Entrevista de Fabiana Stefanoni, desde París, a Philippe, corresponsal de la Liga Internacional de los Trabajadores, en Francia, 6 de diciembre de 2020. Las previsiones que hizo Philippe en esta entrevista se revelaron correctas.

En las últimas semanas, en toda Francia resurgieron las protestas masivas.

—Philippe, recibimos imágenes de grandes manifestaciones en Francia, incluso con fuertes enfrentamientos entre manifestantes y policía. ¿Es esto una reanudación de la protesta masiva? ¿Puedes decirnos qué está pasando?

—Hace alrededor de tres semanas comenzó un movimiento de protesta contra la llamada ley de seguridad general, que está en discusión en el parlamento francés. Se trata de una ley liberticida en muchos aspectos, y no solo por el artículo 24 que es el más conocido y más controversial, ese del que más habla la prensa y en general los medios de comunicación masiva (el artículo que veta la publicación de fotos y videos con las caras de los policías, ndr.). Las primeras manifestaciones contra esta ley tuvieron pocos participantes, pero poco a poco fueron ampliándose. A finales de noviembre hubo un salto cualitativo en la protesta.

Algunos hechos, que se dieron justo mientras le ley estaba en discusión en el parlamento, han contribuido a incendiar la protesta. Esta ley es apoyada por el gobierno (y su mayoría parlamentaria) y también por la derecha: los diputados del Rassemblement National [Reagrupamiento Nacional] de la Le Pen están a favor de esta ley.

Mientras estaba en curso la discusión en el parlamento, el lunes 24 de noviembre hubo una brutal y violenta intervención policial en París. Es necesario precisar que el jefe de la policía parisina (el prefecto de París) es un personaje muy peligroso, un extremista de derecha, comparable en algunos aspectos a un jerarca nazi. Sistemáticamente protege a los policías más violentos, a menudo utiliza el mismo lenguaje provocativo y usa mano de hierro en los enfrentamientos con las protestas. En la noche del 23 al 24 de noviembre, ordenó la desocupación violenta de un campamento de inmigrantes en la Plaza de la República de París: se trataba de inmigrantes sin permiso de residencia que habían sido expulsados de algunos centros en los suburbios parisinos y que, apoyados por algunas asociaciones humanitarias, habían acampado en una de las plazas principales de París, en señal de protesta. La policía los desalojó con brutalidad, una brutalidad gratuita y sin motivo, dado que se trataba de personas indefensas. Los policías golpearon duramente también a los activistas de las asociaciones humanitarias.

Las imágenes de tanta brutalidad han sido difundidas en las redes sociales, provocando un shock generalizado. Al mismo tiempo, se estaba discutiendo la ley de seguridad. A los dos días se dio otro hecho que conmocionó las conciencias: fueron publicadas, siempre en redes sociales, las imágenes de la violencia policial gratuita contra un hombre ¡cuyo único “defecto” era que tenía la piel negra! Lo encontraron en la calle y luego lo persiguieron y golpearon en su estudio, donde se había refugiado. Se trata de un productor musical de nombre Michel Zecler. Lo golpearon violentamente en la cabeza y todo esto fue filmado por cámaras puestas en la calle y también por algunos vecinos. ¡Se ve en el video cerca de 15 minutos de violencia gratuita contra un hombre que no había hecho absolutamente nada! Y emerge también claramente que se trataba de un acto racista, dado que la policía, mientras lo golpeaba, lo llamaba «negro sucio» y cosas por el estilo. La policía emitió declaraciones descaradamente falsas, afirmando que había sido él quien había agredido a la policía.

Todo esto contribuyó a dar impulso a una ola de manifestaciones en toda Francia: el sábado 28 de noviembre las principales ciudades francesas fueron atravesadas por las grandes desfiles. La Plaza de la República en París estaba repleta de manifestantes, ¡se habla de decenas de miles de manifestantes solo en París! Por miles salieron a las plazas también en otras ciudades de Francia. Incluso el propio Macron ha debido dar un paso atrás admitiendo que los actos de la policía habían sido brutales: un hecho nuevo, dado que hasta hoy el gobierno francés siempre ha negado la violencia policial.

Un aspecto positivo de estas protestas ha sido, en el inicio, el carácter unitario de las mismas: en las calles se han unido todas las organizaciones –sindicales y políticas– de la izquierda de clase, así como todos los movimientos antirracistas, por la defensa de los derechos civiles, etc. El sábado 5 de diciembre han habido otras manifestaciones, sin tanta participación como la del 28 de noviembre. Probablemente, la menor participación se explique por el hecho de que en las jornadas del 4 y 5 de diciembre se realizaron diversas manifestaciones divididas y sobre temas diferentes. Más en general, decimos que no se ha recreado el frente único entre todas las organizaciones políticas y sindicales de izquierda que habíamos visto el 28 de noviembre.

—¿Existen también huelgas en el país o por el momento se trata esencialmente de movilizaciones en las plazas?

—Este es en realidad el principal problema que encontramos en Francia. La verdad es que en este momento en el país hay pocas huelgas. Esto no debería sorprender: en el proceso de desarrollo de la movilización hay momentos de ascenso y momentos de reflujo. El inicio de 2020 se caracterizó por un pico de las luchas y de las huelgas[1]. Luego llegó el coronavirus, que, también por el aislamiento social, ha sido acompañado por una desmovilización de las luchas. A principios de verano hubo algunas manifestaciones y algunas luchas, pero esencialmente solo en el terreno del antirracismo, en solidaridad con las luchas en los Estados Unidos. Durante el verano no han habido movilizaciones, como ocurre siempre en Francia en los meses estivales. En setiembre, la situación se mantuvo bastante pasiva, con poquísimas movilizaciones.

Ahora podemos decir que vivimos en Francia un momento en el cual está surgiendo y estallando de nuevo la rabia de las masas populares. Estas movilizaciones son el ejemplo de ello.

Se trata de movilizaciones esencialmente contra la violencia policial y no se combinan por ahora con una reanudación de las huelgas en gran escala. Sí hay huelgas pero son aisladas y fragmentadas. Hay, por ejemplo, disputas en curso en el sector del transporte aéreo, así como hay huelgas en los sectores educativos y de sanidad, pero por ahora son luchas aisladas. Los militantes y los activistas están tratando de promover una «red de resistencia» contra los despidos en masa.

No obstante la “inundación” de dinero que Macron ha dado a los patrones, son muchas las personas que pierden su empleo en muchos sectores laborales: en la industria automotriz, en el sector de la aviación, en el comercio, en el turismo, etc. Hay muchas experiencias de resistencia, sobre todo tentativas de promover una resistencia generalizada a través de la coordinación de lucha. Creo que es poco probable que se llegue, al menos por ahora, a un llamado, por parte de las organizaciones sindicales, de una huelga contra la ley de seguridad. Esto porque las burocracias sindicales evitan siempre, hasta el último minuto, convocar a «huelgas políticas».

Creo que será necesario esperar entonces un poco más antes de poder asistir de nuevo a acciones de huelga como las del pasado reciente: hay que organizar una resistencia y una dirección de las luchas independiente de la de las grandes burocracias sindicales. Probablemente, entonces, necesitemos todavía un poco de tiempo.

—Resume un poco cuáles son las políticas del gobierno Macron. Según tu opinión, ¿entre los motivos de la protesta hay también un descontento popular en los enfrentamientos a estas políticas?

Indudablemente, existe un nexo entre las protestas y las políticas del gobierno. Hay mucho descontento con la política de Macron. Pero uno de los límites de las manifestaciones del 28 de noviembre y del 5 de diciembre está en el hecho de que no se han unido a otros reclamos. Por ejemplo, el 28 de noviembre en algunas ciudades se logró crear una movilización única, unificando las luchas en la defensa de la salud pública y de la educación con las movilizaciones contra la ley de seguridad. Pero en otras situaciones, sobre todo el 5 de diciembre, las luchas fueron nuevamente aisladas: por ejemplo, el sábado pasado a Toulouse hubo tres manifestaciones diferentes y separadas, una contra la precarización del trabajo, otra contra la ley de seguridad, y otra siempre contra la precarización pero promovida por otra organización. Lo mismo ha ocurrido en Bordeaux: el viernes 4 de diciembre se promovió una manifestación contra la ley de seguridad, mientras el sábado hubo una manifestación contra la precarización… Con el crecimiento exponencial de la desocupación y el agravamiento de la precariedad laboral, se plantea la necesidad de unificar las luchas por el trabajo con las que son contra la represión.

El gobierno, de hecho, está tratando de salir de la dificultad en la cual se encuentra, exacerbando las medidas represivas, tomando como pretexto el horrible asesinato de un profesor por un extremista islámico[2]. El Ejecutivo está llevando adelante una política expresamente de derecha, para intentar obtener el consenso electoral de la derecha tradicional. Esto explica también la exacerbación de políticas racistas, a partir, por ejemplo, de una exacerbación de la islamofobia: incluso ha sido disuelto un colectivo que luchaba contra la islamofobia, con la infundada acusación de favorecer el terrorismo islámico. Era solo un colectivo que intentaba sensibilizar a la opinión pública contra la xenofobia.

El gobierno ha dado miles de millones a los capitalistas mientras ha invertido poquísimo en la salud pública y ha dado muy poco a las masas populares. Se han dado miles de millones a las empresas, entre otras cosas sin ningún tipo de restricción para los capitalistas, que han sido liberados para despedir o para cerrar las fábricas. Se están perdiendo cientos de miles de puestos de trabajo y asistimos a una mayor precarización de los contratos de trabajo.

Por esto, es fundamental unificar las luchas en defensa del trabajo y la salud con las que van en contra de las leyes represivas. Comienza a ser claro para grandes sectores el hecho de que la política represiva del gobierno no es más que la otra cara de la política patronal del gobierno, es decir, una política hecha de despidos, cortes, desinversión, pérdida de derechos laborales, etc. Se comienza a entender que la represión es funcional para defender los intereses de los capitalistas.

—¿Y cómo reacciona el gobierno ante las protestas? ¿Piensas que seguirán las movilizaciones?

—El gobierno está dividido. Con esta ley quiso golpear todas las protestas de estos últimos años. Se habla mucho del artículo 24, pero no es el único artículo peligroso. Por ejemplo, la ley autoriza la utilización de drones durante las manifestaciones, para poder controlar y registrar a los manifestantes. También prohíbe las ocupaciones de universidades, es decir, prohíbe una de las formas de protesta más extendida en Francia en las últimas décadas: casi todas las luchas más duras de los últimos años han tenido inicio con las ocupaciones de universidades. Prohibir las ocupaciones universitarias tiene en Francia un valor simbólico importante. En caso de ocupaciones de facultades, los estudiantes con esta ley arriesgan hasta tres años de prisión.

El artículo 24 impide sacar fotos a la policía durante las manifestaciones o mientras la policía lleva a cabo su acción represiva. Esto significa ocultar en los hechos las responsabilidades de la violencia policial, que son muy extendidas en Francia: son frecuentes los abusos y los actos ilegales perpetrados por policías, amparados por las instituciones. También hay, como ya dije, aspectos racistas. Las protestas tienen como principal motivación la oposición contra la violencia policial, pero también contra el racismo.

Hay muchas asociaciones de derechos humanos que han criticado a Macron por esta ley, pero el gobierno está decidido a seguir adelante. Ahora es posible que se abra una crisis política. Hay un enfrentamiento entre el ministro del Interior –que es un despreciable personaje de derecha (está acusado de haber violado a dos mujeres)– y otros sectores del gobierno. Por ejemplo, algunos exponentes del gobierno quisieron retirar el artículo 24, otros en cambio, como el ministro del Interior, lo defienden, y otros, entonces, quieren reescribirlo.

La Cámara de Diputados votó la ley, ahora la discusión pasa al Senado, que probablemente reescribirá el artículo 24. Veremos si las movilizaciones continúan.

Es difícil hacer previsiones en relación con el desarrollo de la protesta; la única cosa cierta es que para mantener en pie la movilización es necesario extender la lucha a toda la política del gobierno, es decir, generalizar la protesta.

Notas:

[1] Sobre esto, remitimos a otro artículo publicado en nuestro sitio web:  https://www.partitodialternativacomunista.org/politica/internazionale/dalla-francia-lezioni-di-lotta-di-classe-dai-gilet-gialli-allo-sciopero-prolungato

[2] En octubre, en París, un profesor de historia fue decapitado por un extremista islámico de dieciocho años. Había dado una lección a sus alumnos mostrando una viñeta sobre Mahoma publicada por Charlie Hebdo.

Artículo original publicado en el sitio del Partido de Alternativa Comunista, de Italia, el 9 de diciembre de 2020. Disponible en: https://www.partitodialternativacomunista.org/politica/internazionale/si-incendia-di-nuovo-la-francia-intervista-da-parigi

Traducción: Natalia Estrada.