El 27 de abril, con el voto a favor del Senado, se aprobó definitivamente el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR), el instrumento legal que se presentará a las instituciones europeas para obtener luz verde para la concesión de parte de los 750 mil millones de euros asignados en nivel continental el año pasado.

Por: Alberto Madoglio

También en esta ocasión los medios de comunicación burgueses no escatimaron hipérboles y reconstrucciones fantasiosas de los eventos para explicar la importancia de la decisión tomada por el Parlamento. En los días inmediatamente posteriores a la redacción del texto por parte del gobierno, hablaron de una llamada telefónica de “fuego” entre el primer ministro Draghi y la presidente de la Comisión Europea, Ursula Von der Layen.

Para rechazar los rumores de un posible rechazo al PNRR, el primer ministro se habría dirigido a su homólogo más o menos con las siguientes palabras: «Ya basta. Somos Italia, no puedes tratarnos así». Nunca sabremos si en realidad la conversación entre los dos se desarrolló de la manera relatada. Lo cierto es que la reconstrucción es parte de la mitificación del primer ministro, señalado por muchos como el verdadero salvador de la patria. También contribuye a crear el mito de un país, Italia, rodeado y humillado por vulgares funcionarios de Bruselas a sueldo de poderes hostiles al “Belpaese” [hermoso país].

Es un hecho que, a lo largo de los años, nuestras clases dominantes locales no han merecido el reconocimiento internacional. Hoy, sin embargo, la intención de la gran burguesía, nacional e internacional, es sostener las tambaleantes finanzas italianas, dentro del marco más general de preservar el proyecto de una Unión Europea funcional a los intereses del capitalismo internacional. Por el momento, en definitiva, financiar las agotadas arcas del país significa apoyar, ante todo, los intereses de las clases dominantes italiana, francesa y alemana.

¿Un nuevo Plan Marshall?

Para subrayar la ocasión histórica representada por el PNRR el parangón que más se ha aprovechado ha sido el del más notorio European Recovery Programm [Programa de Recuperación Europeo] (Plan Marshall), un programa de ayuda lanzado al final de la Segunda Guerra Mundial por el gobierno estadounidense. En este caso, creemos que la comparación es pertinente, incluso si tememos que los medios de comunicación del régimen que se refieren a este, desconozcan su significado real, sobre todo en términos económicos.

En la “vulgata” general, el Plan Marshall aparece como un imponente financiamiento para las desastrosas economías del Viejo Continente después de seis años de guerra, lo que les permitió beneficiarse de un largo período de crecimiento.

Sin entrar demasiado en detalles, según un estudio de 2011 publicado por el Banco Mundial, el impacto del plan sobre la economía europea, tanto desde el punto de vista de los recursos invertidos como en lo que respecta a la contribución al crecimiento económico, fue exiguo (World Development Report 2011 – Lessons fron the Marshall Plann [Informe sobre el Desarrollo Mundial 2011 – Lecciones del Plan Marshall]).

Los mismos porcentajes, más o menos, que encontramos para el PNRR, que dice mucho sobre el hecho de que se necesita mucho más para estimular la débil economía italiana, que durante más de veinte años ha tenido tasas de crecimiento de entre las más bajas del mundo, al menos en lo que respecta a las mayores economías del planeta.

Intentemos ahora examinar con más detalle el PNRR, tratando de entender si es, como muchos quieren creer, la herramienta que permitirá superar las inequidades entre los diferentes beneficiarios del desarrollo económico de los últimos tiempos, o si, como creemos nosotros, será la herramienta que tendrán las clases dominantes para consolidar su poder y reactivar sus ganancias a costa de la clase trabajadora y de otros estratos más explotados de la población.

Las cifras asignadas para las seis misiones en las que se divide el PNRR (transición digital, ecológica, movilidad sostenible, educación e investigación, inclusión y cohesión, salud) son cerca de 190 mil millones, a los que se suman otros 30 mil millones de un fondo de cohesión, para llegar a la cifra de 222 [mil millones], que, como hemos dicho, no resulta ser tan elevada si se considera que abarca un período de seis años.

En los cientos de páginas del PNRR se enumeran una serie de iniciativas a través de las cuales los fondos asignados deben transformarse en proyectos concretos. De particular interés son las cuatro páginas introductorias escritas por el primer ministro Draghi, que son una suerte de manifiesto programático que inspira el PNRR. Luego de una parte en la que se hace un cuadro de la situación general de debilidad en la que se encuentra Italia respecto de sus competidores europeos, luego de haber recordado, como muchos lo han hecho a lo largo de los años, el «milagro económico» de la posguerra, pero teniendo la honestidad de agregar que estaba vinculado a un contexto histórico particular, como para amortiguar el entusiasmo fácil y las comparaciones con la época actual, dos son los puntos dignos de destacar en esa introducción y que mejor que cualquier propaganda fácil, dan el sentido de lo que se hará en concreto.

Primero, constatando que entre las causas de la debilidad económica nacional hay una excesiva presencia de pequeñas empresas, lo que sugiere que la época de lo «pequeño es hermoso» que caracterizó la narrativa sobre el potencial de la economía durante un largo período, debe acabar de una vez por todas, y que por tanto los procesos de concentración y centralización capitalista serán apoyados y favorecidos por el gobierno.

Luego, una referencia explícita a la introducción de normas que puedan favorecer la competencia en el régimen de mercado, aboliendo así todas las reglas y reglamentaciones que, en cierta medida, puedan obstaculizar el libre flujo.

Sobre este último punto necesitamos hacer una breve precisión. Según un estudio publicado por la Comisión Europea en 2019, a partir de finales de la década de 1990 Italia inició un proceso de liberalización sin igual en el Viejo Continente (European Commission – Company Profits in Italy [Comisión Europea – Beneficios de la empresa en Italia]).

En realidad, solo se buscan justificaciones para explicar la fragilidad del capitalismo italiano, dando también un golpe definitivo a esas pocas normas que, muy parcialmente, protegen a los trabajadores.

La naturaleza de clase del PNRR

La propaganda casi unánime que apunta a contar que el PNRR es la solución a todos los males, injusticias, inequidades, choca con los hechos tal y como se enumeran en las más de 200 páginas del plan, que muchos no leen ni leerán, pero que no deja lugar a dudas: el PNRR es el intento extremo, quizás último, que hace el capitalismo italiano, en este caso en alianza aunque temporal con el europeo, para garantizar el crecimiento de las ganancias en el próximo período, y que el costo de la crisis sanitaria y económica recaiga, por enésima vez, sobre las espaldas del proletariado.

En un artículo que apareció en la versión online del diario Il Domani del 28 de abril, titulado «De las concesiones al gas: quién gana y quién pierde en el PNRR», se confirma claramente lo que escribimos justo arriba.

La retórica «poética» de la defensa del medio ambiente, de un crecimiento sostenible, de la modernización tecnológica del “Belpaese” de la cual todos se beneficiarán, una vez traducida a la prosa, muestra su verdadero rostro.

En primer lugar, la mayoría de los recursos serán a favor de las empresas, y esto por sí solo bastaría para ver su carácter de clase antiobrero.

Se habla de reconversión verde de la economía solo para descubrir que entre los ganadores del Plan hay dos multinacionales del calibre de Eni y Enel que durante mucho tiempo seguirán explotando fuentes contaminantes ligadas a los hidrocarburos, la primera, o tendrán el monopolio casi total de la producción de energía de las centrales hidroeléctricas, el segundo, con el derroche de un recurso cada vez más escaso como el agua, que será cada vez más privatizado en aras del lucro.

Al mismo tiempo, cuando se habla de defensa del ambiente, se relanza un proyecto de impacto ambiental devastador como es el puente sobre el estrecho de Messina (aunque no está en la lista de obras a financiar con el PNRR, pero solo porque los tiempos de construcción exceden los límites temporales del plan).

Entre las líneas del plan se descubre que para intentar asegurar un territorio devastado durante años en nombre del lucro, las sumas previstas son realmente miserables y completamente insuficientes para solucionar el problema. Por lo tanto, serán inevitables nuevos desastres ambientales.

En palabras, se quiere relanzar el transporte público, para descubrir que la mayor parte de los fondos se dedicarán al desarrollo de la alta velocidad, mientras se destinarán migajas al transporte de cercanías, utilizado mayoritariamente por estudiantes y trabajadores: de los 25 mil millones previstos en el plan, 15 irán a la alta velocidad, a pesar de que el tráfico cotidiano en todas las líneas equivale a 2/3 solo del tramo Roma-Ostia (60.000 pasajeros contra 90.000).

Leonardo (multinacional del sector Defensa) y Mediaset EiTower (sociedad de gestión de torres de telecomunicaciones) están en primera fila por la parte que provee fondos para el llamado desarrollo tecnológico (primera misión del PNRR).

Se prevé la liberalización total y definitiva de las tarifas energéticas, aunque la tan cacareada competencia hasta ahora ha supuesto un aumento de las tarifas de casi 30%: milagros del mercado.

Las opciones que a lo largo de los años han llevado al desastre la educación, la salud y la administración pública no se ven afectadas. La Reforma Brunetta de la PA [normas que hacen al funcionamiento de la administración pública, inspiradas en Renato Brunetta cuando era ministro de esa cartera en el gobierno Berlusconi, y que, además, lo es ahora en el gobierno Draghi, ndt.], investigación e instrucción al servicio de las empresas, ninguna recuperación de los recortes multimillonarios a la salud y confirmación de la regionalización del sistema de salud, con las consecuencias que vimos durante la pandemia, por otra parte todavía en curso.

Todo esto denota, repetimos, el carácter de clase del gobierno de Draghi y del PNRR que lanzó y apoyó, directa o indirectamente con el voto de abstención, a todas las fuerzas presentes en el Parlamento.

Tampoco se espera una actitud diferente por parte de los sindicatos.

Los sindicatos confederales se lamentaron no del contenido del PNRR y su carácter de clase, sino solo del hecho de que no habían sido consultados ni involucrados en los trabajos preparatorios.

Landini y asociados, a cambio de un asiento en la mesa, por enésima vez estarían felices de dar la espalda a los trabajadores que, en palabras, dicen querer representar y defender.

Para el gobierno de Draghi y la patronal, dada esta situación, se plantearía en los próximos meses una aparente navegación tranquila, sin ninguna oposición, política o sindical.

Pensamos que se trata solo de una apariencia, incluso en la hipótesis de que la campaña de vacunación alcance los objetivos fijados por el ejecutivo y que con el tiempo la pandemia logre mantenerse bajo control; que las previsiones sobre la recuperación económica se confirmen o que incluso sean superadas por la realidad. Todo esto no asegura las acciones y el futuro de las clases dominantes y sus lacayos. El daño causado por la pandemia y la recesión ha lacerado la economía.

Sobre todo, las cifras relativas al empleo hablan de una tasa real de desocupación de alrededor de 15% en el Viejo Continente. Y en este frente, lo peor está por venir.

Es muy probable que ya a partir de las próximas semanas, cuando se vea que las rimbombantes promesas sobre los efectos taumatúrgicos del plan tengan que ajustar cuentas con la realidad, y cuando las presiones para volver a las políticas de austeridad para intentar poner bajo control las desastrosas cuentas públicas que se harán cada vez más urgentes, los trabajadores volverán a hacer oír su voz, pasándole la factura al gobierno por los daños causados.

La ejemplar lucha de los trabajadores de Alitalia es solo un primer aviso de lo que depara el futuro, más próximo de lo que se pueda imaginar.

Los problemas, políticos y económicos, pronto llegarán a un punto crítico. La tarea de las vanguardias de clase y de los revolucionarios es estar preparados para el enfrentamiento, que esperamos pueda ser finalmente definitivo, y que pueda acabar de una vez por todas con este sistema social cada vez más inhumano.

Artículo publicado en www.partitodialternativacomunista.org, sección Política Nacional, 22 de mayo de 2021.-
Traducción: Natalia Estrada.