Brasil | Los trabajadores necesitan un proyecto suyo, y no atarse a la burguesía como quieren el PT y el PSOL

Los mil días de gobierno Bolsonaro dejan un legado de barbarie y destrucción: muertes, desempleo, hambre, rapiña del país, devastación del medio ambiente y sobreexplotación de la clase trabajadora.

Por: Redacción PSTU Brasil

El gobierno aceleró el ya largo proceso de decadencia, desindustrialización y reversión colonial. Brasil ya cayó en la industria mundial, alejándose cada vez más de los sectores de tecnología de punta y especializándose en la exportación de commodities agrícolas o en la industria extractivista de bajo valor agregado.

Con Bolsonaro, 61 millones viven por debajo de la línea de pobreza, con menos de R$ 469 por mes, y 19,3 millones en la pobreza extrema. La mayor parte de los trabajadores, en la ciudad y en el campo no cuenta con un empleo, sino tan solo “changas” o están simplemente sin ningún trabajo. La carestía se profundiza: luz, gas, alimentos. Centenas de millares de pequeños empresarios están quebrando.

Un puñado de súper ricos, pro otro lado, están aún más ricos. Solo 1% de los más de 200 millones de brasileños, algo entre 2.000 y 3.000 personas, y poco más de 300 grandes empresas, acumulan una montaña de capital y ganancias, mientras promueven un verdadero saqueo del país, la mayor devastación ambiental de la historia, la sobreexplotación, el desempleo, y el “apriete de cinturón”.

Este gobierno, inmerso en denuncias de corrupción, avanza incluso en sus amenazas golpistas, estimula a milicianos [parapoliciales] y arma a marginales de ultraderecha. Pero también pasa por encima a la clase trabajadora y, para eso, cuenta con el apoyo de la mayoría de la burguesía, el Congreso Nacional y el Supremo Tribunal Federal (STF). Mientras los grandes usurpadores de tierras (grileiros), capangas (matones) y madereros prenden fuego en las selvas y aterrorizan en el campo, el STF se asienta en la votación sobre el Marco Temporal, esperando que este Congreso vendido vote contra los pueblos originarios; el mismo Congreso que aprobó la reforma laboral y está sentado encima del proceso de los más de 100 pedidos de impeachment.

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Independencia de clase por el Fuera Bolsonaro, y por un proyecto de los trabajadores

Precisamos derrocar a Bolsonaro y su gobierno. Pero él no saldrá no si no vamos a las calles. Somos muchos más que los que fueron a las calles el 7 de setiembre a apoyar este gobierno genocida. Para eso, precisamos de toda la unidad posible. Pero no nos engañemos, el sector de la burguesía que hoy está en la oposición aprueba toda su política económica entreguista y que arroja el costo de la crisis en nuestras espaldas, y no quiere realmente sacarlo antes de 2022.

También los que defienden un frente amplio electoral (el PT y la dirección mayoritaria del PSOL) priorizan las elecciones y llaman a los trabajadores a confiar en este Congreso y en el STF en lugar de llamar a la organización y la movilización independientes de la clase y la preparación de una Huelga General. Los trabajadores precisan hacer unidad de acción con quien sea para derrocar a Bolsonaro, pero necesitan organizarse de forma independiente para garantizar no solo la caída de este gobierno sino la continuidad de la lucha. Por eso, no deben confiar en el Congreso o en el STF sino en sus propias fuerzas, incluso para garantizar su autodefensa.

Para acabar con el hambre, el desempleo y la desigualdad social es necesario enfrentar los intereses de los súper ricos. Es preciso revocar las reformas de la previsión y laboral, reducir la jornada de trabajo para 30 horas semanales sin disminuir los salarios. Acabar incluso con el trabajo precario, invirtiendo en un plan de obras públicas necesarias y ecológicas que garantice empleos y ayude en el enfrentamiento de problemas como la vivienda, la salud, la educación, etc.

Es necesario garantizar incluso la regularización de las tierras indígenas y quilombolas, enterrar de una vez el Marco Temporal, luchar por la reparación de la población negra y enfrentar la violencia machista y LGBTIfóbica. Nada de eso, sin embargo, será asegurado por un frente amplio con la burguesía, por el simple hecho de que, para eso, es necesario enfrentarla. Imponer medidas como suspender el pago de la deuda a los banqueros y tasar en 50% las grandes fortunas y dividendos de las 300 mayores empresas.

Un ejemplo de cómo esta política entreguista enriquece a multimillonarios a costa de nuestras vidas: la Vale, privatizada a precio de banana, después de toda la tragedia humana y ambiental de Mariana y Brumadinho, distribuyó dividendos para media docena de multimillonarios accionistas y especuladores extranjeros en el orden de R$ 42.000 millones. Dinero sobre el cual ni pagan impuestos. Eso equivale a un auxilio de emergencia de R$ 600 para 70 millones de personas. Por su parte, la Prevent Senior, que utiliza a personas como conejitos de Indias, facturó R$ 4.300 millones en el peor momento de la pandemia, lo que equivale a un auxilio de R$ 600 para siete millones de personas. Luiza Trajano, dueña de Magalu y que apareció hace poco en la Forbes, también lucró mucho en la pandemia, y recibe elogios de Lula mientras defiende la reforma laboral y está atenta a la venta de los Correos.

Por todo eso, la clase trabajadora no puede ir a remolque de sus verdugos. Precisa organizarse, luchar y tener un proyecto independiente de la burguesía. Un proyecto socialista. Varios activistas se están reuniendo, tanto para las luchas como para las elecciones, a fin de presentar y defender este proyecto. Sepa cómo ser parte de este movimiento en el Plenario del 7 de octubre, que debatirá un manifiesto por un Polo Socialista y Revolucionario.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 28/9/2021.-

Traducción: Natalia Estrada.