CRISIS AMBIENTAL EN ÁFRICA ORIENTAL
Sequía en Kenia, inundaciones en Mozambique y muerte en la clase trabajadora
Introducción
En mayo de 2025 se publicó el estudio denominado “Estado del Clima en África – 2024”, que muestra que 2024 fue el año más caluroso jamás registrado en el continente, y que ese aumento de la temperatura vino acompañado de inundaciones devastadoras, sequías y olas de calor marinas.
En este inicio de año, Kenia y Mozambique, países bañados por el Océano Índico, son dos ejemplos que confirman los efectos de la Crisis Ambiental provocada por el capitalismo y sus consecuencias para la clase trabajadora.
En Kenia, tras el fracaso del período de lluvias cortas entre octubre y diciembre, con precipitaciones dos tercios por debajo del promedio, la sequía está matando ganado, cabras y cultivos. Más de 2 millones de personas están al borde del hambre. “Nuestros hijos serán los próximos en morir”, dice un agricultor keniano al ver su ganado morir de sed.
En Mozambique, la actual temporada de lluvias está entre las peores ya vividas en el país. El sistema meteorológico teme que el número de víctimas aumente aún más con el pronóstico de nuevas lluvias intensas. Se emitió una alerta roja, el nivel más alto, en todo el país debido a las condiciones meteorológicas. El portavoz de la Presidencia de la República, Inocêncio Impissa, analizando los efectos de las inundaciones, reconoció: “estamos ante una catástrofe”.
Kenia: sequía en el norte y, en la época de lluvias, inundaciones en el sur
A fines de diciembre de 2024, un informe de las Naciones Unidas afirmó que gran parte de las tierras del planeta se están secando, perjudicando la capacidad de supervivencia de la vida vegetal y animal. El informe aborda el combate a la desertificación —la transformación de tierras antes fértiles en desiertos debido al aumento de las temperaturas causado por el cambio climático provocado por el capitalismo, la falta de agua y la deforestación—.
Además, el estudio constató que más de tres cuartas partes de las tierras del mundo experimentaron condiciones más secas entre 1970 y 2020 que en los treinta años anteriores.
En Kenia, la sequía prolongada está dejando a millones de personas en condiciones de extrema vulnerabilidad. En el nordeste del país, la región más afectada, los habitantes se vieron obligados a arrastrar sus animales muertos a campos distantes para quemarlos, a fin de evitar el mal olor y mantener a las hienas carroñeras lejos de sus casas.
La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna afirmó recientemente que entre 20 y 25 millones de personas en Kenia, Somalia y Etiopía necesitan asistencia alimentaria humanitaria, más de la mitad debido a la sequía. Los niños no están recibiendo una dieta adecuada. Dependen de leche de camello y de cabra, pero no hay disponible. Rebaños de cabras, ganado y camellos ahora deben recorrer hasta 30 kilómetros hasta el bebedero más cercano, disputando el agua restante que las autoridades están racionando.
En este escenario de sequía y desolación, las personas dependen de donaciones de organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, pero los países imperialistas —los que más donaban— están recortando gastos y redujeron drásticamente los presupuestos de ayuda humanitaria el último año. Así, Kenia no recibió ningún suministro en los últimos seis meses.
El gobierno keniano y grupos humanitarios, como la Cruz Roja, intensificaron los esfuerzos de distribución de agua con camiones cisterna, asistencia alimentaria y apoyo financiero. Sin embargo, frente a la magnitud de la sequía y los dos millones de afectados, esta ayuda es una gota de agua en el océano.
Mozambique: un diluvio destruye el país y aún hay amenaza de ciclones
Dos semanas de lluvias intensas en el centro y sur del país dejaron más de 700 mil personas afectadas, 20 muertos, 200 mil viviendas inundadas, 5 mil casas totalmente destruidas y 250 mil alumnos sin clases, ya que más de 350 escuelas están bajo el agua.
“La economía de subsistencia sufrió un duro golpe, con la pérdida de 285 mil hectáreas de tierras agrícolas y la muerte de más de 325 mil animales entre bovinos, caprinos y aves”, según el diario Integrity.
La crisis puede empeorar aún más debido a la situación crítica de la represa Senteeko, en Sudáfrica, que está al borde del colapso. Además del riesgo de ruptura de represas, algunos meteorólogos alertan sobre el inicio del período de ciclones.
Para Guy Taylor, de Unicef:
“Las inundaciones que estamos presenciando no están destruyendo solo viviendas, centros de salud y carreteras”. Y agrega: “El agua contaminada, los brotes de enfermedades y la desnutrición se están convirtiendo en una amenaza mortal para los niños. El hecho de que Mozambique esté entrando en su temporada de ciclones crea el riesgo de una crisis doble”.
En Kenia, sequía. En Mozambique, inundaciones. Fenómenos que se repiten en otros países
Estos son solo dos ejemplos actuales. Podríamos citar Marruecos, donde la sequía redujo en un 45 % la producción agrícola; o Sudán del Sur, que cada año sufre enormes sequías en verano e inundaciones en la temporada de lluvias, lo que lo convierte en uno de los países más “pobres” del mundo.
Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, cada dos años es invadida por verdaderos ríos de aluviones.
Oriente Medio y el norte de África (región MENA) se están calentando mucho más rápido que el promedio global, con los picos más altos en la Península Arábiga y Argelia. Sudán y Somalia sufrieron olas de calor en 2024, con temperaturas superiores a 45 grados. En Tanzania, también en 2024, se registró el año más lluvioso de los últimos 50 años, con precipitaciones 28 % por encima del promedio anual.
Friederike Otto, del Imperial College de Londres, afirma:
“Los frecuentes períodos de lluvias intensas están destruyendo viviendas, devastando cultivos y anulando avances económicos. Con cada fracción de grado de calentamiento causada por los combustibles fósiles, el clima se volverá más violento, creando un mundo más desigual”.
África no contamina y es un punto crítico de la emergencia climática
China, la Unión Europea y Estados Unidos son los mayores emisores de gases de efecto invernadero, con el 42,6 % de las emisiones globales. Al mismo tiempo, otros 100 países representan apenas el 2,9 %.
Los diez mayores emisores (China, EE. UU., India, Unión Europea, Rusia, Japón, Brasil, Indonesia, Irán y Canadá) son responsables de dos tercios de las emisiones mundiales.
La disparidad es tan grande que el África subsahariana contribuyó con solo el 1,9 % de las emisiones entre 1750 y 2021. Sudáfrica aportó el 1,3 %, mientras que los otros 48 países contribuyeron con apenas el 0,6 %.
Según State of Africa’s Environment, aun habiendo contribuido tan poco, hoy África es el punto crítico de la emergencia climática planetaria. De las diez naciones más vulnerables al clima en el mundo, siete están en África.
Datos de agosto de 2021 muestran que:
“En los últimos 60 años, África registró una tendencia de calentamiento que, en general, fue más rápida que el promedio global… el clima cambió a ritmos sin precedentes en al menos 2.000 años”.
Esto explica por qué, de cada tres muertes causadas por condiciones extremas o estrés hídrico en los últimos 50 años, una ocurrió en África. Es decir, aunque el continente es el que menos contamina, concentra el 33 % de las muertes.
2011–2025: los quince años más mortíferos en África
Entre 2011 y 2025, de casi 1.200 millones de africanos, 412 millones fueron afectados por desastres climáticos. En el mismo período hubo 42.000 muertes. Es decir, un tercio de la población africana fue impactada por sequías, inundaciones, ciclones, deslizamientos de tierra, olas de frío y de calor.
El período 2021–2025 fue el quinquenio más devastador: de los 412 millones de afectados en 15 años, 221 millones corresponden a los últimos cinco años.
De las 42.000 muertes entre 2011 y 2025, 29.000 ocurrieron en el último quinquenio, cerca del 70 %. Esto muestra que los desastres son cada vez más extendidos y más mortales.
Un Programa Obrero y Socialista para enfrentar la catástrofe ambiental
FIN DE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES Y TRANSICIÓN ENERGÉTICA BAJO CONTROL DE LOS TRABAJADORES
- Reducción inmediata de las emisiones de gases de efecto invernadero y fin de los combustibles fósiles.
- Ninguna nueva frontera petrolera. Basta de termoeléctricas.
- Expropiación sin indemnización de todas las empresas de energía y de los recursos energéticos, poniéndolos bajo control obrero.
- Elaboración de un plan de transición energética democrático, controlado por trabajadores y comunidades, basado en energías renovables.
RUPTURA CON EL AGRONEGOCIO Y LA MINERÍA DEPREDADORA
- Expropiación sin indemnización del agronegocio, la gran minería y todas las empresas contaminantes y destructoras de biomas.
- Fin de los créditos públicos y subsidios estatales al agronegocio.
- Recuperación de las áreas deforestadas y los biomas devastados.
- Por una agricultura popular, agroecológica y libre de agrotóxicos, orientada a la soberanía alimentaria del pueblo.
AGUA Y BIENES COMUNES FUERA DEL MERCADO
- El agua no es mercancía.
- Reestatización sin indemnización de las empresas de agua y saneamiento privatizadas.
- Fin de los proyectos que privatizan acuíferos y recursos hídricos a favor de grandes corporaciones.
- Contra la instalación de data centers que consumen energía y agua a gran escala, agravando la crisis hídrica y energética.
CONTRA LA “FINANCIARIZACIÓN” DE LA NATURALEZA
- Rechazo total a los créditos de carbono y otros mecanismos de “compensación verde” que convierten los ecosistemas en activos financieros y expulsan comunidades de sus territorios.
- Ningún acuerdo con el capital especulativo “verde”: la naturaleza no es un negocio, es la base de la vida.
PLANIFICACIÓN ECOLÓGICA Y URBANA SOCIALISTA
- Elaboración de un plan popular de adaptación al cambio climático, con inversión pública en infraestructura y prevención de desastres.
- Combate a los incendios forestales, deslizamientos, inundaciones y crisis de abastecimiento con trabajo coordinado entre comunidades, científicos y trabajadores.
- Una revolución verde en las ciudades: replanificación urbana ecológica, transporte público gratuito y de calidad, ampliación de áreas verdes y vivienda digna para la clase trabajadora.
CONTRA LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA Y POR EL CONTROL SOCIAL DE LA PRODUCCIÓN
- Prohibición de la obsolescencia programada en todos los sectores, con control obrero y popular de la producción.
- Plan de reindustrialización ecológica para productos durables y reciclables.
- Garantía del derecho a la reparación, con libre acceso a repuestos y manuales.
- Investigación e innovación bajo control público y colectivo, orientadas a la eficiencia material, a la reducción del uso de recursos naturales y a la mayor durabilidad de los productos.
Para enfrentar la crisis climática africana, retomamos y adaptamos parte del documento “El colapso ambiental es capitalista”, difundido durante la COP30 por la Liga Internacional de los Trabajadores, el PSTU y REBELDIA.
Entendemos que este es un programa inmediato, pero sostenemos con firmeza que los desastres ambientales son consecuencia de la anarquía de la producción capitalista y que solo la revolución socialista y la planificación democrática de la economía, en manos de los trabajadores, podrán enfrentar la tragedia ambiental que crece de forma vertiginosa.




