Entrevista a un profesor la CNTE: La lucha magisterial y el movimiento social en México
Un compañero de Workers’ Voice en Estados Unidos entrevistó a Francisco Bravo, veterano maestro y luchador social mexicano, integrante de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), organización combativa de maestros dentro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
1. ¿Cuáles son las razones históricas que explican la creación y el ascenso de la CNTE?
FB: La CNTE surgió como respuesta al ascenso del sindicalismo charro encabezado por la mafia del SNTE. En ese entonces, Carlos Jonguitud Barrios ejercía un auténtico cacicazgo. En 1972, con apoyo del Gobierno Federal y mediante el uso de las armas, tomó por asalto las instalaciones del Sindicato Nacional y desplazó a la dirigencia que entonces controlaba la organización. A partir de ese momento consolidó su poder dentro del sindicato.
Para 1979, las condiciones de los trabajadores de la educación eran muy difíciles. El salario de un maestro equivalía apenas a 1.6 salarios mínimos de aquella época y existían fuertes niveles de corrupción, chantaje y abuso, incluido el abuso sexual contra maestras. Cansados de esta situación, distintos contingentes convocaron a una movilización en Chiapas, donde se constituyó la CNTE.
Desde su origen, la CNTE no fue concebida únicamente como una organización gremial de maestros. En aquella primera etapa participaron también representaciones de campesinos y obreros, aunque no formaran parte orgánica de la organización. Muchos dirigentes magisteriales, además, eran protagonistas de luchas rurales y comunitarias contra los caciques.
La CNTE se planteó entonces tres objetivos centrales: la democratización del sindicato, la democratización de la educación y la democratización del país. Esta última tenía, para quienes la impulsaban, una perspectiva vinculada con la lucha de clases. Desde el comienzo existió también una discusión sobre si había que democratizar el SNTE desde dentro o construir un sindicato nuevo. La mayoría optó por trabajar por la democratización del sindicato, aunque esa discusión nunca ha desaparecido y continúa vigente después de más de cuatro décadas.
Una de las características que, en mi opinión, permitió que la CNTE sobreviviera mientras otras organizaciones surgidas en aquel periodo perdieron fuerza fue su independencia de los partidos políticos electorales. La CNTE estableció como principio no supeditarse a ningún partido y que nadie pudiera utilizar el nombre de la organización para participar en procesos electorales. Quien lo haga debe abandonar la organización o, si no lo hace voluntariamente, puede ser excluido.
La otra característica fundamental es que la CNTE es una organización de masas. Las decisiones parten de las asambleas de base, de los maestros de banquillo, y avanzan de abajo hacia arriba. No existen, en ese sentido, caudillos ni dirigentes eternos. Esa estructura ha sido fundamental para mantener su existencia.
A lo largo de su historia hemos enfrentado a gobiernos priistas y panistas que intentaron desaparecer a la organización mediante la represión. Alrededor de 200 compañeros y compañeras han perdido la vida en distintos episodios de esta lucha. Sin embargo, la represión no ha derrotado al movimiento y seguimos organizándonos.
2. ¿Qué te inspiró a unirte a la CNTE?
FB: Mi participación política comenzó desde la secundaria. Fui presidente de la sociedad de alumnos y desde entonces me indignaba el acarreo de estudiantes para asistir a actos políticos de presidentes municipales y otros funcionarios. Yo crecí en Nezahualcóyotl, un municipio del Estado de México formado en gran medida por migrantes de distintos estados de la República y marcado por condiciones de pobreza.
Desde muy joven empecé a identificar el carácter corrupto y corporativo de ese sistema. Vivía en un entorno de grandes desigualdades y fui construyendo la idea de que esa situación era injusta. Por eso comencé a interesarme en participar en distintas luchas sociales.
Cuando ingresé a la Normal Nacional de Maestros continué con esa participación. Como estudiante participé en una huelga por demandas de los alumnos. Fuimos reprimidos, desapareció un turno y yo mismo permanecí algunas horas detenido por la Secretaría de Educación Pública. Desde entonces mi lucha quedó estrechamente vinculada con la educación.
Cuando me recibí como maestro conocí directamente la corrupción que existía dentro del sindicato y la opulencia en la que vivían algunos de sus dirigentes. En muchos estados todavía existe la práctica de obligar a los maestros a cooperar para los cumpleaños de directores, supervisores o jefes de sector, o de presionarlos para participar en desfiles y actos políticos. Si no cooperas, después te cobran la factura.
Todo eso me parecía y me sigue pareciendo despreciable. Por eso decidí incorporarme a la CNTE, porque representaba una oposición al charrismo y al sindicalismo oficial. Sabía que esa decisión podía traer consecuencias. Las he sufrido físicamente: en una ocasión, elementos de la Guardia Presidencial me golpearon y me provocaron una herida de ocho centímetros en la cabeza y lesiones en la nariz.
Durante la lucha contra la reforma educativa, que nosotros considerábamos un proceso de privatización de la educación, despidieron a numerosos compañeros de mi escuela. Fue la escuela con mayor número de despidos en el país. Todo ello reafirmó mi decisión de continuar en la organización.
La CNTE coincidía con mis ideas, pero no es una organización homogénea en términos ideológicos. Existe un marco general vinculado con la lucha de clases y distintas corrientes marxistas, pero dentro de ese marco conviven diferentes posiciones. Las discusiones pueden durar catorce o quince horas, pero ese es también el costo de la democracia y de tener libertad para pensar. Eso es muy distinto de lo que ocurre en el SNTE, donde muchas veces las decisiones ya están tomadas antes de que lleguen las asambleas.
Por eso decidí incorporarme a la CNTE. No concibo que un sindicato pueda funcionar de manera que unos cuantos se enriquezcan a costa del resto de los trabajadores. Y es importante aclarar que la CNTE no es otro sindicato: es una forma de organización y de pensamiento dentro del propio SNTE.
Actualmente la Coordinadora está presente en 28 estados del país, con diferentes niveles de fuerza. En algunos estados constituye la mayoría de los trabajadores de la educación; en otros tiene una presencia más limitada o funciona mediante Comités Centrales de Lucha. Sin embargo, cuando se realizan asambleas nacionales, participan representantes de todo el país.
3. ¿La CNTE ha intentado democratizar otros aspectos del SNTE y cambiar el control de la burocracia sindical?
FB: Desde el comienzo de la CNTE ha existido una discusión permanente sobre si debemos continuar luchando dentro del SNTE o construir un sindicato independiente. Esa discusión sigue abierta.
La capacidad de movilización de la CNTE puede superar los 500 mil trabajadores. Pero lo importante no es solamente la cantidad: quienes participan lo hacen fundamentalmente por conciencia, no porque estén obligados. En cambio, las estructuras de control del sindicalismo oficial siguen siendo muy fuertes. En muchos estados, directores y supervisores son al mismo tiempo funcionarios educativos y representantes sindicales. Eso hace difícil distinguir dónde termina la autoridad administrativa y dónde comienza la autoridad sindical.
Además, esas estructuras pueden condicionar cuestiones laborales, como el trabajo o los días económicos, lo que genera temor entre los trabajadores que quieren participar en la organización democrática.
La CNTE ha logrado establecer mesas de negociación con el Gobierno Federal. No tenemos necesariamente la legalidad que tiene el sindicalismo oficial, pero sí tenemos legitimidad porque contamos con el respaldo de miles de trabajadores. Algunos contingentes estatales buscan además obtener reconocimiento estatutario y legal.
El problema es que el gobierno continúa reconociendo formalmente al sindicalismo oficial. A partir de la reforma que estableció el voto universal y secreto para elegir dirigencias sindicales, se presentó este mecanismo como una democratización. Pero, en nuestra opinión, el problema fundamental es que las estructuras de poder permanecen intactas.
El sindicato controla los recursos provenientes de las cuotas, tiene dirigentes con tiempo liberado para hacer campaña, controla las convocatorias y establece las reglas electorales. Nosotros no contamos con las mismas condiciones. No existe, por tanto, un piso parejo.
El voto universal y secreto puede convertirse así en un mecanismo para consolidar legalmente a las mismas estructuras de poder. Los directores, cargos medios y altos y buena parte de la burocracia sindical continúan dependiendo de esas estructuras. Los trabajadores pueden ser sometidos a presiones o amenazas relacionadas con sus contratos y condiciones laborales.
Por eso sostenemos que no basta con establecer el voto universal. Si no se desmontan las estructuras de poder y no existe igualdad de condiciones entre quienes participan, las elecciones no son realmente democráticas.
En la Sección 9 de la Ciudad de México encabezé la planilla del Gobierno Democrático. Esa sección es estratégica y la burocracia sindical siempre ha intentado conservarla. En mi caso, sostengo que hubo fraude en dos ocasiones: en 2008 y en 2023. Mi valoración es que, pese a los cambios de gobierno, las estructuras de poder del charrismo sindical continúan siendo protegidas.
Eso explica nuestra indignación cuando el gobierno presenta a las actuales cúpulas sindicales como representantes legítimas de los maestros. Para nosotros, el problema no se resuelve simplemente mediante elecciones si las mismas estructuras de poder permanecen intactas.
4. ¿Qué papel tuvo la CNTE en Oaxaca en 2006?
FB: En Oaxaca existía un enorme hartazgo frente al cacicazgo de Ulises Ruiz Ortiz, entonces gobernador priista. El estado arrastraba profundas desigualdades sociales, altos niveles de pobreza y una importante población indígena. En ese contexto, los cacicazgos tenían una enorme capacidad de control.
Ulises Ruiz aceleró ese descontento. Los maestros ocupaban una posición particular porque muchos de ellos son también representantes de sus comunidades y participan en las luchas sociales de sus pueblos. En las ciudades, además, muchos maestros estaban vinculados con organizaciones urbanas.
Por eso confluyeron la lucha magisterial, la lucha popular y la lucha obrera. El conflicto desembocó en un verdadero estallido social, con barricadas y enfrentamientos, incluida la utilización de armas. La represión fue brutal.
La resistencia también fue extraordinaria. La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la APPO, logró reunir diferentes expresiones del movimiento social. Sin embargo, como ocurre muchas veces durante los procesos de lucha, algunos sectores terminaron utilizando la organización como plataforma para obtener cargos políticos.
A pesar de ello, el movimiento de 2006 fortaleció enormemente a la organización en Oaxaca. Desde entonces, Oaxaca se convirtió en uno de los contingentes más fuertes de la CNTE, con una gran capacidad de movilización y una importante formación de cuadros. También ha cometido errores y tiene contradicciones que hemos señalado, pero no podemos dejar de reconocer su trabajo.
El movimiento no logró derrocar a Ulises Ruiz. Mi interpretación es que el Estado mexicano cerró filas para impedirlo porque una caída de un gobierno institucionalmente constituido a manos de un movimiento social podía convertirse en un precedente peligroso para otros estados del país.
Oaxaca reflejaba, además, una contradicción mucho más profunda: México es un país donde conviven algunas de las mayores fortunas del mundo con sectores de la población que sobreviven con ingresos extremadamente bajos, especialmente en varias regiones del sur.
5. ¿Cómo ves el papel de AMLO y Morena frente a estos movimientos?
FB: Desde mi perspectiva, hay que entender el carácter político de Andrés Manuel López Obrador y de Morena. Se trata de un movimiento y un partido que no salen de los márgenes del capitalismo. Sus políticas pueden ser asistencialistas, pero no rompen con ese marco.
Durante distintos conflictos sociales, López Obrador sostuvo que no estaba de acuerdo con la violencia ni con determinados enfrentamientos. Cuando se produjeron episodios de represión, tomó distancia de esas acciones y estableció una separación política respecto de esos movimientos.
Para mí, eso refleja su proyecto de país, que se mantiene dentro del capitalismo y del marco del imperialismo. No considero que pueda definirse siquiera como un gobierno reformista en el sentido tradicional.
En algunos aspectos, su proyecto recupera elementos del viejo priismo, particularmente aquella tradición que hablaba en nombre de la Revolución y pretendía rescatar determinados principios revolucionarios sin romper con las estructuras fundamentales del sistema.
6. ¿Cómo ha cambiado la opinión de los maestros sobre Morena, AMLO y Sheinbaum?
FB: La llegada de López Obrador al gobierno provocó inicialmente una cierta confusión ideológica y una disminución de la movilización en algunas organizaciones, incluida la CNTE. Muchos compañeros habían depositado expectativas en su gobierno y eso generó un periodo de menor organización y movilización.
Con el tiempo, las propias acciones del gobierno llevaron a muchos de esos compañeros a reconsiderar sus posiciones. Gradualmente volvimos a organizar la lucha y recuperamos una idea fundamental: “Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”. Esa frase resume una experiencia histórica de la CNTE: nuestra defensa de los derechos no puede depender de quién ocupe el gobierno.
Actualmente considero que la mayoría de los maestros tiene claro que los gobiernos de López Obrador y de Claudia Sheinbaum no representan un gobierno de clase de los trabajadores.
Sin embargo, también existen sectores y dirigentes que terminan actuando a favor del régimen. En ocasiones, algunas dirigencias o contingentes le hacen el trabajo político al gobierno. Un problema particularmente grave es que las luchas nacionales se fragmenten en negociaciones estatales.
La CNTE debería tener una política nacional y no aceptar que las luchas se dividan mediante mesas separadas para cada estado. Cuando cada contingente negocia por su cuenta, una huelga nacional puede terminar desactivándose porque algunos estados obtienen acuerdos particulares mientras el resto queda aislado.
También hemos visto casos de dirigentes que utilizan las luchas como trampolín político. Algunos compañeros que encabezaron movimientos terminaron ocupando cargos como diputados o funcionarios de gobierno. En Michoacán, por ejemplo, un contingente que había sido muy fuerte terminó profundamente dividido.
A pesar de todo esto, sigo considerando que la mayoría de los compañeros de la CNTE continúa siendo parte de la lucha. Con todos nuestros errores y contradicciones, considero que la CNTE ha sido durante los últimos años una de las organizaciones sociales con mayor capacidad de lucha y trascendencia.
También necesitamos hacer una autocrítica sobre nuestras propias deficiencias, incluida la falta de dirección y las dificultades para construir una estrategia nacional. Pero, personalmente, sigo reivindicándome como parte de la CNTE.
7. ¿Qué papel deben desempeñar los revolucionarios dentro de una organización de masas como la CNTE?
FB La CNTE reúne muchas corrientes políticas e ideológicas. Existe una tradición maoísta, otra leninista, otra trotskista y también posiciones estalinistas. Es un verdadero crisol de corrientes y debates. Sin embargo, pese a esas diferencias, existe una línea fundamental que ha permanecido: nuestra oposición a los distintos gobiernos y nuestra concepción de la lucha de clases.
Para quienes nos reivindicamos revolucionarios, el objetivo es avanzar hacia una transformación socialista de la sociedad y superar el régimen capitalista. Por eso considero fundamental mantener la independencia de la CNTE frente al gobierno y frente a los intereses de la burguesía.
Las diferencias ideológicas pueden generar discusiones fuertes y, en ocasiones, retrasar determinados procesos. Sin embargo, la CNTE ha demostrado capacidad para mantener esas diferencias sin destruir la organización.
También debemos entender que gobiernos con una misma naturaleza de clase pueden aplicar políticas diferentes.
Por eso las estrategias para enfrentarlos deben tomar en cuenta esas diferencias.
Un ejemplo son las políticas asistencialistas. El gobierno puede distribuir recursos entre sectores pobres y presentarlo como una solución a la desigualdad, pero entregar dinero no transforma las estructuras que producen la pobreza.
Lo mismo ocurre con las pensiones. Las Afores están vinculadas con los grandes bancos y empresas financieras. Los trabajadores depositan allí sus ahorros y, además, pagan por la administración de esos recursos. Cuando hablamos de decenas de millones de cuentas, estamos hablando de cantidades enormes de dinero que terminan administradas por el sector financiero.
Nosotros defendemos el derecho a una jubilación y una pensión dignas. Y nuestra crítica es que el gobierno no ha querido tocar los intereses de los grandes grupos financieros. Ahí es donde vemos los límites de sus políticas.
8. ¿Qué nos puedes decir sobre el contexto de la huelga de junio de 2026 y sus principales movilizaciones?
FB: Creo que uno de los problemas fue que no se explicó con suficiente claridad cuál era el centro de nuestra lucha. No se trataba simplemente de cambiar reformas del ISSSTE: se trataba de defender el derecho a una pensión y una jubilación dignas. Eso debe explicarse en un lenguaje que todos los trabajadores puedan entender.
Existe además un contexto internacional. Organismos como el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y el Banco Mundial han impulsado políticas relacionadas con la reducción de los sistemas solidarios de pensiones y el fortalecimiento de los sistemas basados en cuentas individuales. Para nosotros era fundamental que los trabajadores entendieran cómo esas políticas afectan directamente sus condiciones de jubilación.
También existe una contradicción entre las promesas realizadas durante las campañas electorales y las políticas implementadas posteriormente. Durante su campaña, Claudia Sheinbaum habló de recuperar un sistema solidario de pensiones. Una vez en el gobierno, nosotros le exigimos que cumpliera ese compromiso.
El problema central es el paso de un sistema solidario a uno basado en cuentas individuales. En este último modelo, la pensión depende de cuánto haya logrado ahorrar individualmente cada trabajador. Para un maestro joven, incluso con cientos de miles de pesos acumulados, esos recursos pueden resultar insuficientes para garantizar una jubilación digna durante muchos años.
Quienes ingresaron al sistema antes de 2007 todavía conservan, bajo determinadas condiciones, el régimen conocido como Décimo Transitorio, vinculado con un sistema solidario. Los trabajadores que ingresaron después de 2007 están mayoritariamente bajo cuentas individuales. Según mi estimación, alrededor del 70% del magisterio nacional se encuentra ya en este último régimen.
Por eso una de las propuestas que impulsé fue que todos los maestros pudieran pasar al Décimo Transitorio como un paso para romper con la lógica de las cuentas individuales y recuperar un régimen solidario. Esto no resolvería por sí solo todos los problemas, pero permitiría avanzar en esa dirección.
También es necesario reconocer nuestras propias limitaciones. La CNTE no logró construir en ese momento una propuesta nacional suficientemente fuerte que permitiera avanzar hacia la recuperación del sistema solidario. En lugar de eso, terminó predominando una dinámica en la que cada estado negociaba por separado.
Los contingentes con mayor capacidad de movilización, particularmente Chiapas y Oaxaca, lograron negociar más, junto con Guerrero y Zacatecas, mientras otros estados quedaron prácticamente como espectadores. Esa situación muestra que necesitamos hacer una autocrítica profunda y corregir nuestras deficiencias para que la CNTE pueda mantener y fortalecer su capacidad de lucha nacional.




