En la guerra, la violencia no solo se manifiesta con balas o bombas, no se ejerce solo sobre territorios, no se destruyen solo objetivos estratégicos. En la guerra, esta violencia se consume siempre también sobre el cuerpo de la mujer: lo vimos en Bosnia en 1992 y en Ruanda en 1994, pero también en Siria, Yemen, Birmania, Nigeria, Somalia, Congo, y recientemente en Afganistán. Desafortunadamente también lo vemos hoy en Ucrania.

Por: Laura Sguazzabia

Hay mujeres que combaten, que apoyan la resistencia popular a la agresión rusa. Hay mujeres que huyen y caminan día y noche con sus bebés en brazos para mantenerse a salvo sin saber si encontrarán ayuda o si enfrentarán otro peligro. Hay mujeres violadas, golpeadas, víctimas de violencia en su propio país y en aquellos donde son acogidas. Hay mujeres que dan a luz en condiciones extremas que pueden acarrear consecuencias para toda la vida.

La violencia contra el cuerpo de la mujer

Las mujeres en la guerra a menudo se convierten en un «botín» para ser robado al enemigo, una pieza extra a ser conquistada, y la violación en la guerra se usa a menudo como un arma real: violar los cuerpos de las mujeres es una forma de humillarlas y castigarlas por el apoyo que como madres, esposas, hijas de combatientes o –como en el caso de Ucrania– combatientes mismas están dando a la resistencia; es una forma de debilitar al oponente que es castigado incluso de esta manera por el hecho mismo de oponerse. Esto lo hemos visto y denunciado en Palestina cuando incluso altos exponentes del gobierno israelí incitaban a los soldados a violar a las mujeres palestinas, culpables de generar combatientes por la causa. E incluso antes lo habíamos visto en Bosnia, donde las mujeres eran doblemente humilladas, primero con la violencia sexual y luego con la obligación de llevar a término el embarazo, consecuencia de la violación.

Lamentablemente, el guion también se repite en Ucrania. Las mujeres lidian con la amenaza de la violación como arma de guerra: hay pruebas crecientes de violencia sexual en las zonas reconquistadas por las fuerzas rusas en retirada. En este momento es obviamente difícil cuantificar el alcance de la violencia sexual, pero a medida que las tropas rusas se retiran de las ciudades y de los suburbios de alrededor de la capital para reorientar el esfuerzo bélico, más y más mujeres y niñas dan un paso al frente para decirle a la policía, los medios y las organizaciones de derechos humanos las atrocidades que sufrieron a manos de los soldados rusos. Violaciones en grupo, agresiones bajo amenaza de armas, violaciones cometidas frente a niños, asesinatos tras hostigamientos para silenciar a las víctimas es lo que va surgiendo de los relatos de las sobrevivientes y de los reportajes fotográficos y periodísticos. Historias e imágenes que están dando la vuelta al mundo, que se suman a la enormidad de lo que le está pasando a un pueblo que resiste la agresión armada de un enemigo militarmente más fuerte y más organizado.

Sin embargo, existen otros peligros graves dentro de Ucrania. Las cerca de 80.000 mujeres que se espera den a luz en los próximos tres meses están expuestas al riesgo de partos sin condiciones mínimas de seguridad e higiene. Los partos se dan en condiciones deplorables: por mucho que te esfuerces en limpiar y adaptar, un sótano o una estación de metro no son lugares ideales para parir, no reúnen las condiciones higiénicas mínimas y necesarias. Según estimaciones oficiales, se prevé que 11.000 de estas futuras parturientas tengan complicaciones durante y después del parto. Aparte de los daños causados ​​en los edificios y en los propios hospitales, de hecho, el mero hecho de que haya bombardeos limita el acceso a los hospitales: las mujeres no se atreven a buscar atención sanitaria en medio de un bombardeo, lógicamente. Todavía no está claro cuántas mujeres han sufrido abortos espontáneos, prolapsos o complicaciones derivadas del embarazo y del parto sin la atención médica adecuada, poniendo en riesgo la propia vida o incluso perdiendo la vida en estas circunstancias.

Y en las estimaciones oficiales no se incluyen las mujeres y los niños involucrados en el mercado de alquiler de úteros, dado que Ucrania es uno de los países europeos donde esta práctica está permitida y se realiza con un tamaño de mercado considerable. Muchas familias europeas han renunciado a los hijos “de alquiler” dejando sin tratamiento médico a las mujeres embarazadas o abandonando a los bebés recién nacidos (según la ley ucraniana, la adopción y/o el reconocimiento del niño solo es posible cuando los futuros padres han pasado al menos dos semanas en el territorio nacional).

Pero, lamentablemente, la violencia en la guerra no tiene fronteras. Incluso las mujeres que logran escapar del territorio ucraniano enfrentan peligros sexuales. Según las Naciones Unidas, más de tres millones de personas han huido de Ucrania desde que Rusia comenzó su invasión. En su mayoría son mujeres, la mayor parte de ellas acompañadas de hijos o de ancianos o de personas con discapacidad. Sin embargo, en su viaje en busca de la salvación, a menudo son víctimas de ofertas de vivienda gratuita o de trabajo a cambio de favores sexuales, como documentan varios anuncios en las redes sociales, en Polonia, Rumanía, pero también en Italia. Basta entrar a uno de los numerosos grupos creados en las redes sociales para ofrecer ayuda a la población ucraniana, para notar que hay varios anuncios peligrosos, más o menos explícitos. Las organizaciones presentes a lo largo de las fronteras ucranianas denunciaron esto y varias realidades también lo denuncian en Italia. Se trata de iniciativas de particulares, aunque numerosas, que se suman a una amenaza mayor, en esta situación de extrema vulnerabilidad: la presencia de redes de trata de personas, que ya operan en países vecinos de Ucrania.

¿Qué hacer?

Kira Rudik, ex manager de Amazon, ahora parlamentaria liberal y ucraniana proeuropea, actualmente en Ucrania y contraria a la invasión rusa, durante una conferencia de prensa hace unos días, dirigiéndose a comentaristas que sugirieron realizar una investigación de acuerdo con las reglas de guerra, exclamó con rabia y estupor: «¿Me estás hablando de la Convención de Ginebra con respecto a las personas que mataron y violaron a mujeres frente a los niños? ¿Me estás hablando de la Convención de Ginebra, estás bromeando? ¡El mundo nos está viendo morir y estás hablando de la Convención de Ginebra!»

Desafortunadamente no, no está bromeando. El estupor de Rudik asombra porque se dirige a un mundo al que pertenece y con el que sigue compartiendo intereses e ideales: el mundo capitalista que, aun en esta circunstancia, ha hecho sus propias cuentas y ha decidido no intervenir, pero, para lavar la conciencia y no parecer del todo indiferente, ondea sus banderas: las soluciones institucionales, reformistas y burguesas. Esas mismas soluciones que en la vida cotidiana culpan a toda mujer víctima de violación, impiden a las mujeres el libre control de su capacidad reproductiva, las condenan a la pobreza y a la doble jornada de trabajo, las vuelven frágiles y débiles social y físicamente. La pandemia de ayer y la guerra en Ucrania hoy han ampliado el hecho de que no hay interés alguno por parte de los gobiernos por las condiciones de las mujeres, particularmente las de la clase trabajadora, y que ni en paz ni en guerra ningún gobierno se ocupará realmente de nosotras.

Las mujeres ucranianas sufren, pero su sufrimiento nos muestra el camino a seguir: la lucha armada de un pueblo agredido, unido, común, codo a codo. Mientras combaten y sufren por la defensa de la independencia de su país, avanzan en la adquisición de sus derechos. Su coraje, su determinación, su sacrificio no son hechos nuevos en la historia de la humanidad, pero demuestran una vez más que cuando las mujeres luchan lo hacen con más fuerza porque las cadenas que deben romper son dobles y más fuertes.

Como LIT-CI hemos lanzado una campaña internacional en apoyo a la resistencia de los trabajadores, las mujeres y el pueblo ucranianos contra la invasión rusa, y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que las tropas rusas sean derrotadas, sin que esto represente ningún apoyo o confianza política en el gobierno de Zelensky ni en la burguesía ucraniana que llama a resistir la invasión. Pedimos a todos los proletarios del mundo que apoyen esta campaña, que se movilicen para que las armas y todo el material que se necesita (municiones, alimentos, medicinas) sean entregados a la resistencia ucraniana directamente y sin condición alguna.

Traducción: Natalia Estrada.