La crisis del sistema económico y social y los intentos por superar el shock del Covid-19.

Por: Giacamo Biancofiore(*)

El pasado 4 de junio, en la conferencia dada al término del Consejo directivo, la presidente del BCE [Banco Central Europeo], Lagarde, afirmaba desconsolada: «los datos que llegan de las últimas semanas confirman que el área europea asiste a una contracción económica sin precedentes, con fuertes pérdidas de empleo y de ingresos que han llevado a una significativa caída de gastos en el consumo y las inversiones».

Poco después, en una entrevista a France 2, por otro lado, se decía optimista «porque hoy sabemos que tocamos fondo y que estamos saliendo lentamente».

Evidentemente, la presidente Lagarde debe haber hecho la misma reflexión que Charles M. Schulz para que Charlie Brown haga en las célebres historietas del Peanuts: «estoy convencido de que cuando piensas tener todas las respuestas, la noche te puede cambiar todas las preguntas».

Dejando de lado las cabriolas nocturnas del pensamiento de Christine Lagarde las más optimistas previsiones de los economistas para el próximo año están mucho más lejos del optimismo lagardinao.

Los números que hacen temblar a la burguesía europea

El propio BCE, después de haber registrado una caída del PIB real en la zona euro ya en el primer trimestre de 2020 de 3,8%, prevé una posterior caída del PIB de 13% en el segundo trimestre y la relación Deuda/PIB en Italia es aún más pesada: está previsto, de hecho, un aumento de 11% en 2020 y de 5,75% en 2021, lo que llevará a un incremento de 135% de finales de 2019 a 154% para 2021.

Aquello que el 4 de junio Lagarde llamaba “«pérdida de empleo» se traduce en una desocupación de 20% superior a las previsiones pre pandemia.

Obviamente, estas previsiones, que ya son peores que las de la crisis de 2008, no tienen en cuenta una eventual segunda onda del virus y las consecuentes restricciones.

Una vez identificada la enfermedad, veamos qué significa la cura indicada por los «doctores».

Los «cuidados paliativos»

La primera medicina con la cual se comenzó la terapia en abril pasado consistió en la compra masiva de títulos de la deuda por parte del Banco Central Europeo (BCE) por un total anunciado de 1,350 mil millones de euros. Este programa es llamado Pandemic Emergency Purchase Programme [Programa de Compra por Emergencia Pandémica] (PEPP). Hacia finales de mayo asistimos a un acuerdo entre Francia y Alemania para la constitución de un Recovery Fund [Fondo de Recuperación], un fondo de cerca de 750 mil millones de euros a ser financiados a través de la emisión de bonos comunes, garantizados por el presupuesto de la Unión Europea y pagados a su vencimiento a la Comisión Europea. El golpe final consistirá con el MES, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, llamado también Fondo Salva Estado que en 2012 sustituyó el Fondo Europeo de Estabilidad y que representa una ayuda precautoria que prevé una rápida erogación de financiación a los Estados miembros que lo soliciten y que puede dispensar mensualmente alrededor de 15% del préstamo total concedido.

Si se tiene poca familiaridad con estos instrumentos financieros se corre el riesgo de apasionarse con las disputas teatrales entre los Estados o, peor, entre las opiniones de los economistas y quedar inmersos en aquellas pleonásticas discusiones tan populares a la «izquierda». MES sí, MES no, MES light contra MES «portador de troika».

Obviamente, estos debates son funcionales solo y exclusivamente para animar la infausta vida de los reformistas que, por firmes sostenedores de la UE, no pueden por cierto admitir que el comisionado de Italia representa más que una hipótesis, a pesar de que el MES esté o no activado en 2020.

El bajo crecimiento temido por Lagarde « el día anterior» aunque también el déficit y la deuda fuera de control representan la prohibición de acceso al mercado para Italia como para todos los Estados endeudados que, con las mismas técnicas de los usureros, obliga a apelar al MES y al escudo protector del BCE.

«¿Con qué medios la burguesía supera la crisis?»

Entonces, a pesar de la retórica burguesa, es evidente que estas intervenciones, lejos de representar instrumentos de «asistencia» o de «ayuda» a los Estados en dificultad económica, y mucho menos a las respectivas poblaciones, no son otra cosa que los medios para someter a las poblaciones de los Estados miembros a las exigencias del capital financiero a través del control de la economía de cada uno de los Estados.

Por lo demás, es surreal pensar que la predisposición natural de la producción capitalista a la crisis pueda ser resuelta a través de la emisión de dinero, de créditos o del déficit de los países.

Y además, como dice Marx en el Manifiesto del Partido Comunista, nos preguntamos: «¿con qué medios la burguesía supera las crisis?»

Es sobre la base de estas evidencias y de las previsiones de los propios organismos burgueses, que nuestra respuesta no puede sino coincidir perfectamente con la que Marx y Engels dijeron en 1848: «mediante la preparación de crisis más generales y más violentas y la disminución de los medios para prevenir las propias crisis».

Para apoyar aún más las conclusiones a las cuales arribaron Marx y Engels primero que nosotros pueden ayudar las contradicciones de lo que es denominado Next Generation EU [Próxima Generación de la Unión Europea], un programa de sostén de la economía de los Estados miembros que han seguido el Recovery Fund presentado en mayo por la Comisión Europea.

Para el financiamiento del Next Generation EU, está programada la emisión de obligaciones [bonos] por parte de la UE en los mercados financieros y, para que estas obligaciones resulten apetecibles al mercado financiero utilizan el presupuesto de la EU como garantía de las emisiones.

Pero, ¿cuánto vale este presupuesto de la UE para poder financiar los bonos de tal magnitud?

Indicativamente, el presupuesto UE ¡es igual a cerca 1,1% del PIB europeo! Si desde siempre es evidente la imposibilidad de que el presupuesto de la UE desarrolle funciones de estabilización macroeconómica es igualmente evidente que no puede ser suficiente respecto de una tal emisión y su relacionado pago.

La «revolución verde»

Las ambiciones de las instituciones europeas resultan aún más inverosímiles cuando se refieren a los planes para salvar el planeta.

Las extrañas tentativas de mostrar el Green Deal [acuerdo verde] europeo como una suerte de revolución verde son una evidente tentativa de preservar el actual sistema económico y las prioridades relacionadas dictadas por el mercado. Esta gigantesca operación de greenwashing [lavado verde] (una estrategia de comunicación dirigida a construir una engañosa autoimagen positiva bajo el perfil del impacto ambiental) no puede tener ningún margen de credibilidad en tanto se basa en los principales culpables de las emisiones de gases de efecto invernadero (la industria de los combustibles fósiles y otras sociedades capitalistas) para desarrollar tecnologías que deberían salvar el planeta a expensas de sus propias ganancias.

¡Solo las clases medias europeas que se nutren de ilusiones pueden creer tal despropósito!

Podemos concluir que, el “retorno a la normalidad” dentro del sistema capitalista, solo puede basarse en el crecimiento de la rentabilidad del capital y esto es del todo incompatible con las necesidades sociales de las poblaciones y, como se ilustra perfectamente en un artículo de Salvatore De Lorenzo, publicado en el número 15 de Trotskismo Oggi (Sovranisti ed europeisti: i due volti putridi dell’imperialismo un crisi – [Chovinistas y proeuropeos: las dos caras pútridas del imperialismo en crisis, ndt.]), los instrumentos de los gobiernos burgueses para atenuar las protestas sociales se están convirtiendo en armas siempre más perfeccionadas.

Las llamas de las revueltas que se van extendiendo en el mundo son la prueba más evidente.

(*) Giacomo Biancofiore es miembro del Comité Central del Partido de Alternativa Comunista – PdAC, Italia.
Artículo publicado en Progetto Comunista n.° 94, julio-agosto, 2020.-
Traducción: Natalia Estrada.