La crisis económica en Europa viene afectando a la clase trabajadora de conjunto pero uno de los sectores más perjudicados, como siempre, han sido las mujeres.



El peso de la crisis viene recayendo sobre sus hombros, ya que estas conforman la parte más vulnerable de la clase trabajadora. En Inglaterra, además de los recortes en los servicios públicos, las mujeres están siendo obligadas a regresar corriendo al mercado de trabajo. El número de mujeres que vienen recurriendo a las agencias de empleo crece cada día y los últimos gráficos publicados por el Office for National Statistics (Agencia Oficial de Estadísticas) muestran que el número de mujeres buscando trabajo creció por décimo-segundo mes consecutivo. (The Guardian, 13/7/2011).




Un analista despistado podrá arriesgarse a decir que esto es una buena señal, ya que las mujeres siempre son mayoría entre los desocupados. Sin embargo, nada más lejos de la verdad. En ese movimiento de “regreso” al mercado de trabajo, las mujeres sólo están encontrando por delante problemas y más problemas. En Inglaterra, dos tercios de la fuerza de trabajo en los sectores públicos, sobre todo salud y educación, son femeninos; y esos son, justamente, los sectores de la economía inglesa más afectados por la política de austeridad lanzada por el gobierno este año. Por eso, no es ninguna sorpresa que las mujeres que ya están empleadas en esos sectores estén siendo duramente golpeadas por los ataques del gobierno en los salarios y empleos.



Este es el factor que más viene afectando a las mujeres y al empleo, aunque hay muchos otros factores influenciando en las tasas de desempleo, por lo cual, seria necesario un número mayor de vacantes y empleos más viables. Los últimos números de la ONS (Office for National Statistics) muestran que, en promedio, el 65,5% de las mujeres están empleadas. Los gráficos indican que 13.566 mil mujeres estaban empleadas durante los meses de marzo a mayo del 2011 contra 15.713 mil hombres. El número de mujeres desempleadas, por increíble que parezca, es más bajo que el de los hombres, con las mujeres llegando a un 7% y los hombres al 8,3%.



Otra cifra interesante es la tasa de inactividad. Entre las mujeres esa tasa es muy superior a la de los hombres, llegando al 29,4% en la actualidad. Hay, también, más mujeres que hombres que son económicamente inactivas, siendo 5.933 mil mujeres contra 3.396 mil hombres. La principal razón para la inactividad de las mujeres es el cuidado de la familia y la casa, que subió 0,7% en el semestre. En contrapartida, esa tasa entre los hombres saltó 1,4%. Los hombres, además por motivos de estudio, están más tiempo alejados del trabajo por razones de salud. Ellos también suelen alegar desánimo como motivo para no ir al trabajo, mucho más que las mujeres.



Los números trazan otra característica interesante: la inmensa mayoría de las mujeres que están buscando empleo son madres que estaban fuera del mercado de trabajo debido al servicio doméstico y el cuidado de los hijos. Datos de julio del año pasado muestran que la crisis económica está haciendo que la gente anteponga las finanzas antes que el cuidado de la familia en el orden de prioridades. Cerca de 100 mil madres ya fueron forzadas a regresar al trabajo desde que la crisis económica comenzó. Y los economistas dicen que ese número va a continuar subiendo, porque las mujeres no tienen otra opción que luchar por un salario. Desde agosto del 2007, cuando la crisis del crédito comenzó, el número de mujeres que se quedan en la casa a cargo de la familia cayó a 97 mil. Y continúa cayendo, siendo que, en promedio, 20 mil mujeres dejaron el hogar entre marzo y mayo de este año. En realidad, las estadísticas dicen que las mujeres “abandonaron el hogar”, o “cambiaron el hogar por la oficina”, cuando lo que de hecho ocurre es que están asumiendo la doble jornada de trabajo. Como la mayor parte de los pocos empleos ofrecidos en esta época de crisis son precarios, a tiempo parcial y sin ningún tipo de vínculo laboral, las mujeres van llevando las dos cosas al mismo tiempo, la casa y el empleo.



Algunas mujeres, buscando trabajo, son forzadas a aceptar cualquier cosa ante el hecho de que sus maridos están desocupados. Otras aceptan cualquier cosa porque el salario del marido no alcanza para pagar las cuentas a fin de mes. En muchos casos las finanzas de la familia se reducirán porque las cuentas subieron y el salario del marido quedó congelado. Jill Kirby, directora del Centro de Estudios de Planeamiento y autora del libro The Priceof Parenthood (El Precio de la Paternidad), dice que el dinero ejerce una dictadura sobre la vida de innumerables familias. “Las mujeres van al mercado de trabajo en una época de gran dificultad financiera. Pero, pocas madres tienen la opción de quedarse en casa”.



Michael Connellan, del Instituto de la Familia y Paternidad (Family and Parenting Institute) dice que “las madres, incluso muchas de familias de clase media, nos dijeron que  están teniendo que regresar al trabajo mucho antes de lo que les gustaría, debido a las actuales presiones financieras”. Y agregan: “El costo de la crianza de un hijo está aumentando”. El Child Trust Fund (Fondo para el Auxilio a las criaturas carentes) fue abolido, los créditos para quienes tienen hijos están siendo recortados para muchas familias pobres y los beneficios para la infancia están congelados. En tanto que el número de madres que se quedan en casa cuidando a los hijos viene cayendo, el número de padres que se quedan en casa viene subiendo, y saltó de 25 mil a 213 mil desde el inicio de la crisis.



Esa situación en Inglaterra que seguramente golpea al conjunto de Europa, muestra nuevamente que el problema de la condición subalterna de las mujeres en la sociedad no es un problema solamente de la desigualdad de género. Es un problema estructural del capitalismo, que usa y abusa de la clase trabajadora conforme sus negocios andan bien o andan mal. Las mujeres, tradicionalmente confinadas al ejército industrial de reserva, como mano de obra disponible, en épocas de crisis son forzadas a vender su fuerza de trabajo a un precio miserable, ocupando cargos precarios y sin ningún derecho laboral, para suplir las carencias de la familia ante el desempleo de los hombres. Como parte fundamental y más oprimida de la clase trabajadora, es necesario que las mujeres asuman su lugar en la lucha contra los ataques de la patronal, sumándose a las grandes manifestaciones que vienen ocurriendo en toda Europa y también aquí en Inglaterra.

Cecilia Toledo escrive desde Liverpool




Traducción Laura Sánchez