La amenaza de continuidad de la limpieza étnica en el pequeño barrio palestino de Sheikh Jarrah, en Jerusalén, detonó una chispa que se extiende por toda la Palestina histórica: la resistencia heroica e histórica alcanza ahora todos los rincones, a despecho de la brutal violencia sionista. Y la solidaridad internacional avanza.

Por Soraya Misleh

Acorralado, Israel postergó una audiencia sobre las expulsiones en Sheikh Jarrah para de aquí a 30 días, lo que demuestra la fuerza de la resistencia. Si no se aplaca, puede impedir de hecho la continuidad de ese proceso, no solo en el barrio sino en toda Palestina. Hay varios otros lugares que enfrentan la misma situación, como Silwan, también en Jerusalén. Y hay amenazas de expulsión también en ciudades ocupadas en 1948 durante la Nakba (catástrofe con la creación del Estado de Israel en 78% de la Palestina histórica mediante limpieza étnica planificada).

Desde Gaza, la resistencia envió un recado para intentar cesar la ofensiva brutal en Jerusalén. Ahora, la estrecha y empobrecida Franja, bajo cerco criminal hace casi 14 años, sangra una vez más. Desde el 10 de mayo, los dos millones de palestinos que viven en Gaza están bajo bombardeo masivo sionista. Hasta ahora fueron 30 muertos –entre ellos diez niños y una mujer– y 203 heridos.

Ochenta por ciento de la población de Gaza está formada por desplazados internamente e hijos de la Nakba. O sea, son refugiados “de adentro”. La estrecha Franja –de poco más de 340 km2– reúne una población mayoritariamente joven, que creció en medio de bombardeos masivos o a cuentagotas, estos tan comunes como invisibles a los ojos del mundo. Ochenta por ciento están desempleados y dependen de ayuda humanitaria hasta para alimentarse. Nada entra o sale sin que Israel lo permita, que además, aún arroja contaminantes en las plantaciones de los palestinos y en el agua. Hoy 96% de ella no puede consumirse. Las fuerzas de ocupación también disparan en agricultores y pescadores de Gaza que buscan su sustento.

Cuando son heridos gravemente o están enfermos, los palestinos dependen de autorización para dejar la estrecha Franja en busca de tratamiento. La infraestructura hospitalaria es parca y está destruida, y la energía eléctrica dura pocas horas al día –lo que ha sido un obstáculo más frente a la pandemia de Covid-19, en que Israel niega vacunas que sobran en el Estado sionista–.

En la escalada que tuvo inicio hace dos días, Israel no está respondiendo o defendiéndose, como alega falsamente. Está agrediendo una vez más, ya que la resistencia es legítima bajo todos los medios posibles frente a la ocupación. Hasta la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce eso. Además, Israel comenzó el proceso de limpieza étnica y violencia brutal en el barrio palestino de Sheikh Jarrah, en Jerusalén, y provocativamente han profanado la Mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más importante para los musulmanes, en medio del período sagrado del Ramadán. Ya son más de 400 heridos y muchos presos políticos en Jerusalén.

A partir del apoyo que viene de Gaza, Israel aprovecha para masacrar a toda la población local una vez más: punición colectiva y limpieza étnica para que nadie encuentre defecto.

Desde que el Estado sionista retiró los 8.000 colonos que vivían en asentamientos en la estrecha Franja, en 2005 –por entender que era muy costoso en términos militares mantenerlos y el retorno no compensaba–, el camino estaba abierto para las masacres, sin riesgo de alcanzar a esos colonos. En 2006, Hamas venció democráticamente las elecciones y pasó al comando de la estrecha Franja. Israel decretó, poco después, el bloqueo asesino que impone a los palestinos hambre, frío, miseria –una “dieta forzada”, en las palabras de una dirigente sionista–. El cerco cuenta con ayuda de la dictadura egipcia. El resultado es que la mitad de los niños enfrenta desnutrición crónica. Y a partir de diciembre de 2008, bombardeos y masacres.

Entre aquel final de año y el comienzo de 2009 ocurrió la primera ofensiva violenta por parte de Israel, que se tornaría praxis. Fueron 1.400 muertos en poco más de 30 días. La infraestructura destruida –escuelas, hospitales, casas, servicios básicos– nunca pudo ser reconstruida. En 2012, nuevo ataque, por una semana, y 150 vidas palestinas perdidas –año en que la ONU afirmó en informe que la crisis humanitaria eran tan dramática que Gaza se tornaría inhabitable en ocho años (hasta 2020)–.

Y en 2014, durante 51 días de bombardeos y operaciones terrestres, 2.200 palestinos fueron masacrados, entre ellos 530 niños. En 2018, el Día de la Tierra palestino –30 de marzo– marcó el inicio de la Gran Marcha del Retorno. Francotiradores sionistas y sus bombas no perdonaron ni siquiera a médicos, enfermeros y periodistas, por el contrario, los tenían en la mira. Hasta el 31 de diciembre del mismo año, más de 159 muertes y 20.000 heridos. Con todo ese histórico, mucha gente en Gaza perdió piernas, brazos, visión.

La estrecha Franja –ocupada militarmente en 1967, juntamente con Cisjordania y Jerusalén Oriental–, con todo, sobrevive y revela su resistencia una vez más.

Palestina de 1948

Las protestas se extienden también en la Palestina ocupada en 1948 (donde hoy se denomina Estado de Israel). Según reportaje publicado en el portal Middle East Eye, centenas de palestinos tomaron las calles en ciudades como Nazareth, Haiffa, Jaffa y Lod, entre otras, para repudiar los ataques a Jerusalén y Gaza. En Umm al-Fahm incendiaron neumáticos para bloquear las rutas. La represión israelí cerró accesos para impedir que más manifestantes llegasen y disparó bombas de gas lacrimógeno y granadas de choque intentando acabar con las movilizaciones. Por lo menos dos palestinos fueron heridos. En Lod, un palestino fue muerto el lunes 10 de mayo, y el Estado sionista declaró estado de emergencia.

Los “palestinos de 1948” suman cerca de 1,5 millones de personas, que descienden de los pocos remanentes de la Nakba luego de la ocupación de 1948. Ellos viven bajo 60 leyes racistas, siendo tratados como ciudadanos de segunda o tercera categoría. Existen aldeas beduinas que ya fueron destruidas más de 180 veces, como Al-Araqeeb. Los palestinos reconstruyen y se niegan a dejar su tierra. En esas aldeas, situadas en el Negev (Naqab), Israel niega incluso hasta la provisión de servicios básicos.

En Cisjordania, ocupada en 1967, los cerca de tres millones de palestinos –que enfrentan régimen institucionalizado de apartheid– se suman igualmente en la resistencia. Manifestaciones ocurrieron este martes 11/5 en ciudades como Ramallah, Nablus, al-Bireh, Qalandia, y otras, y reunieron a centenas de palestinos. La violencia de la ocupación es siempre brutal, con muchos presos. En Ramallah, la Autoridad Palestina, gerente de la ocupación, reprimió una protesta.

También de Beirut, capital del Líbano, hay muestras de la resistencia. Palestinos y libaneses se unieron en protestas contra la limpieza étnica en Jerusalén. También conforme reportaje del Middle East Eye, este martes 11 de mayo, salieron en marchas por más de dos kilómetros, de el campo de refugiados Mar Elías, hasta otro, Chatila. En el país árabe hay más de 192.000 refugiados viviendo en doce campos oficiales registrados por la Agencia de las Naciones Unidas de Asistencia a los Refugiados Palestinos en el Oriente Próximo (UNRWA). La tasa de desempleo en esos lugares es de 90%. Son parte de los cinco millones que viven en campos en los países árabes, a la espera del retorno.

“Lo que está ocurriendo en Sheikh Jarrah no se puede separar de lo que los refugiados palestinos pasan en los campos o en Gaza. Es equivocado1 tratar esto como cuestiones distintas… Y los derechos de los refugiados deben ser incluidos para ampliar la solidaridad”, declaró al Middle East Eye la activista palestina Thuraya.

La resistencia une caminos que no pueden encontrarse en este momento, dando muestras de que la sociedad fracturada hace 73 años no pierde su identidad como un solo pueblo, cuyo corazón es y será siempre Jerusalén.

Cada pulsación de esa resistencia heroica e histórica debilita un poco más el proyecto colonial sionista. Que a partir de Jerusalén florezca la Intifada (levante popular) y un día los palestinos de todas partes bajo ocupación y refugio puedan celebrar saboreando el gusto de la tierra, como el tradicional té de maramiya, frente a la Explanada de las Mezquitas.

¡Por el fin de las masacres en Gaza! ¡Basta de limpieza étnica! ¡Salve Sheikh Jarrah! ¡Palestina libre, del río al mar, con el retorno de los millones de refugiados a sus tierras!

Traducción: Natalia Estrada.