En México, el pasado 8 de Marzo, Día Internacional de Lucha por los Derechos de la Mujer, se conmemoró con fuerza por la situación de violencia, injusticia y postergación que a diario sufren las mujeres.

Por: CST México

Esto motivó, como en años anteriores, a miles de mujeres a hacer oír sus reclamos en actos y marchas en las principales ciudades del país. Todas estas actividades, desde su preparación días antes, se enfrentaron con el intento por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador y su gobierno, de desacreditar toda movilización y desviar la atención de sus verdaderas causas. Para lograrlo montaron provocaciones, intentado confundir y deslegitimar la masiva protesta, mostrándola como violenta. Hasta llegó a colocar una muralla metálica alrededor del palacio nacional, sede de su gobierno. Pero no alcanzó su objetivo. Por el contrario, el presidente recibió un amplio repudio y puso al desnudo su actitud machista, misógina y represora. Las mujeres no bajaron los brazos y la movilización, engrosada por padres y madres de familias, hermanos y amigos que reclamaban, junto con las mujeres, por las asesinadas, desaparecidas, violentadas, fueron inmensas en varias ciudades del país y en particular en la Ciudad de México.

Ese día no todas las mujeres pudieron, en el marco de la pandemia y por diferentes motivos, participar de la marcha. Pero no se quedaron calladas.

En esta oportunidad, desde Forja Socialista, órgano de la CST de México, queremos compartir, para el resto del nuestro país y otros de mundo, un reportaje a Jocelyn y Aketzali, dos jóvenes estudiantes de la periferia de la Ciudad de México, que junto a otras dos vecinas de su barrio organizaron una actividad para que ese día la mujer tenga voz y presencia ante los habitantes de su propia comunidad. Valoramos mucho esta actividad porque surgió de manera espontánea, desde las entrañas del barrio y de los sentimientos de mujeres jóvenes oprimidas que están dispuestas a luchar para cambiar esta sociedad.

¿Cómo surgió la idea de hacer el 8 de Marzo una actividad en el barrio?

Jocelyn. Todo se inició porque el 8 de Marzo, al contexto pandémico se sumó que nosotras vivimos en el Estado de México, en la periferia de la ciudad.

Vivimos en un conjunto habitacional de casas de interés social. La conexión que tenemos entre la ciudad y el Estado de México es por medio del Metro. Pero ahora todo ha sido un relajo porque las líneas del Metro no están funcionando bien. Por una parte no estamos conectados como hace un año en cuestión de transporte público, y por otra, justamente por el tema de la pandemia, resulta más riesgoso ir a una marcha por el posible contagio, además porque no tenemos el permiso de nuestros padres.

Ese mismo día estaba yo pensando qué se podía hacer. No podíamos ir a la marcha ni apoyar de esa forma. Pero tampoco quería que pasara ese día sin hacer algo, aunque sea de manera simbólica.

Primero se me ocurrió proyectar una imagen de apoyo a la marcha en alguna pared del barrio a través de un proyector. Pero  después pensé, “qué tal si no lo hago de manera individual sino colectiva”. Ahí fue cuando se me ocurrió plantearlo con Aketzali y dos vecinas más con las que tengo contacto más cercano.

Armé un grupo de WhatsApp. Les dije qué les parecía la idea, que entre todas podríamos proponer algo. Y así comenzó a surgir, y de manera muy rápida pues era ése mismo día. Empezamos a dialogarlo, y cada quien aportó. Surgió la idea de hacer una presentación, mandaron imágenes para poner en la presentación. Aketzali  decidió abordar un poco la cuestión histórica de por qué el 8 de Marzo no es un día para felicitar sino de reflexión y conmemoración. Se hizo un pequeño cartelito y se difundió a través del chat de los vecinos invitándolos a todos a las 7:00 de la tarde a una plática relacionada al 8 de Marzo. Es el horario en que la mayoría de los vecinos regresan de sus trabajos y ocupaciones. Nos pusimos en contacto con otras vecinas que tenían chat grupales para que también ellas difundieran la invitación a quienes se interesaran y pudieran venir a escuchar.

Aketzali. El 8 de Marzo es una fecha para reflexionar sobre la lucha que las mujeres damos día con día, que no estamos solas, qué unificándonos somos poder y fuerza.  Quisimos transmitirles esto a todos los vecinos de nuestra comunidad para que recuerden el propósito y la causa por los que las mujeres murieron aquel día, que fue por nuestros derechos, para que haya igualdad y haya más oportunidades sin discriminación, porque siempre, todos los días estamos buscando la equidad de género.

Jocelyn. Se armó la presentación, Aketzali aportó los datos históricos y se mencionó también la importancia de reconocer la lucha de las mujeres indígenas en México. Explicamos cómo fueron las mujeres dentro de las comunidades zapatistas las que impulsaron la ley de prohibir el alcohol en esas comunidades porque ellas mismas dijeron que el alcohol era un factor potencial para la violencia familiar. Pusimos más ejemplos mostrando estos contrastes, luchas históricas de las mujeres con la actualidad. Ante el estigma de que las mujeres que luchamos por nuestros derechos somos violentas, queríamos demostrar que el argumento de que “hay otras formas” no vale, porque no sólo vamos a las marchas y menos que supuestamente destrozamos todo. Porque en verdad las formas de manifestación son pacíficas, pero los medios de comunicación las tergiversan.

Nosotras no pudimos ir a la marcha pero quisimos hacer algo, y también como un apoyo a nuestras compañeras que estaban al frente, expuestas a un posible contagio, o a que las arresten, o que las violenten. Ya vimos lo que pasó en la marcha con el uso de gas lacrimógeno, aunque después el Presidente negó todo. Precisamente fue eso lo que queríamos, que se dieran cuenta que la lucha y la resistencia están presentes en todos los rincones. No solamente está en el Zócalo, está en todas partes y nada de lo que está pasando en la actualidad debe ser ajeno para todos.

La idea de poner una bocina que una vecina nos prestó, fue porque sabíamos que los vecinos no iban a participar. Habíamos ido a tocarle las puertas para invitarlos y no recibimos buena respuesta. Con la bocina dijimos ¡Si ellos no vienen a escuchar, vamos a hacer que nos escuchen!

Pusimos una cuantas canciones conmemorativas del 8 de Marzo, algunas del grupo Féminas, que también traen un mensaje. Fuimos todas, hicimos mucho ruido. Creo que se cumplió el objetivo de hacernos oír. Tres vecinas mayores se acercaron a escucharnos y eso nos gustó mucho.

¿Quiénes se acercaron a la actividad?

Jocelyn. Se sumaron cuatro chicas más. Cuando hubo un poco más de movimiento se acercó un grupo de adolescentes del barrio, de entre 12 a 16 años. Pero lo que más me llamó la atención fueron dos participaciones de las chicas que se acercaron. Ellas tenían unos 18 o 19 años. Una mencionaba que no le hiciéramos caso a los medios de comunicación porque sólo tergiversan la imagen y las peticiones de las mujeres que luchan. La otra chica se refirió a que le parecía muy injusto y triste que ella tuviera que salir siempre con miedo, que no pudiera sentirse cómoda de su cuerpo ni a gusto con su ropa, que si ella llegaba a ser mamá iba a educar tanto a hijas como hijos, de diferente manera para que ellos ya no vivieran con miedo y que fueran escuchados, porque hay que escuchar a los niños.

Para comprender la situación en la que hicimos nuestra actividad hay que considerar que somos un conjunto urbano de la periferia, una de las nuevas “ciudades dormitorio”. Los vecinos estudian o trabajan en la ciudad, pasan poco tiempo aquí. Esto provoca que los propios vecinos no se conozcan, que haya demasiada indiferencia y poca participación comunitaria. Y eso a pesar de que la densidad poblacional es alta porque nuestras casas son muy pequeñas y están una junto a la otra, incluso podemos escuchar desde nuestra casa lo que hablan los vecinos. Aun así, en el propio barrio en que vivimos, no todos nos conocemos, estamos demasiados divididos. Lo nuestro fue combatir contra la indiferencia y el desconocimiento. Por eso, la primera cosa que se hizo antes de iniciar la proyección, cuando todavía éramos pocos, fue presentarnos, decir en qué casa vivíamos para que fuera más fácil ubicarnos. En mi caso, no conocía a dos chicas que se acercaron y me dijeron que hacía tres años que vivían ahí. ¡Tres años que eran mis vecinas y yo no estaba enterada!

¿Qué actitud tuvieron los adolescentes y niños que se acercaron?

Aketzali. Considero que tuvieron una buena actitud. Se acercaron, decidieron escucharnos, poner atención en nuestra proyección. Dos de ellos muy pequeñines, que se acercaron creyendo que lo nuestro era una fiesta, se sentaron en la banqueta y se pusieron a ver la proyección que hicimos. Lo que nos gustó es que empiezan a tener interés desde que son pequeñitos.

Parte de los adolescentes varones, cuando se tomó el tema de “romper el pacto”, el pacto machista, comentaron que no sabían nada de eso. Para nosotras estaba bueno porque ahora lo sabían. Les decíamos que, para superarlo, era un trabajo que había que hacer poco a poco, día a día.

¿Se trató el tema de la opresión de la mujer trabajadora?

Jocelyn. Sí, se  agregaron datos sobre la desigualdad de salarios entre hombres y mujeres y también la desigualdad que existe al momento de contratar. Porque si eres mujer te hacen una pregunta muy absurda ¿piensas embarazarte o tener un hijo? Si respondes de manera afirmativa no te contratan porque representas una pérdida para la empresa que te vaya a dar el empleo. Expusimos que las amas de casa también son trabajadoras que no reciben un salario Y qué otra forma en la que podemos contribuir los jóvenes para erradicar la opresión de la mujer, es no explotando a nuestras madres. El mensaje iba más que nada hacia los varones. Les decíamos: tú como varón puedes contribuir lavando tus trastes, tu ropa y no dejar todas estas tareas a las mujeres de la casa.

¿Qué balance hacen de la actividad que realizaron?

Aketzali. Considero que el balance fue positivo porque por lo menos pudimos juntar a una parte de nuestro barrio, aunque no a todos los vecinos. Pero la comunidad juvenil, tanto chicas como chicos, sí se quiso integrar y quiso saber sobre por qué se conmemora el 8 de Marzo, por qué no es día de festejo, por qué hay que reflexionar.

Jocelyn. Para mí, más que un apoyo simbólico para las chicas que estaban al frente de la protesta en el Zócalo, la actividad fue muy significativa porque pertenezco a un núcleo familiar muy tradicional, de conductas misóginas. Pero eso fue hasta que me di cuenta de que todas estas cosas estaban mal, tanto en mi familia como en la sociedad. Y ahí es donde tenemos que actuar, porque muchas niñas y niños no tienen acceso a la educación y siguen atados a ese tipo de violencia. Para mí la actividad fue como una forma de rebelión, porque, aunque no fue violenta sí fue transgresora frente a la conducta que me exigen mis padres. Significó mucho porque me dije: yo soy fuerte, valiente y tengo la convicción de hacer más por mí y por las chicas que estén en una situación similar a la mía.

Como mujeres jóvenes que luchan contra la opresión de la mujer ¿tienen un mensaje que quieran trasmitir?

Aketzali. Todo cambio empieza desde casa, desde cómo les enseñas a tus hijos a comportarse. Tengo un hermano varón a quien mi mamá desde muy chico le enseñó que él debe saber lavar trastes, lavar la ropa, debe de saber barrer y trapear, pues no debe ser la mujer la que hace todo. En cambio, he observado en otras casas que a los pequeñines no les enseña que deben aprender a apoyar a sus mamás.

Mi madre viene de una comunidad indígena de Oaxaca, de un pueblo que apenas hace dos años pude visitar.  Allí pude observar, tanto en la ciudad como en el pueblo, que las mujeres son muy discriminadas, son muy violentadas. Observé que todo lo hacen ellas: cortan la leña, cosechan café, recogen toda la producción. Los cultivos van desde el pueblo arriba del cerro hasta abajo y todo lo hacen ellas. Los esposos ¡quién sabe dónde están!

Esto me gustaría que cambiara también, desde los pueblos indígenas, porque ahí no perciben, no reconocen, no ven la discriminación.

Jocelyn. Es importante quitarnos el velo, darnos cuenta que  hay muchas desigualdades estructurales. Para las mujeres las cosas no están bien. No debemos de tener miedo de actuar. Tenemos que hacer el cambio ahora, no hay un después ni mañana.  Es ahora que tenemos que hacer el cambio, desde nosotras. No seguir aceptando cualquier tipo de violencia en nuestros hogares o fuera. No limitarnos, no tener miedo de decepcionar a nadie. Tenemos que ser fuertes, valientes y saber que solamente de manera colectiva y entre todas vamos a hacer el cambio. Porque muchas personas nos van a ver mal, pero nosotras tenemos que salir, alzar la voz las veces que sean necesarias. Convocar a los varones y a la comunidad a sumarse a nuestra lucha contra toda opresión. Se lo debemos a nuestras abuelas, a nuestras madres, a nuestras tías, amigas, hermanas. No podemos seguir de esta forma.