Dom Ago 14, 2022
14 agosto, 2022

Para que 2020 quede atrás, 2021 tendrá que ser de lucha

Entramos en 2021 con grandes desafíos para enfrentar. 2020 trajo a la clase trabajadora y el pueblo pobre la pandemia, un sistema de salud en el límite, un crecimiento brutal del desempleo, cortes salariales, hambre, racismo estructural y una larga lista de etcéteras. Esos problemas no fueron combatidos por el gobierno de António Costa, que una vez más mostró estar al servicio de los grandes capitalistas.

Por: En Luta, Portugal

El caso más reciente y emblemático es el de la TAP [línea aérea]. El gobierno retomó la mayoría en la TAP, pero no lo hizo para proteger los millares de empleos o para tener un proyecto de transporte aéreo público, al servicio de los intereses de los trabajadores, del pueblo y del país. Por el contrario, como demuestra la propuesta de reestructuración que ahora presenta, el plan es, una vez más, salvar los lucros de los privados para, en el futuro, reprivatizar la TAP, como mandan las “buenas reglas” de la Unión Europea. Mientras tanto, pasa la cuenta a los millares de trabajadores que perdieron el empleo y los ingresos y pide a los restantes portugueses que paguen una deuda que es de Neelman y de Humberto Pedrosa.

Esta fue también la estrategia de todas las políticas de Costa frente a la pandemia y la crisis económica. No invirtió seriamente en el Sistema Nacional de Salud (SNS), no protegió ni reforzó a sus profesionales, y permitió a los privados que lucraran con la pandemia. No garantizó más profesionales y recursos para garantizar el distanciamiento físico en las escuelas, no triplicó la oferta de transportes, no garantizó que la vuelta “a la normalidad” en las empresas tenga condiciones sanitarias. Los lucros de los capitalistas estuvieron siempre por encima de la vida y de la dignidad de la mayoría de la población.

Finalmente, en un año en que la lucha contra el racismo salió a la calle, el gobierno Costa se mostró incapaz de combatir el racismo en las instituciones del Estado. La violencia policial sobre Cláudia Simões, o la incapacidad de ver el asesinato de Bruno Candê como un problema de racismo son el espejo de eso. Pero el caso de la muerte de Ihor Homeniuk a manos de Servicio de Extranjeros y Fronteras (SEF), y la incapacidad del gobierno de investigar y castigar pasados nueve meses, mientras el ministro de la Administración Interna se mantiene en funciones, es la más reciente expresión de esa incapacidad. Despedir al ministro es lo mínimo que se pide. Los inmigrantes y refugiados no son criminales. La inmigración no es una cuestión de policía sino de derechos humanos, y el SEF ya mostró que no sabe respetar lo más básico de la dignidad humana. Acabar con el SEF, retirar la inmigración de la competencia de la policía y tener una política de combate al racismo en la policía y en las instituciones del Estado es el único camino posible.

Pero, para cambiar este panorama, no podemos estar a la espera del gobierno, de las instituciones del régimen o de las elecciones.

En las próximas presidenciales se discute cuál es el proyecto de país y cuál es la alternativa para la clase trabajadora y la población más pobre, en tiempos de crisis y pandemia. Marcelo es el presidente que representa los intereses de los grandes capitalistas, que quiere poner los costos de la pandemia y de la crisis en las espaldas de los trabajadores, aprovechando los argumentos sanitarios para quitar derechos y aumentar la represión. Ventura es el candidato de la extrema derecha, que responde a la crisis buscando chivos expiatorios entre los más pobres y oprimidos (negros, gitanos, etc.), mientras protege a los ricos. Ana Gomes quiere aparecer como crítica, jugando por fuera, pero defiende a Sócrates y es parte del Partido Socialista (PS) que gobierna el país. João Ferreira y Marisa Matias tienen pequeñas diferencias entre sí, pero al viabilizar el modelo de la Geringonça, ambos representan un proyecto de conciliación con la situación actual, con las reglas del juego del régimen y de la Unión Europea.

Basta decir que no hay un candidato que se presente por la prohibición de los despidos y contra la nueva austeridad. Haría falta, entonces, una candidatura con un programa que defendiese a los trabajadores frente a los ataques que –todo apunta en ese sentido– será aún peores en 2021.

¿Qué podemos hacer entonces para que 2021 sea mejor que 2020?

Es preciso unir a los trabajadores para luchar contra los despidos y contra los recortes salariales. Trabajemos menos horas, pero trabajemos todos, sin ninguna reducción de salarios. Cobremos la factura no a los trabajadores sino a las grandes empresas, que ganaron millones en los últimos años. Que se abran los libros de cuentas de las empresas, que dicen que la situación está difícil pero distribuyen millones a los accionistas.

Es preciso exigir de las organizaciones representativas de los trabajadores que movilicen, en lugar de intentar negociar una austeridad menos mala, como quieren hacer en la TAP, y aceptan acuerdos de confidencialidad con los patrones. Es preciso organizar nuestra lucha de forma independiente de los capitalistas y del gobierno. Por eso, si las organizaciones sindicales se quedan con los patrones, construyamos nosotros una alternativa de los trabajadores.

Finalmente, este fin de año nos convida a una reflexión sobre el sistema capitalista, que frente a una pandemia y a una brutal crisis económica, muestra que la vida de quien trabaja poco vale, a no ser para dar ganancias a los grandes capitalistas. Contra el desempleo y la pandemia es preciso una nueva revolución, para que sean los trabajadores los que gobiernen sus destinos, organizando la sociedad para responder a las necesidades de todos y no a los caprichos de los más ricos.

Artículo publicado en https://emluta.net
Traducción: Natalia Estrada.

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