¡Papeles para todos!   ¡Hagamos una gran lucha internacional unificada para acabar con esta persecución!

Este último mes, el tema de los “inmigrantes ilegales” volvió a estar en el centro de atención de la prensa internacional. A inicios de octubre, más de 300 inmigrantes africanos, en su mayoría provenientes de Eritrea y Somalía, murieron ahogados a 500 metros de la costa de la isla italiana de Lampedusa, al incendiarse y naufragar el barco con el que intentaban llegar a territorio italiano.

Pocos días después. Leonarda Dibrani, una joven gitana de quince años, de origen kosovar, fue detenida por la policía de Levier (Francia), donde residían hace cinco años, por orden del alcalde de la población, y expulsada del país,  junto con su familia, al día siguiente. Es bueno mencionar que hubo movilizaciones de estudiantes secundarios pidiendo su retorno a Francia.

Aunque con menos repercusión en la prensa, en el mismo período, apareció la información que el gobierno ruso de Putin mantendría su durísima legislación contra los inmigrantes ilegales y la realización de razzias en las grandes ciudades para detenerlos. La misma información refería que, en algunas semanas, llegó a haber más de 4.600 detenidos.

La “emergencia humanitaria”

El tema de la llamada “inmigración ilegal” nos muestra uno de los aspectos más siniestros e inhumanos del capitalismo, agudizado al extremo por la crisis económica internacional.

Es un tema que tiene dos caras. La primera comienza con la pregunta de qué lleva a millones de personas a dejar su país, arriesgar su vida con viajes peligrosísimos (muchas veces en manos de crueles traficantes de personas) para después conseguir, en el mejor de los casos, una vida semiclandestina de superexplotación.

Con respecto a África, la respuesta a este interrogante nos la da Moustapha Wagne, inmigrante senegalés radicado en Italia, actualmente responsable nacional del sindicato Cub Inmigración y responsable de la Comisión de Trabajo en Inmigrantes del Pdac:

“Los pueblos sufren. Las políticas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial han masacrado las tierras, la pesca, la agricultura de los pueblos de África, con la colaboración de los gobiernos locales… Han creado una situación de continua emergencia humanitaria”.

En África, el 66% de la población vive con menos de dos dólares al día (598 de 906 millones de habitantes) y cerca de 31.1 millones de personas enfrentan hambruna, principalmente en Eritrea, Etiopía, Malí, Níger, Somalia, Sudán, Uganda, Zambia y Zimbabwe.

La “emergencia humanitaria” hace que esa emigración sea su única alternativa posible de sobrevivir. La prensa europea señala que más de 30.000 inmigrantes ilegales llegaron por mar al continente, desde África, entre enero y setiembre de este año.

Es la misma situación que los lleva a correr altos riesgos y enfrentar las persecuciones. Se estima que de diez personas que parten de su tierra africana, sólo tres consiguen llegar a Europa.Según el blog Fortress Europe, al intentar atravesar el Mediterráneo huyendo de la pobreza y de las guerras en sus países, por lo menos 19.142 personas se ahogaron, desde 1988. Incluso, sólo una semana después de la catástrofe de Lampedusa, ha habido otro trágico naufragio en el golfo de Sicilia.

Una necesidad del imperialismo

Las migraciones masivas de los países pobres a los centros imperialistas son un fenómeno generado por el propio sistema capitalista. En realidad, es un proceso imprescindible para su funcionamiento. Se estima que, a nivel mundial, hay más de 200 millones de emigrantes-inmigrantes.

En un polo del proceso, la pobreza, la miseria y el hambre que el saqueo imperialista provoca en los países colonizados, hacen que millones tomen el camino de la emigración, En el caso de Latinoamérica, muchas veces, la única alternativa es emigrar a EE.UU., intentar conseguir trabajo allí y, con grandes sacrificios, enviar algún dinero a su familia en el país de origen. Para esas familias, ese dinero representa, en muchos casos, la diferencia entre poder comer o morir de hambre.

También se produce una emigración hacia los países un poco más desarrollados, como los paraguayos y bolivianos que emigran a Brasil y Argentina o los nicaragüenses que van a El Salvador y Costa Rica.

Un gran negocio

Las burguesías de los países expulsores de población son cómplices de este proceso. Por un lado, permiten el saqueo colonial que genera la pobreza, la miseria y el hambre. Por el otro, obtienen un doble beneficio.

En primer lugar, les sirve de “válvula de escape” para aliviar la presión poblacional y el desempleo en sus propios países. Por el otro, las remesas de dinero de los emigrados a sus familias se transforman en una importante fuente de ingresos del país. México recibe 20.000 millones de dólares (sólo es superado por la India en cantidad de ingresos por ese concepto). En otros países, como El Salvador, República Dominicana o Ecuador, esos ingresos representan porcentajes cada vez más altos del PBI nacional y son claves para sus economías. En el caso africano, se estimaba que Senegal, con 620.000 emigrantes, obtiene cerca del 2% de su PIB de las remesas desde el exterior. Ahora esos gobiernos incluso son cómplices de la persecución. Pocos años atrás,  el ministro del Interior de Senegal, Ousmane Ngom llegó al colmo de  quejarse de que la Unión Europea no le había enviado el dinero ni los navíos para realizar las patrullas costeras y evitar la salida de emigrantes.

En el otro polo del proceso, a través de la inmigración, la burguesía imperialista tiene a su disposición un numeroso “ejército industrial de reserva”: mano de obra barata para realizar los peores trabajos en los servicios, la industria y el agro, con trabajadores que tienen muy pocas posibilidades de organizarse y luchar. Esto le permite reducir la masa total de salarios pagados en sus países y mejorar la tasa de ganancia promedio de la economía.

La crisis económica y la persecución a los inmigrantes como criminales

Si bien siempre ha existido una legislación persecutoria, en las épocas de crecimiento económico (como en el boom de la segunda posguerra o el reciente período expansivo 2002-2007) esta inmigración es tolerada e incluso alentada, aunque los inmigrantes siempre son objeto de discriminación. Tal como hemos señalado, el imperialismo utiliza a los inmigrantes como un numeroso “ejército industrial de reserva”.

Pero al comenzar la crisis económica internacional y aumentar enormemente la desocupación en los propios países imperialistas, comenzó un proceso de mucho mayor ataque a los inmigrantes. Por un lado, vuelven a sonar los discursos xenófobos contra ellos de que “roban” el empleo de los nativos y, por eso, son los responsables del desempleo. Discurso que las agrupaciones más de derecha, como la Liga Norte de Italia y el Frente Nacional francés, o directamente fascistas, como Aurora Dorada en Grecia, amplifican al extremo. Muchos trabajadores inmigrantes desempleados son presos por la legislación vigentes y los gobiernos y la derecha hacen una campaña buscando desviar la bronca de los trabajadores contra la desocupación y la crisis de sus verdaderos enemigos (el capitalismo, los patrones y los gobiernos) hacia los inmigrantes.

Por el otro, aparecen las legislaciones que criminalizan a los “sin papeles” y hasta a quienes los ayudan. Una legislación que ya ha tenido consecuencias asesinas: en la reciente catástrofe de Lampedusa,  tres barcos pesqueros presenciaron la tragedia y no hicieron nada para ayudar a los náufragos, posiblemente por temor a ser acusados, como ya ocurrió, de colaboración con la inmigración ilegal. Antes, se los toleraba como mano de obra barata, ahora los gobiernos de la UE no dudan en condenarlos a la muerte.

Sin llegar a tales extremos, toda la legislación es restrictiva y persecutoria. Como la ley Bossi-Fini (votada en 2002, en Italia, como continuación de la Ley Turco-Napolitano aprobada en 1998 por la centroizquierda y el apoyo de Refundación Comunista) que restringe el otorgamiento de visas y residencias a quienes tengan un contrato de trabajo, autorizando a expulsar a los demás. Esta ley abrió los centros de detención para los inmigrantes “clandestinos”, verdaderos campos de concentración de los que hoy existen 15 en Italia, escenarios de revueltas, fugas masivas y manifestaciones contrarias, como ocurrió en Apulia y Sicilia.

O la nueva legislación que propone Obama, que somete a los “inmigrantes ilegales” a un largo y costosísimo proceso de legalización (sin garantías de otorgar la residencia), mientras sigue expulsando a los nuevos inmigrantes que ingresan y refuerza la custodia armada de la frontera con México. En oras palabras, una condena permanente a la clandestinidad, a la indefensión y a las perores condiciones de explotación.

Es necesaria una lucha internacional unificada

Lo peor de todo, es que sectores importantes de las burocracias sindicales de los países imperialistas se tornan cómplices de esta realidad y de la política de sus burguesías. Por un lado, haciéndose eco de las campañas contra los inmigrantes. Por el otro, negándose a asumir la defensa de los sectores más explotados de la clase obrera en sus países

Pero no podemos permanecer pasivos ante esta criminal persecución en la que el capitalismo muestra su peor cara. Es imprescindible organizar una gran lucha para acabar de inmediato con ella.

Debemos luchar, por un lado, por la inmediata derogación de la legislación persecutoria. Por el otro, por la inmediata legalización (“papeles para todos”) de aquellos que ya son inmigrantes ilegales. Finalmente, por la eliminación de las siniestras “visas de residencia”  y la autorización de ingreso sin restricciones de quien desee radicarse en otro país.

Llamamos, en primer lugar, a impulsar y encabezar esta campaña a las organizaciones de inmigrantes y a los sindicatos combativos (especialmente de Europa occidental y EEUU). Un primer paso en este sentido podría ser un encuentro inicial que defina los mecanismos de coordinación y los pasos para desarrollarla. Por ejemplo, la realización de una jornada internacional de lucha. Pero es necesario también exigir a todos los sindicatos, a los partidos que se reclaman democráticos y a las organizaciones de derechos humanos que adhieran y participen de ella.

La terrible situación de los “inmigrantes ilegales” no admite demoras en esta tarea, ¡Pongamos manos a la obra!