“Ningún africano es extranjero en África, excepto estando ¡en Sudáfrica!» Achille Mbembe

Por: Ashura Nassor

La Operación Dudula, que tuvo lugar este 16 de junio, venía siendo preparada y convocada públicamente durante varias semanas. La palabra dudula significa empujar en el idioma zulú. Expulsar a los inmigrantes del país. Al mando de los políticos locales, hordas de lúmpenes practicaron actos de salvajismo y barbarie contra familias indefensas. Casas invadidas e incendiadas, pequeños negocios del barrio pertenecientes a extranjeros fueron saqueados e incendiados.

La elección de la fecha –16 de junio– está relacionada con la Masacre de Soweto en 1976, durante el apartheid. En esa ocasión, una manifestación de estudiantes fue reprimida violentamente por la policía antidisturbios, que con armas pesadas mató al menos 95 jóvenes.

Las raíces profundas de la Operación Dudula

La decadente economía sudafricana viene batiendo récords de desempleo año tras año. La desnutrición en la población es inmensa, estudios revelan que alrededor de 30% de los niños sufren retraso en el crecimiento. Todo esto en el gigante productor de oro y diamantes.

La decadencia de Sudáfrica comenzó con las negociaciones de Nelson Mandela con el imperialismo al final del apartheid. El país estaba convulsionado por movilizaciones en los barrios, huelgas localizadas y huelgas generales. La situación era incontrolable y, sin embargo, el imperialismo apoyó el fin del régimen del apartheid a cambio de la apertura de la economía. El resultado de este proceso fue la desindustrialización, el cierre de fábricas y una tasa de desempleo que ha venido creciendo año tras año. Al mismo tiempo, Mandela se comprometió a pagar la deuda externa y a amnistiar las deudas de las empresas mineras que no habían pagado impuestos durante años.

Como si todo esto fuera poco, a lo largo de los 25 años de gobierno del ANC (Congreso Nacional Africano), –COSATO (Congreso de Sindicatos Sudafricanos) y PCAF (Partido Comunista de Sudáfrica)–, la legislación laboral fue completamente destruida, los sindicatos se vaciaron y solo es posible ir a la huelga después de ser aprobada por un organismo tripartito (patrón-gobierno-trabajadores). La huelga sin la aprobación del gobierno y del empleador es una huelga ilegal.

Contra el desempleo: expulsión de inmigrantes

Con los altos índices de desempleo, es fácil encontrar un chivo expiatorio para el problema. La burguesía y sus dirigentes, de diferentes formas afirman que los inmigrantes son los responsables por la falta de trabajo. Incluso el sindicato de camioneros hace campaña y ataca a los conductores extranjeros, acusándolos de ser responsables de bajar los salarios. El sindicato, que debe servir para unir a los trabajadores, los divide entre nacionales y extranjeros.

Algunos casos de barbarie xenófoba

Las historias de xenofobia contadas por inmigrantes son repugnantes. Niños inmigrantes atacados dentro de las escuelas; los vendedores ambulantes tienen su mercadería aprehendida por hordas y en caso de resistencia hay riesgo de vida; pasajeros arrojados de los trenes en movimiento; durante la pandemia, debido al cierre, el Departamento de Migración está cerrado y, por lo tanto, los documentos no se pueden renovar cada seis meses, y aquellos con documentos vencidos son arrestados y deportados. Hay innumerables abusos contra los africanos negros.

Grupos xenófobos y la impunidad

La convocatoria pública, con carteles y una aparición en los medios, muestra la total impunidad de los grupos xenófobos. En los casos de violencia mencionados anteriormente, ninguno de los autores de estos hechos fue sancionado. En el lugar donde se reunieron los integrantes de la Operación Dudula había aproximadamente mil personas. El portavoz de la policía de Diepkloof, Matlou Mteto, dijo que la policía estaba protegiendo a los propietarios de pequeñas empresas y evitando las aglomeraciones. “Hemos estado patrullando por todo Soweto para asegurarnos de que no haya aglomeraciones ilegales y para evitar cualquier acción contra las pequeñas empresas”. Y concluyó diciendo que no era necesario arrestar a nadie[1].

El gobierno de Ramaphosa echa leña al fuego

El presidente de la República, Cyril Ramaphosa, es un ex dirigente del sindicato de trabajadores mineros, que siempre apareció junto a Nelson Mandela en manifestaciones importantes. Más tarde, intentó ser candidato a presidente y perdió las primarias de la CNA. Se retiró momentáneamente de la política y se convirtió en director de la multinacional minera London Miners (Lonmin). En agosto de 2012, durante una huelga, la policía abrió fuego contra los huelguistas y el resultado fue de 34 muertos. El hecho generó conmoción nacional, se creó una Comisión de Investigación y se localizaron varios correos electrónicos de Ramaphosa a las autoridades; en uno de ellos, el entonces director de Lonmin dice: “Los terribles hechos ocurridos no pueden calificarse como un conflicto laboral. Son claramente criminales y deben ser caracterizados como tales… ”[2]. Al final del correo electrónico, recomienda que la policía intervenga con fuerza para poner fin a la huelga. Por este episodio, Ramaphosa quedó conocido como «El carnicero de Marikana”.

Durante la semana anterior a la Operación Dudula, Cyril Ramaphosa apareció varias veces en los medios hablando sobre el desempleo. Trató el desempleo como una tragedia, pero sin mencionar a los responsables. Así que el Carnicero de Marikana añadió más leña al fuego de la xenofobia.

Sudáfrica: un estado xenófobo

Revisando las acciones del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial, encontramos que la xenofobia es una política del Estado capitalista sudafricano.

El Poder Ejecutivo que encabeza Cyril Ramaphosa, como se muestra arriba, tiene un discurso bastante en sintonía con los impulsores de la Operación Dudula: aunque no se refiere a los inmigrantes, también guarda silencio ante la xenofobia. Khumbudzo Ntshavheni, ministro de Desarrollo de la Pequeña Empresa, adopta una postura más clara sobre la causa del desempleo: «Prohibir los extranjeros o al menos prohibirles acceder a empleos en la economía informal»[3].

El Poder Legislativo, integrado por 400 diputados, ha venido año tras año votando leyes contra los inmigrantes. «Entre estas leyes se encuentran la Ley de Refugiados de 1998, la Ley de Inmigración de 2002, la Ley de Enmienda de Inmigración de 2011 y la Ley de Enmienda de Refugiados, la Ley de Enmienda de Inmigración de 2016, la Ley de Enmienda de Refugiados de 2017, al que se debe agregar el Proyecto de Ley de la Autoridad de Gestión Fronteriza de 2016 y el Libro Blanco 2017 sobre migración internacional»[4].

El Poder Judicial no ha condenado ningún delito de racismo en los últimos cinco años. Por el contrario, lo que hizo fue condenar a los organizadores de la ocupación de la planta baja del edificio donde se instaló el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

Por todas estas razones, afirmamos que la xenofobia es una política consciente del Estado africano. Comprender quienes son los enemigos nos ayuda a comprender contra quienes debemos luchar.

¿Cabría una denuncia ante el ACNUR?

Muchos activistas honestos dicen que puede ser necesario denunciar los casos de xenofobia a la ONU o ante su agencia especializada, ACNUR.

Para disipar las ilusiones, es bueno recordar que la ACNUR considera que Sudáfrica[5] es «un país anfitrión generoso, con políticas de asilo progresistas» y que «seguirá apoyando al gobierno en la prestación de asistencia a los refugiados y solicitantes de asilo».

Además de apoyar al gobierno en sus políticas migratorias, ACNUR apoyó la expulsión violenta, por parte de la policía, de los migrantes que protestaron en el lobby de entrada del edificio donde tienen sus oficinas.

El silencio cómplice de las organizaciones de los trabajadores

Sería natural que las organizaciones de trabajadores apoyaran a sus hermanos inmigrantes por causas económicas o inmigrantes que son víctimas de la violencia de las milicias y las guerras. La solidaridad debería ser algo natural, pero no lo es. Las centrales sindicales COSATU y NUMSA no prestan atención a este grave problema. Los partidos políticos CNA y SRWP (Partido Socialista Revolucionario de los Trabajadores) tampoco están preocupados por la xenofobia. Ni siquiera hacen campañas claras para denunciar los grupos xenófobos, la política gubernamental o las agencias estatales.

Los inmigrantes pueden contar con la solidaridad de los trabajadores de otros países

En 2019, debido a un ataque xenófobo, se realizaron importantes manifestaciones contra empresas africanas y negocios que tienen sucursales en otros países. En Mozambique, 300 camiones levantados se detuvieron en la frontera causando una pérdida estimada de más de un millón de dólares por día. En la República Democrática del Congo, los locales de una red de tiendas de ropa de capitales sudafricanos fueron saqueados. En Ghana, Zimbabue y Zambia, hubo ataques a empresas de Sudáfrica.

La respuesta más contundente vino de Nigeria, donde la población tomó las calles e invadió y saqueó las instalaciones de las cadenas de supermercados Shoprite y Pink’n Pay, así como la compañía telefónica MTN, todas ellas ubicadas en la capital sudafricana. Incluso la embajada del país en Abuja, Nigeria, fue cerrada por temor a ser atacada[6].

Organizar la autodefensa

En el actual momento histórico que vivimos, de crisis económica, desempleo, hambre, y también pandemia, hay un fuerte proceso de polarización social. Los trabajadores y los pobres buscan preservar el mínimo de dignidad para poder vivir y por eso salen a luchar. La burguesía sabe que sus ganancias dependen de aumentar la miseria de las masas. Vivimos en tiempos en los que no hay término medio. Es aceptar más pobreza o luchar. Por eso decimos que son tiempos de polarización.

Las luchas son tratadas cada vez con mayor violencia. En Lesoto (África), a finales de mayo, durante una huelga de 40.000 trabajadores de la industria de la confección, fueron asesinados dos trabajadores que participaron de ella, que exigía un aumento salarial de 20%[7].

En Suazilandia, pequeño país de África, con menos de un millón de habitantes, el asesinato de un joven estudiante cometido –posiblemente– por la policía, generó una serie de manifestaciones juveniles. Las manifestaciones con más de 3.000 estudiantes enfrentaron a la policía en las calles cuando iban a llevar una petición al Delegado Regional de Policía; en ella acusaban que el joven había sido asesinado por los propios policías. Se soltó gas lacrimógeno en la Iglesia Metodista donde la familia asistió a un servicio conmemorativo por los jóvenes muertos. En las calles, más gases lacrimógenos y perdigones. Un bebé, cobijado por su madre en una parada de autobús, murió asfixiado por gases lacrimógenos; un estudiante quedó ciego cuando fue alcanzado por un perdigón.

Pero si la burguesía radicaliza la represión, también la respuesta del movimiento es cada vez más radical. La lucha por el fin de la policía #endsars en Nigeria, contra el gobierno de Macky Sall en Senegal, las huelgas en Malí, entre otras luchas, muestra la radicalización del movimiento de masas.

En esta situación de polarización social, el espectro de las insurrecciones asusta a la burguesía. La xenofobia se utiliza para dividir a los trabajadores entre migrantes y no migrantes y, por lo tanto, dividir a la clase trabajadora y el pueblo pobre. El silencio cómplice de las organizaciones de trabajadores no sirve para unificar a los de abajo.

Entonces, para los migrantes queda concluir que los grupos xenófobos actúan con la complicidad y responsabilidad de los gobiernos y el Estado sudafricano. El organismo de la ONU, ACNUR, que podría ser un punto de apoyo para los migrantes, eligió el lado de los xenófobos, como se vislumbra en las declaraciones arribas mencionadas y se observa en la responsabilidad que tienen en la represión ejecutada a los refugiados que ocuparon el lobby de entrada del edificio de la sede del ACNUR en Ciudad del Cabo.

Por lo tanto, corresponde a los trabajadores organizar su autodefensa. Hoy en día, en algunos municipios de Ciudad del Cabo, las mujeres se defienden de los violadores haciendo sonar un silbato. Esta es una primera forma de autodefensa. Pero se necesita avanzar más en la organización. El primer paso es discutir la xenofobia y explicar bien que nada se puede esperar de la Policía, el Estado y el ACNUR. El segundo paso es que todos comprendan que los sindicatos y las organizaciones políticas de la clase trabajadora no pueden ver los ataques y no hacer nada o quedarse callados ante estos. Y por último, entre todos, es necesario hablar de las formas de defenderse de los ataques. Después de todo, como dicen los movimientos sociales en Sudáfrica: «United we stand, divided we fall » (Unidos venceremos, divididos caeremos).

[1]https://www.dailymaverick.co.za/article/2021-06-18-immigrant-shop-owners-plead-to-be-allowed-to-continue-trading-in-diepkloof-following-threats-and-violence/

[2]https://www.theguardian.com/world/2015/may/19/marikana-massacre-untold-story-strike-leader-died-workers-rights

[3]https://www.voanews.com/africa/south-african-minister-ban-migrant-workers-informal-jobs

[4]https://www.pstu.org.br/africa-do-sul-refugiados-vao-a-luta/

[5]https://www.sabcnews.com/sabcnews/respect-sa-laws-unhcr-to-protesting-refugees-and-asylum-seekers/

[6]https://litci.org/pt/a-crise-economica-esta-de-volta-e-a-xenofobia-tambem/

[7]https://sourcingjournal.com/topics/labor/lesotho-garment-worker-minimum-wage-protests-deaths-industriall-unions-284200/

Traducción: Ana Rodríguez