Nuestra corriente, con Nahuel Moreno, enfrentó a Perón y los distintos gobiernos peronistas (Perón en 1945 e Isabel con López Rega y Rodrigo  en 1973). Sin embargo, ante el golpe “gorila” pro imperialista de 1955, exigimos junto a los trabajadores armas para enfrentar a los golpistas. Perón prefirió huir al exilio antes que armar a los trabajadores y derrotar al imperialismo.

Por Víctor Quiroga

1945-1955: Perón, el imperialismo y el desarrollo industrial

Perón encabezó un gobierno que llamamos “nacionalista burgués” que resistió débilmente la penetración del imperialismo yanqui en nuestro país, y en ese sentido significó un período de relativa independencia. Después de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo inglés debilitado, comenzó su lenta retirada. Argentina era acreedor de Inglaterra y otros países por haber sido proveedor de alimentos durante la guerra y gozaba de una extraordinaria situación económica. Esto le permitió a un sector patronal hacer su propio juego mientras otros sectores empresarios se alineaban con los yanquis, que electoralmente se organizaron en la Unión Democrática, alentada por el embajador norteamericano, Spruille Braden.

Los empresarios argentinos siempre fueron más débiles que el capital imperialista. A Perón no le quedó otro remedio, que apoyarse en la movilización de la clase obrera para resistir, dándole concesiones, sobre todo en el terreno de la organización (Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas), y conquistas laborales. Pero en ningún momento intentó siquiera aprovechar la situación de bonanza económica para un desarrollo independiente y romper los lazos con el capital extranjero. Tal es así que llegados los años 1953,54 y 55 (año de su caída) el conjunto de la industria estaba totalmente estancada: por la falta de nuevas maquinarias, por la inexistencia de industria siderúrgica proveedora de aceros de calidad y por la falta de energía y el campo faltaban desde tractores hasta maquinaria agrícola.

De acreedor el país pasó a ser deudor (250 millones de dólares a EE.UU) Se le entregaron zonas petroleras a empresas yanquis y se instaló la norteamericana automotriz Kaiser.

El peronismo dejó intacta la propiedad de la oligarquía, la dependencia del capital extranjero y las relaciones de producción. Los roces con el imperialismo fueron por el reparto de la torta: los yanquis no aceptaron que una escuálida burguesía pretendiera un pedazo más grande del que le correspondería y terminó en un sangriento golpe contra el movimiento obrero, que resistió con las manos vacías.

La vuelta de Perón y el peronismo en 1973

Perón y el peronismo volverán al poder en 1973, en medio de un ascenso de las luchas obreras, populares y antiimperialistas, en Argentina y Latinoamérica, con un Estado Obrero en Cuba, el gobierno de la Unidad Popular de Allende en Chile e insurrecciones en varios países

Pero Perón no venía a sumarse a ese proceso y enfrentar al imperialismo para hacer el “socialismo nacional” como agitaban los Montoneros y la izquierda peronista, sino a desviar y derrotar el ascenso obrero (“por la buenas o por las malas”) que les permitiera a los empresarios seguir ganando mucho dinero. Lo intentó con el “Pacto Social” entre empresarios, CGT y Gobierno. Ante su fracaso por las luchas obreras, impulsó leyes represivas anti- huelgas y paralelamente con bandas parapoliciales que secuestraban y mataban dirigentes y luchadores obreros, populares y juveniles. Lejos de enfrentar al imperialismo, por primera vez un gobierno peronista atacaba sin vueltas el corazón de las conquistas obreras con un plan pro imperialista como el del Ministro Rodrigo. Plan que también fue derrotado por la Huelga General y la profundización de las luchas obreras. El golpe de 1976, vendría a llevar a cabo lo que el peronismo no logró, aunque lo intentó, derrotar el ascenso obrero e imponer un plan pro imperialista.

El peronismo “menemista”

Si algo pinta con claridad la impotencia del movimiento peronista frente al imperialismo, fue Carlos Menem: del discurso electoral de “salariazo” y desarrollo industrial pasó a la “cirugía sin anestesia”, y las privatizaciones de las principales empresas estatales. Produjo el mayor cambio en la estructura económica a favor del imperialismo y sus multinacionales, atacando sin piedad convenios colectivos y conquistas obreras. Se alineó decididamente detrás de Bush, promoviendo las “relaciones carnales” con el mismo. El peronismo se ubicaba como agente directo del imperialismo yanqui, abriendo las puertas de par en par a la recolonización del país, y no como antiimperialista y emancipador.

¿Y los gobiernos de Néstor y Cristina?

Finalmente tenemos los recientes gobiernos del kirchnerismo desde el 2003 al 2015, y ahora Alberto y Cristina. Lejos del discurso anti imperialista y a favor de un capitalismo serio, la dependencia del capital externo se agrandó y el desarrollo industrial independiente se alejó.

Néstor Kirchner asumió en medio de un ataque brutal al nivel de vida de los trabajadores con una devaluación que licuó los salarios. Esto entusiasmó a los patrones ya que pudieron súper explotar a la clase obrera. Y se aumentó la deuda externa hasta 260 mil millones de dólares.

Aunque las condiciones eran muy favorables para plantarse frente al imperialismo el peronismo intentó desviar y frenar las luchas del 2001. Las masas habían derrotado el golpe ultraderechista en Venezuela. Los campesinos derrotaban el neoliberalismo en Ecuador, en Bolivia las masas volteaban al gobierno proyanqui de Sánchez de Lozada y Evo Morales ganaba las elecciones. Lula en Brasil y las masas en las calles decían No al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

Sin embargo, ni en Argentina, ni en ningún otro país de Latinoamérica se cambió la relación de dependencia con el imperialismo. ¿Por qué? Porque todos estos gobiernos, como el de Néstor y Cristina son representantes de los empresarios que están atados a los negocios con el capital financiero y las empresas multinacionales, como socios menores pero socios al fin. Y no están dispuestos a impulsar las luchas de los trabajadores para romper los acuerdos económicos, políticos y militares con ellos.

Solamente la clase obrera y el pueblo pobre puede luchar consecuentemente por una real independencia, rompiendo con los pactos que nos atan al gran capital extranjero, dejando de pagar la Deuda Externa, independizando al país del FMI, la OEA y demás organismos explotadores. Solo bajo un gobierno de los trabajadores podremos planificar la economía de acuerdo a las necesidades del pueblo y no de los capitalistas y desarrollar nuestras industrias.