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La crisis en Cuba: Hay que luchar de verdad contra Trump

Eduardo Neto

abril 6, 2026

Una pequeña delegación de la LIT estuvo en Cuba en marzo de 2026. Estuvimos allí Hertz Dias (candidato a la presidencia de Brasil por el PSTU), Gabriela (también del PSTU) y yo.

Queríamos, en primer lugar, mostrar nuestra solidaridad con Cuba en este momento en que el sórdido bloqueo impuesto por Trump impide la llegada de petróleo y estrangula a una pequeña isla, a 140 km de Estados Unidos.

Nos aseguramos de estar allí el 21 de marzo, fecha de llegada de la Flotilla de solidaridad a Cuba, en la que han participado diversas organizaciones internacionales. Llevamos lo que pudimos en señal de solidaridad, dentro de nuestras posibilidades: alimentos y medicamentos.

La coyuntura internacional estaba marcada por la agresión militar imperialista-sionista contra Irán, inmediatamente después de la invasión de Venezuela y el secuestro de Maduro.

Todos saben que somos críticos y opositores de la dictadura cubana. Pero eso no cambia nuestra postura de defensa de Cuba, un país semicolonial contra el ataque del país imperialista más poderoso del planeta. Mas aun cuando ese país está dirigido por un gobierno de extrema derecha que afirma descaradamente que va a «tomar Cuba».

Se equivocan quienes creen que las intenciones de Trump tienen algo que ver con la democracia. El imperialismo estadounidense apoya a las peores dictaduras del mundo, como Arabia Saudita, siempre y cuando sirvan a sus intereses. Respalda la brutal represión de Israel contra los palestinos.

Trump quiere revertir la decadencia del imperialismo estadounidense y así hacer frente al imperialismo chino en ascenso utilizando abiertamente su poderío militar y económico. En documento sobre Seguridad Estratégica Nacional publicado en noviembre de 2025 explicita el objetivo de imponer gobiernos títeres en Latino America.   

En Venezuela, con la invasión militar, logró lo que quería: el control del petróleo y un cambio en el gobierno del país, con Delci Rodríguez alineada con sus intereses.

El bloqueo estadounidense fue impuesto por John Kennedy en 1962. Ahora Trump ha agravado brutalmente el bloqueo y quiere estrangular la economía cubana, con la suspensión del envío de petróleo a la isla.

La generación de energía eléctrica en Cuba depende del petróleo entre un 80 % y un 95 %. El sistema, antiguo y en mal estado, se sustenta en ocho centrales termoeléctricas principales. No hubo la modernización ni tampoco la manutención necesaria. 

Cuba necesita 110 mil barriles de petróleo al día, y solo produce 40 mil. La suspensión de la llegada del petróleo venezolano, que abastecía entre el 30 y el 40 % de las necesidades de Cuba, es un golpe muy duro para la isla.

Tiene un carácter colonial tan sórdido como la apropiación del petróleo venezolano, que Trump ahora dice que es «de los estadounidenses». Este tipo de actitud remite a los actos de los imperios coloniales sobre sus colonias en siglos pasados. 

Trump declaró «emergencia nacional» contra Cuba, amenazando con aumentar los aranceles a los países que suministren petróleo a la isla. Esto fue aceptado por los llamados «gobiernos progresistas»: ni Lula, ni Petro, ni Claudia Scheinbaum, los tres gobiernos de países exportadores de petróleo no suministran petróleo a Cuba, aceptando la imposición de Trump.

Las consecuencias son graves. La falta de energía eléctrica constante afecta directamente también al suministro de agua y gas en un país que ya está en recesión. Hay una crisis humanitaria en curso.

Se había anunciado un acto de recepción de la flotilla ese día 21, que nunca se realizó. Como la dictadura cubana tiene mucho miedo a los actos abiertos, porque pueden volverse en su contra, solo se realizaron dos actos cerrados, exclusivamente para delegaciones internacionales. Ninguno de ellos fue convocado públicamente.

Intentamos por todos los medios saber cuándo sería el acto para ver si podríamos participar. Solo supimos que hubo un acto cerrado el viernes 20 de marzo al día siguiente. En ese acto participó Díaz-Canel, presidente de Cuba, quien realizó un discurso bastante de izquierda, contra Trump.

El sábado estuvimos en dos ocasiones en el Malecón (el tradicional paseo marítimo de La Habana), donde se suponía que llegaría la flotilla. No había nada, ni acto ni barcos llegando, al menos que pudiéramos ver.

Entregamos los alimentos que llevamos a una iniciativa de los activistas cubanos con los que tenemos contacto, de cocina solidaria.

Los medicamentos (antibióticos utilizados en hospitales brasileños para infecciones más graves) fueron entregados directamente al gobierno cubano, en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, donde se entregaron las donaciones llegadas en la flotilla. Hertz y yo nos presentamos como del PSTU y de la LIT y entregamos los medicamentos.

Al salir del instituto, uno de los activistas presentes nos dijo que, en ese breve período de unos minutos en que estuvimos entregando la solidaridad, se había realizado un acto, también cerrado, con las cerca de cien personas que estaban allí, entonando «Cuba sí, bloqueo no». Ese fue el segundo acto cerrado, los únicos que se realizaron en la semana en que estuvimos en Cuba.

Cumplimos así con nuestro objetivo de solidaridad con el pueblo cubano. Pero, más allá de la denuncia del bloqueo imperialista y de la solidaridad inmediata con Cuba, es necesario debatir cómo luchar realmente contra el imperialismo. Aquí se enfrentan dos estrategias opuestas en la realidad: la del gobierno cubano, apoyada por el estalinismo a nivel mundial, y la que nosotros defendemos

Para entender este debate es necesario retroceder en el tiempo, a la historia de la isla.

1959: la primera revolución socialista en América Latina

Al derrotar la dictadura de Batista y avanzar hacia la expropiación de las grandes empresas estadounidenses, la revolución dirigida por Fidel Castro y el Che Guevara ganó un enorme prestigio entre las masas y la vanguardia de todo el continente. Cuba fue el primer y único país de América Latina en llevar a cabo una revolución socialista victoriosa, en 1959.

La LIT (y la Fracción Bolchevique, que la precedió) siempre se opuso al bloqueo estadounidense contra Cuba, desde su imposición en 1962. Del mismo modo, nos opusimos al intento de invasión en la Bahía de Cochinos en 1961.

Sin embargo, el régimen cubano nunca desarrolló instituciones de la democracia obrera como los soviets de la revolución rusa de 1917. Desde 1959 siempre ha existido un régimen autoritario, controlado por una burocracia, que luego se vinculó al estalinismo de la URSS.

Aun así, los logros de la revolución cubana en el ámbito de la educación y la salud mostraron al mundo las posibilidades de avance con la expropiación de la burguesía y la planificación de la economía. Las tasas de mortalidad infantil en Cuba eran menores que las de Estados Unidos.

Se impuso un régimen de partido único, que a menudo perseguía y reprimía a todos los opositores o críticos, incluso a los de izquierda. Los sindicatos fueron incorporados al control del Estado, cerrando espacios centrales para la expresión de las propuestas de cambio de la clase obrera.

En Cuba existe racismo, machismo y LGBTQIfobia. Como parte del mismo modelo estalinista, en el reino de la burocracia siempre ha existido la continuidad de estas opresiones y la represión contra los activistas que se oponen a ellas. No es casualidad que la marcha de 2019 contra la opresión LGBTQI fuera reprimida. No es casualidad que la élite dirigente cubana sea blanca, desde la familia Castro hasta Díaz-Canel hoy.

La restauración del capitalismo en Cuba

El Estado obrero burocrático cubano ya no existe. Tras la restauración del capitalismo en la URSS, Cuba siguió el mismo camino. En la década de los 90 del siglo pasado, el propio régimen castrista acabó con el monopolio del comercio exterior y la planificación de la economía, y comenzó a privatizar las empresas estatales.

La economía cubana se abrió a las empresas multinacionales, lo que fue aprovechado por el imperialismo europeo para ocupar la isla.

A partir de ahí comenzó a gestarse una nueva burguesía cubana, a partir del aparato estatal, en particular de la alta cúpula militar, asociada a las multinacionales europeas.

La Junta Central de Planificación, que dirigía la economía planificada, fue disuelta. En esa misma época terminó el monopolio del comercio exterior por parte del Estado.

En septiembre de 1995, la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Inversiones Extranjeras. Así, el tercer pilar de la economía del antiguo Estado obrero, la propiedad estatal de los principales medios de producción, fue siendo destruido, sector por sector. Las empresas estatales fueron entregadas al capital extranjero europeo, en particular mediante joint ventures (empresas mixtas).

También se impuso un cambio en el motor de la economía, que pasó a ser el turismo, con multinacionales españolas como Meliá e Iberostar controlando los grandes hoteles de Varadero y La Habana para turistas de clase media europeos, norteamericanos y sudamericanos. La idea era ocupar un lugar en el mercado turístico entre las playas del Caribe, disputando espacio con Punta Cana (República Dominicana) y Cancún (México).

El ron cubano está controlado por la empresa francesa Pernod. Los puros cubanos son comercializados por una joint venture entre la empresa estatal cubana y Altadis, del grupo inglés Imperial Tobacco Group PLC.

Una nueva gran burguesía cubana surgió en la cúpula de las fuerzas armadas, a partir de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), centro y motor de la restauración del capitalismo. Este centro fue dirigido por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja hasta su muerte hace dos años. Este personaje era esposo de la hija de Raúl Castro (Débora Castro).

El GAESA se asoció con multinacionales europeas, creó empresas internacionales desde Cuba y hoy controla entre el 40 % y el 60 % de la economía de la isla, según distintos estudiosos del tema.

Esto tiene un significado profundo: la gestación de una nueva burguesía cubana a partir del aparato del Estado, más precisamente de los altos mandos militares y de la familia de Raúl Castro. Esta nueva burguesía cubana mantiene el control de la economía y del régimen en Cuba. Díaz-Canel es solo una figura pública, directamente dirigida por la familia Castro.

Todo esto es embellecido por el estalinismo, que dice que los cambios en Cuba son expresiones del «socialismo en la actualidad», distinto de los tiempos pasados. Esto no tiene nada de marxista.

La sociedad cubana funciona en base a la ley del valor y no en base a la planificación de la economía, las empresas estatizadas y el monopolio del comercio exterior como existía anteriormente en el antiguo Estado obrero burocrático.

Fue bajo la presión del mercado y de la ley del valor que el Estado burgués cubano optó por el turismo como motor de la economía.

Esto funcionó en un primer momento, pero colapsó con la pandemia. El turismo nunca volvió a recuperar los 5 millones de visitas anuales, llegando el año pasado a 1,8 millones y este año, seguramente, mucho menos.

El Estado garantiza a las multinacionales una mano de obra calificada sin ninguna posibilidad de movilizarse contra los bajos salarios. También garantiza la posibilidad de remitir las ganancias a sus matrices sin restricciones. 

La desigualdad entre los cubanos, que ja existía en el estado obrero burocratizado, se amplió muchísimo con la restauración. La nueva burguesía cubana y el sector social ligado al turismo tienen grandes privilegios y la miseria paso a ser la regla para los trabajadores y el pueblo pobre de Cuba.

¿Por qué la burguesía imperialista estadounidense no hizo lo mismo que la europea, siendo parte de la restauración capitalista en la isla? La explicación está en la burguesía cubana radicada en Miami, expropiada por la revolución en 1959. Esta burguesía se integró a la burguesía imperialista estadounidense y no solo quiere regresar a Cuba, sino derrocar la dictadura castrista y recuperar sus empresas expropiadas.

Este cambio provocó una enorme confusión en la vanguardia de todo el mundo. Cuba sigue siendo gobernada por el Partido Comunista, pero se produjo una transformación fundamental: antes una dictadura burocrática de un estado obrero deformado, después la restauración del capitalismo, dirigida por el propio Partido Comunista. Pero, con el apoyo del estalinismo a nivel mundial, se sigue hablando de «Cuba socialista».

¿Por qué Cuba quedó aislada?

La única vía para que Cuba pudiera avanzar hacia el socialismo sería con el desarrollo de la revolución mundial y, en particular, en América Latina. Pero eso no ocurrió. No existe ninguna posibilidad de avanzar hacia el socialismo en un solo país, como se demostró en la URSS. Menos aún en una isla, como Cuba.

El aislamiento actual de Cuba no se debió solo al fin del apoyo económico de la URSS. Ni únicamente por el bloqueo estadounidense. Estos elementos son importantes, pero no se podría esperar otra respuesta de la contrarrevolución imperialista. 

Existe otro factor, a nuestro ver decisivo: la política adoptada por la dictadura castrista. El castrismo nunca buscó desarrollar una estrategia revolucionaria internacional apoyada en las luchas de las masas.

En la década de los 60 del siglo pasado, el gobierno cubano hizo un intento desastroso de extender focos guerrilleros en América Latina, aislados del movimiento real de las masas. Esto llevó a derrotas sucesivas, a la muerte a miles de activistas y facilitó la represión de los gobiernos burgueses contra el conjunto del movimiento de masas.

Aún más grave, tras integrarse al aparato estalinista en 1972, la burocracia cubana se adhirió a la política de la burocracia rusa de «coexistencia pacífica», buscando el apoyo de las «burguesías progresistas» latinoamericanas.

Como máximo ejemplo de ello, ante el auge revolucionario de 1979 en América Latina, después de la derrota de la Guardia Nacional de Somoza y la toma del poder por parte del Frente Sandinista, Fidel Castro se opuso a que la revolución en Nicaragua fuera una «nueva Cuba».

Además, Castro apoyó los acuerdos de Contadora y Esquipulas a principios de la década de los 80. Estos acuerdos canalizaron el auge revolucionario hacia el callejón sin salida de las elecciones, derrotando el proceso revolucionario en toda América Central.

Como parte aún de la «coexistencia pacífica», la dictadura cubana apoyó a gobiernos burgueses, como López Portillo, Luis Echeverría (México) y muchos otros. Esto tuvo continuidad con los gobiernos «progresistas» de Lula, Evo Morales, Bachelet, Cristina Kirchner, etc. Mas allá de eso, buscó un acercamiento con gobiernos demócratas en EE. UU., como Carter y Obama.

Por último, la dictadura castrista ayudó a las dictaduras del MPLA en Angola y del FRELIMO en Mozambique a seguir el mismo camino que Nicaragua. En esos países, tras la derrota de las fuerzas armadas portuguesas, se impusieron dictaduras burguesas de esos movimientos, con la gestación de nuevas burguesías, que siguen gobernando hasta hoy.

Este es el motivo principal del aislamiento de Cuba. La fuerza del imperialismo siempre buscará la contrarrevolución. Pero la verdad es que la política del gobierno cubano, contraria a los procesos revolucionarios, fue la expresión de la misma política contrarrevolucionaria del estalinismo en todo el mundo, que resultó en la derrota de innumerables procesos revolucionarios.

La política para romper el aislamiento no es el apoyo a las «burguesías progresistas», sino el apoyo a las luchas de los trabajadores, independientemente de esos mismos gobiernos, apuntando hacia nuevas revoluciones socialistas.

Cuando se produjo la caída de las dictaduras estalinistas en Europa del Este, Cuba sufrió las consecuencias de esa política, quedando extremadamente aislada.

¿Se ha completado la restauración del capitalismo?

Aún hoy existe un sector de la izquierda mundial que es crítico con el castrismo y admite la existencia de un proceso de restauración capitalista en Cuba. Pero entienden que ese proceso no se ha concluido y que Cuba sigue siendo un estado obrero burocrático. A partir de ahí, defienden que es necesario «defender las conquistas de la revolución cubana».

Estos sectores cometen, en general, tres errores de análisis. El primero es que centran el proceso de restauración del capitalismo en Cuba en el estudio de las pequeñas empresas de producción y comercio que crecen en la isla, pero que no controlan la economía. 

Están equivocados. Esa pequeña burguesía no determina el rumbo del Estado y de la economía cubanas. Fue la nueva burguesía, surgida a partir de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), dirigida por la familia Castro y formada desde el Estado, la que dirigió la restauración del capitalismo y se beneficia de él. No es casualidad que el turismo sea el motor de la economía cubana actual, basado en grandes empresas españolas asociadas a las cubanas.

En segundo lugar, estos sectores argumentan que el capitalismo no se ha restaurado porque todavía existen muchas empresas estatales en Cuba.

Este es un error teórico y del estudio de la realidad. Según Lenin y Trotsky, el carácter de clase del Estado viene determinado por su relación con los medios de producción, con las formas de propiedad que el Estado defiende y preserva. ¿Cómo definir un Estado que defiende y preserva las empresas asociadas con el capital europeo? A nuestro ver, se trata de un Estado burgués.

Existe una desigualdad temporal entre el cambio de carácter del Estado cubano, que ocurrió en la década de los 90, y el de la economía en su conjunto, que pasó a ser esencialmente capitalista unos años después.

Esto también ocurrió en la URSS. Gorbachov cambió el carácter del Estado en 1985, cuando llegó al poder y comenzó la restauración del capitalismo. Pero la restauración solo se concluyó en la década de los 90. En China, Deng Xiaoping cambió el carácter del Estado en 1979, cuando comenzó la restauración, que también solo se concluyó muchos años después.

¿Cómo se puede definir un Estado como obrero, si ya no existe el trípode que lo caracteriza? Es decir, ¿sin la planificación central de la economía, sin el monopolio del comercio exterior, sin las empresas estatales en el centro de la economía? Se trata de un Estado burgués, que promueve y desarrolla la restauración del capitalismo.

La existencia de muchas empresas estatales en Cuba no es un criterio marxista para definir el carácter del estado. En muchos y muchos países capitalistas existen empresas estatales, en cantidades variables. Es fundamental responder si esas empresas estatales se rigen por una planificación de la economía, o si sirven a la acumulación capitalista, como en los demás países capitalistas.

En China, por ejemplo, todavía hay muchas empresas estatales. Incluso los grandes bancos chinos son estatales y sirven directamente al proceso de acumulación capitalista de las grandes empresas privadas chinas. Y China es un país imperialista. 

No se puede usar una definición lineal, cuantitativa y mecánica para definir una economía solo por la cantidad de empresas estatales.

El criterio marxista que define la economía en su globalidad es que si la economía se rige por la ley del valor, por el mercado, la oferta y la demanda, se trata de una economía capitalista. Si la economía se rige por la planificación de la economía estatizada, se trata de una economía no capitalista, en algún momento de su evolución.

Hoy Cuba es una economía regida por el mercado, con su evolución determinada por la ley del valor. La opción de centrarse en el turismo fue determinada por el «mercado», por la ley del valor.

Durante la depresión de 1929, la economía de la URSS —un estado obrero, aunque dirigido por la burocracia estalinista— creció a tasas superiores al 10 % anual. En 2020, durante la recesión mundial, Cuba sufrió una caída del PIB del 11 %. ¿Por qué? Por tener una economía determinada por el mercado, en este caso por la caída del turismo mundial, que afectó fuertemente al principal sector de la economía de la isla.

En tercer lugar, estos sectores argumentan que aún existen logros en educación, salud, deportes, etc. Pero eso ya no existe.

Existe una crisis brutal en la salud y la educación pública del país. Los activistas cubanos denuncian una forma brutal de privatización a través de la corrupción. No se consigue ninguna atención médica decente en Cuba sin pagar «por debajo de la mesa» por cualquier cosa, desde una consulta hasta un medicamento básico.

Un ejemplo de la crisis de la salud cubana fue la terrible situación de colapso de la asistencia médica en Cuba con el recrudecimiento de la pandemia, muy similar a lo que ocurrió en los países latinoamericanos.

La consecuencia programática de esta discusión teórica es enorme. Quienes caracterizan que Cuba sigue siendo un estado obrero, tienen como programa una revolución política que solo modifique el régimen político. Quienes, como nosotros, caracterizamos que Cuba es capitalista, defendemos una nueva revolución socialista, que expropie las empresas privatizadas en manos del capital extranjero, retome la planificación de la economía y el monopolio del comercio exterior. Y que rompa con la dictadura estalinista y construya una nueva democracia de los trabajadores.

Queremos preguntar a esos sectores que siguen defendiendo a Cuba como un estado obrero: ¿qué opinan que se debe hacer con el sector más importante de la economía cubana, el sector turístico, con los grandes hoteles privados? ¿Se deben expropiar o no? ¿Se deben o no estatizar las otras empresas multinacionales que controlan el país? ¿Se debe retomar la planificación de la economía o no? ¿Es fundamental volver al monopolio del comercio exterior? Si responden afirmativamente a estas preguntas, significa que están proponiendo una nueva revolución socialista en Cuba. Si niegan este programa, apuntan al mantenimiento de la miseria de los trabajadores cubanos.

El antiguo Estado obrero burocratizado cubano ha desaparecido, quedando solo su apariencia, con el PC al frente, como en China.

Lo que existe en Cuba es una dictadura burguesa

La consecuencia más terrible de la restauración del capitalismo es la miseria del pueblo cubano. No existirían las bases materiales para el 11 de julio ni para la explosión que se está gestando en Cuba sin las consecuencias económicas y sociales de la restauración del capitalismo.

Al contrario de lo que dice la propaganda estalinista, el pueblo cubano vive en la miseria y odia la dictadura castrista.

En diciembre de 2020, el gobierno de Díaz-Canel, expresando ya los intereses de la nueva burguesía cubana, impuso el plan «Tarea de Ordenamiento», muy similar a los planes neoliberales de todo el mundo.

El plan tenía como objetivo declarado la unificación de las monedas vigentes en Cuba. Pero el resultado para los trabajadores fue desastroso. Lo que ocurrió fue un enorme aumento de los precios del gas y la electricidad, una hiperinflación y una terrible escasez. Todo ello en plena pandemia de Covid-19.

Pero no es cierto que todos salieran perdiendo. Los verdaderos beneficiarios de este plan fueron las grandes empresas multinacionales instaladas en Cuba y la nueva burguesía cubana asociada a ellas.

La verdadera explicación de la explosión popular del 11 de julio de 2021 fue ese plan. El «11J» fue un hecho histórico que expresó el profundo descontento de las masas cubanas con la dictadura.

En las calles estaban los cubanos pobres, de los barrios de los trabajadores. Todo muy similar a las movilizaciones populares de 2019-2020 en Chile, Colombia y Ecuador.

Nada que ver con las movilizaciones de la clase media de derecha, de los barrios más ricos, que a veces ocurren en nuestros países, en apoyo a las propuestas de la burguesía y del imperialismo.

El régimen fue duramente golpeado por esa movilización popular espontánea de masas y reaccionó violentamente con cerca de 1500 detenciones. La represión contra los trabajadores y los jóvenes fue apoyada por el estalinismo mundial, con la calumnia de que se trataba de una movilización organizada por el imperialismo.

Hasta hoy existen alrededor de 300 presos políticos del 11 de julio, entre ellos muchos adolescentes con penas de 15 a 20 años de prisión. La 

Apoyamos las luchas de los trabajadores contra los planes neoliberales en Colombia y en Chile y denunciamos la dura represión de los gobiernos. Apoyamos el 11 de julio y denunciamos la represión del gobierno cubano.

La «democracia popular» de Cuba, propagada por los estalinistas, es una farsa. Esta dictadura sabe que es odiada y por eso le tiene miedo a su propio pueblo. No permite ningún tipo de democracia, ni obrera ni burguesa. La autodenominada «democracia popular» no es ni democracia, y mucho menos popular. 

La población sufre persecución y vigilancia policial todo el tiempo. Quienes discrepan pierden sus empleos, son vigilados y perseguidos.

El salario mínimo de Cuba hoy es equivalente a 3 dólares. Y eso con los alimentos, cuando se los consigue, costando un precio semejante a los de Brasil. Nosotros pagamos 2,4 dólares en nuestra estadía en Cuba, por una docena de huevos- la fuente de proteína más barata que encontramos. O sea, una docena de huevos vale casi lo mismo que un salario mínimo mensual. 

La libreta -la alimentación gratuita garantizada por el gobierno cubano en el pasado- fue reducida a solo un pan chico por persona por día. Había colas importantes a frente de las panaderías oficiales en Havana, para conseguir ese pan. 

La represión constante es la manera por la cual esa dictadura impide las huelgas y manifestaciones contrarias. 

En las “elecciones” solo se permiten candidatos indicados por el gobierno y el PC es el partido único legal. 

¿Por qué no permiten la existencia de ningún partido de izquierda que no apoye al gobierno? ¿Por qué no existe ningún sindicato libre en Cuba? La CSP Conlutas, central sindical y popular apoyada por el PSTU, no sería legal en Cuba.

El régimen reprime cualquier tipo de oposición. Reprimió el 11J, así como la marcha LGBTI de mayo de 2019, las manifestaciones artísticas independientes y todos los actos que lo cuestionan. La dura represión empuja a quienes se oponen al exilio o a la prisión.

Desde el 11 de julio, la crisis se ha profundizado cada vez más, así como el descontento con la miseria y la represión.

La crisis actual prepara una nueva explosión popular

Todo esto se agravó mucho más con el bloqueo petrolero impuesto por Trump desde la destitución de Maduro. Con el suministro de petróleo venezolano interrumpido y la prohibición de que cualquier otro país envíe petróleo, Cuba está colapsando.

En la semana que estuvimos allí se produjeron dos apagones nacionales y otros locales. A pesar de estar alojados en un barrio céntrico de La Habana, pasamos más tiempo sin energía que con energía.

La ruptura de las masas con el gobierno es enorme. Conversamos extensamente con los activistas con quienes tenemos contacto. Ellos hablan del odio del pueblo cubano hacia la dictadura, tanto por la miseria como por la represión constante. El pueblo cubano compara su miseria con los privilegios de la elite gobernante, que son conocidas como los de la familia de Raul Castro. 

Esta conciencia antidictatorial es capitalizada mayoritariamente por la derecha. Existe un apoyo político importante a Trump entre las masas cubanas. Entre los activistas hay diferentes estimaciones sobre este fenómeno: algunos hablan de un 60 % de apoyo a Trump, otros de un 80 %. Esa dura verdad es importante para entender el retroceso de la conciencia antiimperialista, antes mayoritaria en Cuba, por culpa de la dictadura.

El apoyo al «socialismo» cubano es muy minoritario, con una presencia aún importante entre los sectores de mayor edad, que vivieron momentos mejores en el antiguo Estado obrero. Cuanto más joven es la población, mayor es el apoyo a Trump.

Unos días antes de nuestra llegada, la gente de una pequeña ciudad —Morón— atacó e incendió una sede del Partido Comunista cubano.

Durante el período en que estuvimos allí, todos los días hubo cacerolazos locales por la noche, sin extensión nacional ni continuidad. 

Esta se desarrollando una bronca enorme contra la dictadura burguesa que puede explotar en una nueva movilización popular, semejante o mayor que la de 11 de julio de 2021.

El problema del campismo

El estalinismo, como aparato mundial, se debilitó mucho con la caída de las dictaduras de Europa del Este. Pero sigue siendo muy fuerte hasta el día de hoy. Cuenta con partidos comunistas en muchos países, algunos de ellos con gran influencia popular. Muchos partidos reformistas no estalinistas, como el PT y el PSOL en Brasil, apoyan la dictadura castrista.

Pero el estalinismo es mucho más que el autoritarismo bien conocido y repudiado. Tiene una ideología reformista que tiene un alcance mucho mayor que los propios partidos comunistas. Sustituyen el método de análisis marxista de las clases sociales por el de los «campos progresistas».

Por un lado, estarían los «campos progresistas», que incluyen a los «gobiernos de izquierda» y a las «burguesías progresistas». Por otro, estaría el enemigo, el imperialismo estadounidense. Solo reconocen el norte americano como imperialismo, desconociendo tanto el imperialismo europeo como el chino y el ruso. 

Así, todos los que se oponen a estos gobiernos progresistas son «agentes del imperialismo estadounidense». En estos países dirigidos por estos «gobiernos de izquierda», no existen las clases sociales reales, ni la lucha de clases. Solo existen los gobiernos progresistas y sus enemigos, los agentes del imperialismo estadounidense.

Para la propaganda de muchos partidos estalinistas, Cuba y China, además de tener «gobiernos de izquierda», siguen siendo hasta hoy países «socialistas». A partir de ahí, muchos PC apoyaron la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989. Incluso ante miles de jóvenes muertos en una manifestación pacífica en Pekín, el aparato estalinista siguió hablando de «agentes del imperialismo».

China, al contrario de lo que dice la propaganda estalinista, es una potencia imperialista. Con salarios bajísimos y una dictadura que reprime cualquier amenaza de huelga, se impuso el modelo chino, fue propagado por el imperialismo mundial como ejemplo, creando un nuevo paradigma salarial, lo que contribuyó a rebajar el nivel de vida de los trabajadores en todo el mundo.

Con esta metodología de análisis de los «gobiernos progresistas», los PC y sus seguidores apoyaron a Assad, el dictador sirio, que mató a 500 mil habitantes para mantenerse en el poder. Apoyan las dictaduras de Ortega en Nicaragua. Pero, al contrario de lo que dice la propaganda estalinista, quienes gobiernan esos países son las nuevas burguesías surgidas del aparato del Estado. Y en esos países hay trabajadores que luchan contra la miseria capitalista impuesta por esos gobiernos.

En Cuba, el mismo método campista del estalinismo sirve para justificar toda la política del gobierno cubano como «progresista» e incluso como «último bastión del socialismo». Por eso, también apoyaron la represión del gobierno cubano contra el 11 de julio.

Así, tenemos dos ideologías dominantes en el mundo sobre Cuba. Una del imperialismo norte americano, de que en Cuba existe el socialismo y eso es una demonstración que el socialismo es igual a dictadura y miseria. Otra, del aparato estalinista, de que Cuba es “el último bastión del socialismo” y que los activistas tienen que defender el gobierno cubano, no solo contra el imperialismo norte americano, pero también contra su proprio pueblo. 

Pero esas dos ideologías se chocan con la realidad. En Cuba no existe socialismo de ningún tipo. Existe una dictadura burguesa, que se mantiene por la represión constante.  

Y la ideología campista del estalinismo, que fue la base de innúmeras derrotas de los trabajadores, está preparando una más para Cuba.  

Nosotros combatimos al imperialismo. Y también combatimos al estalinismo. Para ello, utilizamos el método marxista, que no sustituye a las clases en lucha por «campos». Evaluamos las relaciones entre las naciones en el sistema mundial de estados. Y analizamos las situaciones concretas de la lucha de clases.

Por eso combatimos el bloqueo imperialista contra Cuba. Por eso también podemos luchar contra la dictadura burguesa en Cuba, de manera independiente del imperialismo.

Es innegable que Trump quiere aprovecharse de la actual crisis del gobierno cubano, y que está disputando la conciencia de las masas cubanas.

Esto afecto a parte de la antigua vanguardia antidictatorial en la isla, como parte de las direcciones del Movimiento San Isidro, presente en la cultura cubana, que fueron a la derecha.  

Por otro lado, el aparato estalinista también actúa para romper esta vanguardia, con detenciones, juicios y difamaciones. Además, también ejerce presión ideológica, con la farsa de que todas las movilizaciones que surgen «tienen al imperialismo detrás».

Afortunadamente, no existe únicamente solamente eses dos campos. Un sector de la vanguardia cubana está en contra de las maniobras imperialistas y contra la dictadura castrista, como es el caso del grupo Socialistas en Lucha, que comparte con nosotros la lucha contra el imperialismo, contra la dictadura y la defensa del socialismo. 

Las negociaciones del gobierno cubano con Trump

Desde hace algunos meses se informa sobre negociaciones directas entre el gobierno de Trump y el régimen cubano. La prensa habla abiertamente de la propuesta en discusión, de una salida «a la venezolana» para Cuba.

Trump dijo en febrero de ese año: “El Gobierno cubano está hablando con nosotros. Tienen un montón de problemas y ningún dinero. No tienen nada de nada ahora mismo, pero están hablando con nosotros, y quizá tengamos una toma de control amistosa. Podríamos acabar teniendo una toma de control amistosa de Cuba”

Quien está negociando con Marco Rubio (secretario de estado de Trump), por parte de Cuba, es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, apodado «El Cangrejo». Es decir, se trata de negociaciones directas desde los centros de poder tanto del lado de Trump como del lado cubano.

La liberación por Trump de un carguero ruso con petróleo para llegar a Cuba debe tener sido parte de esas negociaciones. La portavoz de Trump ha apuntado después, que el gobierno norte americano revisará “caso por caso” la posibilidad de otros arribos. De una forma o de otra, significa menos de diez días del petróleo necesario para Cuba.  

Exactamente en el día en que llegamos a Cuba, el 16 de marzo, Díaz-Canel apareció en la televisión estatal para anunciar las negociaciones con Trump, «con responsabilidad y mucha sensibilidad». Delante de él, sentado, estaba Raúl Guillermo Rodríguez Castro.

Se anunció la liberación de inversiones en Cuba por parte de los «cubanos residentes en Estados Unidos», es decir, de la burguesía cubana radicada en Miami, en los sectores energético, de infraestructura en general y financiero.

Estas inversiones podrán realizarse sin ningún control por parte del Estado cubano. Es decir, se anunció la entrega de la economía cubana al imperialismo norteamericano mediante negociaciones con Trump.

Fue en ese momento que Trump declaró que «sería un gran honor tomar Cuba».

Sin embargo, poco después, Marco Rubio, respondiendo a Díaz-Canel, afirmó que estas medidas no eran suficientes y exigió la apertura de todo el comercio y la renuncia de Díaz-Canel.

Posteriormente, Díaz-Canel respondió a Trump, tanto en redes sociales como en el acto cerrado con la flotilla, afirmando que era posible una agresión militar contra Cuba y que «el país ha lanzado un plan de preparación de defensa basado en el concepto de una guerra de todo el pueblo».

Junto con esto, llevó a cabo una operación mediática. El cantante Silvio Rodríguez, que apoya al régimen, pero critica abiertamente la represión, exigió al gobierno un fusil para defender a Cuba contra Trump. Díaz-Canel le entregó entonces un fusil. 

Todo fue una farsa. El arma entregada a Silvio Rodríguez, como el mismo dije después, era una réplica, no un arma real. No existe ninguna preparación para una operación popular de defensa de Cuba. Durante el tiempo que estuvimos en la isla no hubo ninguna movilización de masas ni preparativos reales de armamento popular. Los activistas con quienes hablamos son unánimes en caracterizar como una farsa esta propuesta de movilización popular.

Sin embargo, existe la posibilidad de un impasse en las negociaciones en curso. Es necesario tener en cuenta que la burguesía cubana de Miami forma parte de la burguesía imperialista. Tiene mucho más peso económico y político que la oposición burguesa venezolana de María Corina Machado.

Puede estar en contra de una salida “a la venezolana” en Cuba. Se trata, por lo tanto, de un proceso abierto, que puede derivar tanto en una invasión militar imperialista como en una negociación real para mantener una parte del régimen, pero subordinado a Trump (a la venezolana). O aun, que ocurra otra hipótesis.

¿Cómo defender realmente a Cuba contra el imperialismo?

En Cuba, se está manifestando una presión brutal del imperialismo contra un pequeño país semicolonial. Ese es el elemento central de la realidad en este momento.

Por otro lado, se está gestando una gran explosión contra la dictadura burguesa cubana.

No sabemos cómo se manifestarán estos procesos desiguales ni cómo se combinarán.

Las negociaciones de Trump con el gobierno cubano pueden conducir a una nueva alternativa similar a la de Venezuela. O puede producirse un bloqueo en las negociaciones y terminar en una invasión militar imperialista.

También puede ocurrir que una explosión popular termine siendo capitalizada por direcciones proimperialistas, vinculadas a Trump. O pueden darse otras hipótesis más o menos combinadas, con resultados distintos.

El gobierno cubano, hasta ahora, mantiene una estrategia de negociar con el imperialismo, reprimir a su propio pueblo y no recurrir a la movilización de masas contra Trump. El razonamiento se basa casi siempre en el mismo argumento: la relación de fuerzas desfavorable.

Realmente existe, en términos militares, una relación de fuerzas absolutamente desfavorable para Cuba. Pero la historia cubana ya ha demostrado que es posible derrotar al imperialismo estadounidense. En 1961, hubo una invasión de Estados Unidos sobre Cuba, en la Bahía de Cochinos. Una movilización popular y militar derrotó en 72 horas la invasión imperialista, asegurando una victoria que consolidó la revolución en Cuba.

Extendiendo los ejemplos a la realidad latinoamericana, en 2002 una movilización popular derrotó el intento de golpe de Estado perpetrado por las fuerzas armadas venezolanas contra Chávez. Y, el ejemplo más conocido de todos, en 1975 una combinación entre la heroica resistencia militar de los vietnamitas y la movilización de masas contra la guerra en Estados Unidos condujo a la mayor derrota política y militar del imperialismo estadounidense hasta la fecha.

En este momento, la combinación entre la resistencia militar iraní y las movilizaciones en Estados Unidos puede conducir a una nueva y gran derrota del imperialismo en la guerra de Irán.

No hay ninguna posibilidad de cambiar esta relación de fuerzas desfavorable sin la combinación de la resistencia militar y la movilización de masas, dentro y fuera de Cuba. Solo preparando realmente una resistencia armada popular en Cuba y uniendo las movilizaciones con las en Estados Unidos- como las que ocurrieron el 28 de marzo «No Kings» y las próximas que tendrán lugar el 1 de mayo- es posible cambiar la relación de fuerzas desfavorable.

Para ello, sería necesario que el régimen cubano liberara a los presos políticos, convocara a la movilización y entregara armas a los trabajadores. Basta ya de farsas como el que ocurrió con el cantante Silvio Rodríguez. Es necesario preparar seriamente una resistencia militar popular contra una posible invasión imperialista.

Entendemos que la dictadura cubana, al menos hasta ahora, está haciendo lo contrario. No hay movilización de masas dentro de Cuba, ni relación con las movilizaciones de masas en EE. UU. Se mantiene una postura represiva ante el pueblo cubano, mientras se dialoga y se negocia con Trump. 

Como dijo la madre de uno de los adolescentes presos políticos del 11 de julio en Cuba, impresiona que Díaz-Canel dialogue con el imperialismo y no con el pueblo cubano. Entre los 2000 presos liberados por el gobierno cubano por la negociación con el imperialismo mediado por el Vaticano no hubo ningún de los presos del 11J. 

El gobierno cubano quiere el fin del bloqueo para que las empresas imperialistas estadounidenses vengan a Cuba, como lo hacen hoy las españolas, francesas e italianas. El gobierno cubano quiere el fin del bloqueo para avanzar en la semi colonización de la isla. Y ahora, está negociando con Trump, lo que puede significar o no la posibilidad de una salida «a la venezolana» para Cuba. 

Además de organizar una verdadera resistencia contra el imperialismo estadounidense, proponemos luchar contra la dictadura cubana como parte de una lucha democrática, parte de una estrategia socialista y antiimperialista.

Defendemos una movilización y organización independiente de los trabajadores y del pueblo cubano. Exigimos libertad para los presos políticos y la libre organización de los sindicatos y de las organizaciones políticas en Cuba, para poder combatir mejor al imperialismo.

Esta lucha democrática forma parte de nuestra estrategia de una nueva revolución socialista en Cuba, re estatizando las empresas privatizadas, incluidas las que están en manos del imperialismo europeo, con una planificación de la economía y un control directo y real de los trabajadores. Queremos una democracia obrera en Cuba, opuesta a la dictadura estalinista, que de hecho tenga su esencia en la participación de los trabajadores en todas las decisiones fundamentales y estratégicas de la isla.

Los activistas de izquierda que defienden la dictadura cubana pensando que, a pesar de los errores, el estalinismo defiende lo que queda de la revolución cubana, deben reflexionar.

La dictadura castrista no está defendiendo el Estado obrero burocratizado que hace mucho tiempo que ya no existe, sino su alianza con las grandes empresas europeas, sus ganancias y privilegios. Por eso es odiada por el pueblo cubano. La dictadura cubana no se está enfrentando a Trump, al menos hasta ahora, sino que está negociando con Estados Unidos.

Apoyar acríticamente a la dictadura estalinista es fortalecer esa visión de los «campos progresistas junto con la burguesía», que ignora las clases sociales y el marxismo. Y prepara una nueva derrota en Cuba, ahora a manos del gobierno estadounidense.

Nosotros, desde la LIT, no solo defendemos a Cuba contra el imperialismo estadounidense, sino que apostamos por la derrota del imperialismo junto con la movilización de masas dentro de Cuba y en Estados Unidos. Estamos dispuestos a apoyar cualquier medida real del gobierno cubano para defender la isla y enfrentarse a Trump. Con lo que no estamos de acuerdo es con su estrategia de negociación con el gobierno estadounidense.

Defendemos el lado de los trabajadores y la juventud en Cuba. Consideramos que su lucha es legítima, justa y necesaria. No se puede negar la realidad de la profunda desigualdad económica y la existencia de la represión de las libertades democráticas. La verdadera manera de luchar contra el imperialismo es, como enseña la historia, apoyándose en las masas cubanas y en el mundo, y no contra ellas.

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