search
Cuba

Cuba, la encrucijada de la izquierda

Eduardo de Almeida

julio 7, 2026

Las tendencias y contra tendencias en la situación mundial están poniendo en tela de juicio los análisis (o la falta de ellos) de toda la Izquierda mundial en lo que respecta a su comprensión de la realidad. Y la cuestión de Cuba se destaca como un factor cualitativo, un nuevo momento decisivo, para el período que se avecina.

Trump, tras el acuerdo que puso fin a la guerra con Irán —al menos temporalmente—, probablemente centrará su atención en Cuba. El imperialismo estadounidense está lanzando un ataque brutal contra la isla, con un bloqueo energético vigente desde principios de este año, que agrava el bloqueo impuesto desde 1962. Trump llegó a declarar, en marzo, que tendría «el honor» de «conquistar» Cuba y que podría hacer «lo que quisiera» con el país.

Esta realidad significa que cualquier análisis marxista debe partir necesariamente de una postura antiimperialista contra la ofensiva de Trump. Esto implica desafiar las expectativas de quienes creen que la intervención imperialista puede traer democracia y mejores condiciones de vida al pueblo cubano.

El imperialismo estadounidense no tiene el más mínimo interés en las libertades democráticas ni en elevar el nivel de vida de los trabajadores. Ni siquiera en Estados Unidos, donde Trump ataca sistemáticamente las libertades, buscando sofocar las críticas a su gobierno y evitar una posible derrota electoral en las elecciones de fin de año. La vida de los trabajadores solo ha empeorado desde que Trump llegó al poder, y esa es una de las razones detrás de la caída récord de su popularidad durante su segundo mandato.

Esto es aún más cierto en el extranjero. Trump es aliado de dictaduras sanguinarias, como Arabia Saudita, así como del Estado sionista genocida de Israel. El pueblo venezolano, cuya mayoría depositaba grandes esperanzas en Trump, sufre bajo la continua dictadura chavista —ahora aliada de Trump—, sin que haya mejorado su nivel de vida. Ni siquiera se ofreció un apoyo efectivo de Estados Unidos durante ese terrible período posterior al terremoto.

El interés de Trump por Cuba se deriva de lo establecido en su documento de Estrategia de Seguridad Nacional, publicado en noviembre de 2025. Ante el declive del imperialismo estadounidense y la competencia del imperialismo chino en ascenso, Trump está reaccionando al intentar imponer, mediante la violencia y sin disimulos, una actualización de la Doctrina Monroe, convirtiendo una vez más a América Latina en su patio trasero. Quiere retroceder en el tiempo y convertir a Cuba, una vez más, en una dictadura subordinada a Estados Unidos, un paraíso turístico para los estadounidenses, como lo era en la época de Batista, antes de la revolución de 1959.

El significado de las medidas del gobierno cubano

Pero hay un hecho político fundamental que debe explicarse. El parlamento cubano aprobó, en junio de este año, un plan económico de 176 puntos.

Las principales medidas de este plan incluyen la participación sin restricciones de empresas extranjeras en el sector privado, incluida la posibilidad de que bancos privados extranjeros operen en el país; la apertura de todo el sector turístico del país al capital extranjero; y la transformación de las empresas estatales en empresas de capital abierto —en otras palabras, la privatización de las empresas estatales—. Se ha eliminado toda la regulación salarial, y ahora los salarios simplemente se negocian con las empresas. Además, el plan permite la existencia de empresas privadas con más de cien empleados y permite que las personas abran cuentas en moneda extranjera.

De este modo, el turismo, el sector bancario, el mercado de divisas y la agricultura se han abierto a la inversión privada, tanto nacional como extranjera.

Anteriormente, la inversión en estos sectores era administrada por empresas estatales vinculadas al capital extranjero.

En otras palabras, se trata de un plan neoliberal extremadamente severo que, en cualquier otro país gobernado por la derecha o la extrema derecha, sería combatido con razón por los movimientos de izquierda. Un plan menos radical había desencadenado recientemente una revuelta revolucionaria en Bolivia.

La explicación dada por los defensores del régimen cubano

Tras el anuncio de estas medidas, se instaló la confusión entre gran parte de la vanguardia latinoamericana y en todo el mundo. ¿Cómo explicar este plan, proveniente del gobierno cubano, el «bastión del socialismo»?

La explicación oficial, repetida de inmediato por gran parte del aparato estalinista y reformista en todo el mundo, es que «No estamos buscando una restauración capitalista del país. Buscamos mejorar la construcción del socialismo en las condiciones extremadamente adversas en las que vivimos hoy» (Días Canel, entrevista al Grupo Corripio).

En la misma entrevista, Días Canel enfatizó que las medidas se inspiraron en «transformaciones en la construcción del socialismo, como las ocurridas en Vietnam y en China».

Varias publicaciones se hicieron eco de estas mismas posiciones. La revista Brasil de Fato afirma en un artículo que «Desde la década de 1990, los estudiosos cubanos han estado analizando la experiencia china en busca de lecciones sobre cómo integrar los mercados y el capital privado a una economía planificada sin perder el control político» (Carlos Martínez es coeditor de Friends of Socialist China).

Este tipo de postura se basa en la confianza que gran parte de la vanguardia deposita en el Partido Comunista de Cuba, sin tomarse la molestia de argumentar seriamente el tema. La identidad por sí sola basta: el control político por parte del Partido Comunista de China equivale a la continuidad del socialismo; el control político por parte del Partido Comunista de Cuba equivale a la continuidad del socialismo en Cuba. A esto se suma el calificativo «socialismo de mercado», para que la «explicación» pueda intentar algún tipo de alineación con la realidad. Y eso es todo, nada más.

Para este tipo de narrativa, para esta ideología, la realidad no importa. Ni los fundamentos del marxismo.

La realidad en China no tiene nada que ver con el socialismo. El capitalismo fue restaurado bajo la dictadura del Partido Comunista Chino en un proceso que se ha iniciado en 1978, con Deng Xiao Ping y fue acelerado tras la masacre de la Plaza de Tiananmen. Este tipo de reformismo no toma en cuenta la realidad de los trabajadores chinos, sometidos a una dictadura brutal que impuso salarios extremadamente bajos, lo que permitió el crecimiento de la «fábrica del mundo» en asociación con empresas imperialistas. Los salarios de los trabajadores de todo el mundo se han reducido como resultado del «paradigma chino»: un nuevo nivel de explotación global vinculado al imperialismo.

Tampoco hay forma de justificar el «socialismo de mercado chino» basándose en los fundamentos del marxismo. El «mercado» es, en realidad, el término que designa la ley de la oferta y la demanda, la expresión de la ley del valor, presente en las sociedades capitalistas, que no tiene nada que ver con el socialismo. Y, de hecho, es la ley del valor la que prevalece en China.

Vale la pena recordar el debate en los primeros años de la URSS sobre la evolución de la economía. Preobrazhensky, uno de los teóricos bolcheviques más respetados, afirmó que la evolución de la economía en el nuevo Estado obrero se daría a través de una lucha entre dos leyes. Por un lado, la ley del valor, como expresión del capitalismo pasado, de la economía campesina predominante en la mayor parte del país y de la presión del mercado mundial («La nueva economía», 1926)

En aquella época, Preobrazhensky esbozaba un proceso de transformación de una economía capitalista, dominada por la ley del valor, y los cambios provocados por lo que él denominaba la «ley de la acumulación socialista», sustentada por la planificación estatal, las empresas nacionalizadas y el monopolio del comercio exterior.

La evolución de este conflicto entre las dos leyes podría marcar el fortalecimiento de la economía no capitalista —un producto del nuevo Estado obrero— en oposición a la ley del valor heredada del pasado capitalista.

La formulación de Preobrazhensky presenta limitaciones. Trotsky identificó estas limitaciones en su momento: «El análisis de nuestra economía desde el punto de vista de la interacción (tanto en sus conflictos como en sus armonías) entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista es, en principio, un enfoque sumamente fructífero; más precisamente, el único correcto (…) Pero ahora existe un peligro creciente: que este enfoque metodológico se convierta en una perspectiva económica definitiva que contemple el “desarrollo del socialismo en un solo país”. La interacción entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista debe situarse en el contexto de la economía mundial». («Notas sobre cuestiones económicas», 1926)

De hecho, Stalin utilizó posteriormente este enfoque para restarle importancia a la economía mundial en su formulación del «socialismo en un solo país».

Otra limitación del análisis de Preobrazhensky es lo que él denomina la «ley de la acumulación socialista». No se trata de una acumulación «socialista», sino de una acumulación planificada y controlada por la burocracia. Hablar de esta manera ignora la burocratización de la URSS y sus implicaciones para la política económica concreta.

Ningún proceso histórico es idéntico; ningún proceso es «puro». Pero, dentro de estos límites, este conflicto entre las dos leyes también puede aplicarse en sentido contrario, en la transición de la economía no capitalista presente en el Estado obrero a la economía capitalista resultante de la restauración.

El fin de la planificación económica, del monopolio del comercio exterior y de la influencia decisiva de las empresas estatales de China condujo a una nueva totalidad, una nueva esencia: la economía en su conjunto pasó a regirse por la ley del valor. Ya no existía un conflicto entre las dos leyes descritas por Preobrazhensky, sino, una vez más, únicamente la ley del valor.

La planificación económica aún existe en China, pero no tiene nada que ver con la planificación del antiguo Estado obrero. El Estado chino, al servicio de los monopolios privados, ofrece apoyo mediante incentivos, investigación y crédito para impulsar las ganancias de los monopolios, sin decidir qué ni cuánto se produce. Esas decisiones fundamentales las toma el «mercado», es decir, la ley del valor, la oferta y la demanda. O, más precisamente, las decisiones de los propietarios de las grandes empresas oligopolísticas privadas chinas, como Huawei, BYD, GWM, Alibaba, Tencent, etc. Las empresas estatales chinas, ya sean bancos o productoras de medios de producción, también operan al servicio de los principales oligopolios chinos.

El resultado de la restauración no viene definido por el número de empresas privatizadas, sino por el hecho de que la economía en su conjunto se rige por la ley del valor. La ley del valor opera en China, una economía capitalista.

China no solo es capitalista, sino también imperialista. En este siglo, al capitalizar el crecimiento de sus monopolios impulsado por su gigantesco mercado interno, China ha experimentado un cambio cualitativo y se ha convertido en imperialista.

La China actual cumple con todos los criterios definidos por Lenin en «El imperialismo, fase superior del capitalismo».

a) la concentración y centralización del capital en los monopolios: la China actual presenta un grado de monopolización superior al de otros países imperialistas

b) la fusión del capital bancario con el capital industrial (capital financiero): los principales monopolios chinos cuentan directamente con los grandes bancos estatales en su lucha por el mercado mundial

c) la exportación de capital: desde el año pasado, China es el mayor exportador mundial de capital, superando incluso a Estados Unidos

d) la división económica del mundo por parte de los trusts internacionales: China, una potencia imperialista en ascenso, compite con Estados Unidos —aún hegemónico, pero en declive— por los mercados internacionales.

e) división territorial del mundo entre las grandes potencias: el conflicto entre Estados Unidos y China es uno de los factores más importantes en la crisis del actual orden mundial imperialista.

Por lo tanto, quienes defienden a China como «socialismo de mercado» son, en realidad, defensores de un país imperialista. No existe un «imperialismo bueno» ni un «imperialismo malo». Los trabajadores deben mantener su independencia frente a todas las formas de imperialismo.

Además, el «modelo chino» es inviable en la Cuba actual. No hay posibilidad de que Cuba se convierta en una «fábrica mundial», como lo fue China. El papel que el imperialismo le reserva a Cuba en la división global del trabajo es exactamente el que el régimen cubano lleva treinta años intentando: el de un polo turístico.

¿Las medidas adoptadas por el régimen cubano apuntan a la restauración del capitalismo?

Muchos sectores de la izquierda no están de acuerdo con esta evaluación del estalinismo. Estos sectores critican abiertamente estos planes y afirman que apuntan a la restauración del capitalismo en Cuba.

Tampoco estamos de acuerdo con esta evaluación, por una razón simple. La restauración del capitalismo en Cuba ya ocurrió en la década de 1990.

Tras la restauración del capitalismo en China y en la URSS, el propio Partido Comunista Cubano lideró la restauración. En ese sentido, siguió el modelo chino, manteniendo el control político mediante la continuidad de la dictadura, pero con un contenido social diferente.

Se abolió la planificación estatal y se disolvió directamente el Consejo Central de Planificación. El monopolio del comercio exterior dejó de existir. En septiembre de 1995, con la Ley de Inversión Extranjera, se comenzó a privatizar las empresas estatales.

Las empresas estatales se transfirieron gradualmente al capital extranjero, principalmente del imperialismo europeo, sobre todo a través de empresas mixtas.

La empresa estatal cubana de telecomunicaciones (Etecsa) se privatizó incluso antes que otras empresas estatales de telecomunicaciones en América Latina. Se transfirió al grupo mexicano Domus y, posteriormente, a una filial de la empresa italiana Telecom.

Hasta el mes pasado, las empresas europeas dominaban el principal sector de la economía cubana —el turismo—, con multinacionales españolas como Meliá e Iberostar controlando los principales hoteles y complejos turísticos que atendían a turistas de clase media de Europa, América del Norte y América del Sur.

GAESA, empresa administrada por la cúpula cubana —específicamente por la familia de Raúl Castro—, ha sido la fuerza motriz y el órgano rector detrás de todo el proceso de restauración capitalista en Cuba hasta el momento. Según fuentes independientes, esta empresa controla entre el 40 % y el 70 % de la economía cubana. Fue a través de Gaviota, una filial de GAESA, que se establecieron alianzas con empresas españolas del sector turístico.

Además, las empresas mixtas controlan la extracción de petróleo, hierro, níquel y cemento; la producción de jabón y perfumería; la prestación de servicios de telecomunicaciones; y la mayor parte de la agroindustria. El ron cubano está controlado por la empresa francesa Pernod. Los puros cubanos son comercializados por una empresa conjunta entre la empresa estatal cubana y Altadis, parte del grupo británico Imperial Tobacco Group PLC. El Aeropuerto Internacional de La Habana fue privatizado y vendido a la empresa francesa Aéroports de Paris.

Si aplicamos los criterios marxistas utilizados para definir la situación en China, llegaremos a las mismas conclusiones con respecto a Cuba. El fin del monopolio del comercio exterior, de la planificación estatal y del papel central que desempeñaban las empresas estatales en la economía condujo a una nueva realidad en la isla: el reinado de la ley del valor y del mercado.

Fue la ley del valor la que provocó el cambio más significativo en la economía cubana: el giro hacia el turismo. Esta estrategia, adoptada por el régimen cubano, buscaba adaptarse a la misma realidad de mercado presente en todo el Caribe: el objetivo de transformar a Cuba en un destino turístico tan importante como Cancún (México) o Punta Cana (República Dominicana).

Y esta estrategia tuvo un éxito relativo en los primeros años, desde una perspectiva capitalista. El número de turistas llegó a casi 5 millones en 2019. La pandemia lo cambió todo, y el número de visitantes se desplomó a partir de ese momento. En 2025, solo había 1,8 millones de turistas. Y en 2026, con el bloqueo energético y la escasez de energía, el fracaso es absoluto.

La restauración fue liderada por altos oficiales militares, con la familia de Raúl Castro al mando. Esto condujo a una desigualdad creciente, con el pueblo cubano viviendo en la pobreza, mientras que la nueva burguesía cubana, que creció a la sombra del aparato estatal, disfruta de privilegios.

El impacto del bloqueo de EE. UU.

El bloqueo de EE. UU. contra Cuba fue una reacción imperialista a la revolución de 1959. Comenzó en 1960 y fue formalizado por Kennedy en 1962. Esta brutal medida imperialista causó, y sigue causando, graves perjuicios al pueblo cubano. Constituye un ataque del país imperialista más poderoso del mundo contra una pequeña isla a 150 km de su costa.

La Ley Helms-Burton, de 1996, agravó severamente el bloqueo al penalizar a las empresas que mantienen relaciones comerciales con Cuba.

¿Por qué la burguesía imperialista de EE. UU. no hace lo mismo que su contraparte europea, que fue y sigue siendo parte de la restauración capitalista en la isla? La explicación está en la burguesía cubana radicada en Miami, que fue expropiada por la revolución en 1959. Estos elementos burgueses se integraron a la burguesía imperialista de EE. UU. y ejercen una influencia considerable en los partidos Republicano y Demócrata.

Trump endureció severamente el bloqueo desde principios de 2026, tras la invasión de Venezuela y la incautación de su petróleo. Bloqueó el envío de petróleo venezolano a Cuba y amenazó a cualquier país dispuesto a vender petróleo a la isla.

Al hacerlo, impuso un bloqueo energético que paralizó el suministro eléctrico de Cuba. El país cuenta con una infraestructura obsoleta y deteriorada que sigue dependiendo de centrales termelétricas a petróleo.

Hay un sector de la burguesía imperialista de EE. UU. que se opone al bloqueo. Sin embargo, la facción a favor del bloqueo sigue siendo mayoría, al menos por ahora, y busca derrocar la dictadura de Castro y recuperar sus empresas expropiadas.

Por estas razones, luchamos contra este bloqueo desde hace más de cincuenta años. Del mismo modo, apoyamos a Cuba contra todos los intentos de intervención militar imperialista, como la fallida invasión de la Bahía de los Cerdos. Por esa misma razón, denunciamos el actual bloqueo energético de Trump.

La propaganda estalinista atribuyó todos los problemas de la isla al bloqueo imperialista. No estamos de acuerdo con eso. Existen los efectos de la restauración del capitalismo en Cuba, así como los resultados desastrosos de los planes económicos del gobierno sobre el nivel de vida de los cubanos. Pero no ignoramos los graves efectos del bloqueo sobre Cuba.

La realidad política en Cuba hoy

Estuvimos en La Habana en marzo de este año. Nuestro objetivo principal era mostrar solidaridad con el pueblo cubano frente al bloqueo genocida de Trump. Llevamos antibióticos a los hospitales y alimentos para la población, en la medida en que nuestros recursos lo permitieron.

Nuestro segundo objetivo era comprender qué estaba sucediendo con el pueblo cubano. La crisis era evidente en todas partes. En las calles de La Habana hoy en día, se ve a personas desempleadas con la mirada vacía de la desesperación.

Durante toda nuestra estancia en La Habana, hubo más períodos sin electricidad que con ella. Las pilas de basura en las calles reflejan un panorama de decadencia. Sin embargo, también es posible ver autos de lujo, como Porsches y BMW, que pertenecen a la nueva burguesía cubana.

El PIB de Cuba cayó cerca del 15 % entre 2020 y 2025. Se prevé una caída del 6,5 % en el PIB para 2026 (datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL).

El pueblo cubano odia la dictadura, tanto por la pobreza como por la represión constante. Hasta la fecha, hay cerca de 600 presos políticos de las protestas del 11 de julio, muchos de ellos adolescentes condenados a penas de entre 15 y 20 años de prisión.

La dictadura impide cualquier vida política activa en Cuba. No hay sindicatos libres en Cuba. La CSP Conlutas, un sindicato y organización popular apoyada por el PSTU, sería ilegal en Cuba.

Los «cacerolazos» (protestas con golpes de ollas) en Cuba contra los cortes de energía ocurren casi a diario y son reprimidos con frecuencia por la policía.

El salario mínimo en Cuba hoy equivale a 5 dólares estadounidenses. Los alimentos, cuando se pueden conseguir, tienen precios similares a los de Brasil. Una docena de huevos cuesta 2,40 dólares.

La miseria del pueblo cubano hoy es lo opuesto a la realidad que existía cuando el Estado obrero cubano aún estaba en vigor. En aquella época, el bloqueo imperialista también estaba en vigor. Pero, a pesar de la dictadura cubana, seguía existiendo un Estado obrero. Los logros sociales, como la educación y la salud para el pueblo, eran motivo de orgullo para la población y para la izquierda mundial. Eso ya no existe. Hoy en día, ni siquiera existe ya la salud pública. Un activista nos dijo que es imposible consultar a un médico en Cuba sin pagarle un soborno a alguien.

Hablamos largo y tendido con activistas cubanos del grupo Socialistas en Lucha, un grupo de izquierda crítico con el régimen y antiimperialista. Nos dijeron que las masas cubanas han roto definitivamente con la dictadura. Y, en contra de la tradición antiimperialista de Cuba, depositan grandes esperanzas en Trump.

Algo similar a lo que ocurrió con las masas venezolanas está sucediendo en Cuba. Durante la invasión de EE. UU., el pueblo no salió a las calles.

Se quedaron en sus casas. No apoyaron a la dictadura de Maduro de ninguna manera. Pero tampoco se sintieron lo suficientemente seguros como para protestar, por miedo a la represión.

Algunos activistas de la izquierda cubana crítica estiman que el apoyo a Trump entre la población cubana oscila entre el 60 % y el 80 %. La culpa de este retroceso en la conciencia de las masas cubanas recae enteramente sobre la dictadura cubana.

El verdadero significado de las reformas aprobadas por el régimen cubano

¿Cuál es el significado más profundo del plan aprobado por el régimen cubano? Ya hemos visto que no se trata de un «camino hacia la restauración del capitalismo», que ya ocurrió.

En realidad, el plan es un paso gigantesco hacia la recolonización del país por parte del imperialismo estadounidense. Es una puerta abierta para que la burguesía cubana de Miami recolonice Cuba.

Hace aproximadamente un mes, la cadena española Meliá anunció el cierre de 15 de sus 34 hoteles en la isla. Otra empresa española, Iberostar, se retiró de 12 de sus 16 hoteles en la isla. La empresa canadiense Blue Diamond abandonó todas sus operaciones en el país. La mayor cadena hotelera del sudeste asiático, Archipelago International, retiró a su filial Aston de varios hoteles en Cuba.

Ahora, con el plan aprobado por el régimen cubano, ha surgido la posibilidad de transferir el control de este complejo hotelero a manos de EE. UU. Y con las nuevas medidas aprobadas, las cadenas hoteleras de EE. UU. ni siquiera necesitarán estar directamente asociadas con GAESA.

Del mismo modo, ahora se abre la puerta para que los bancos estadounidenses operen directamente en Cuba, así como en otros sectores de la economía.

Trump no solo quiere expulsar a China de América Latina, sino que también está aprovechando la oportunidad para anular la ventaja que el imperialismo europeo tenía en Cuba, habiendo desempeñado un papel destacado durante aquellos años de restauración.

Es un hecho evidente que estas negociaciones entre la dictadura cubana y el imperialismo estadounidense están teniendo lugar, hecho que el gobierno cubano ha reconocido explícitamente desde el pasado mes de marzo:

“Estas negociaciones tienen como objetivo encontrar soluciones, a través del diálogo, a las divergencias bilaterales entre ambas naciones”, dijo Díaz-Canel en un video transmitido por la televisión estatal poco antes de su discurso ante la prensa cubana. (G1, 13 de marzo de 2026)

El plan actual, aprobado por el régimen cubano, es, por lo tanto, resultado de negociaciones con Trump desde el pasado mes de marzo.

Algunos sectores de la prensa informan que se están llevando a cabo negociaciones directas entre el sector de la burguesía cubana en Miami que defiende la recolonización —manteniendo la dictadura cubana— y la familia de Raúl Castro, en particular «El Cangrejo», apodo del nieto de Raúl.

Estos sectores afirman que el plan de ese sector de la burguesía para Cuba incluye los puertos de Mariel y La Habana como parte del sistema portuario de EE. UU.

El plan aprobado por el Congreso cubano tiene, por lo tanto, un significado específico: el régimen cubano pretende replicar el proceso venezolano y adoptar una postura similar a la de Delcy Rodríguez. Y esto sin siquiera exigir una invasión militar de EE. UU.

Si esa hipótesis se confirma va a ocurrir una crisis política y ideológica muy importante en la izquierda latinoamericana. Cuba tiene una importancia histórica y política gigantesca por ter sido la única revolución socialista victoriosa en Latino America. Va a ser difícil conseguir mantener la narrativa de “una adecuación táctica” teniendo Raul Castro como una nueva versión de Delcy Rodriguez.

Sin embargo, estas negociaciones aún continúan. La otra facción de la burguesía cubana en Miami, que se opone a este acuerdo y aboga por una invasión de Cuba para gobernar directamente el país, tiene un peso considerable y, hasta el momento, ostenta la mayoría.

La burguesía cubana en Miami, con todas sus facciones, ejerce mucha más influencia sobre Trump que la oposición burguesa venezolana de María Corina Machado en Venezuela, porque forma parte de la misma burguesía imperialista norteamericana.

Trump y su secretario, Marcos Rubio, están evaluando las mejores opciones para el imperialismo norteamericano. Si optan por el sector de la burguesía cubana que aboga por la invasión, no aceptarán esta capitulación del régimen cubano y exigirán el desmantelamiento del régimen y de GAESA para asumir el control directo del gobierno cubano.

Con ese fin, Trump continúa preparando una invasión militar. El portaaviones nuclear estadounidense USS Nimitz y su grupo de ataque permanecen en la región del Caribe. El proceso judicial estadounidense contra Raúl Castro sigue en curso.

Todas las posibilidades siguen abiertas en Cuba. Ninguna de estas dos alternativas ofrece alguna ventaja a las masas cubanas. La única posibilidad real que podría beneficiar al pueblo cubano sería el surgimiento de un movimiento de masas, reviviendo las movilizaciones del 11 de julio de 2021, lo que podría inaugurar un nuevo capítulo en la historia de Cuba.

¿Es posible luchar contra Trump?

Sí, es posible. Pero eso exigiría hacer lo contrario de lo que está haciendo el régimen cubano. La única manera de impedir la recolonización de Cuba y de enfrentar a Trump es contar con el movimiento de masas, tanto dentro de Cuba como en el exterior. En particular, en Estados Unidos.

El gobierno cubano, hasta ahora, ha seguido la estrategia opuesta: negocia con el imperialismo, reprime a su propio pueblo y no recurre a la movilización de masas contra Trump. Su razonamiento se basa casi siempre en el mismo argumento: el desequilibrio de fuerzas.

El desequilibrio de fuerzas es, de hecho, desfavorable para Cuba. Pero la historia cubana ya ha demostrado que es posible derrotar al imperialismo estadounidense. En 1961, Cuba repelió la invasión estadounidense en la Bahía de los Cerdos.

En Venezuela, una movilización popular derrotó el intento de golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas Armadas venezolanas contra Chávez.

Una combinación de resistencia militar contra la invasión, movilización masiva en Cuba y una alianza activa con las luchas de los trabajadores norteamericanos contra Trump sería la única alternativa real para cambiar el equilibrio de fuerzas.

Para ello, el régimen cubano tendría que liberar a los presos políticos, convocar una movilización masiva y entregar armas a los trabajadores.La dictadura cubana, al menos hasta ahora, está haciendo lo contrario. No hay movilización de masas dentro de Cuba, ni ninguna conexión con las movilizaciones de masas en EE. UU. Mantiene una postura represiva hacia el pueblo cubano, mientras negocia con Trump y la burguesía de Miami.Defendemos que las masas retomen su papel de liderazgo en Cuba, con un nuevo y más fuerte 11 de julio. Defendemos amplias libertades democráticas en la isla, empezando por la liberación de los presos políticos. Ese es el único camino, no solo para intentar impedir la recolonización de Cuba, sino también para retomar el camino hacia una nueva revolución socialista en la isla.

Lea también