Un nuevo momento de la revolución siria plantea la necesidad de la solidaridad internacional

Frente al sanguinario ataque de Assad con armas químicas contra las zonas controladas por los rebeldes en Damasco, EEUU anunció con bombos y platillos que bombardearía Siria porque Assad “había cruzado la línea roja”.

Obama declaró que lo haría incluso sin respaldo de la ONU y apenas con el apoyo de Inglaterra y Francia. Sin embargo, EEUU acabó suspendiendo la intervención y agarrándose al plan de Rusia para poner las armas químicas bajo control internacional a cambio de suspender la intervención.

Este recule estrepitoso del gobierno norteamericano y sus aliados se explica ante todo por el llamado “síndrome de Irak”, que se expresa en el rechazo de amplios sectores de la población de los países imperialistas comenzando por el propio EEUU. Es el rechazo a que sus gobiernos se embarquen en nuevas y costosas aventuras militares. Se trata, sin duda, de una de las más notables y progresivas expresiones de la derrota política y militar en que acabaron las últimas invasiones a Afganistán e Irak. El británico Cameron perdió en el parlamento inglés su apuesta de acompañar a Obama, un hecho sin precedentes en la historia reciente. Faltaba solamente Francia, que empezó a dudar frente al rechazo interno y viendo la crisis desatada tanto en EEUU como en Gran Bretaña.

Pero el mismo contenido del acuerdo EEUU-Rusia muestra cuál ha sido siempre la política de todas las potencias imperialistas. El acuerdo no pasa, en esencia, de una medida cosmética para salvar la cara a Obama. Lo que muestra todo el accionar del imperialismo norteamericano y su aliados a lo largo de más de dos años de guerra civil en Siria, y reafirman los últimos acontecimientos, es que su política no es otra que forzar a Assad y a la resistencia a una salida negociada que, sobre la base de algunas concesiones a la resistencia, preserve lo esencial del régimen sirio y estabilice el país.

Otro elemento, aunque no sea el determinante, pero que aumenta los recelos del imperialismo en apoyar a los rebeldes es la falta de centralización de la dirección del campo rebelde, que es mucho más fragmentada que en Libia.  En ese sentido, EEUU y sus aliados imperialistas tienen mucho temor a que las fuerzas que controlen el proceso no estén bajo su completo control.

Obama y Putin han escenificado los esfuerzos por estabilizar el país como si fueran los viejos tiempos de la colaboración EEUU-URSS para enterrar las revoluciones.

Este hecho muestra a las claras a la resistencia, tanto aquella que con justa razón estaba en contra de la intervención militar, como a los sectores que, llevados por la desesperada situación, alentaron esperanzas en esa intervención, que  las llamadas grandes potencias y en especial EEUU no son “amigos de la revolución” ni tienen interés “humanitario” alguno, sino que son cómplices de Al Assad.  

Para que la liberación del pueblo sirio sea obra del pueblo sirio mismo: armas y apoyo material para la resistencia

La LIT-CI estuvimos siempre contra la intervención imperialista porque esa intervención tenía el objetivo de intentar controlar y derrotar la revolución desde adentro, para estabilizar bajo su control el país y la región. No había el menor interés “humanitario” en esa intervención. Todo su accionar está al servicio de sus objetivos colonialistas y contrarrevolucionarios. El proyecto del imperialismo no pasa de querer convertir Siria en una colonia norteamericana. A quienes desde la resistencia al tirano Assad alientan esperanzas de liberación por parte de los EEUU, Gran Bretaña o Francia, les decimos que la historia atestigua que van a pasar de ser “liberados” de un sátrapa sanguinario como Assad para pasar a ser dominados por los mayores sátrapas que la humanidad conoce: los imperialistas.

Si el pueblo sirio no logra su propia liberación con la ayuda de sus hermanos de los otros pueblos, el sacrificio de los mártires habrá sido para cambiar una dictadura como la de los Assad por otra mucho más fuerte y poderosa como la que representan EEUU y sus aliados.

Si en las intenciones de EEUU, Gran Bretaña, Francia y sus aliados hubiera el más mínimo interés humanitario, el más mínimo criterio democrático, no escatimarían la ayuda en armas y material a la resistencia siria para que el pueblo sirio tenga, al menos, el más elemental derecho a defenderse de su tirano.

La LIT-CI ha estado y estará del lado del pueblo sirio y su heroica resistencia contra Assad, y desde ese lado inequívoco de la barricada seguiremos estando contra cualquier intervención militar del imperialismo al tiempo que llamamos a todas la organizaciones obreras populares y democráticas a redoblar esfuerzos para exigir de los gobiernos el envío de armas y apoyo material a la resistencia siria.

 La lucha sobre el terreno y el lamentable papel de la "izquierda"

 La contraofensiva de Assad de las últimas semanas ha estado basada en la superioridad del armamento y el apoyo directo tanto de Hezbolah –con miles de efectivos– como del suministro y apoyo logístico de Rusia, así como de Irán y Venezuela. Esta ofensiva obtuvo avances, como la recuperación de Qusair, pero tuvo sin duda un límite: la situación de las tropas del ejército de Assad que a pesar de la superioridad militar no tiene moral para ir al combate franco y directo y aplastar la revolución. Eso se ve en particular en Damasco y es lo que puede explicar que el régimen no consiga aplastar a los batallones de la periferia, como Ghouta o Kabum. 

Ese panorama hace que la relación de fuerzas refleje un momento de impasse, que puede prolongarse. Varios analistas prevén una guerra larga, que desde el punto de vista de la lucha por derrotar a Assad significa un período largo de más sufrimiento si no hay un apoyo efectivo a la revolución.

Aunque la suspensión del bombardeo le da un respiro a Assad porque lo alivia de la posible destrucción de objetivos militares desde el aire, no altera la situación global en el terreno. A pesar de la superioridad militar, Assad no consigue retomar el control de la mayor parte de las zonas liberadas, incluso en la periferia de Damasco, pues no cuenta con la cantidad necesaria de efectivos en condiciones de ir al combate directo. Las bajas y la desmoralización de su ejército, es suplida por el dictador a partir del siniestro y vergonzoso papel de Hezbolah, que está dilapidando el patrimonio acumulado en su lucha contra el sionismo.

Pese a todo, ha habido incluso victorias rebeldes en Aleppo y Latakia. Ese panorama apunta para  una guerra civil de largo trecho, lo que da más importancia al rol de la campaña internacional de solidaridad.

Pero, desgraciadamente, las posiciones de la amplia mayoría de la izquierda mundial están en contra la revolución siria. Por un lado, el castro-chavismo y el stalinismo en general, que se han alineado totalmente con Assad, como ya lo hicieron con Kadafi.

Por otro lado, los centristas y muchas organizaciones que se reclaman “trotskistas”, que ceden a la presión de los stalinistas con la excusa de quién dirige a los rebeldes. Para “no capitular” a esas direcciones, proponen de hecho seguir dejando aislada la revolución siria, y por esa vía contribuyen a su derrota, al tiempo que dejan que el imperialismo y sus aliados sigan jugando a aparecer como los únicos que la  defienden.

La LIT-CI tiene claro de qué lado de la barricada está: Exigimos armas y apoyo material para la resistencia siria, para acabar con la diferencia cualitativa entre el armamento del régimen y el de los rebeldes. Es necesario un armamento superior, misiles antiaéreos, tanques con tecnología moderna. Ese tipo de materiales no se puede conseguir sin no son liberados por los gobiernos del área y los gobiernos imperialistas.

Y es cuando planteamos esta exigencia democrática básica, el derecho a defenderse que tiene el pueblo sirio, que los supuestos izquierdistas y trotskistas se escandalizan y vociferan acerca de la “capitulación de la LIT-CI al imperialismo”.

Cabría preguntarles a todos: ¿no fue una exigencia unánime de toda la izquierda en el Estado español y en el mundo, el envío de armas y apoyo material a la República cuando los trabajadores y el pueblo se enfrentaban a las tropas de Franco? ¿No se exigían esas armas, especialmente a Inglaterra y Francia? ¿Inglaterra y Francia no eran países imperialistas? ¿No quedó para la historia su negativa a enviar ese armamento como una demostración de la negativa a apoyar la República, lo que ayudó al triunfo de Franco?

Grupos que se reivindican trotskistas se suman a este coro de que hacemos “el juego del imperialismo” al exigirle armas para la resistencia siria. Esos grupos se llenan de frases pomposas en nombre de una supuesta ortodoxia, cuando Trotsky fue el primero en condenar enérgicamente la negativa de los gobiernos de Inglaterra y Francia, durante la guerra civil española, como una actitud que sólo fortalecía al fascismo y, además, siempre planteó que los revolucionarios debían utilizar las contradicciones del imperialismo podían aceptar armas para continuar su lucha.  

Así pues, como decía Trotsky, dejemos a estos ultraizquierdistas con sus pomposas afirmaciones, y el pueblo sirio y quienes los apoyamos repudiemos su respuesta con legítima indignación.

Los grupos de al-Qaeda: la quinta columna de Assad

Cada vez más dentro de las zonas liberadas se está dando un enfrentamiento entre los batallones rebeldes y los Comités Locales, de un lado, y las organizaciones vinculadas a Al Qaeda de otro, en especial Jabat Al Nusra y EISI.

Se trata de un enfrentamiento creciente en las zonas liberadas entre los activistas que luchan por derrocar a Assad en nombre de una Siria democrática y los grupos vinculados a Al Qaeda, los cuales proclaman que su objetivo no es otro que la instauración de un Califato y, por tanto, la línea divisoria de la guerra no está entre las tropas de Assad y las de los Comités Locales y el ELS sino entre los devotos de un nuevo estado teocrático y dictatorial y los infieles.

Bajo ese proyecto persiguen activistas, detienen y asesinan –incluyendo un cura que apoyaba la revolución, por el simple hecho de que quería ejercer su derecho al culto–; castigan y ejecutan a jóvenes que no se declaren musulmanes o que no sepan leer el Corán; mujeres que no usen velo; etc., en todas las áreas que dirigen. Han asesinado a comandantes del ELS y no se subordinan a la unidad de la lucha contra Assad; se niegan a unirse a las demás milicias rebeldes. Más aún, están siendo acusados por los Comités Locales y los batallones rebeldes de abandonar el frente para concentrar sus tropas en la retaguardia. Eso ya está llevando a una división, además de servir de justificativa a Assad, y lleva [también] a que los sectores minoritarios –como los alauitas o chiitas que ellos persiguen– sean atraídos para la dictadura.

Desde la LIT-CI venimos denunciando su rol, pero ahora se trata de decir claramente que son una quinta columna de Assad, en el campo de la revolución. Que donde ellos dirigen hay que organizarse contra la dictadura de ellos. Por la defensa de los Comités Locales, es el pueblo quien debe decidir la vida en las zonas. No se va echar a Assad para imponer nueva dictadura de Al Qaeda y sus socios, como con justa razón está denunciando la resistencia.

La guerra es la continuación de la política por otros medios

 El viejo Trotsky, alguien que sabía lo suficiente de guerras y de temas militares, fundador y dirigente del Ejército Rojo, refiriéndose a la revolución española y la guerra en ella decía: En una guerra el resultado depende en una cuarta parte, o menos, de lo militar y en tres cuartas partes, o más, de la política. 

El programa y la política en la resistencia se convierte en el problema más crucial para poder ganar la guerra.

¿Es posible unificar la actualmente dispersa y atomizada resistencia sin un programa que exprese los objetivos comunes, de los trabajadores, el pueblo, las nacionalidades oprimidas, la juventud y las mujeres que enfrentan a Assad? ¿Es posible unificar a la resistencia sin un programa de liberación nacional y social? 

Quienes consideran estos interrogantes como innecesarios, incluso prejudiciales porque “ahora se trata de derribar a Assad y después ya hablaremos”, colocan la victoria militar y las tareas de la revolución en planos separados y por esa vía preparan el fracaso de la revolución y la derrota en la guerra.

Por lo tanto, el problema de la batalla por ese programa es el problema de la dirección de la guerra y la revolución. Si los grupos de Al Qaeda han ganado espacio no es tanto por el armamento que reciben, que es un factor importante, sino porque ellos con su Califato, su Sharia y su constitución islámica tienen un programa, contrarrevolucionario, pero un programa, alrededor del cual unifican los objetivos de la lucha.

¿Puede la resistencia fortalecerse sin que los dirigentes dejen claro ante el pueblo kurdo si la Siria por la que se lucha incluye o no el derecho del pueblo kurdo a su autodeterminación?

¿Puede la resistencia unificarse y fortalecerse si ante los ojos de la juventud combatiente no deja claro si la Siria por la que se lucha se regirá por el principio de soberanía nacional sin entregar sus recursos a las multinacionales imperialistas para que continúen el expolio de Siria?

¿Puede la resistencia fortalecerse si las mujeres sirias, vanguardia en la lucha contra el régimen, no saben si en la Siria victoriosa tendrán un lugar en pie de igualdad con los hombres o seguirán siendo oprimidas y sojuzgadas por leyes reaccionarias?

¿Puede la resistencia fortalecerse sin saber quién decidirá el futuro de Siria si se logra derribar a Assad? ¿Será una asamblea constituyente, libre y soberana quien decida el futuro de Siria? ¿O serán los amigos del imperialismo que desde afuera de Siria preparan la “transición” esperando el concurso en esa negociación de sectores del régimen de Assad?    

La lucha por el programa de la revolución se convierte así en el arma más poderosa de la resistencia. La lucha por ese programa comienza por poner a los combatientes revolucionarios más lúcidos al frente de la batalla por construir ese programa, por hacer partícipes del mismo a los Comités Locales, mientras batallan por la centralización de estos Comités que, unificados, deben convertirse en el verdadero órgano de poder de la revolución. La lucha por ese programa debe incluir como tarea la batalla por la conformación de un Comité Central de Milicias que, sometido a las decisiones del órgano centralizado de los Comités Locales, ponga fin a la actual atomización y centralice los planes militares, el abastecimiento de las milicias y el armamento.

La batalla es por ese programa para ganar la guerra y dar una salida obrera, popular y democrática a la revolución siria.  

En ese sentido, es fundamental que todos esos combatientes más conscientes y quienes integran los comités locales construyan este programa y, en torno del mismo, se planteen la tarea de construir un partido político revolucionario, socialista, obrero e internacionalista.

La defensa de ese programa y la lucha por la construcción del partido revolucionario se darán inevitablemente a partir de un combate político permanente a las actuales direcciones colaboracionistas que tanto desde la llamada Coalición Nacional Siria como la Coordinación Nacional Siria, o la comandancia del ELS, no han hecho más que clamar una y otra vez por la intervención imperialista mientras muestran su incapacidad para resolver los problemas cruciales de la resistencia.

¡Una campaña internacional de solidaridad con la revolución siria es urgente!

Desde la LIT-CI llamamos a intensificar la campaña de apoyo a la resistencia siria. Llamamos a todas las organizaciones obreras y democráticas a exigir de los gobiernos armas y apoyo material para la resistencia siria. 

No queremos intervenciones militares del imperialismo, queremos que el pueblo sirio tenga el más elemental y democrático derecho a defenderse. Quienes claman con justa razón que no se puede estar indiferente frente a una masacre que se ha cobrado más de 100.000 vidas, deben ser los primeros en sumarse a esta exigencia a sus gobiernos.

Por nuestra parte, vamos a intensificar la campaña facilitando que la voz de la resistencia siria se escuche en todas las partes, organizando actos y giras con los compañeros más cercanos que forman parte de la resistencia siria.

Nuestra campaña está al servicio del triunfo de la revolución siria, para lo cual hacemos la exigencia pública a los gobiernos de envío de ayuda material a los combatientes sirios y lucharemos para que las organizaciones obreras y democráticas a que se sumen a esta campaña.

Al mismo tiempo, tomaremos iniciativas a fin divulgar la situación de la revolución en Siria y recabar el apoyo material para los sectores más progresivos de la resistencia, como los Comités locales.

La revolución siria es actualmente el principal enfrentamiento entre la revolución y la contrarrevolución en el mundo. De su victoria o derrota depende el futuro no solo de esa revolución sino del conjunto de las revoluciones en la región. No existe, entonces, tarea más urgente que rodear a la revolución siria de solidaridad activa.

 Comité Ejecutivo Internacional

27 de septiembre de 2013