Vie Mar 01, 2024
1 marzo, 2024

Las ruedas se están soltando

Hace unos años atrás, un importante dirigente del Congreso Nacional Africano (CNA) dijo: “I fear the wheels are coming off” (temo que las ruedas se estén saliendo) al referirse a la situación económica y política de África del Sur. No solo tenía razón entonces, sino que las ruedas siguen soltándose. En estos años, en líneas generales, podemos decir que hubo un violento proceso de desindustrialización y con él un aumento del desempleo, y los BRICs han sido una puerta abierta más contra los intereses nacionales. Al mismo tiempo, el movimiento de masas viene mostrando su fuerza, con las luchas de los estudiantes universitarios (#Fees Must Fall y #Rhodes Must Fall), movilizaciones contra la Masacre de Marikana, la lucha por el fin del gobierno de Zuma, y la huelga general en el último mes de abril.

Por: Cesar Quiximba

Una economía en acelerado proceso de decadencia

Hace algunos años, África del Sur viene sufriendo un acelerado proceso de decadencia económica que se expresa en la caída de la tasa de crecimiento económico, en los déficits de la balanza de pagos, y en el bajo aumento de la tasa de empleo, particularmente para trabajadores menos calificados y jóvenes.

La clave para entender esa decadencia pasa por el proceso de desindustrialización. En 1994, la producción industrial representaba 21% del PIB y en 2016 estaba en 13,3%. La minería cayó de 13% a 7%. Desde la crisis mundial de 2008, la situación viene agravándose y el crecimiento anual de la minería y la industria ha sido insignificante.

Economistas firman que considerando el estadio de desarrollo del África del Sur, la contribución de la industria en la formación del PIB debería estar hoy entre 28% y 32%. Eso, teóricamente hablando, habría creado entre 800.000 y un millón de empleos. Desde 1995 a 2016, la población creció de 45 a 53 millones, pero el desempleo creció de 3,7 millones a 7,7 millones. Desde 2008, se crearon solo medio millón de empleos, la mayoría de los ellos en el sector de servicios, y la mayor parte en trabajos precarios lanzados por el gobierno.

BRICs: pez pequeño en río de peces grandes

Los sucesivos gobiernos del CNA conmemoran el ingreso de África del Sur al bloque de los BRICs. En un río de grandes peces como Brasil, Rusia, India y China, África del Sur es el pez pequeño a ser devorado por los grandes.

Un ejemplo es la cadena productiva de pollos. Ese sector emplea, entre trabajadores directos e indirectos, aproximadamente 100.000 puestos de trabajo. Ahora, con el acuerdo de los BRICs en funcionamiento, comenzaron a entrar pollos brasileños subsidiados y con tasas de importación extremadamente reducidas. El resultado es que el pollo brasileño, más barato, está llevando a la quiebra a este sector y produciendo más desempleo.

El ejemplo del pollo es lo más emblemático pero, de conjunto, el sector manufacturero se está desestructurando. El azúcar sudafricano, antes altamente competitivo, también entra en la rueda de la desindustrialización. El último 25 de junio hubo una importante marcha de productores en KwaZulu-Natal contra la importación de azúcar con precios reducidos. El propio gobierno reconoció que “mucha azúcar entra en el país y la industria está sangrando”.

BRICs al servicio de la desnacionalización de la economía

Dos importantes empresas estatales de África de Sur, devastadas por la crisis económica y por los procesos de corrupción, precisaron de inyección de capitales. La Eskom (empresa de energía eléctrica) recibió U$S 5.000 millones de China y otros U$S 2,4 mil millones de los países miembros del BRICs; la Transnet (trenes, terminales portuarias y oleoductos) recibió U$S 4.000 millones del Banco Industrial y Comercial de China.

Hasta el momento, el Tesoro y el gobierno han sido extremadamente reluctantes en divulgar detalles relacionados con esos préstamos. El PSA (Public Servants Association/Asociación de los Servidores Públicos) presentó una moción a la Alta Corte para descubrir los detalles de los préstamos. Hay un creciente clamor social por conocer los detalles de los préstamos chinos, especialmente a la luz de la reciente experiencia de Sri Lanka. En 2010, esa nación insular recibió préstamos de China para construir un nuevo puerto en Hambantota, en el sudeste del país. Cuando los préstamos no pudieron ser pagos, el gobierno fue obligado a aceptar un arrendamiento del puerto a una empresa china por 99 años. El PSA ya prevé desnacionalización de la Eskom y de la Transnet.

La desesperante situación de la clase trabajadora

La tasa de desempleo está en el orden de 26,7%, siendo que los jóvenes de entre 15 y 24 años suman más de tres millones. Cerca de uno de cada tres jóvenes trabajadores no está trabajando. Es una tragedia para los trabajadores, pero para los patrones es un factor para presionarlos a que acepten las peores condiciones.

El salario mínimo es de 20 rands la hora. Una dependiente de escuela, por ejemplo, gana 4.000 randa por mes, o 1.000 rands por semana, o 200 rands diarios. El kilo de carne está en 100 rands, dos pasajes de ómnibus cuestan 40 rands. Por lo tanto, ese salario alcanza apenas lo suficiente para pagar los pasajes, un kilo de carne, y sobra solo 30% de lo que se gana a diario para otros gastos.

En Cape Town, en la zona de las grandes fábricas de confección, es común ver a mujeres sentadas en la calzada a la hora del almuerzo, haciendo una refección. El almuerzo, en general es pan con sardina, salsa, o pan con palta.

Los accidentes de trabajo son una constante. A finales de julio, seis trabajadores murieron en una mina. En los primeros días de setiembre, fueron otros ocho en una industria. No es una ‘fatalidad’ como dice la nota de la central sindical COSATU, es parte de la explotación capitalista y del abuso contra los trabajadores.

La Masacre de Marikana

La clase trabajadora es masacrada por el desempleo, los bajos salarios y los accidentes de trabajo. En 2012 hubo otro tipo de masacre, a través del asesinato de 34 trabajadores en huelga.

La empresa de minería Lonmin, de capital inglés, con 28.000 trabajadores, se enfrentó con un piquete de 3.000 personas, que ya duraba una semana. No fue la empresa que se enfrentó con los trabajadores, fue el Estado sudafricano comandado por el CNA/Cosatu/Partido Comunista, que puso a disposición de la empresa 400 hombres armados con fusiles AR15, carros de asalto, helicópteros y ‘pasmem’ (dos carros para transportar hasta diez cadáveres cada uno). Esto significa que antes de la operación ya se preveía la masacre.

En la época, uno de los ejecutivos de la Lonmin era Cyril Ramaphosa, viejo cuadro sindical y de la dirección del CNA, actualmente presidente de la República. Durante las investigaciones se encontraron diversos e-mails de Ramaphosa ¡defendiendo una lección ejemplar!

Desnutrición y hambre: cotidiano de los trabajadores sudafricanos

Las formas más crueles de masacre contra los trabajadores y el pueblo pobre sudafricano son el hambre y la desnutrición. África del Sur produce suficiente para alimentar a sus 53 millones de habitantes. No obstante, una de cada cuatro personas pasa hambre y más de la mitad de la población corre el riesgo de pasar hambre, según datos del órgano estatal Stats SA (Statistics South Africa). El número de personas afectadas por el hambre está estimado en cerca de trece millones.

La desnutrición se da cuando un individuo no puede más mantener sus capacidades corporales naturales como crecimiento, embarazo, lactancia, habilidad de aprendizaje, trabajo físico y resistencia, además de la superación de enfermedades. El desnutrido puede estar bajo de peso o con sobrepeso. La desnutrición infantil en África del Sur está en alrededor de 26,5%, los niveles de obesidad están entre los más altos del mundo y se presenta en 42% de las mujeres.

Las razones para ese cuadro son los bajos salarios y el desempleo, en primer lugar. Pero también tiene mucha importancia la concentración de capital, en la medida en que los que cinco grandes proveedores de alimentos controlan 60% del mercado, promoviendo alimentos procesados de baja calidad, quebrando a los más chicos y a los comerciantes informales, y como si fuese poco, revenden los alimentos vencidos para cadenas aún menores, que los venden en las regiones más pobres.

Las ruedas comienzan a soltarse y comienza a surgir un nueva dirección

Después de casi 25 años de gobierno tripartito de los partidos del CNA, el PC del África del Sur y la central sindical Cosatu (Congress of South African Trade Unions), la experiencia de las masas se acelera. El desgaste del último presidente electo, Zuma, era tal que el propio CNA en la condición de fuerza mayoritaria en el Congreso impuso la renuncia de Zuma y la asunción de un nuevo presidente, Cyril Ramaphosa, célebre por su papel en la masacre de Marikana.

Ya desde 2010, más o menos, una fracción de la Cosatu comenzó a diferenciarse de la mayoría de la dirección y a construir sus propios sindicatos. En Marikana se construyó un sindicato alternativo y cuando este consiguió afiliar a 51% de los trabajadores, llamó a huelga. La primera represión a la huelga, con dos muertos, fue provocada por la propia burocracia. Después, la burocracia sindical se juntó con la empresa y con el Estado para reprimir y matar a otros 32 trabajadores. Allí entró la figura de Cyril Ramaphosa, ex dirigente sindical minero y en aquel momento director de la empresa Lonmin.

En 2012, el sindicato nacional de metalúrgicos, NUMSA (National Union of Metalworks of South Africa), se negó a apoyar las candidaturas del CNA/PC y por esa actitud fueron expulsados de la Central Sindical Cosatu. En 2013, el NUMSA en su congreso extraordinario, lanzó la idea de construir un partido de trabajadores, el cual recibió el nombre de Works Revolutionary Socialist Party. En 2017, se fundó la SAFTU (South African Federation of Trade Unions), con más de 20 sindicatos nacionales afiliados, rompiendo el aislamiento del NUMSA.

En 2018, los dirigentes sindicales resolvieron impulsar la construcción del Workers Party.

Las comparaciones con el PT brasileño en su origen son inevitables y hasta estimuladas. Para nosotros hay puntos de contacto, pero también importantes diferencias. Primero, porque el PT en su origen estaba respaldado en un enorme ascenso de masas y los grupos de izquierda tenían un peso importante en las disputas con la burocracia sobre los rumbos del PT. El Workers Party, es verdad que gana un importante impulso con la caída del presidente Zuma y la huelga general del último mes de abril, pero está muy lejos del ascenso brasileño de los inicios del PT.

La ausencia de fuertes grupos de izquierda impide que haya un contrapunto a las posiciones más reformistas. Y como si no bastase, en la articulación del Workers Party está la presencia incluso de ONGs financiadas por organizaciones que defienden un capitalismo humanizado.

El programa debe ser la síntesis de las posiciones que se expresan en el interior del movimiento sindical, de las ONGs, y de algunos grupos marxistas de poco peso. Uno de los sindicatos más importantes, el de la alimentación, FAWU (Food and Allied Workers Union), por ejemplo, es parte de la campaña nacional contra la importación de pollos. Hacer la campaña es correcto. Lo incorrecto es construir un frente único permanente con los empresarios. Andar de manos dadas con el enemigo nunca fue una buena alternativa para los trabajadores.

Los sindicatos que están por detrás de las articulaciones del Workers Party suman alrededor de 800.000 trabajadores. Un número significativo en la actual coyuntura.

Un gran desafío para la izquierda marxista

Hacia finales de los años ’80 y comienzos de los ’90 del siglo pasado, la clase trabajadora dio grandes batallas por el fin del sistema de segregación conocido como apartheid. La principal figura de ese proceso fue Nelson Mandela, que había pasado 27 años en la prisión. La heroica vida de Mandela por el fin del apartheid no puede ser confundida con sus opciones políticas. Mandela fue liberado gracias a las movilizaciones de masas, pero aceptó imposiciones como la abertura de la economía, la competencia desigual y el cierre de centenas de empresas, con el consecuente desempleo. Además, la misma política fue aplicada por Menem en la Argentina y por Collor en el Brasil.

Pasados casi 25 años, los trabajadores y el pueblo pobre van rompiendo con la herencia política de Mandela y van a las calles en manifestaciones, luchas juveniles en los barrios y, más que nada, con la huelga general de abril de 2018. De esta manera, van recomponiendo sus fuerzas.

En este período son necesarios nuevos organismos de lucha, y así va siendo formada una nueva central sindical, SAFTU, y un nuevo partido, el Workers Party. Ambas organizaciones son las más importantes herramientas en el proceso de reorganización de la clase trabajadora. Ese es un fenómeno que raramente ocurre, y la última vez fue hace treinta años. Cabe a los grupos marxistas saber aprovechar esta oportunidad, construyendo fracciones en esas organizaciones y disputándolas políticamente.

Traducción: Natalia Estrada.

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