ESPECIAL 50 AÑOS DEL GOLPE DE 1976
Nuestra política durante la Dictadura
La derrota política, económica y social que produjo el golpe militar en marzo de 1976 significó para el PST prepararse para varios años de tareas clandestinas, con su militancia trabajando en empresas para acompañar a nuestra clase allí como última trinchera de la resistencia. Para romper el aislamiento y ganar e integrar nuevos miembros, armó a su vez fuertes aparatos operativos al servicio del periódico -como herramienta central-, folletos educativos, volantes, publicaciones de la Internacional.
Analizaba que el régimen militar iría a una crisis porque la clase trabajadora -si bien derrotada- a los pocos años iniciaría su contraofensiva, en el marco del primer fracaso militar de Estados Unidos (Vietnam, 1975). La consigna central fue ¡Abajo la Dictadura!, ligando todas las demás tareas a este objetivo. Con la crisis económica y política de inicios de 1981, el partido la llevó a un plano más agitativo, con la necesidad de un “argentinazo”, es decir, tirar al gobierno y al régimen por una vía insurreccional, superando los “cordobazos” que habían liquidado a la dictadura anterior.
El partido no se limitó a una línea economicista, de desarrollar las luchas parciales sino supeditarlas a lo central: ¡Abajo la Dictadura! Planteaba “levantamiento del estado del sitio y de toda la legislación represiva”, “aparición con vida de los desaparecidos y vigencia de la Constitución de 1853” pero no con un sentido democratista, sino apuntando contra el régimen. Por más que la mejor consigna objetiva era la de “juzgamiento de los asesinos por las Madres”, el partido levantaba la de las Madres de Plaza de Mayo, porque apoyaba incondicionalmente toda lucha progresiva, sin dejar de polemizar por su programa, lo que le permitió enfrentar exitosamente la situación que se abrió con la guerra de Malvinas en abril de 1982.
En la guerra de Malvinas.
El partido comprendió rápidamente con la LIT-CI recién fundada que la tarea principal pasaba a ser el apoyo total a la guerra, el enfrentamiento al imperialismo inglés y yanqui, e insertarse en el masivo ascenso que había conquistado de hecho libertades democráticas favorables para organizar y construirse. La denuncia del gobierno seguía siendo esencial pero cambiando su carácter, atacándolo por su incapacidad de llevar la guerra consecuentemente, hasta el fin, enfrentando al imperialismo en todos los terrenos. Combinando con la defensa del nivel de vida de los obreros y de los sectores oprimidos.
Con la derrota de Malvinas en junio de 1982, el imperialismo se fortaleció instalando allí una base militar de la OTAN, es decir, una doble cadena que fortifica el aparato represivo sobre la clase trabajadora superexplotada en la Argentina saqueada. Pero la movilización obrera y popular no se detuvo y derrumbó a la Junta de Comandantes, la principal institución del régimen militar.
Contra el gobierno del General Bignone y la Multipartidaria.
Los partidos patronales aglutinados en la Multipartidaria, la Iglesia y el Partido Comunista acordaron respaldar la asunción del General Reynaldo Bignone como gobierno de transición para convocar a elecciones en 1983. El partido -que pocos meses después cambió su nombre a MAS (Movimiento al Socialismo), ordenando su programa con eje en luchar por un gobierno revolucionario obrero y popular- los enfrentó planteando: ¡Que el gobierno se vaya ya! ¡Elecciones inmediatas! Adaptando esta consigna central a cada sector: ¡Que se vayan ya los interventores militares de los sindicatos! ¡Fuera las autoridades universitarias impuestas por el régimen militar!
El partido también propuso luchar “por la inmediata libertad de todos los presos antidictatoriales y antiimperialistas, independientemente de nuestra condena metodológica y política a las organizaciones guerrilleras, ajenas al movimiento obrero, que actuaron durante la pasada década en el país. Garantía plena y ampliación de las libertades individuales, aboliendo toda forma de discriminación y persecución por razones gremiales, políticas, ideológicas, raciales y sexuales. Destrucción de los prontuarios confeccionados por los organismos represivos. (…) Plena libertad para organizarse en partidos políticos o constituyendo sindicatos sin la injerencia del Estado”.
Y ante la “autoamnistía” de los genocidas que intentó Bignone: “Investigación, juicio y castigo para todos los genocidas. (…) Por Tribunales con jurados populares ante los cuales los acusados miembros del «Proceso» deberán demostrar su inocencia (dado que el carácter genocida del régimen compromete y culpabiliza en principio a todos sus funcionarios, rige la «inversión de la prueba»). (…) Hay que identificar y localizar a toda la «mano de obra desocupada» poniéndola bajo el control permanente de las organizaciones populares. Los «servicios» como la SIDE, SIE, SIPBA, Coordinación Federal y semejantes deben ser disueltos de inmediato, porque solo sirven a los propósitos de persecución y represión contra la izquierda y los trabajadores”.
Este programa se basó en la comprensión de que las conquistas democráticas no son concesiones gratuitas de la burguesía y el imperialismo. Por el contrario, apoyaron el golpe y la Dictadura “porque éste les garantizó la superexplotación de los trabajadores y la colonización del país. Con la misma frialdad quieren utilizar ahora la «democracia» para lograr idénticos fines y, en el día de mañana, recurrirán nuevamente al totalitarismo si les conviniese. Sólo la clase obrera puede asumir consecuentemente la lucha por la plena vigencia de las libertades democráticas y los derechos humanos”.
Esa lucha contra el genocidio, por el Juicio y Castigo, por el desmantelamiento del aparato represivo estatal, como parte del programa por la Revolución Socialista y un gobierno obrero y popular, es la guía hasta el día de hoy de quienes nos consideramos herederos orgullosos de esa tradición.




