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Declaraciones

Sobre la cumbre Trump y Xi Jinping

Eduardp Neto

mayo 19, 2026

La visita de Trump a China y sus reuniones con Xi Jinping los días 14 y 15 de mayo acapararon la atención de los medios de comunicación de todo el mundo.

Trump anunció la posibilidad de grandes negocios y acuerdos, y se llevó consigo a los principales directivos de las mayores empresas estadounidenses.

Los grandes temas de la reunión incluyeron la guerra comercial, la competencia en inteligencia artificial, la guerra de Irán y Taiwán. 

El primer hecho a destacar es que la reunión expresa lo que una parte de la izquierda mundial niega: la cumbre Trump-Xi Jinping es la reunión de las dos principales potencias imperialistas del mundo. Y esto, con mucha mayor relevancia que la última visita de Trump, en su primer mandato, en 2017. El peso del imperialismo chino, hoy omnipresente en casi todo el mundo, no puede ignorarse ni subestimarse, so pena de no comprender la realidad mundial.

Hay una parte de la izquierda que no solo ignora el carácter imperialista de China, sino que la apoya, en nombre del «multilateralismo» y del «Sur global». Apoyan, en realidad, una dictadura burguesa que superexplota al proletariado chino para vender sus productos más baratos en el mundo.

Hay otra parte de la izquierda que no apoya a la China imperialista, pero niega su carácter imperialista. O bien dice que China es «casi imperialista». Este tipo de enfoque simplemente no logra explicar el mundo actual, marcado por esta disputa interimperialista. Además, si es «casi imperialista», entonces aún no es imperialista. En ese caso, deberíamos apoyar a China contra el imperialismo estadounidense. Esto, a nuestro ver, rompe la necesaria independencia de clase.

Algunos, sin saber qué decir al respecto, afirman que la mera existencia de la reunión demuestra que la rivalidad no existe o es mínima. Esto es una negación de la realidad que raya en la negación de la existencia de una teoría de la Tierra plana. La reunión se celebra precisamente por las enormes disputas existentes.

El segundo hecho es que la fuerte crisis del orden mundial imperialista, agravada por el segundo mandato de Trump, ha relegado casi por completo a un segundo plano a las instituciones en las que antes se apoyaba ese orden, como la ONU, el FMI, el Banco Mundial y la OTAN. Ahora, lo que cuenta es el peso y las acciones de los principales gobiernos imperialistas, que deciden con acciones como la invasión de Venezuela y la agresión a Irán por parte de EE. UU., así como la invasión de Ucrania por parte de Rusia, cómo se define la realidad mundial. En este sentido, el valor de reuniones como esta entre Trump y Xi Jinping debería asumir otra cualidad.

Al fin y al cabo, los líderes de las dos mayores potencias imperialistas del mundo, en abierta competencia, se reunieron. Los resultados de la reunión entre Trump y Xi Jinping, sin embargo, no apuntaron a avances en ninguno de los puntos fundamentales de las divergencias. Se anunciaron elementos menores, como la compra por parte de China de 200 aviones de Boeing (se esperaban 500). Las acciones de la propia Boeing cayeron como resultado del encuentro.

Como señal de los efectos de esta frustración, los precios del petróleo volvieron a subir y las acciones en la Bolsa de Nueva York cayeron.

En realidad, había pocas posibilidades de que esta reunión pudiera cambiar realmente algo. Algunas de las disputas interimperialistas en curso, como la batalla en torno a la IA y la carrera armamentista, no pueden, en este momento, resolverse con una reunión.

En otras palabras, Trump no podía imponer nada. Llegó a esta reunión debilitado por el fracaso de su «guerra arancelaria» contra China, frenada con el acuerdo del pasado octubre, tras el bloqueo de las exportaciones de tierras raras por parte de China. Y, sobre la situación de la guerra en Irán, a pesar de no haberse concluido, Trump puede sufrir una nueva y más importante derrota.

Esta realidad no permitió a Trump señalar ninguna victoria real en las negociaciones con Xi Jinping. China, por otro lado, mantiene sus posiciones económicas ascendentes, siguiendo el enfrentamiento en el terreno que le es más favorable. Asistió a la guerra de Irán, al igual que a la invasión de Venezuela, sin defender efectivamente a sus aliados, por no tener condiciones hoy para enfrentarse militarmente a Estados Unidos. Aparentemente, solo ayudó con su red de satélites a los ataques iraníes. Pero China saca provecho del desgaste de Trump en la guerra de Irán.

A pesar de las declaraciones diplomáticas de ambas partes, la cumbre no avanzó en ningún punto importante.

2- El avance del imperialismo chino

El imperialismo estadounidense sigue siendo hegemónico en términos económicos, financieros, tecnológicos y militares a nivel mundial. Pero enfrenta una decadencia pronunciada.

China asumió un carácter imperialista en pleno siglo XXI. Pero presenta un mayor dinamismo, superando a los demás países imperialistas y acercándose al nivel estadounidense. Aprovechandose de su dimensión continental, de la dictadura que le permite imponer salarios bajos y una represión constante sobre el proletariado chino, y una tasa de inversión muy superior a la de los demás países imperialistas, China compite cada vez más con Estados Unidos.

Desde 2010, el imperialismo chino ha superado a Estados Unidos en producción industrial. Durante el primer semestre de 2025, la inversión extranjera directa de China superó a la de EE. UU., representando cerca del 10 % del total mundial. La Iniciativa del cinturón y la Rota (BRI) moviliza más de un billón de dólares en financiamiento, asumiendo la construcción y el control de puertos, ferrocarriles, minas y redes logísticas en decenas de países.

La competencia interimperialista, en la etapa actual del imperialismo, se manifiesta en la lucha por el control de las cadenas de valor internacionales. Estas cadenas se caracterizan por la división internacional de la producción, con la centralización del control tecnológico y financiero en las sedes de las multinacionales imperialistas, y la producción en varios países con mano de obra barata y suministro de materias primas.

China está avanzando seriamente en esta disputa por el control las cadenas internacionales de valor. Por ejemplo, no solo está a la vanguardia de la producción de autos eléctricos en el mundo, sino que también controla la mayor parte de la producción de baterías de litio y entre el 60 % y el 70 % del refinado mundial de litio. Controla entre el 80 % y el 90 % de la producción y el refinado de tierras raras. Domina más del 60 % del mercado mundial de paneles solares y controla entre el 35 % y el 40 % de las patentes esenciales de 5G.

Tras la Segunda Guerra Mundial y, en particular, durante la globalización, el imperialismo estadounidense impuso el llamado «libre comercio». Es decir, la libertad para que sus empresas ocuparan y dominaran los mercados de todo el mundo. Ahora, el imperialismo chino, más dinámico, utiliza el «libre comercio» para vender sus productos más baratos y avanzar a nivel mundial.

3- La reacción del imperialismo estadounidense

El segundo mandato de Trump avanzó y explicitó de manera categórica lo que ya se esbozaba tanto en su primer gobierno como en el siguiente de Biden.

En 2022, la Heritage Foundation, un instituto de extrema derecha, elaboró el Proyecto 2025 para el gobierno de Trump. En noviembre de 2025, el gobierno de Trump publicó el documento «Estrategia de Seguridad Nacional», en el que se explica una estrategia que cambia la política anterior del imperialismo estadounidense.

En esencia, reconoce la decadencia y se traza una política para recomponer la hegemonía estadounidense a los niveles de décadas anteriores. Podríamos llamarlo un intento de contraofensiva del imperialismo estadounidense ante el ascenso del imperialismo chino.

En el terreno económico, se señalan algunos frentes. La disputa por la hegemonía con China en Inteligencia Artificial, la batalla por las cadenas de valor (que se manifestaría de ahí en adelante, en particular, en el petróleo y las tierras raras), la reindustrialización de Estados Unidos, el control marítimo del Océano Pacífico y la guerra arancelaria.

En el terreno político-ideológico, toda la batalla por la división del proletariado, con la ideología antiinmigrantes y contra los sectores oprimidos por un lado, y contra el «narcoterrorismo» por otro. Buscan así atraer al proletariado blanco nativo y dividirlo de los obreros inmigrantes. Separar a una parte del proletariado de los países semicoloniales de los más pobres y negros, que serían «bandidos».

Junto con esto viene la presión directa («reclutamiento») por parte de gobiernos títeres de extrema derecha como Milei (Argentina), Kast (Chile), Bukele (El Salvador), Paz (Bolivia) y otros.

En el aspecto militar, la aplicación de la versión de Trump de la doctrina Monroe, apodada «donroe», con la imposición de gobiernos títeres en América Latina. Es esto lo que justifica la invasión de Venezuela y el secuestro de Maduro para la usurpación del petróleo venezolano. En Medio Oriente, la asociación con Netanyahu para la guerra contra Irán. Y ahora el bloqueo a Cuba.

En esencia, el imperialismo estadounidense, para enfrentarse al ascenso del imperialismo chino, decide imponer su superioridad militar. La agresividad de Trump es una expresión brutal de la decadencia del imperialismo estadounidense en su lucha por recomponer su hegemonía a los niveles anteriores, ahora con otros métodos, directamente bonapartistas.

Veamos cómo está esta batalla interimperialista EE. UU. contra China, en algunos de sus puntos fundamentales.

La batalla por la Inteligencia Artificial

Estados Unidos sigue siendo hegemónico en términos tecnológicos, gracias a las empresas llamadas las «7 Magníficas» y a toda la gigantesca inversión en Inteligencia Artificial. Las inversiones en centros de datos y en el desarrollo de la inteligencia artificial, mantienen el auge de las inversiones en la economía estadounidense hasta el día de hoy, siendo parte decisiva de la disputa interimperialista en todos los terrenos, en particular a nivel económico y militar.

Pero es un hecho que el imperialismo chino ha invertido fuertemente para superar el retraso, incluso en la fabricación de chips y litografía avanzada. Cuenta con características distintivas, como modelos de IA muy avanzados (Deepseek) con costos de desarrollo y operación inferiores a los de sus rivales estadounidenses y una gigantesca aplicación de la IA en la vida cotidiana de los chinos, ampliando su base de datos.

Recientemente, los chinos han presentado dos avances importantes. Deepseek presentó una nueva versión, ahora con chips de Huawei, apostando por superar su dependencia de los chips avanzados de la estadounidense NVIDIA. Y otro hecho, aún más espectacular: al parecer, a finales de 2025 lograron avanzar en la construcción de una máquina de ultravioleta extrema, lo que abre la posibilidad de que China pueda avanzar de manera autosuficiente hacia la producción de chips avanzados de 2-3 nanómetros.

Por otro lado, en EE. UU., Anthropic (una de las grandes empresas de IA) presentó Mythos, que representa un avance capaz de analizar y detectar fallas en los sistemas operativos de todo el mundo, de una manera hasta ahora desconocida. Se trata de una amenaza muy grave que podría sacudir los sistemas financieros, gubernamentales y militares. Podría llegar a facilitar ataques cibernéticos y paralizar sistemas de defensa extranjeros.

Evidentemente, esta guerra tecnológica abierta, con enormes implicaciones económicas, políticas y militares, no puede resolverse en una reunión de una cumbre.

Ni siquiera se resolvió la posibilidad de que NVIDIA exportara sus chips más avanzados a China. Vale la pena recordar que antes Trump había prohibido esa exportación. Finalmente, se le convenció de que la autorizara, debido a la amenaza, señalada por la propia NVIDIA, de que mantener la prohibición solo alentaría a China a avanzar en su autonomía en la producción de chips avanzados. Sin embargo, incluso después de que se autorizara la exportación, nada se concretó debido a las restricciones impuestas por la propia China. Jensen Huang, director ejecutivo de NVIDIA, formó parte de la comitiva de Trump en la visita a China. Pero regresó sin que se resolviera nada.

El conflicto arancelario 

La guerra arancelaria, iniciada en abril del año pasado por Trump, tenía como objetivo principal revertir su déficit comercial y, en especial, con China. Hubo aumentos de aranceles para la mayoría de los países, pero en particular para China, que llegaron al 145 %. Sin embargo, es un hecho que no logró el resultado esperado.

La balanza comercial de Estados Unidos registró un déficit menor, de 700 485 millones de dólares (35,6 %) en los doce meses posteriores al inicio de la guerra (abril de 2025). El déficit con China también se redujo, a 202 000 millones de dólares, cerca de un 30 % menos que en 2025.

Sin embargo, esto no supuso un cambio cualitativo en el objetivo de reindustrialización de Estados Unidos. Tampoco afectó a las exportaciones chinas, que buscaron otros mercados y superaron un récord histórico en 2025, de un billón (mil millones) de dólares.

Al fin y al cabo, ante la dura postura de represalia china, con aranceles similares impuestos a las exportaciones estadounidenses y, en particular, un bloqueo a la exportación de tierras raras (sobre las que tiene un control hegemónico), Trump dio marcha atrás. En la reunión del pasado octubre entre él y Xi Jinping en Corea se cerró un acuerdo temporal para suspender la guerra arancelaria. Este acuerdo se extiende hasta octubre de este año, y se esperaba que se renovara en esta cumbre actual. Ni siquiera eso se definió. 

Sobre la guerra en Irán

Tras más de un mes del alto el fuego en la guerra de Irán, aún no existe una perspectiva definida para un acuerdo. Las propuestas en debate, tanto del imperialismo estadounidense como de Irán, siguen siendo muy distintas, y las escaramuzas en el estrecho de Ormuz continúan. Así, todas las posibilidades están sobre la mesa para el futuro de la región.

Sin embargo, como afirmamos en otro artículo sobre el tema:

“La principal conclusión es que el plan estadounidense-israelí de una victoria aplastante y rápida al estilo de Venezuela fracasó. La estrategia iraní de guerra asimétrica, con ataques con misiles y drones contra países con bases estadounidenses e israelíes, y sobre todo, el bloqueo selectivo del estrecho de Ormuz, ha resultado exitosa al provocar un estancamiento debido a la mayor crisis energética internacional, con importantes repercusiones económicas y políticas en todo el mundo y también dentro de Estados Unidos».

Esto está sustentando una crisis económica y política mundial, con importantes repercusiones dentro de Estados Unidos. La guerra ya se ha desatado, sin contar con un apoyo mayoritario dentro del país. La continuidad del bloqueo del estrecho de Ormuz se refleja en el aumento de más del 50 % de los precios de la gasolina en EE. UU. y agrava la crisis política. Aumenta la división de la burguesía estadounidense, con una parte lucrándose aún más con la guerra (sector de la tecnología y el petróleo) y otra acumulando pérdidas. Y se amplía el desgaste de Trump y del Partido Republicano, lo que supone una amenaza importante para las elecciones de mitad de mandato de fin de año.

Dado que ni el régimen iraní ha sido derrocado, ni su programa nuclear ha sido bloqueado, ni se ha reabierto el estrecho de Ormuz, aumentan las señales de que podría haber una derrota de Trump en la guerra.

Las expectativas de que la cumbre entre Trump y Xi Jinping avanzara en la resolución del conflicto no se confirmaron. Trump alardeó de acuerdos sobre el tema, diciendo que Xi Jinping quería la reapertura de Ormuz y está en contra de que Irán tenga armas nucleares, posiciones ya conocidas del imperialismo chino. Pero no se definió nada concreto para la solución del conflicto. En realidad, Xi Jinping dijo que «esta guerra nunca debería haber comenzado», porque sigue sacando provecho del desgaste de Trump en el tema.

Sobre Taiwán

No queremos desarrollar este tema aquí, sino solo señalar su desarrollo en la cumbre.

El imperialismo chino considera a Taiwán parte de su territorio y amenaza constantemente con invadir y conquistar el territorio. Se trata de una postura directamente imperialista, apoyada erróneamente por buena parte de la izquierda mundial.

El imperialismo estadounidense apoya al gobierno burgués reaccionario de Taiwán y amenaza con reaccionar militarmente en caso de una invasión china, aunque no apoya formalmente una declaración de independencia de la isla, para no enfrentarse directamente con China en este momento.

Xi Jinping le dijo explícitamente a Trump que «la cuestión de Taiwán es la más importante en las relaciones. Si se gestiona bien, las relaciones entre los dos países podrán seguir siendo globalmente estables. Si se gestiona mal, los dos países chocarán, o incluso entrarán en conflicto».

Tampoco hubo cambios reales en las posiciones de China y EE. UU. sobre el tema en la Cumbre actual. Pero Trump dejó claro públicamente, tras regresar a Estados Unidos, que se opone a una declaración de independencia de Taiwán. «No quiero que nadie declare la independencia, ya saben, suponiendo que tengamos que recorrer 15 000 kilómetros para ir a la guerra». Tampoco autorizó el envío de 14 000 millones de dólares en armamento de Estados Unidos a Taiwán, que sigue pendiente.

Algunos elementos de conclusión

Evidentemente, las repercusiones de esta cumbre de los dirigentes de las mayores potencias imperialistas aún se harán evidentes en el próximo período.

Además, dado que está relacionada con procesos convulsivos y abiertos como la crisis del orden mundial en curso, el desenlace de la guerra de Irán y la disputa económica y tecnológica, no se puede sacar ninguna conclusión definitiva.

Sin embargo, como se puede deducir de los puntos enumerados anteriormente, se puede afirmar como conclusiones preliminares que:

– esta cumbre solo demuestra la importancia del conflicto interimperialista entre EE. UU. y China

– en la coyuntura mundial actual, no se resolvió nada de fondo en esta reunión

– una de las razones fundamentales para ello es el debilitamiento coyuntural de Trump, debido al fracaso de la guerra arancelaria y a su fracaso parcial en Irán, con consecuencias críticas

– la disputa interimperialista sigue abierta y cada vez más intensa, a pesar de las declaraciones diplomáticas de los gobiernos de EE. UU. y China

– la grave crisis del orden mundial, producto de esta disputa, se agrava cada día más.

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