El último 25 de octubre un nuevo golpe de Estado se dio en Sudán. El país fue dirigido durante 30 años por el ex dictador El Bashir, y últimamente el país venía siendo dirigido por una coalición denominada Consejo Soberano, compuesto por militares y civiles representados por la Asociación de los Profesionales Sudaneses (SPA)[1]. Esta vez, el general Abdel-Fattah Burhan anunció en un discurso transmitido por televisión que estaba disolviendo el Consejo Soberano que gobernaba el país, así como el gobierno liderado por el primer ministro Abdalla Hamdok.

Por: Ashura Nassor

Tras el golpe, crecieron y tomaron las calles las manifestaciones, así como se realizó una movilización masiva este sábado (30/10), convocada por organizaciones sindicales y populares como los comités de barrio y de resistencia. Sin embargo, las manifestaciones que crecen contra el último golpe son solo la expresión de una situación mucho más compleja que vive el país. Por eso, nuestra propuesta es entender mejor algunos aspectos, frutos de este proceso.

La caída del dictador El Bashir

Después de meses de manifestaciones, huelgas por fábricas, ocupaciones de tierras y manifestaciones en los barrios, el gobierno dictatorial de El Bashir llegó a su fin, en 2019. Una gigantesca victoria de las masas, que derribaron una de las más sanguinarias dictaduras de África que, entre otros crímenes, es responsable por el asesinato de más de 300.000 personas y tres millones de desplazados y desprotegidos por el país.

Con la caída de El Bashir, los militares intentaron seguir en el poder, pero las masas, sintiéndose victoriosas, no aceptaron un nuevo ciclo de gobiernos militares y siguieron las movilizaciones. La ausencia de una dirección con un programa clasista llevó al poder al Consejo de Transición Soberano.

El Consejo de Transición Soberano, una salida negociada

Frente a la incapacidad de los militares de seguir gobernando, se realizó un gran acuerdo entre estos y la Asociación de los Profesionales Sudaneses. El acuerdo preveía elecciones para 2023 y en ese período habría un gobierno encabezado por los militares durante los primeros 21 meses, con otro período de 18 meses encabezado por los civiles.

Los dos objetivos centrales del Consejo de Transición Soberano eran: primero, calmar el movimiento de masas; y, segundo, redemocratizar el país. Serían buenos planes para la burguesía si en mitad del camino no hubiese una enorme crisis económica mundial sumándose a la pandemia de Covid-19 y a los desastres ambientales que provocaron impresionantes inundaciones del río Nilo.

La composición del Consejo Soberano

El Consejo Soberano es aparentemente dirigido por dos alas: militares y civiles. Los militares, sin embargo, tienen varias contradicciones y disputas internas. Y los civiles son mayoritariamente representados por la Asociación de los Profesionales Sudaneses que es el portavoz de los sectores de clase media y la pequeña burguesía radicalizada.

El principal dirigente de los militares es el teniente general Abdel Fattah al-Burhan, poco conocido antes de 2019 y que ganó proyección tras la caída de al-Bashir. El hecho más relevante de su trayectoria es haber sido comandante regional del ejército en Darfur, cuando más de 300.000 personas fueron muertas y millones de otras, desplazadas en combates entre 2003 y 2008. Muy próximo de al-Bashir, siempre defendió que los militares eran la institución más importante del país, equivalente al propio Estado.

Si por un lado los militares tenían un fuerte representante de tradición en la represión y el control del país, por otro lado, los civiles estaban representados por el primer ministro Abdalla Hamdok, un economista que pasó gran parte de su carrera trabajando en instituciones financieras internacionales y empresas de consultoría, además de haber trabajado para la Comisión Económica de la ONU para el África.

Sudán gobernando por el Consejo Soberano

Lideradas por el primer ministro Hamdok se hicieron una serie de reformas que consiguieron que Estados Unidos sacase a Sudán de la lista de los países que patrocinan el terrorismo; prohibió la Mutilación Genital Femenina (MGF); revocó las leyes que impedían la libre escuela religiosa; y firmó un acuerdo de paz con grupos rebeldes. Esas reformas cosméticas, o sea, de apariencia, solo sirvieron para crear la ilusión de que el país estaba cambiando. En verdad, el Consejo Soberano, con el apoyo de Estados Unidos y de la Comunidad Europea, tomó medidas extremadamente conservadoras, como la privatización de los puertos, la venta de tierras a extranjeros y la expulsión de los moradores; permitió que la inflación estuviese por arriba de 400% mensuales; escasez de alimentos; y la total capitulación al imperialismo al renegociar la deuda externa, establecer relaciones con el Estado de Israel y aceptar pagar una indemnización de U$S 335 millones por las víctimas de dos atentados con bombas en 1998 contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y en Kenia.

2020: la clase trabajadora y el pueblo pobre en lucha

Sin dudas, inicialmente, la clase trabajadora y el pueblo pobre tuvieron muchas ilusiones en el nuevo gobierno. Pero las soluciones a los problemas de la vida cotidiana no avanzaban. Así que, ya en agosto de 2020, en el auge de la pandemia, hacían la primera gran huelga. Los trabajadores de la Kenana Sugar Company hicieron una huelga de más de un mes, la más larga de la historia del país. La demanda incluía reivindicaciones económicas, pero también la pauta política, como la vuelta de los despedidos por luchar contra la dictadura de al-Bashir y el despido de los administradores vinculados al antiguo régimen.

La huelga de los trabajadores de la Kenana Sugar Company era solo una primera demostración de insatisfacción y a partir de esa huelga comenzaron las protestas reivindicando alimentos, aumentos salariales y mejoras de las condiciones de trabajo. Los residentes del campo [de refugiados] de Zamzam salieron a la lucha por alimentos, el Sindicato de los Trabajadores de la Educación exigía cambios en la política salarial, y el Sindicato de los Trabajadores de la Represa de Sennar también exigía mejoras económicas.

Y en 2020, las luchas se fueron fortaleciendo; por ejemplo, los habitantes del campo de refugiados de Zamzam montaron barricadas y quemaron neumáticos para bloquear el tráfico que venía o se dirigía a Nyala, capital de Darfur del Sur, forzando a los propietarios de automóviles a cambiar sus rutas.

Así, también el Sindicato de los Trabajadores de la Educación organizó una protesta en Jartum, frente al Consejo de Ministros, exigiendo los salarios atrasados y la reestructuración del sistema salarial.

Y el Sindicato de los Trabajadores de la Represa de Sennar organizó una importante huelga reclamando por las condiciones de trabajo y las disparidades salariales entre los “trabajadores comunes” y los trabajadores aliados del antiguo régimen.

Y es por eso que podemos afirmar que el año 2020 terminó con innumerables luchas, y que estas ganaron mayor fuerza y extensión en 2021.

Un elemento que complica: la posibilidad de la condena de El Bashir y las empresas de militares

Además de la insatisfacción de las masas, hay otro factor para el golpe de Estado. el ex dictador al-Bashir fue acusado de crímenes contra la humanidad y otros crímenes en el Tribunal Penal Internacional. La denuncia a al-Bashir puede llevar a la del actual presidente, el general al-Burhan, y también a la del teniente general Mohamed “Hemeti” Hamdan. El general al-Burhan fue del comando regional del Ejército y el teniente “Hemeti” fue jefe de las Fuerzas de Soporte Rápidas[2], ambos acusados del genocidio en Darfur. La entrega del poder a los civiles, conforme lo acordado en 2019, significará que los militares pasarán a segundo plano en el gobierno y los estos temen que los civiles no los defiendan frente a la amenazas del Tribunal Penal Internacional.

Además de la necesidad de impedir el avance en las investigaciones contra el ex dictador al-Bashir, los militares tienen muchos intereses materiales para defender las medidas en que controlan centenas de empresas estatales envueltas con la producción y venta de minerales, incluido el oro; importación y exportación de ganado; materiales de construcción; y productos farmacéuticos. Al controlar el Estado y las empresas, a través de maniobras diversas, esas empresas raramente contribuyen con sus ganancias al presupuesto nacional.

Entonces, como expresión máxima de eso, el propio general al-Burhan también comanda el consejo de curadores de la Defense Industrial Systems, una de las mayores empresas militares del país.

2021: el ascenso de las masas y la posibilidad de condena de militares están en la raíz del golpe

Las luchas que se dieron en 2020 continuaron en 2021 en la medida en que la situación de crisis económica se presentó cada vez más difícil, como la inflación, que presentó un crecimiento gigantesco: en los meses de mayo, junio y julio, el crecimiento fue de 378%; 412%; 422%, respectivamente. Aunque 80% de la población viva en el campo, esto no garantiza el abastecimiento de alimentos y se hace necesaria la importación de productos básicos. Sin embargo, en una economía totalmente quebrada, atravesada por años de guerras internas, no hay condiciones económicas para importar alimentos, lo que consecuentemente genera una escasez que provoca el hambre. La consecuencia de la escasez se combina con el alza de la inflación que, de acuerdo con el Ministerio de Salud del Sudán y las agencias de la ONU, da como resultado un número avasallador de tres millones de niños sudaneses que sufren de desnutrición aguda.

Además de esos gravísimos problemas económicos, Sudán tiene que luchar contra la estación lluviosa en tiempos de desequilibrios ambientales. Así, vio a millares de personas afectadas en toda la Depresión del Nilo, en el Sudán. Inundación de chacras, destrucción de la producción, casas destruidas e incluso hasta aldeas fueron llevadas por las aguas. Por los menos 50 personas murieron.

Entonces, se percibe una sumatoria de factores, como inflación acelerada, escasez de alimentos, desempleo (solo 12% de la población tiene empleo regular), falta de energía eléctrica, hospitales sin remedios para el combate al Covid-19, entre otras enfermedades, y la no resolución del problema de las tres millones de personas que viven en los campos de refugiados sin poder retornar a su tierra de origen. Así, frente a todos estos problemas, los distintos afectados por tales problemas realizaron innumerables manifestaciones, y la respuesta del gobierno fue el uso de la policía reprimiendo con violencia e incluso hasta con el uso de balas letales, ocasionando muchas muertes.

El golpe de Estado del último 25 de octubre fue, por lo tanto, una medida para incrementar aún más la represión contra las masas en lucha, la continuidad de la política económica controlada por los militares, de rebaja y privatizaciones de las tierras estatales, combinado con la necesidad de continuidad de un gobierno y un régimen militar dictatorial que defienda a los genocidas, protegiéndolos incluso de ser juzgados y condenados en el Tribunal Penal Internacional por sus crímenes.

La organización por barrio y el papel de las mujeres

El cambio de gobierno en 2019, incluso con la presencia de la Asociación de los Profesionales Sudaneses, no cambió el régimen político, que sigue siendo controlado por militares y milicianos acusados de genocidio.

La resistencia al golpe de Estado contó con masivas movilizaciones en el centro de Jartum y Omdurmán, pero en los barrios, donde el control represivo es menor, se concentran innumerables movilizaciones, así como en los barrios en que actúan los Comités de Resistencia, los Comités de Barrios, que nacieron de la necesidad de los manifestantes de organizarse en su cotidiano contra los enfrentamientos con el aparato de seguridad represivo del Estado. El Servicio Nacional de Inteligencia y Seguridad (NISS)[3], las Fuerzas de Soporte Rápidas (RSF) y las milicias [parapoliciales] aliadas crecieron durante el pico del movimiento de protesta, a inicios de 2019, y se mantuvieron en actividad desde entonces.

Esos comités en los barrios tienen una característica muy especial: participación de las mujeres y el papel que ellas desempeñan en estos comités de barrio y/o de resistencia. Y es exactamente en uno de los países en que los derechos y la libertad de las mujeres son tan violentados, con la imposición de leyes aliadas a cuestiones morales y religiosas como la Sharia, que las mujeres cumplen un papel fundamental en el proceso de resistencia al actual golpe de Estado.

En general los/as activistas de otros países no comprenden la importancia, la fuerza y la dimensión del papel de las mujeres en las luchas del Sudán. Recomendamos la lectura del artículo “La lucha de las mujeres en una revolución inacabada”, publicado en 2020[4].

Mujeres de los Comités de Resistencia cargan troncos de madera para bloquear las calles.

Contra el golpe de Estado. Sin ilusiones en el Consejo Soberano

Es preciso decir alto y en buen tono que el golpe de Estado significará: a) la vuelta a la mutilación genital femenina; b) el fin del derecho de elección religiosa; y, c) sobre todo, una mayor militarización de las luchas y el fortalecimiento de milicias [parapoliciales] como Janjaweed[5].

Por eso, decimos: abajo el golpe de Estado.

Sin embargo, resaltamos que el hecho de estar contra el golpe de Estado no significa que debamos defender el gobierno de composición de la Asociación de los Profesionales Sudaneses, pues junto con los militares abrieron la economía, vendieron los puertos, elevaron la inflación a 400%, pagaron la deuda externa[6] a costa de la falta de alimentos y remedios en los hospitales.

En este proceso de resistencia al golpe de Estado es preciso construir una organización independiente basada en los sindicatos, comités de barrio/resistencia, en los jóvenes, y en la inmensa mayoría de la población pobre que vive en el campo.

Solo un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, basado en organizaciones de base y de la clase, podrá devolver las tierras a los campesinos pobres y de esa forma vaciar los campos de refugiados y traer de vuelta a aquellos que huyeron hacia otros países.

Solo un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, basado en organizaciones de base y de la clase, podrá reorganizar la producción de alimentos que combatan el hambre.

Solo un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, basado en organizaciones de base y de la clase, podrá dar esperanzas a la juventud.

En ese sentido, reivindicamos el programa presentado por el periódico inglés Socialist Voice, órgano de la International Socialist League, sección inglesa de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI) y agregamos:

  • ¡Abajo el golpe de Estado! ¡Fuera todos los militares del gobierno!
  • Libertad a todos los presos políticos.
  • Juicio y castigo a todos los militares que participaron del golpe militar y cometieron los crímenes.
  • Ningún diálogo, ninguna negociación con los militares.
  • Despido de todos los militares en puestos administrativos y empresas.
  • Suspensión del pago de la deuda externa ilegal a inmoral.
  • Abastecimiento y distribución de alimentos y remedios.
  • Devolución de las tierras y reubicación de todos los refugiados.
  • Basta de violencia contra las mujeres y reparación a todas las víctimas de violencia estatal.
  • Justicia para los genocidas de Darfur. Que todos los criminales de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y de la Janjaweed sean juzgados y condenados por sus crímenes.
  • Por una Asamblea Constituyente libre y democrática con amplia participación de los trabajadores, comités de barrios y de resistencia, que reorganice el país atendiendo los intereses de aquellos que necesitan.
  • Por un gobierno de los trabajadores en sus comités de trabajo, y de los comités de barrios/comités de resistencia.

[1] Sudanese Professionals Association (SPA).

[2] Rapid Support Forces (RSF)

[3] National Intelligence and Security Service (NISS)

[4] Liga Internacional de los Trabajadores: https://litci.org/es

[5] Janjaweed en lengua local significa el “diablo montado a caballo”. Fue una milicia que actuaba paralelamente para al-Bashir; quedaron reconocidos por su brutalidad, tales como violaciones de mujeres y niñas, la esclavitud sexual y las mutilaciones genitales de sus víctimas al realizar las remociones forzadas, y por su actuación en las manifestaciones. Esta milicia fue incorporada a la policía del Estado, actuando de forma conjunta. Incluso la propia ONU fue denunciada por entrenar a miembros de este grupo para actuar como fuerza de paz en la región.

[6] La deuda externa fue realizada para hacer guerra contra la población del país, por eso es una deuda ilegal e inmoral, y su pago tiene que ser objeto de suspensión inmediata.

Traducción: Natalia Estrada.