¿Adónde va Venezuela?
Declaración de la LIT-CI
08/08/2017
La crisis política venezolana divide aguas en toda la izquierda latinoamericana y mundial. La mayor parte de la izquierda reformista se alineó con el gobierno de Maduro “contra el golpe”. Se trata de una maniobra criminal para ocultar que el verdadero golpe está siendo dado por Maduro, quien está imponiendo una dictadura al servicio de la “boliburguesía”.
El imperialismo presiona a Maduro con sanciones diplomáticas y una farsa “en defensa de la democracia” en apoyo de sus representantes, agrupados en el MUD.
Llamamos a los activistas del movimiento de masas de todo el mundo a luchar contra la dictadura de Maduro y a apoyar una alternativa independiente de los trabajadores en Venezuela.
I. Breve resumen de la historia reciente venezolana
Venezuela es un país con una rica historia revolucionaria. En 1989, la aplicación de un plan neoliberal del gobierno de Carlos Andrés Pérez (con una gran desvalorización de la moneda y un aumento de los precios de la gasolina) provocó una insurrección popular, el “Caracazo”. El pueblo pobre de Caracas bajó de los cerros, enfrentó a la policía y saqueó los comercios durante cuatro días.
El ejército reprimió duramente, causando millares de muertes. La burguesía consiguió retomar el control de la situación, pero el gobierno y el régimen salieron heridos. Las Fuerzas Armadas se dividieron. El entonces coronel Hugo Chávez intentó un golpe de Estado en 1992. El golpe fue derrotado, pero Chávez ganó un enorme prestigio popular entre los sectores más pobres. Carlos Andrés Pérez fue destituido en 1993.
Chávez ganó las elecciones en 1998, dando inicio a un largo período de gobiernos chavistas que perdura hasta los días de hoy.
El chavismo tuvo conflictos parciales y una retórica contra el imperialismo norteamericano, lo que le valió gran prestigio en toda América Latina. Los discursos de Chávez contra Bush eran claramente diferentes de los de Lula y de otros gobiernos del continente.
Al inicio, el imperialismo atacó duramente a Chávez. Bush armó un golpe de Estado en abril de 2002. Las masas reaccionaron violentamente, iniciando una nueva insurrección que derrotó el golpe y solo fue detenida con el retorno de Chávez dos días después. Más tarde, hubo también una huelga patronal (lockout) del petróleo, igualmente derrotada en 2003.
El imperialismo aprendió con la derrota del golpe de 2002 y del lockout. Pasó a convivir con los gobiernos chavistas y a utilizarlos para mantener la explotación del país. Mientras tanto, apoyaba a la oposición de derecha para capitalizar electoralmente el desgaste de los gobiernos chavistas y, más adelante, reconquistar el gobierno.
Pasó a usar lo que llamamos reacción democrática, o sea, el uso de los procesos electorales para canalizar las crisis políticas. Una demostración de eso es que en 2004 la oposición de derecha propuso un “referendo revocatorio”, que fue aceptado por Chávez (el cual lo ganó ampliamente).
Chávez fue reelegido en 2006 y 2012 y murió en 2013. Maduro, vicepresidente de Chávez, asumió el gobierno y, en abril de ese mismo año, fue electo presidente.
La crisis económica, con la caída de los precios del petróleo, derrumbó la base material del chavismo. Desde 2014, el país vive una depresión poco vista en la historia. La resultante política fue la ruptura de los sectores populares que apoyaban tradicionalmente al chavismo. En 2015, la oposición de derecha ganó las elecciones parlamentarias, capitalizando el desgaste de Maduro y obteniendo más de dos tercios del Parlamento Nacional.
El gobierno de Maduro simplemente ignoró el Parlamento electo y recurrió al poder que en el país se ejercía mediante el apoyo directo de las fuerzas armadas. Las elecciones para gobernadores, que deberían haberse realizado en diciembre de 2016, fueron postergadas porque todo indicaba que Maduro perdería. La oposición pasó a impulsar una campaña por un “referendo revocatorio” (el mismo mecanismo previsto en la constitución chavista y que Chávez aceptó en 2004), pero, a pesar de conseguir las firmas previstas, Maduro maniobró de todas las maneras para impedir el referendo porque sabía que sería destituido.
Hoy, el gobierno chavista tiene contra sí al 80% de la población venezolana. Por eso, Maduro está promoviendo un golpe de Estado. Convocó una “Asamblea Constituyente” y suprimió el voto universal para la elección de parlamentarios. Estableció criterios distorsionados entre los electores, privilegiando las zonas rurales en las que tiene más peso. Además, 30% de los diputados fueron electos de forma corporativa por sectores como “campesinos”, “estudiantes”, “empresarios” y “trabajadores”, quienes fueron indicados por las burocracias de esos sectores, mientras que una gran parte de las asociaciones y sindicatos está impedida por el gobierno de realizar elecciones para la renovación de sus direcciones. Todo eso para transformar una minoría en mayoría.
Hubo un fraude gigantesco en la votación de la “Constituyente”, denunciado por la propia empresa contratada por el gobierno de Maduro, encargada de la elección. No hubo la votación del 42% anunciada por el gobierno. Fuentes independientes indican una participación de 15 a 17% de la población, incluso con toda la presión del gobierno sobre los empleados públicos y los dependientes de los programas sociales para que fuesen a votar.
Las elecciones municipales, que deberían ocurrir en 2017, y las presidenciales de 2018 están cuestionadas, ya que la “Constituyente” definió que durarán dos años. La fiscal general del país, Luisa Ortega, nombrada por Chávez pero crítica del rumbo bonapartista de Maduro, fue destituida por la “Constituyente” en su primer día.
Para imponer ese golpe, la represión es durísima: más de cien muertos, más de quinientos presos. Además de los ataques de las fuerzas armadas y de la policía, existen los “colectivos”. Se trata de grupos paramilitares que reprimen las movilizaciones y asesinan a los opositores. Se parecen a los “tonton macoutes” de Haití y a las “Triple A” del peronismo en Argentina.
Existe un golpe de Estado en Venezuela, impuesto por el gobierno de Maduro. Un gobierno que no tiene nada de “socialista” ni de “antiimperialista”. Es un gobierno burgués, corrupto, repudiado por las masas… y apoyado por una parte importante de la izquierda reformista en todo el mundo.
II. ¿Qué Estado existe en Venezuela?
El carácter de clase de un Estado se define, según Trotsky, por el “carácter de las formas de propiedad y de las relaciones de producción que el Estado en cuestión protege y defiende”.
No existen Estados “intermedios” en el capitalismo: o son burgueses o obreros. El Estado en Venezuela es, sin duda, burgués; está al servicio de la mantención del capitalismo, de las multinacionales en la explotación del petróleo venezolano y de una nueva burguesía –la boliburguesía– en el control del país.
El Estado burgués venezolano se mantuvo intacto, con sus fuerzas armadas controladas por el chavismo. Nunca hubo nada parecido a organismos de poder de las masas. El PSUV (partido chavista) es un partido burgués, controlado desde el Estado por mafias chavistas, semejante al peronismo argentino, al PRI mexicano y al Partido Colorado en Paraguay.
El “socialismo del siglo XXI” del chavismo es apenas una ideología para ganar a la vanguardia y a las masas para su proyecto burgués. En realidad, el chavismo es una corriente nacionalista burguesa, como el peronismo o el aprismo. Pero con las limitaciones que el nacionalismo burgués tiene en tiempos de la globalización económica del siglo XXI. Chávez hizo mucho menos que la estatización real del petróleo de Cárdenas en México en 1938, o incluso con las estatizaciones del petróleo, la energía eléctrica y los ferrocarriles en la época de Perón, en la Argentina.
La retórica antiimperialista (o, para ser más precisos, antinorteamericana) de Chávez nunca se concretó en una ruptura real con el imperialismo. Después de los enfrentamientos verbales con Bush, la relación con el imperialismo de los Estados Unidos cambió con Obama. En 2008, Chávez llegó a decir que, si fuese norteamericano, votaría a Obama. Además, con el imperialismo europeo, la relación siempre fue mucho más amistosa.
El gobierno venezolano siguió pagando religiosamente la alta deuda externa. La dicha “nacionalización del petróleo” –la medida más famosa de Chávez– fue apenas la mantención de las empresas mixtas y un aumento del porcentaje de participación del Estado en la asociación con las multinacionales instaladas en el país para la explotación y el refino del petróleo. Esas multinacionales pueden ser dueñas de hasta el 49% de las empresas y de reservas de petróleo. En el caso del gas, pueden ser dueñas de hasta el 100 %. Ese tipo de acuerdo con las multinacionales es similar al existente en países como Brasil. El chavismo mantuvo el abastecimiento de petróleo a los Estados Unidos incluso cuando el imperialismo invadía Irak.
Las pocas nacionalizaciones de empresas de otros sectores –como la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos, la Caracas Electricidad o la Siderurgia del Orinoco– se realizaron de acuerdo con los criterios de compra y venta de las acciones aceptados por los capitalistas.
Algunos sectores centrales de la industria, como el de automóviles, están controlados por multinacionales.
Además de las multinacionales, el Estado venezolano sirve a otro sector burgués, la “boliburguesía” (combinación de las palabras “bolivariano” y “burguesía”). Ese sector burgués surgió del aparato del Estado, en particular de la cúpula de las fuerzas armadas. Su acumulación capitalista vino de la intermediación en los negocios del petróleo en el exterior, de la corrupción abierta en los contratos públicos, de las “empresas de maletín” (de fachada), de los fraudes en el mercado de divisas. A partir de este enriquecimiento, los nuevos burgueses pasaron a comprar o fundar empresas. La cúpula del chavismo ayudó y todavía ayuda a saquear la renta petrolera, como parte de su propia acumulación capitalista.
El grupo más fuerte es el de Diosdado Cabello, alto oficial de las FFAA. Es el segundo grupo empresarial del país, dueño de bancos, industrias y empresas de servicios. Otro grupo que le sigue tiene como dueño a otro oficial retirado —Jesse Chacón—, con un banco, una fábrica de leche en polvo y estancias. Existe un tercer grupo empresarial muy fuerte, también propiedad de dos militares retirados, Ronald Blanco La Cruz y Edgar Hernández Behrens.
Además de estos, la boliburguesía incluye a los empresarios y banqueros que se aproximaron a Chávez desde el inicio y así ampliaron sus fortunas, como Alberto Cudemus, presidente de Feporcina. O incluso Alberto Vollmer, dueño de la empresa de ron Santa Teresa, Miguel Pérez Abad, presidente de Fedeindustria y funcionario del gobierno, Víctor Vargas Irasqüín (Banco Occidental de Descuento), y muchos otros.
La boliburguesía ostenta su riqueza de forma abusiva: automóviles, casas y fiestas (muchas en Miami). Además, los militares están directamente ligados al tráfico de alimentos.
El chavismo mantuvo el capitalismo en Venezuela mientras hablaba de “socialismo del siglo XXI”. La cara “social” del chavismo es la misma que la de otros gobiernos latinoamericanos de izquierda y de derecha: programas sociales compensatorios y asistencialistas.
Las “Misiones” venezolanas tienen el mismo carácter que la “Bolsa Família” en Brasil, “Juanito Pinto” y “Renta Dignidad” en Bolivia, “Hambre Cero” en Nicaragua, “Familias en Acción” en Colombia, “Oportunidades” en México y “Juntos” en Perú.
Esos programas no tienen absolutamente nada en contra de los planes neoliberales. En realidad, son recomendaciones del Banco Mundial y del FMI para aplicarse junto con los planes neoliberales. Son compensaciones parciales de la reducción de los presupuestos de salud, educación y jubilaciones para garantizar el pago de las deudas a los banqueros. Según esas instituciones del imperialismo, estos son “programas eficientes” a un “costo bajo” que ayudan a aplicar los planes neoliberales y a mantener la estabilidad política.
El neoliberalismo es aplicado por el chavismo en Venezuela de la misma forma que en el resto del mundo. La diferencia en relación con otros países radica en el peso del petróleo en la economía, lo que posibilita un aumento del peso cuantitativo de esos programas compensatorios, que allí llegó a superar el 40% de la población. Eso aseguró, durante muchos años, el apoyo electoral y político al chavismo. No existe nada de “socialismo” en Venezuela. Se trata de capitalismo colonial, preservado por el chavismo.
III. ¿Quién es responsable de la crisis económica venezolana?
Existe una depresión en Venezuela. En 2016, el PIB retrocedió 18,6 %. En 2017, se prevé otra caída de alrededor de 10%.
Según el economista Michael Roberts, “… el PIB de Venezuela en 2017 es 35% menor que en 2013 y 40% menor en términos per cápita. Eso es una contracción significativamente más acentuada que la ocurrida durante la depresión de 1929-1933 en los Estados Unidos, cuando el PIB de Estados Unidos cayó un 28%”.
A esa catástrofe se suman otras dos: la hiperinflación y el desabastecimiento. La inflación alcanzó 180% en 2015, 800% en 2016 y llegaría a 1.000% este año.
El desabastecimiento es terrible. Los venezolanos están obligados a enfrentar enormes filas todos los días para conseguir pan. Para conseguir productos básicos, están obligados a comprar los importados a precios carísimos.
La situación de los trabajadores es dramática. El salario mínimo actual equivale a cerca de 15 dólares mensuales, mucho menos que el de China o de cualquier país sudamericano.
La realidad actual de Venezuela pocas veces se ha visto en la historia en países que no estén en situación de guerra. Ya existen olas de refugiados venezolanos que escapan de esa situación hacia los países vecinos, en especial Colombia y Brasil. Esa es la base material para la ruptura con el chavismo.
El gobierno chavista y sus simpatizantes en la izquierda mundial atribuyen esta crisis a las “multinacionales” y al “sabotaje de la burguesía”. Nosotros estamos de acuerdo en que el dominio de la burguesía sobre la economía es la raíz de esta crisis. Pero todavía es necesario responder a la pregunta: ¿qué hizo el chavismo en 19 años de poder para acabar con ese dominio? ¿Cuál es la responsabilidad del chavismo en esta crisis?
Una comparación es necesaria. En 2017, conmemoramos los cien años de la Revolución Rusa. Los bolcheviques asumieron el poder en 1917 en un país atrasadísimo y devastado por la guerra. Con la expropiación de la burguesía, el país pudo resolver los problemas básicos de la población, como el empleo, la educación, la alimentación y la vivienda. Mientras el mundo capitalista se hundía en la depresión de 1929 (doce años después de la toma del poder), la entonces URSS crecía en su industria a una tasa del 16% anual entre 1928 y 1940.
En Venezuela, el chavismo hizo lo contrario durante estos 19 años. Mantuvo la dominación de las multinacionales e incluso profundizó el modelo rentista petrolero, parasitario y colonial. El petróleo representaba el 64 % de las exportaciones en 1998 y pasó al 92% en 2012.
El país se desindustrializó con el chavismo, pasando de 18% del PIB en 1998 a 14% en 2012. Un informe de la Conindustria indica que de 33.000 industrias que existían en el país en 1998, se pasó a 17.000 en 2012.
El petróleo representa el 90 % de los recursos del Estado. Cuando el boom de las commodities terminó, vino el desastre económico y la depresión.
La boliburguesía es corresponsable de la crisis económica como parte de la burguesía dominante. Esos grupos burgueses parasitarios se aprovechan de la crisis y del tráfico de alimentos y divisas, al igual que los otros sectores de la burguesía. El alto mando de las FFAA está directamente asociado a la corrupción y al tráfico de drogas.
El gobierno chavista agravó la crisis al priorizar el pago de la deuda externa y reducir la importación de alimentos y de remedios. Es impresionante cómo un país en depresión económica, con hiperinflación y desabastecimiento, paga puntual y obediente la deuda externa a los banqueros internacionales.
Todos los defensores del chavismo, como “antiimperialistas”, deberían explicar esto. Según el propio Maduro: “Venezuela pagó US$ 60 mil millones en compromisos internacionales durante los últimos dos años”.
Michael Roberts afirma: “… el gobierno decidió ‘honrar’ los pagos de la deuda externa y, en su lugar, cortar las importaciones; como consecuencia, las importaciones de bienes y servicios per cápita cayeron 75% (ajustadas por la inflación) en términos reales entre 2012 y 2016, con una caída aún mayor en 2017”.
La otra reacción de Maduro ante la crisis económica fue profundizar la entrega del país. A diferencia de la ideología del “antiimperialismo” de Maduro, en 2016 el gobierno anunció el plan del Arco Minero del Orinoco, que entrega a las multinacionales el 12% del territorio del país, rico en oro, diamantes, hierro y otros minerales.
Los gobiernos chavistas son responsables de la catástrofe que se abate sobre Venezuela, por haber mantenido y profundizado el control de las multinacionales y de una burguesía parasitaria sobre el país.
IV. Un régimen bonapartista, ahora mucho más autoritario
El régimen chavista ya era bonapartista antes de la “Constituyente”, apoyado por el gobierno y las FFAA. Ahora se cerró mucho más.
El régimen político de un país se define por la combinación de las instituciones a través de las cuales circula el poder. Si el poder pasa por el parlamento y por elecciones periódicas, se trata de una democracia burguesa. Si pasa por las fuerzas armadas, es un régimen bonapartista, autoritario.
En el caso venezolano, el chavismo impuso un cambio en el régimen democrático burgués tras la posesión de Chávez, que después se concretaría con la Constitución Bolivariana de 1999. El poder real residía en el gobierno de Chávez y en las FFAA. Pero en aquel período él contaba con un gran apoyo popular. Por eso, durante muchos años, esa característica bonapartista fue enmascarada por la mayoría electoral que apoyaba al gobierno. Tenía un parlamento elegido, pero sin poderes. Y existían elecciones presidenciales, que se mantuvieron mientras el chavismo pudiese ganarlas, así como para gobernador, etc., y quien indicaba las candidaturas del PSUV era Chávez, quien así imponía su voluntad en todos los niveles de gobierno.
Ese tipo de régimen político populista fue caracterizado por Trotsky como bonapartista sui generis; algo semejante ocurrió en varios países dirigidos por el nacionalismo burgués, como el peronismo en la Argentina, el cardenismo en México y el nasserismo en Egipto. Esas burguesías se basaban en regímenes autoritarios y se apoyaban en sectores del movimiento de masas –haciendo algunas concesiones– para negociar conflictos con el imperialismo, a cambio de un margen un poco mayor de independencia y mejores condiciones económicas.
Incluso en esos momentos, mantenían una postura regresiva ante las masas. Chávez reprimió duramente huelgas, como la de Sanitarios Maracay, en 2007. En 2009, dos trabajadores de la empresa Mitsubishi en huelga fueron asesinados por la policía.
Existe una burocracia sindical chavista corrupta y mafiosa, semejante a la burocracia peronista argentina. Las elecciones sindicales en sectores clave, como los petroleros, fueron suspendidas hace cuatro años para mantener a esos burócratas gansteriles en el comando.
La crisis económica y la caída de los precios del petróleo cambiaron todo. Hacia finales de 2015, la oposición de derecha obtuvo la mayoría parlamentaria, pero el gobierno despreció el resultado. El poder siguió pasando por el gobierno y las fuerzas armadas.
Las próximas elecciones presidenciales de 2018 pondrían en jaque el poder chavista, porque la mayoría electoral pasó ampliamente a la oposición de derecha. Esa es la explicación de la “Constituyente”, en realidad, un golpe.
La “Constituyente” es un giro bonapartista dentro del régimen, pasando incluso por encima de la constitución chavista. Anula el voto universal, base de la democracia burguesa, suprime el parlamento elegido y ya llevó a la destitución de la fiscal opositora. En síntesis, acaba con la “contradicción democrática” en el régimen bonapartista.
En Venezuela se está viendo la consolidación de la transformación del bonapartismo chavista sui generis en un bonapartismo clásico de derecha. Acompaña la evolución de otros procesos del nacionalismo burgués que evolucionaron hacia el bonapartismo de derecha, como el PRI mexicano desde Cárdenas, y la evolución de Nasser a Sadat y a Mubarak en Egipto.
V. La farsa “democrática” del imperialismo
El gobierno de Trump “defiende la democracia” en Venezuela y no reconoce la Constituyente de Maduro. La Unión Europea hizo lo mismo, así como la mayoría de los gobiernos sudamericanos.
Se trata de una farsa. El mismo imperialismo que apoya el Estado nazi-fascista de Israel habla de “democracia” en Venezuela. El gobierno de los Estados Unidos, que patrocinó un golpe de Estado en 2002, ahora se dice defensor de las libertades democráticas.
En realidad, el imperialismo no tiene ningún compromiso con las libertades democráticas. Solo usa esa táctica para desgastar aún más al gobierno venezolano. Trump presiona a Maduro para lograr un acuerdo que posibilite elecciones en las que gane el MUD –la oposición de derecha proimperialista–.
Así, esa derecha burguesa retomaría el control del país. El programa económico del MUD es la radicalización del neoliberalismo en Venezuela, lo que abre aún más el país al imperialismo y reduce o suprime los programas sociales.
Pero es importante definir la política concreta del gobierno de los Estados Unidos porque la mayoría de la izquierda reformista denuncia el “golpe militar imperialista”. Por lo menos hasta este momento, eso no existe, exactamente porque el imperialismo aprendió con la derrota del golpe de 2002 y ahora defiende otra táctica con el mismo objetivo estratégico.
Eso es tan evidente que el New York Times publicó un artículo explicando por qué el gobierno de los Estados Unidos no intervene militarmente, señalando que eso podría desatar un “choque más violento”. Y que “las olas de choque en todo el hemisferio podrían agravar las complicaciones para el gobierno americano en el momento en que intenta concentrarse en Corea del Norte e Irán”.
El gobierno de los Estados Unidos también impuso sanciones económicas menores, bloqueando los bienes de Maduro en el país. Si Trump quisiese atacar duramente en términos económicos, bastaría con dejar de comprar petróleo venezolano. Pero eso no interesa ni económicamente ni políticamente para Trump.
La mayoría de los gobiernos sudamericanos se alinearon con la posición del imperialismo; el Mercosur suspendió a Venezuela por “ruptura del orden democrático”. Esos mismos gobiernos mantienen acuerdos comerciales y tratados con Israel. Además, es impresionante ver la farsa de Temer y Peña Nieto, que son repudiados por el 90% de la población de sus países, al criticar a Maduro.
Estuvimos en la línea del frente de la lucha contra el golpe de 2002 patrocinado por el imperialismo. Ante cualquier iniciativa de golpe militar del imperialismo, tendremos la misma postura que en 2002: categóricamente en contra y en la línea del frente del enfrentamiento. Y hoy estamos contra las presiones del imperialismo, tanto diplomáticas como económicas. Nada de positivo vendrá de Trump, de los gobiernos europeos ni de la burguesía sudamericana. Son las masas venezolanas las que deben derrocar a Maduro.
VI. La ruptura de las masas con el chavismo
Existe un cambio central en la situación política del país: la ruptura de los sectores populares con el chavismo. Los barrios populares, antes reductos chavistas, hoy votan abiertamente contra el gobierno. La tragedia venezolana es que no se construyó una alternativa (ni sindical ni política) de los trabajadores frente a los dos bloques burgueses, independientemente del chavismo.
Las movilizaciones contra Maduro ya no se limitan a los barrios de clase media, como en las movilizaciones del MUD del pasado. Incluyen ya a sectores populares importantes, como las movilizaciones contra el gobierno argentino en 2001 y las jornadas de junio de 2014 en Brasil. Las pesquisas indican entre el 80% y el 85% de repudio a Maduro y a la “Constituyente”.
El movimiento obrero está paralizado por la depresión económica, la durísima represión y el control burocrático-estatal. La PDVSA, así como las fábricas estatales como Sidor, está dirigida por militares.
La base obrera y popular del país está contra el gobierno. Ese es el cambio más importante en la situación política del país y el que causó la crisis abierta del chavismo. Una serie de sectores chavistas viene rompiendo con Maduro.
La síntesis de la situación venezolana puede expresarse en una imagen simple de un compañero venezolano: en el pasado, quien hablase contra Chávez en un ómnibus de un barrio popular de Caracas podía ser agredido y arrojado fuera del ómnibus. Hoy, quien defiende a Maduro en los mismos barrios puede ser agredido.
Pero también existe desconfianza en los sectores populares hacia el MUD. Ese es el motivo de fondo por el cual, hasta hoy, los barrios populares, incluso estando fuertemente contra Maduro, no salieron a la lucha en un nuevo Caracazo. Eso todavía no ocurre, pero puede ocurrir en cualquier momento.
Algunos activistas en Venezuela hablan de que el 15% de la población apoya al gobierno, el 35% apoya al MUD y el resto está en contra de los dos.
El enorme problema es que no se construyó una alternativa de izquierda contra el chavismo, aunque minoritaria, debido a la capitulación de la “izquierda” reformista.
VII. ¿Cuáles son las perspectivas?
Hoy, el gobierno de Maduro se apoya esencialmente en las fuerzas armadas. Si hubiera una ruptura militar, el régimen chavista podría venirse abajo. Lo que explica ese apoyo de las FFAA a Maduro es la boliburguesía. La cúpula de las FFAA es parte esencial de la boliburguesía y perdería parte de sus privilegios en caso de que cayera el gobierno y el régimen.
Según Rolando Astarita: “Los militares pueden comprar en mercados exclusivos (por acaso, en bases militares), tienen acceso privilegiado a créditos y a la compra de automóviles y apartamentos, y reciben sustanciales aumentos de salarios. También obtuvieron lucrativos contratos, aprovechando los controles cambiarios y los subsidios. Por ejemplo, vendiendo en los países vecinos la gasolina comprada barata en Venezuela, con enormes lucros”.
Pero si la cúpula es parte de la boliburguesía, eso no se extiende al conjunto de las FFAA, en particular, a la baja oficialidad y a los soldados. Para ese sector, solo sobran la crisis y la represión al pueblo. Por eso, se acumulan elementos de crisis en la base de las FFAA. Ya hay más de 100 militares presos, según informa la prensa.
Al bloquear una salida electoral, el chavismo tensa fuertemente el país. La crisis puede caminar para algunas de estas hipótesis:
- una explosión popular semejante al Caracazo, ahora contra el gobierno chavista;
- una represión sangrienta, con una variante “siria”;
- Una crisis de las FFAA chavistas que obligue al gobierno a ceder y a negociar una salida electoral.
Puede que exista una variante combinada de esas tres primeras hipótesis. O puede ser que ocurra incluso la consolidación del régimen bonapartista posconstituyente durante un período. La continuidad de la crisis económica y política tiende a reducir estratégicamente esa hipótesis.
VIII. El apoyo de la mayoría de la izquierda reformista al golpe de Maduro
La mayoría de la izquierda reformista y centrista en el mundo apoya el golpe “constituyente” de Maduro. No se trata de toda la izquierda reformista, sino de su mayoría. Se trata de los partidos estalinistas de todo el mundo, así como de partidos socialdemócratas con cuadros de dirección de origen estalinista, como el PT en Brasil. Eso se da también en partidos neorreformistas como el PSOL (Brasil), Podemos e Izquierda Unida (Estado español) y Die Linke (Alemania). Existen también sectores centristas y algunos que se dicen trotskistas, como el CWI (Comité Internacional de los Trabajadores) y el MAIS (Brasil), en apoyo abierto a Maduro.
Existen también los sectores reformistas más próximos a la socialdemocracia que se contraponen, aunque de forma limitada, como el Bloco de Esquerda (Portugal), Melenchón (Francia) y una parte del PSOL. Al final, ser aliado de Maduro no es bueno para ganar votos. Bachelet, de Chile, se pronunció contra el golpe de Maduro. El gobierno uruguayo apoyó la suspensión de Venezuela del Mercosur.
Existen todavía sectores centristas, como el PO, el PTS y Nuevo MAS (Argentina), que se contraponen a la constituyente de Maduro, pero se recusan de defender “Fuera Maduro”, en una capitulación a la dictadura venezolana.
Los reformistas y centristas que apoyan el golpe son cómplices de los asesinatos de más de 100 personas y de la detención de más de 500 personas. Y asumen su responsabilidad por todo lo que aún puede venir, como la consolidación del golpe. Son cómplices de una dictadura capitalista, que le da una cobertura “de izquierda”. Se trata de un crimen político.
Hablan en defensa del “socialismo” y de la “izquierda”. En realidad, hacen juego de la propaganda anticomunista de la burguesía, asociando el socialismo con la inmundicia capitalista y corrupta de Maduro. Ayudan así a deformar por completo la imagen del socialismo, exactamente como lo hacía el estalinismo. Es necesario que los trabajadores de América Latina y del mundo sepan que no existe socialismo en Venezuela y que los socialistas revolucionarios se oponen a esa dictadura capitalista y corrupta.
El reformismo y el centrismo se cansaron de denunciar los “golpes parlamentarios o militares” contra los gobiernos de frente popular y los nacionalistas burgueses, cuando no existían. Ahora que existe un golpe, pero dado por el chavismo, ellos asumen la defensa.
IX. Un programa para el país
¡Fuera Maduro!
¡Por una huelga general organizada desde la base para derrocar el gobierno y ese régimen! ¡Por un “venezolanazo” que unifique todas las luchas contra Maduro!
¡Elecciones generales de inmediato!
¡Abajo la represión! ¡Libertad y autonomía sindical! Elecciones libres en todos los sindicatos, sin interferencia del Estado
¡Por la más amplia unidad de acción contra la dictadura de Maduro! Los trabajadores deben organizar y decidir, por las bases, las acciones contra el gobierno.
Ningún apoyo al MUD que quiere capitalizar el descontento de la población para imponer un plan económico aún peor.
¡Por la independencia política de los trabajadores frente a los dos bloques burgueses!
Por un programa económico para los trabajadores, basado en la expropiación de las multinacionales y de las grandes empresas. Abajo, el plan neoliberal de Maduro, así como el del MUD. El petróleo y el gas deben ser 100% venezolanos. Por la revocación del plan del Arco Minero de Orinoco. Por el incumplimiento del pago de la deuda externa. ¡Expropiación de las empresas de la boliburguesía y de todas las grandes empresas! Congelamiento de los precios de los alimentos, prisión y expropiación de los especuladores.
¡Por el control obrero y popular de la producción y la distribución de los alimentos! ¡En defensa del pueblo pobre, expropiar los alimentos de las empresas burguesas!
¡Prisión y confiscación de los bienes de todos los corruptos y corruptores! ¡Escala móvil de salarios acorde con la inflación!
¡Por la autodefensa de los trabajadores! Llamamos a las bases de las FFAA a romper con su dirección, a no reprimir a los trabajadores y a sumarse con sus armas a las movilizaciones.
¡Ni Maduro ni MUD! ¡Por un gobierno socialista de los trabajadores!
Por la construcción de una dirección revolucionaria en Venezuela.




