habían alcanzado en esos años[6]. Un enorme proceso interno invisible ocurrió durante este período que era invisible a simple vista. Las masas reflexionaron sobre las impresiones ganadas durante la Revolución y en 1912 ellas ya eran diferentes de las de 1905.

Vemos hoy el mismo proceso. Vemos que las masas se están volviendo para el reino del pensamiento, volviendo a sí mismas. La atención de todos está ahora dirigida a crear un material base para las conquistas de la revolución. La necesidad de crear tal material base está estrechamente asociada con el cambio del factor humano, movilizando a las masas hacia un nivel más alto de cultura con un cambio de todos los métodos de trabajo, y en la psicología integral de las masas.

Ocurre que estamos viviendo un tiempo en que un proceso profundo e imperceptible interno está en curso. La clase trabajadora y la juventud trabajadora de Rusia están ahora dedicando toda su energía a estudiar. Y, al trabajar para aumentar la producción, ellas también están, al mismo tiempo, trabajando para su propio desarrollo personal. Eso nos da motivos para la esperanza de que cuando la revolución mundial estalle, estaremos prontos.

Apéndice 10

El trabajo educativo de los partidos comunistas

Desarrollar el trabajo educativo marxista es una tarea esencial para todos los partidos comunistas. El objetivo de este trabajo es elevar la capacidad de todos los miembros y funcionarios del partido para educación, organización y lucha. Los funcionarios tienen que recibir no solo una educación general marxista sino también el conocimiento y las habilidades necesarias para su área de trabajo específica.

El trabajo educativo comunista debe ser un componente integral del trabajo del partido como un todo. Tiene que ser absolutamente puesto bajo el control de la dirección central del partido. En países donde la educación de los trabajadores revolucionarios es realizada predominantemente por organizadores especiales fuera del partido comunista, este objetivo debe proseguir a través del trabajo sistemático de los comunistas en estas organizaciones.

Es deseable establecer un secretariado educativo ligado al comité central del partido para asumir la dirección de la actividad educativa integral del partido. Todos los miembros del partido comunista activos en instituciones educativas de trabajadores en general [y] que no son dirigidas por el partido (asociaciones de trabajadores de la educación, universidades proletarias, proletkult[7], facultades laborales, y así sucesivamente) están sujetos a la supervisión y directivas de las organizaciones del partido.

El trabajo educativo comunista es realizado por los partidos, dadas las debidas circunstancias y condiciones, estableciendo escuelas del partido centrales y locales, cursos diurnos y nocturnos, etc., haciendo profesores y palestrantes disponibles para viajar, organizando bibliotecas, y así sucesivamente.

Los partidos son obligados a dar material de apoyo ideológico al trabajo educativo independiente de la juventud comunista. La juventud comunista deber ser convidada a todas las actividades educativas del partido. La formación revolucionaria de los niños proletarios debe ser realizada juntamente con la juventud comunista. Orientaciones en este sentido estarán disponibles por una sección educativa anexa al ECCI (Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, en su sigla en inglés).

Una división educativa internacional está siendo establecida como parte del ECCI. Su tarea es, sobre todo, esclarecer además de los desafíos del trabajo educativo comunista, la dirección del trabajo educativo del partido como un todo y la unificación del trabajo en instituciones educativas proletarias que están fuera del partido. Esta tarea incluye colectar e intercambiar experiencias internacionales; enriquecer las formas y métodos de trabajo en cada país; trabajar y publicar guías, manuales y otros materiales; y resolver cualesquiera problemas especiales que surjan en la esfera del trabajo educativo en países específicos. El secretariado educativo internacional también investigará y desarrollará políticas de educación para los partidos comunistas y la Internacional Comunista.

La Academia Socialista e instituciones similares en la Rusia Soviética establecerán cursos internacionales a fin de proveer instrucción marxista intensificada y educación comunista práctica para camaradas calificados de las secciones nacionales de la Internacional Comunista.

La tarea de conducir agitación

1) Cada miembro de la Internacional Comunista está obligado a realizar agitación entre los trabajadores fuera del partido. Esto puede ser hecho siempre, cuando, y donde los trabajadores puedan ser más rápidamente encontrados, en el trabajo de ellos o en otros lugares de trabajo, en los sindicatos, en las asambleas del pueblo, en las asociaciones de los trabajadores, en clubes deportivos, coros, grupos de consumo y de inquilinos, en centros populares, en restaurantes de trabajadores, en el ferrocarril, en las aldeas, y con frecuencia visitando las casas de los trabajadores (agitación a domicilio).

2) El punto de partida de tal agitación debe ser siempre las condiciones y necesidades específicas de los trabajadores en cuestión, con el objetivo de guiarlos por el camino de la lucha de clase organizada y revolucionaria. No debe haber imposición de principios comunistas o exigencias que los oyentes no pueden entender aún. Entre tanto, ellos deben ser siempre envalentonados a apoyar y luchar por las exigencias comunes del proletariado contra los capitalistas y toda forma de régimen de la burguesía.

3) En toda lucha de los trabajadores contra los capitalistas y el régimen de la burguesía, los comunistas deben participar vigorosamente y luchar en las líneas de frente por los intereses de todos, dejando de lado logros personales y conquistando otros a través de sus ejemplos.

4) Los principales organismos del partido deben editar para las secciones locales instrucciones prácticas relativas al trabajo de agitación regular por todos los miembros del partido, así como las relativas al trabajo de agitación en campañas (en elecciones, relativas a la inflación e impuestos, en consejos de fábrica, en el movimiento de desempleados) y otros esfuerzos guiados por el partido. (Una copia de todas estas instrucciones será enviada al ECCI-Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista).

5) Todos los miembros del partido tienen el derecho de pedir a los dirigentes responsables de sus organizaciones más orientaciones específicas sobre cómo la agitación debe ser realizada. Es responsabilidad de los dirigentes de las células comunistas, grupos de trabajo y fracciones dar tales instrucciones y supervisar su ejecución. Donde tales dirigentes de grupo no estuviesen disponibles, dirigentes especiales de agitación deben ser designados para este propósito.

6) Durante el próximo invierno, todas las organizaciones del partido, incluso las menores, deben determinar respecto de cada uno de sus miembros:

a) El miembro conduce agitación entre trabajadores fuera del partido
I) ¿Regularmente?
II) ¿Solo ocasionalmente?
III) De ninguna manera.

b) El miembro realiza otro trabajo partidario.
I) ¿Regularmente?
II) ¿Solo ocasionalmente?
III) De ninguna manera.

Después de consultar el ECCI, el comité central de partido enviará una circular a todas sus secciones, explicando cómo presentar estas cuestiones de forma inequívoca. La responsabilidad de realizar esta pesquisa cabe al distrito y a las organizaciones locales. El comité central del partido enviará los resultados al ECCI.

Notas:

[1] Engels describió ‘materialismo histórico’ en 1892 como la ‘visión del curso de la historia que procura la causa final y el gran poder de movimiento de todos los acontecimientos históricos importantes en el desarrollo económico de la sociedad, en los cambios en los modos de producción y de cambio, en la división consecuente de la sociedad en diferentes clases, y en las luchas de esas clases entre sí’. Marx y Engels 1974-2004, 27, p. 289. Vea también Bottomore 1991, pp. 234-239.

[2] Proletkult (cultura proletaria), una división del Comisariado Soviético de la Educación, fue asociado con esfuerzos por crear una cultura proletaria enteramente nueva, esfuerzos criticados por Lenin y Trotsky. Vea: Lenin 1960-71, 31, pp. 316-317; Trotsky 1972a, pp. 41-54. ‘Plebs League’ (‘Liga de los Plebeyos’) fue una asociación para la educación de trabajadores en Gran Bretaña, formada en 1908 e influyente entre los trabajadores de mente revolucionaria en los años 1920.

[3] Vea: Lenin 1960-71, pp. 347-529. E. Lih 2005, pp. 673-840.

[4] Para procedimientos en el Segundo Congreso del RSDLP (Partido Socialdemócrata de los Trabajadores Ruso, por su sigla en inglés), vea Pearce (Ed.) 1978.

[5] Vea: suplemento al prefacio de Engels, escrito en 1874, en Marx y Engels 1975-2004, 23, pp. 631-632.

[6] El 4 de abril de 1912, un ataque de los soldados contra los trabajadores en huelga en las búsquedas de oro próximas al río Lena, en la Siberia oriental, mató aproximadamente a 240 mineros e hirió a 270. Noticias de la masacre provocaron una ola de huelgas y reuniones de protesta en toda Rusia.

[7] Proletkult fue un movimiento en la Rusia Soviética, apoyada por el Comisariado de la Educación, que tenía por objetivo desarrollar una nueva cultura apropiada para la sociedad socialista. Un buró internacional de Cultura Proletaria fue establecido en el Segundo Congreso de la Komintern (vea Riddell (ed.) 1991, 1, p. 484). El proyecto de Cultura Proletaria fue controversial entre los dirigentes bolcheviques; vea Lenin 1960-71, 31, pp. 316-317; Trotsky 1957, pp. 157-176 y también Trotsky, “¿Qué es la Cultura Proletaria, y es posible?”, disponible en www.marxists.org

Artículo publicado originalmente en https://teoriaerevolucao.pstu.org.br/traducao-o-trabalho-educacional-dos-comunistas-iv-congresso-da-comintern/?fbclid=IwAR3lk3AMkbKcLYxec-9LPAjXBMcLi1SNPHKLNR1LeTNkNv7lBIGgg8tKdE0

Traducción del portugués: Natalia Estrada.