Editorial Correo Internacional
Presentamos esta edición de Correo Internacional con el objetivo de explicar nuestra visión sobre la compleja situación internacional a partir de la invasión de Trump a Venezuela. Incluye una primera parte con artículos sobre la realidad actual y una segunda parte más histórica, con nuestros textos antiguos sobre el chavismo y el país.
Existe una crisis del orden imperialista mundial que se está agravando directamente por las acciones de Trump, como la invasión de Venezuela. Y hay una lógica detrás de la aparente imprevisibilidad del gobierno estadounidense: la búsqueda de recomponer la hegemonía imperialista ante el ascenso económico del imperialismo chino.
Trata-se de una globalidad económica (la disputa por Inteligencia Artificial, guerra tarifaria, la batalla por el petróleo), política (toda la disputa de la ultraderecha) y militar (la invasión a Irán de 2025 y ahora nuevas amenazas, invasión a Venezuela, amenazas a Groenlandia).
Existe una unidad entre la política exterior de Trump y sus brutales ataques contra los trabajadores en Estados Unidos, en particular contra los inmigrantes. Entre el impulso bonapartista dentro de Estados Unidos y las guerras o amenazas de guerra en el exterior.
La agresividad de Trump es una expresión brutal de la decadencia del imperialismo norteamericano en su lucha para recomponer en los niveles anteriores su hegemonía, ahora con otros métodos, directamente bonapartistas.
Trump está tratando de utilizar la justa lucha de las masas iraníes contra la dictadura de los ayatolás para repetir una maniobra similar a la que hizo en Venezuela, con una invasión para imponer un gobierno adaptado a sus intereses. Aún no lo ha conseguido, pero nadie puede descartar que lo intente en un futuro próximo, para avanzar en el control del petróleo y alejar a China de su penetración en Irán.
Amenazó con anexionar por la fuerza Groenlandia, poniendo en jaque a la propia OTAN, de la que forma parte Dinamarca, que controla la isla ártica. Todo se justifica por el enfrentamiento con el ascenso del imperialismo chino, por el control de los minerales de la región y la ruta maritima. Aparentemente, tuvo que retroceder ante la crisis provocada por la primera reacción del imperialismo europeo, tras innumerables sumisiones.
Como se puede ver, nuestra interpretación de la realidad es más que la necesaria denuncia de la agresión militar de la mayor potencia imperialista a un país semicolonial como Venezuela. Esta parte de la verdad es fundamental, lo que incluye la polémica con sectores de las masas que creen que Trump puede traer «democracia» y mejores condiciones de vida a Venezuela. El imperialismo norteamericano no tiene ninguna postura de defensa de las libertades. Por el contrario, Trump es un agente de la difusión del bonapartismo autoritario tanto para Estados Unidos como para el resto del mundo, precisamente para combatir al también bonapartista imperialismo chino.
Pero, además, buscamos hacer una interpretación marxista de la realidad, superando la visión «campista» estalinista, que divide el mundo en «gobiernos pro Trump» y «gobiernos progresistas», el “imperialismo malo norteamericano” versus el “sul global” en lo cual esta China.
Esta visión estalinista abstrae las clases en lucha y termina por vincular el movimiento de masas a dictaduras burguesas decadentes como Venezuela e Irán, así como al imperialismo chino, que no tiene nada de bueno. Es incapaz de ver por qué los trabajadores venezolanos que derrotaron el intento de golpe de Estado del imperialismo estadounidense en 2002 odian hoy la dictadura de Maduro. Al igual no puede explicar porque las masas iraníes se levantan contra la decadente dictadura burguesa de los ayatolás.
Por eso defendemos la independencia política de clase de los trabajadores contra los imperialismos estadounidense, chino, etc., así como contra todos los sectores de la burguesía nacional.
Existe una totalidad económica, política y militar de estos ataques de Trump dentro y afora de Estados Unidos que está llevando a la profundización de la crisis de la orden mundial y a una creciente polarización social y política en el mundo. No es correcto tener una visión unilateral de este proceso, viendo solo las distintas y múltiples acciones del gobierno ultraderechista de Trump en el gobierno del país imperialista más poderoso del mundo.
La acción de Trump en Venezuela conduce a una tendencia a nuevas convulsiones de la lucha de clases en el continente, así como en otras partes del mundo. No hay una reacción inmediata no homogénea, pero si genera una tendencia a nuevos conflictos. Las enormes movilizaciones en Bolivia contra el paquete del nuevo gobierno de derecha para entregar el litio son parte de esa tendencia a la polarización social y política.
La gigantesca movilización de Minneapolis, con un intento de huelga general y una movilización de 50 000 personas bajo un frío de 20 grados bajo cero, es una gran expresión de eso en el corazón del imperialismo y puede estar señalizando un camino de enfrentamiento a las masas del mundo.



