Que el régimen del 78 está en crisis, es una obviedad; la cuestión es determinar su profundidad y qué alternativas se pueden dar para que la salida no sea a manos de Vox y el PP, con un retroceso de décadas.

Por Roberto Laxe

Ya antes de la pandemia, un sector de la burguesía consideraba que las instituciones del régimen consensuadas en el 78 “han colapsado”, y que se ha abierto la veda para imponer “la regeneración”, “Si queremos que exista España, es necesario construir para la sociedad civil el discurso a la nación española” (La Razón, 15/01/20)

2011-2014: la dimisión del rey “emérito”

La dimisión del rey “emérito” se redujo a que lo habían pillado en una cacería en Bostwana, cuando lo cierto es que fue una crisis política de primer orden. Imaginemos que el presidente de Francia (su jefe del estado) dimitiera en un momento de ascenso de las luchas obreras y populares; todo el mundo hablaría de una profunda crisis; aquí no. Aparentemente pasó sin pena ni gloria.

El 15M fue la ruptura de la base social del PSOE tras el giro de Zapatero, al comenzar las profundas reformas de pensiones, laborales, del artículo 135 de la Constitución, etc… Era la crisis de la pata izquierda del régimen. Entre el 2011 y el 2014 hubo huelgas generales, mareas sectoriales de lucha en defensa de los servicios públicos, en defensa de la vivienda (las PAHs), etc…, que culminaron en el 22 de Marzo del 2014, cuando las Marchas de la Dignidad reunieron en Madrid a cientos de miles de personas, al margen de las organizaciones mayoritarias (CCOO, UGT, PSOE).

Dentro de esta manifestación se produjo un hecho clave, los enfrentamientos con la policía no fueron vistos por la mayoría como acciones de provocadores o exaltados. Esto asustó a los representantes de la burguesía y sus aliados, pues se unía a la crisis social abierta el 15M.
Que “cazaran” al rey de “cacería” no era ninguna novedad, les vino de perlas para forzar su abdicación y poner al frente a unas caras nuevas, Felipe VI; además había que canalizar la fuerza social surgida el 15M a las instituciones, sacando a la gente de las calles: Podemos.

La burguesía propone, la realidad dispone

En el cuadro de la pandemia, se tensan todas las estructuras del estado de la Transición, desde la Monarquía hasta el último Centro de Salud en trance de cierre. Así, los enfrentamientos a tres bandas entre el poder judicial, el gobierno y la Casa Real a cuenta de la entrega de los despachos a los nuevos jueces en Barcelona… por “motivos de seguridad”, ponen de manifiesto su profundidad: ¡que el rey no pueda pisar la 2ª ciudad del Estado, porque el Ministerio del Interior no puede garantizar su “seguridad”!

La pandemia y la confianza en el gobierno “progresista” han frenado la profundización de la crisis, pero las consecuencias de la pandemia están acelerando los ritmos de ruptura social con las instituciones del régimen por su incapacidad para evitar o paliar la segunda ola de la epidemia.

No es que “España” sea más estúpida que otros Estados, sino que esa incapacidad enraíza en las bases materiales del régimen, en una estructura económica basada en: uno, la construcción en crisis desde el 2007; dos, el turismo, con la precariedad como norma en las relaciones laborales; tres, un estado macrocefálico construido sobre un capitalismo especulativo y centralista, con sede en un Madrid intocable para la salud pública.

Dos líneas frente al régimen

Para salvar un régimen que se hunde, el PP se debate en la duda “hamletiana” de “o Vox o la Constitución”, el PSOE busca “cambiar todo para no cambiar nada” y Podemos se apunta a la reforma desde dentro, intentando modificarlo en un sentido republicano sin llegar a ser una república.

En realidad hay dos líneas frente a la crisis del régimen, la de Vox y La Razón de “regenerarlo”, volviendo al pasado neofranquista; o avanzar en la lucha por romper con el régimen del 78, heredero del franquismo.

Desde el punto de vista de la clase obrera y sus necesidades, la caída del régimen no tiene que venir por un pacto entre las cúpulas, sino por su acción independiente, con sus métodos de lucha de huelga y manifestación, imponiendo unos procesos constituyentes en las naciones y una asamblea constituyente que signifique el desmantelamiento de este régimen.

En este sentido, en la Transición se levantó la propuesta de la Huelga General Política para acabar con la dictadura, que el PCE envió al cajón del olvido cuando pacto con el régimen. ¿No va siendo hora de recuperar esta propuesta? Como vía de que la lucha no se queda en un recambio de un “rey” por un “presidente”, sino que apuntaría el camino a recorrer, el de la transformación socialista de la sociedad.