El conflicto militar entre Armenia y Azerbaiyán fue retomado a partir del 27 de setiembre. Los grandes medios desinforman como siempre cuando se trata de conflictos en el “Oriente”. El escenario “informado” es siempre el mismo, de antiguas luchas religiosas y étnicas sin fin. Esa fórmula orientalista, al servicio de los colonizadores, esconde la realidad y la historia.

Por: Fabio Bosco para MEMO (Monitor de Oriente Medio), 19/10/2020.-

La región del Cáucaso Meridional o Transcaucásica, donde se localizan actualmente Armenia, Azerbaiyán y Georgia, es un área estratégica entre el mar Negro y el mar Caspio. Además de constituir un corredor de tránsito entre el oriente europeo y el oeste asiático, también se volvió un importante centro de explotación de petróleo y gas a partir del final del siglo XIX.

En esta región, pueblo milenarios vivieron siempre juntos en paz pero comprimidos por tres grandes imperios: el ruso, el otomano (actual Turquía) y el persa (actual Irán), cuyas presencias ejercieron fuerte influencia cultural, lingüística y religiosa.

A inicios del siglo XIX el imperio ruso toma esa región del imperio persa a través de dos guerras (1804-1813 y 1826-1828) encerradas por dos tratados (Gulistán de 1813 y Turcomenchay de 1828) y ejerce su dominio hasta la revolución rusa de 1917.

¿Apoyar la revolución o la contrarrevolución?

Con la toma del poder en Rusia por los bolcheviques liderados por Lenin, en octubre de 1917, los líderes locales del partido menchevique de Georgia, de la Federación Revolucionaria Armenia y del Musavat (Azerbaiyán), contrarios a los ideales internacionalistas y revolucionarios de los bolcheviques, deciden formar la breve República Federativa Democrática de la Transcaucasia el 22 de abril de 1918, seguros de contar con el apoyo de las potencias internacionales como el Reino Unido, Alemania y los Estados Unidos, interesadas en contener el avance de la revolución rusa.

No obstante, frente a la ofensiva militar del ejército otomano, los líderes georgianos rompen con la República Federativa el 26 de mayo de 1918, se alían primero con el Imperio alemán y después con el Imperio británico, y se hunden en un nacionalismo abyecto promoviendo por la vía militar disputas territoriales con Armenia y Azerbaiyán. Ese nacionalismo regresivo contaminará a los líderes nacionalistas armenios y azeríes que seguirán el mismo camino, disputando áreas entre sí. La elite armenia buscará apoyo del Reino Unido y de los Estados Unidos para reconstruir la Gran Armenia, y la elite azerí el apoyo otomano y después británico.

La guerra con el ejército otomano y entre las jóvenes repúblicas es interrumpida por el ingreso del ejército rojo que toma toda la región en 1920-1921, y en 1922 se forma la República Federativa Socialista Soviética de la Transcaucasia que une las tres repúblicas: Armenia, Azerbaiyán y Georgia. Posteriormente, la Federación de la Transcaucasia fundará la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) junto con la Federación Rusa y las Repúblicas de Ucrania y Bielorrusia.

La cuestión de las nacionalidades

El derecho de autodeterminación de los pueblos oprimidos siempre fue parte del programa del partido bolchevique durante Lenin, que incluye el derecho a la secesión. Un ejemplo de eso fue Finlandia. Enseguida después de la toma del poder por los bolcheviques, el senado finlandés envió una delegación a Petrogrado con una petición por la independencia de Finlandia que fue firmada por Lenin de inmediato.

Sin embargo, algunos años después de la toma del poder por los soviets, Stalin rompe con el programa bolchevique al oponerse al derecho de autodeterminación, proponiendo una autonomía formal y tutelada.

Esta cuestión fue objeto de intensa discusión dentro del partido bolchevique y terminó con la derrota de Stalin y la victoria de Lenin, Trotsky y otros líderes bolcheviques. El resultado fue la inclusión del pleno derecho de autodeterminación de los pueblos oprimidos en la primera constitución soviética.

Luego de la muerte de Lenin, con la derrota de las revoluciones en Europa y el reflujo de la revolución rusa, Stalin toma el control sobre el partido comunista (PCUS) y el Estado Soviético, que se tornaron burocráticos. El derecho de autodeterminación se tornará letra muerta, y la Unión Soviética la “cárcel de los pueblos”.

La cuestión de Nagorno-Karabakh

En el Cáucaso Meridional, los diversos pueblos vivían juntos y mezclados. Los territorios con mayoría de un pueblo contenían importantes minorías de otros pueblos y no eran continuos. Ese es el caso de Nagorno-Karabakh (Alto Karabakh).

En las tierras altas de Karabakh (llamadas Nagorno Karabakh) vive una mayoría de armenios, algo alrededor de 80%. Ya en las tierras bajas de Karabakh hay, históricamente, una mayoría azerí. Todos viven en estas regiones hace siglos.

Entre 1921 y 1923 ocurrió un debate dentro del partido bolchevique sobre Nagorno-Karabakh. La posición de toda la delegación transcaucásica (formada por armenios, azeríes y georgianos) estuvo por la integración de Nagorno-Karabakh a Armenia. Pero Stalin impuso otra solución. Entregó el área de Zangezur a Armenia y el área de Nakhchivan y Karabakh (tierras altas y bajas) para Azerbaiyán.

Para empeorar, en 1936 Stalin disolvió la República Federativa Soviética de la Transcaucasia y la dividió nuevamente en las Repúblicas Soviéticas de Armenia, Azerbaiyán y Georgia preparando el conflicto que resurgiría medio siglo después, en 1988.

Una mujer carga sus pertenencias hacia fuera de un edificio damnificado por recientes bombardeos en Stepanaker, principal ciudad de la región disputada de Nagorno-Karabakh, 3 de octubre de 2020 [AFP/Getty Images].
El fin de la “cárcel de los pueblos” y el veneno de los antagonismos nacionalistas

A mediados de los años 1980, Mijaíl Gorbachov asciende al poder en la Unión Soviética. Proclama las políticas de la Perestroika (Reestructuración) y la Glasnot (Transparencia) e inicia el camino de regreso al capitalismo.

Son las nacionalidades oprimidas quienes inician el enfrentamiento contra la dictadura del PCUS, que ahora dirige con mano de hierro un Estado capitalista.

El 20 de febrero de 1988, el soviet de Karabakh vota la independencia de Nagorno-Karabakh (llamada Artsakh por la población local) y su unificación con Armenia, por 100 votos a favor y 17 votos en contra. Gorbachov se opone a esta decisión. Comienza el conflicto militar entre Azerbaiyán y la población de Nagorno-Karabakh apoyada por Armenia.

En 1991, las repúblicas de Armenia y de Azerbaiyán se tornan independientes y un referendo masivo en Nagorno-Karabakh vota por la independencia.

Este conflicto se extenderá con fuerte influencia de los militares rusos en los dos lados y ya resultó en 30.000 muertos y un millón de refugiados/desplazados.

En 1994, un armisticio mediado por Rusia congela las acciones militares y Nagorno-Karabakh se torna independiente de hecho pero no de derecho, o sea, la población local armenia controla la región pero su independencia no es reconocida ni por Azerbaiyán ni por la ONU.

Desde entonces, ofensivas militares y procesos de opresión contra minorías nacionales ocurren periódicamente, condenando a la región de Nagorno-Karabakh al subdesarrollo.

¿A quién interesa el conflicto?

El antagonismo regional entre Armenia y Azerbaiyán interesa directamente a Rusia y otras potencias regionales e internacionales.

Rusia vende armas y mantiene bases militares en los dos países que siguen bajo su esfera de influencia, lo que le garantiza el control del Cáucaso y de sus riquezas.

A partir de 1991, Turquía estableció una relación prioritaria con Azerbaiyán, donde se concentran las reservas de petróleo y gas natural de la región.

Azerbaiyán es gobernado desde 1993 por el ex integrante de la KGB Heydar Aliyev, quien fue sucedido por su hijo Ilham Aliyev en 2003. Ese régimen político autoritario y capitalista fomenta un nacionalismo tóxico contra la minoría armenia, mientras entrega la explotación de petróleo y de gas para multinacionales occidentales y rusas. Para la actual ofensiva sobre Nagorno-Karabakh, el régimen azerí compró armas israelíes, además de las rusas, y apuesta en el apoyo de Turquía, que desde 1993 bloquea sus fronteras con Armenia.

Armenia tenía un régimen autoritario que fue derribado por una revolución popular en 2018. No obstante, el actual régimen democrático burgués también apuesta en un nacionalismo tóxico contra Azerbaiyán y en una relación privilegiada con Rusia, Europa y los Estados Unidos.

Volver a Lenin

La alternativa aplicada por los regímenes políticos de Armenia y de Azerbaiyán es la eterna guerra intermitente y la opresión nacionalista contra las minorías en sus países mientras entregan sus economías para el capitalismo internacional y se mantienen bajo la esfera política de Rusia.

Esa alternativa no atiende los verdaderos intereses de la población trabajadora que sufre con el desempleo, la desigualdad social, el conflicto nacionalista y el dominio extranjero.

La alternativa que interesa a la clase trabajadora armenia y azerí comienza por el derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas y por el respeto a las minorías nacionales, defendido por Lenin. Al final, ¿cuál es el sentido de que el régimen azerí domine Nagorno-Karabakh por la vía militar, donde los armenios viven hace siglos? ¿Promover más opresión y limpieza étnica? La población de Nagorno-Karabakh tiene que tener el derecho a la autodeterminación. Así como la población azerí de las tierras bajas de Karabakh, bajo control armenio, tiene que tener el derecho de autodeterminación. Ningún pueblo es libre mientras oprima a otro pueblo. El camino de la libertad pasa necesariamente por el respeto mutuo y el reconocimiento de los derechos de las nacionalidades oprimidas.

Esa alternativa se completa con la formación de una nueva Federación de Repúblicas Socialistas de la Transcaucasia entre Armenia, Azerbaiyán y Georgia, con la salida de todas las fuerzas militares extranjeras, donde todos los pueblos de la región puedan vivir juntos y mezclados en paz, como ocurrió durante siglos, y sin interferencia externa ni relaciones económicas o diplomáticas con el Estado racista de Israel, que se dedica a destruir los derechos nacionales del pueblo palestino.

Para llevar adelante esta alternativa, la clase trabajadora de los dos países tendrá que derrocar ambos regímenes y el veneno del nacionalismo tóxico, y caminar hacia un poder de los trabajadores, la única salida para garantizar justicia social, la paz entre los pueblos, y la independencia nacional.

Las opiniones expresadas en este artículo son de responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la política editorial del Middle East Monitor.

Traducción: Natalia Estrada.