Las recientes elecciones generales en Marruecos han dado la victoria al partido islamista PJD (Partido de Justicia y Desarrollo) y le han supuesto un fuerte progreso al «partido del Palacio» PAM (Partido de Autenticidad y Modernidad) concluyendo así en un claro bipartidismo. En lo que respecta a la izquierda marroquí, esta continúa en su fracaso, especialmente la Federación de la Izquierda Democrática (FGD, por sus siglas en francés) que apenas ha conseguido dos escaños. No obstante, lo más llamativo en estas elecciones ha sido el porcentaje de boicot que ha alcanzado el 57 %. Aunque, a pesar de todo, tanto estas elecciones como las que las precedieron no son más que pura imagen ya que el poder central está en manos del rey.

Por: Hasan Adonis.

El contexto histórico de las elecciones generales en Marruecos

Tras la independencia en 1956, el Movimiento Nacional Marroquí, el mismo que lideró la Guerra de Liberación, se encontraba totalmente fuera del círculo de Gobierno. Podemos considerar este fenómeno como una excepción mundial única ya que en toda guerra de liberación, el frente líder, era el que estaba autorizado práctica, local y popularmente para recibir en mano el gobierno del país. No obstante, en Marruecos la mayoría de los que llegaron al poder tras la retirada del ejército colonial trabajaban directamente con el colono en la administración. Es más, muchos miembros del Movimiento Nacional fueron perseguidos y liquidados (una historia en la que no hace falta entrar en detalles). Y así siguió Marruecos sin una Constitución hasta el año 1962 fecha en la que se cimentaron las bases para la era «neoantigua», la era de las constituciones «cedidas».

Continuó la división en el Movimiento Nacional representada en el Partido Istiqlal (Partido de la Independencia) determinante en su oposición al régimen hasta que al fin entró en el Gobierno con el objetivo de cambiarlo desde dentro, tiempo en el que el majzén [1]tramaba absorberlo, utilizarlo y debilitarlo instigándolo y corrompiéndolo para fomentar su división. Desde un principio, la estrategia del régimen era muy clara: evitar la existencia de cualquier componente fuerte en la escena política debilitándolos a todos ya sea absorbiéndolos o instigándolos y, si fuera necesario, mediante la opresión y la fuerza bruta.

Y así, en 1959 se fragmentó el PI dando origen al UNFP (la Unión Nacional de las Fuerzas Populares) que llegó a ser un partido muy fuerte. Desde entonces, fue el blanco de todo tipo de ataques del régimen hasta que se subdividió en 1975 en el USFP (la Unión Socialista de las Fuerzas Populares) que finalmente aceptó trabajar en el tablero de juego del Palacio. Fue un partido poderoso, con sus figuras de lucha, sus sindicatos, sus juventudes, sus medios de comunicación y su relativa presencia en la administración. En todas las elecciones intentaba conseguir la mayoría a sabiendas del fraude electoral orquestado por el Palacio hasta que en el año 1997, el régimen necesitó de una ilusión democrática para hacerle creer al pueblo que realmente aspiraba a un cambio. Eso sí, garantizando el paso de la monarquía del rey enfermo a su sucesor Mohamed VI.

Por tanto, se dio la mayoría absoluta y la presidencia al Gobierno en 1998 sin ninguna negociación política, pacto o acuerdo aparente. Se solventó parte del problema económico privatizando gran parte de las instituciones públicas más importantes. Mientras tanto, el Gobierno seguía trabajando bajo la tirana sombra del poder: acaparamiento absoluto del régimen en la política pública con un pequeño margen para el Gobierno.

En 2002, estaba ya asegurada la estabilidad política del régimen quien pronto prescindió del servilismo de la antigua oposición parlamentaria, a lo que el USFP protestó fervientemente, el resto de la historia ya es conocido: separación de las juventudes, del sindicato (que era determinante) y retroceso de la actividad en los medios de comunicación del partido. Este claro retroceso de la popularidad de los partidos más importantes, se debía a las intromisiones del régimen en sus directrices y elecciones impopulares y antidemocráticas. Y, también, por la falta de democracia en el seno de estos partidos y la ausencia de fidelidad, honradez y principios. Paralelamente, empezaban a ganar territorio los movimientos islamistas, hecho que incitó al régimen a crear en 2008 un partido que fuese su mano derecha para hacer frente a este avance política y socialmente. Así que empezó a cambiar el orden de las cartas del «papel político» de varios partidos para trabajar por los intocables y perennes intereses del Palacio.

Llegó la Primavera Árabe en 2011 y el pueblo marroquí salió a la calle a exigir democracia, dignidad, libertad y justicia social organizado en el Movimiento 20 de febrero que conformó y en el que participó con fuerza la asociación islamista Al Adl wal Ihsan (Justicia y Caridad), y algunos partidos de izquierda como el USFP y el marxista Al-Nahy al-Dimuqrati (la Vía Democrática). Por el contrario, el resto de partidos mostraron su profundo rechazo. Se apresuró el régimen sobre este fenómeno y rápidamente propuso —durante el discurso del 9 de marzo de 2011— cambios en la Constitución y unas elecciones anticipadas. Aunque la nueva Constitución venía ya «cedida», lo que se tradujo en unas instituciones puramente formales sin ninguna utilidad y sin otorgarle al presidente electo el papel que le conviene en una democracia real. Aceptaron los partidos la nueva Constitución y presidió el PJD el Gobierno durante cinco años y fue el primero, antes que ningún otro, en quejarse del control absoluto del Palacio en todos los asuntos. Fueron años de desastre total en todos los sentidos: 30 mil millones de dólares de deuda pública en 2011 y ¡81 mil millones de dólares en 2016! ¡Con un PIB de 100 mil millones de dólares! ¡Lo que significa que el porcentaje de la deuda pública es del 81%!

Asimismo, la Caja de Compensación[2] cuyos fondos rondan los 4 mil millones de dólares, fue a su vez objeto de recortes ¡Y nadie habla de los 5 mil millones de dólares netos al año obtenidos del fosfato que no pasan a las arcas del Estado! ¡Ni de los 5 millones de dólares anuales en paraísos fiscales desde hace diez años! ¡Y qué decir de la situación más que lamentable de la educación que ha acabado en un hacinamiento intolerable! (más de 70 alumnos en clase en la mayoría de los casos). Esto si le sumamos además la decadencia del nivel educativo, el fracaso escolar y el deterioro de la mayoría de los servicios sociales que son fundamentales empezando por la sanidad, las infraestructuras y el desempleo que afecta especialmente a jóvenes con estudios superiores.

Las elecciones del 7 de octubre del 2016 y la hegemonía del PJD

Llegaron las elecciones del 7 de octubre del 2016 para poner las bases a la misma situación deplorable. A través de un comunicado del Ministerio del Interior, se anunció la victoria del PJD islamista de las elecciones generales con un resultado de 125 escaños de un total de 395, colocándose así a la cabeza del Gobierno para una segunda legislatura. Entretanto, el PAM quedó en segundo lugar con un total de 102 escaños.

Según el comunicado oficial del Ministerio del Interior, el PJD había obtenido 98 escaños en las circunscripciones en todo el territorio nacional y 27 escaños en la «lista nacional» (reservada para mujeres y hombres menores de 40 años) quedando así en un total de 125 escaños. Por su parte, su oponente el PAM (atribuido al Palacio real), consiguió 81 escaños en las circunscripciones y 21 en la lista nacional.

Sin embargo, el USFP uno de los grandes partidos que lideró la transición democrática entre Hasan II y su hijo Mohamed VI, continúa en su descenso al posicionarse en el séptimo puesto con un total de 14 escaños, seguido del PPS (Partido del Progreso y Socialismo) con 7 escaños, el MDS (Movimiento Democrático y Social) con 3 escaños, y por último, la Federación de Izquierda Democrática y el resto de partidos con 2 escaños.

Según el ministro del Interior, el porcentaje de participación alcanzó el 43% del total de ciudadanos registrados en las listas electorales. La cifra de votantes era de unos 6.750.000 de los 16.000.000 de marroquíes registrados en las listas. Y conforme al comunicado del Ministerio del Interior, el proceso de votación se llevó a cabo en todo el país con total normalidad. Acerca de 6.900 candidatos compitieron representando a 32 partidos políticos, junto con otros participantes independientes, por los 395 escaños del Congreso de los Diputados.

El partido marxista «Al-Nahy Al-Dimuqrati» y la asociación islamista «Al Adl Wal Ihsan» boicotean las elecciones

Tras el comunicado del Ministerio del Interior, la asociación islamista Al Adl Wal Ihsan (Justicia y Caridad) manifestó que la cifra de participación del 43% «se ha inflado y manipulado por parte del Palacio como es habitual en todas las etapas electorales» y añadió que el haber inflado las cifras en esta etapa electoral ha sido mucho más delatador que todas las anteriores, ya que se ha revelado así mismo al dar esos saltos bruscos: del 10% a mediodía y, a las cinco de la tarde, cuando la participación en las regiones apenas registraba el 30%, se disparó hasta alcanzar el 43% al cerrar los colegios electorales. Y añade la asociación en un comunicado publicado en su página web, que el porcentaje de participación como máximo habría alcanzado el 26%.

A través de otro comunicado publicado la tarde del viernes del 7 de octubre, la asociación islamista expresaba su agradecimiento al pueblo marroquí y lo calificó de «pueblo digno», por su gran respuesta a las llamadas de boicot a unas elecciones absurdas. Asimismo, subrayó que con esta amplia participación ha dado un gran paso hacia la senda del cambio al mostrar nuevamente el fracaso de la tiranía de la alternativa oficial, disfrazada de una despreciable falsa imagen democrática.

Por su parte, el partido marxista «Al-Nahy Al-Dimuqrati» en su análisis político publicado en su página web, declaró que las elecciones no tienen ninguna credibilidad popular y menos las instituciones que surgirán de ellas. Por lo que votar no hace sino que prolongar aún más la tiranía y renegar del espíritu del Movimiento 20 de febrero, que tanto contribuyó en la concienciación del pueblo sobre la naturaleza del sistema. Un movimiento que le ha reafirmado el convencimiento al pueblo de encontrarse ante un régimen totalitario donde todo el poder político y económico reside en manos del rey.

De esta manera, «Al-Nahy Al-Dimuqrati» ve en el boicot su arma política más eficaz puesto que, según su análisis, cuanto mayor sea la participación en el boicot, menor será la popularidad del régimen provocándole así una crisis interna que le dejará completamente solo y aislado incapaz de representarse ni así mismo.

Y no se aleja mucho la asociación islamista del análisis del partido marxista a pesar de sus abismales diferencias ideológicas, al tratarse «Al-Nahy Al-Dimuqrati» de una ramificación de la organización marxista-leninista «Ila al-Amam» (¡Adelante!) y la segunda atribuida a la corriente del islam político.

La victimización: punto fuerte del PJD

En realidad, el PJD fue muy hábil aprovechando los abusos del majzén en sus actos políticos. Nadie puede negar que el PJD haya sido víctima de sus acosos desde las elecciones comunales y regionales de 2015. Desde entonces, el partido había sufrido continuamente instigaciones y provocaciones que llegaron a su punto culminante en el discurso del rey de la Fiesta del Trono, cuando expresó su enfado a Jeune Afrique, revista a través de la cual el Palacio difunde sus mensajes. Y con un comunicado del diván del rey al secretario general del PPS, Nabil Ben Abdallah, quien aseguró que dicho comunicado iba dirigido a Abdelilah Benkiran y su partido PJD para que dejara de hablar de Attahakkum («control total», eufemismo en alusión al poder en la sombra) y de las intromisiones de Fouad Ali El Himma (consejero e íntimo amigo del rey) en la vida política. En este aspecto, la reacción del PJD frente a estos acosos fue muy inteligente ya que simplemente decidió agachar la cabeza sin dejar de hablar del todo de Attahakkum. Así que optó por la lengua de signos y el lenguaje de madera dando a entender al mismo tiempo que no se puede hablar de Attahakkum.

Durante este tiempo, el PJD había interpretado brillantemente el papel de víctima, del maltratado por los círculos del Palacio real, especialmente por Fouad Ali el Himma (el padre espiritual del PAM y principal oponente del PJD). Como resultado, la masiva votación fue para el PJD como respuesta a las intromisiones en la vida política —en concreto de Ali El Himma— y por la autonomía en las decisiones de partido. Aquellos que votaron al PJD lo hicieron porque veían en él una víctima del Palacio y uno de los pocos partidos con cierta independencia política. La mayoría de estos votantes eran de clase media que estaban ya hartos de la perversión de la política, con que estaban dispuestos a sacrificar sus derechos, sus intereses sociales y económicos con tal de proteger la vida política de las intromisiones del Palacio.

Ahora bien, las verdaderas víctimas de las políticas de gobierno en su mayoría no votaron, bien porque las boicotearon o bien porque les es indiferente la política ya que su única preocupación es luchar por el pan de cada día. Y así es como se ha salvado el PJD del castigo electoral contra sus políticas, es más, hasta se ha beneficiado del castigo electoral contra el majzén en sus intentos de controlar el panorama político.

Siempre queda la duda de que el Palacio no puede atosigar al PJD porque puede ser peligroso. Todo lo contrario, el PJD es bien deseado por los círculos financieros imperialistas y no hay ningún otro partido en Marruecos capaz de trabajar para estos círculos que no fuera el PJD. Incluso la misma monarquía no encontraría en la escena política a otro partido tan ideal como él para trabajar por sus intereses. Por otro lado, se presenta el conflicto interno del majzén, quien no quiere darle más espacio a Abdelilah Benkiran y su partido para así ir allanando el camino de gobierno a su vástago el PAM, y también sacarlo del embrollo en el que le ha metido. Porque si no, corre el peligro de permanecer largo tiempo en la oposición a pesar de haber sido creado para gobernar.

No es que el Palacio quiera deshacerse del PJD, más bien busca un lugar bajo el sol del poder para su hijo que ha pasado ocho años fuera del Gobierno. Por lo que no podemos hablar de un enfrentamiento directo con el PJD cuando realmente de lo que se trata es que su criatura llegue a gobernar. Y al mismo tiempo impedir que el PJD se adentre todavía más en los recovecos del Estado, pues a pesar de ser el candidato perfecto para servir al Palacio, éste último desconfía de la estancia de Abdelilah Benkiran de la cual teme que pase de ser temporal a ser «su momento oportuno».

El fracaso del partido del Palacio

Que sea ya la tercera vez que el Palacio fracase en conseguirle el Gobierno a su vástago es un indicador preocupante. Nunca antes el Palacio había creado un partido y había permanecido tanto en la oposición. Era costumbre del Palacio crear un partido hoy para que al día siguiente esté ya en el poder, excepto en el caso del PAM (creado por el consejero del rey), que ha fracasado en el intento.

En un principio, las movilizaciones del Movimiento del 20 de febrero en 2011 tuvieron un papel esencial en exigir la retirada del partido del Palacio, haciéndole recular un poco hasta que se calmó la tormenta. Una vez mermado el Movimiento 20 de Febrero, el PAM se vio ante las llamaradas del PJD, y le recordó a su fundador sus intenciones y deseos de disolver el partido especialmente tras los atentados del 16 de mayo de 2003[3]. Y en más de una ocasión, el fundador del PAM, ha asegurado que ha venido para luchar contra los islamistas y en especial el PJD. Todo esto creó un ambiente de duelo encarnizado entre el PAM y el PJD, un combate de vida o muerte ya que ambos no se imaginan su existencia sino sobre el cadáver del otro. Por lo que, en estas elecciones, el majzén ha intentado con todas sus fuerzas no salir perdiendo. Pero a pesar de todos sus abusos, acosos y provocaciones, ha fracasado en darle la victoria a su criatura. Un indicador de que el Palacio ya no ostenta ese poder sobrenatural que tenía antes de someter y moldear a los partidos cual figuras de barro.

El Palacio real dio lo máximo de sí usando todos los medios a su alcance, públicos y privados, pero sus esfuerzos fueron en vano. A diferencia de otros momentos, este fracaso ha contribuido en el desarrollo de la vida política y en la concienciación ciudadana concretamente tras las oleadas del 2011. Asimismo, ha favorecido el progreso de los medios de comunicación, de difusión y, también, las movilizaciones y los métodos de delatar. Con que el majzén tuvo que aceptar su humillante derrota al ver cómo fracasaba su entramado.

El derrumbe de los grandes partidos

Lo que obtenemos del resultado de las elecciones del 7 de octubre es el derrumbe de los grandes partidos y, en particular, del PI. Su secretario general, Abdelhamid Shabat, fracasó totalmente en conseguirle un escaño a su partido a pesar de haber reclutado a uno de los símbolos salafistas del país[4]. Un fracaso absoluto que ya venía arrastrando desde las elecciones comunales y regionales. Gran parte de este fracaso se debe a su propio secretario general quien decidió comenzar una guerra subsidiaria contra el PJD en representación del PAM y Fouad Ali El Himma. Fue aquí cuando Shabat empezó a cavar su propia tumba política al escoger este camino, más bien por presión que por decisión propia. Lo hizo en parte también para devolverle el favor a quienes lo llevaron a la dirección del partido; él que solo soñaba con ser un dirigente más entre los dirigentes del partido. Pero su valentía y su gran ambición política le animaron a tentar suerte de todas las maneras posibles para satisfacer sus instintos.

Esta ilimitada ambición política, la aprovecharon los responsables para los asuntos de partido y lo prepararon bien para liderar el PI. Sin embargo, antes de todo esto ya se habían asegurado de hacer de él un mero títere en sus manos para moverlo siempre y cuando lo necesiten. Y en el hipotético caso de que quisiera rebelarse, se vería envuelto, tanto él como sus hijos, en las llamas de los archivos clasificados que tranquilamente reposan en los estantes de quienes intentan meterse en los asuntos del partido. Este hecho le ha acarreado a Shabat una gran desgracia, por lo que ha terminado salpicándose a sí mismo y a su propio partido. Y allí están ahora saboreando la amarga ambición desmedida de su propio secretario general.

La misma historia se aplica al USFP por el que se lanzó en su liderazgo Dris Leshgar, su secretario general, con la ayuda de Ali El Himma e Ilyas El Ammari (secretario general del PAM). Le ayudaron a llegar a la dirección del partido a cambio de trabajar para sus intereses políticos. Encabezó Leshgar la dirección del partido y empezó a recibir las órdenes de sus amos, hecho que no aceptaron muchos miembros del partido. Hay quienes expresaron muestras de pundonor y dignidad al ver cómo Ali El Himma y sus compinches jugueteaban con el partido de Mehdi Ben Barka y Omar Ben Yellun, y se marcharon escandalizados por el lamentable estado en el que ha acabado el USFP.

El sometimiento de Shabat y Leshgar a la voluntad de Ali El Himma hizo que sus partidos lo pagaran caro con el voto de castigo, vengándose de ellos y de quienes han servido. Sobre todo ahora, cuando el ciudadano marroquí politizado ha ganado todavía más conciencia política en comparación con las elecciones anteriores, lo que le hace estar capacitado para premiar o castigar a quien vea merecedor de ello.

Las vacilaciones de Leshgar y Shabat les convirtieron en presa fácil para el PAM, que empezó a recolectar sus escaños y añadirlos a su cesta. Con un rápido examen de la distribución de escaños del PAM durante estas elecciones, percibimos que estos antes eran escaños de esos dos partidos (USFP y PI) o de la Unión Nacional de Independientes (RNI, por sus siglas en francés) de tendencia liberal, lo que viene a decir que el PAM ha engrosado sus resultados a expensas de los partidos que gobierna. Pero al mismo tiempo, no ha sido capaz de quitarle protagonismo al PJD en ninguna de las circunscripciones, y ni siquiera el hecho de haber reclutado a miembros del PJD en su partido —que tanto dio que hablar en los medios de comunicación— le ha costado al PJD ni un solo escaño.

En resumen, el PAM ha fracasado en su lucha contra el PJD y ha aumentado sus resultados gracias a sus fieles aliados y sirvientes: USFP, PI, RNI, FGD y todo este teatro.

Ciertamente, no podemos negar la buena campaña electoral que llevó a cabo la Federación de Izquierda Democrática (FGD, por sus siglas en francés), conformada por: el Partido de la Vanguardia Democrática y Socialista (PADS, por sus siglas en francés), el Partido del Congreso Nacional Ittihadi (CNI) y el Partido Socialista Unificado (PSU). Hizo un muy buen uso de los nuevos medios y de las redes sociales, pero aun así, solo consiguió dos escaños. La meta de la Federación era conseguir un equipo parlamentario para crear otra alternativa que esquive la dualidad «PAM-PJD», pero su discurso político no convenció a muchos votantes marroquís.

Yazid El Baraka, miembro del PADS, a través de una publicación en Facebook propuso que para entender las elecciones hay que conocer a aquellos sectores de la sociedad que votaron por cada determinado partido así como del porqué y la razón de su voto. Una propuesta plausible y útil que tendrá que ser objeto de más de un estudio exhaustivo.

En este sentido, llaman la atención varios aspectos. En primer lugar, la mayoría de los votantes (55 o 60%) eran mujeres tradicionales. Lo característico de estas mujeres es que son personas no formadas, conservadoras y fáciles de persuadir por los medios oficiales (televisión e informativos) con el discurso religioso, y por las orientaciones de las autoridades locales (el mokaddem[5], el jeque y la moqataa[6]). En segundo lugar, la mayoría de los que votaron al PJD relacionan religión con partido religioso, lo que viene a decir PJD. Así que cuanto más clamen sus dirigentes que «el islam está siendo amenazado en Marruecos», estas masas populares iletradas votarán con ímpetu en pro de este partido. Y así, creerán que están apoyando y defendiendo la religión cuando en realidad están apoyando a un farsante partido capitalista que se aprovecha de la religión para unos intereses concretos, en especial, el poder y sus beneficios.

En otra publicación en Facebook, el militante Muniim Ohatti hizo un llamamiento a las fuerzas de izquierda para organizar un encuentro con el fin de hacer una evaluación conjunta sobre las elecciones del 7 de octubre y sacar conclusiones. En su llamamiento se dirigió al PSU, al PPS y a la FGD sin mencionar a Al-Nahy Al-Dimuqrati, cuando este partido también tiene que ver con este desastre electoral y gran parte de responsabilidad. Y todos y cada uno de los militantes de izquierdas son, de alguna manera, responsables de lo sucedido, e incluso el propio Al-Nahy Al-Dimuqrati sufrirá sus consecuencias fatales. Es más, la idea de organizar este encuentro no se trata solo de una petición opcional o de un simple llamamiento sino de una obligación, que le compromete zanjar a todas las fuerzas de izquierda. Y no le conviene a ninguno de los dirigentes de estas fuerzas evadirlo, o sino tendrán que ser los propios militantes quienes tengan que organizar este tipo de encuentros evaluativos con o sin la presencia de las direcciones.

El militante Yamal Fallah planteó la necesidad de entender el porqué de este «empeoramiento». Considera que: «el fracaso de Nabila Munib, secretaria general de la FGD, le exige una autocrítica, presentar cuentas y, por qué no, su dimisión». Y añade que «la izquierda es la peor parada ante la invasión de la religión y el dinero». Y se pregunta con razón: «¿Acaso la izquierda ha perdido su poder de influencia en la sociedad?». Y no se descarta que haya más militantes con las mismas inquietudes.

Por otra parte, otros militantes han manifestado que la FGD ha conseguido «unos resultados honorables» ya que ha aumentado la cantidad de votos (alrededor del 50 o 60%) en comparación con las elecciones comunales y regionales del 4 de septiembre.

Y en respuesta a una pregunta de un periodista de badil.info, dice el exsecretario general del PADS, Abderramán Ben Amro: «Yo estoy satisfecho con los resultados de la FGD en los tiempos que corren […] porque los votos que hemos conseguido son más que en las elecciones comunales y regionales con un 67 % aproximadamente». Pero esto es una evaluación insensata e infundada, es más, intenta refugiarse en el punto débil de los partidos de la FGD. ¿Cómo es posible que tres partidos —con más de treinta años cada uno— aliados bajo la Federación de Izquierda Democrática solo consigan 2 escaños frente a los 125 del PJD? ¿O frente a los 102 del PAM? A estas alturas, si seguimos en esta línea puede que la FGD consiga 6 escaños en las próximas elecciones del 2026 y se conforma con ello, y así sucesivamente. No, querido compañero Ben Amro, el conformarse no nos conduce a nada y la situación actual de la izquierda es lamentable. Estamos necesitados de un sentido crítico, constructivo y creativo, y sinceramente, el haber conseguido solo 2 escaños a eso se le llama, hablando claro, un «fracaso aliviador». Así que, no hay escapatoria para un buen diagnóstico para saber las razones.

Algunos militantes han diferido de otros acerca del porqué del continuo deterioro en la FGD. Unos argumentan que este constante deterioro se debe a su alejamiento de los principios y valores revolucionarios desde el Congreso extraordinario de 1975[7] y de los que sigue alejándose. Otros, por el contrario, sostienen que la causa de este deterioro se debe a que el partido no se ha alejado lo suficiente de los ideales revolucionarios y que debería volverse más «derechista». Como si los autores de este argumento quieren que el USFP se vuelva como el RNI o el PAM, sin darnos una explicación del por qué tendría que haber otro partido más de derechas a los ya existentes, y que son unos cuantos.

El discurso político de la FGD, a pesar de su honestidad, ha fracasado totalmente en convencer a los ciudadanos de ser la «tercera opción», y de que realmente está en contra del Palacio real. Por eso, la FGD solo ha obtenido los votos de sus simpatizantes sin poder atravesar la masa electoral que tan machacada está por las intromisiones del majzén en la vida política.

El porcentaje de participación y la victoria del partido de boicoteadores

Huelga señalar que las cifras que presentó el Ministerio del Interior sobre las participaciones pueden ser ciertas, aunque en el fondo no sea así del todo, ya que sí que se inflaron. No directamente, pero sí mediante otras maneras más confusas. Por ejemplo, hay casos en los que los ciudadanos votaron en más de una ocasión, es decir, que una persona ha podido votar 3 o incluso 4 veces, un fenómeno que ha sucedido en más de una circunscripción y en más de una urna. Esto si le sumamos las denuncias de los partidos participantes sobre la injerencia en algunas urnas de cientos o incluso de miles de votos por parte de los presidentes de mesa. Así como la cantidad de papeletas rechazadas que levantan más de una sospecha, entonces, ¿estaría bien añadirlas al recuento de participación? Por estas razones y otras más, el 43% es una cifra exagerada, y lo más probable es que la verdadera cifra de participación entre los registrados no haya superado la de las elecciones del 2007, es decir, el 37%.

Y por último, a pesar de ser el Palacio quien mueve los hilos del juego político en Marruecos, los resultados electorales del 2016 no son nada alentadores y nadie sabe adónde nos llevará el PJD. Porque sabemos perfectamente, como señala el compañero Abderramán Ennoda, uno de los militantes marxistas en Marruecos, adónde nos llevan los partidos islamistas tradicionalistas cuando se apoderan. Siempre llevan la sociedad, en última instancia, a la guerra civil, a la destrucción y a la decadencia. Y si no pasa eso en un plazo de 5 años, pasará en 15, y sino, en 20. ¿Qué diferencia hay entre un partido islamista como el PJD y el Dáesh en Siria? La diferencia es que Dáesh está en su adolescencia mientras que el PJD está en su niñez. Y la Historia nos ha enseñado que toda fuerza religiosa ya sea judía, cristiana o islámica, desemboca siempre hacia la tiranía, los asesinatos en masa y la destrucción total. Esto es lo que el pueblo no entiende y eso que este fenómeno ha sucedido y se ha repetido en Líbano, Afganistán, Pakistán, Iraq, Siria, Yemen y Egipto.


Traducción: Abdelhamid Znaidi.

[1] Literalmente, almacén, ya que antiguamente era el lugar donde la monarquía guardada sus enseres y bienes escasos. Con el paso del tiempo este lugar se ha dotado de un dispositivo de seguridad que lo custodiaba (su policía, sus guardias, etc.). Actualmente, hace referencia a la oligarquía, a la élite dominante, a la autoridad suprema y a su aparato de seguridad.

[2] La Caja de Compensación o la caisse de compensation (fr.) es una institución pública marroquí creada en 1941 para subvencionar los precios de los productos básicos (harina, gas, azúcar, pan, etc.) con el fin de mantener el poder adquisitivo de los ciudadanos.

[3] Los atentados del 16 de mayo de 2003 (en Casablanca) fueron para el PJD una de las etapas más duras en toda su trayectoria política. Se le acusó de tener la responsabilidad moral y de estar incluso implicado en los atentados, aun cuando los autores pertenecían a la corriente del salafismo radical. Como resultado, se redujo su participación política por presiones del exterior, se le prohibió participar en las marchas contra el terrorismo y, algunas figuras políticas y partidos especialmente de izquierdas, llegaron hasta exigir su disolución.

[4] Se trata de Mohamed Abdelwahhab al-Rafiki apodado «Abu Hafs» quien estuvo encarcelado por su implicación en los atentados del 16 de mayo. Mediante esta estrategia, el partido buscaba ganar los votos de los sectores salafistas.

[5] Jefe o autoridad máxima de un barrio bajo las órdenes del majzén

[6] Circunscripción administrativa: distrito bajo la autoridad del caíd.

[7] En 1975, después de la creación del USFP se organizó el Congreso extraordinario para romper sus relaciones con las organizaciones secretas y poner fin así a la acción armada que se desarrolló entre 1961 a 1973. También, para cambiar su nombre de la Unión Nacional a la Unión Socialista y adoptar la estrategia de la lucha democrática. Detrás de esta transformación había dirigentes sindicalistas y políticos, miembros del Ejército de Liberación y de la resistencia, y una vanguardia de jóvenes del partido.