La campaña de vacunación anti Covid-19 comenzó en todo el mundo y, al 20 de marzo, según el sitio ourworldindata.org, que proporciona actualizaciones en tiempo real, casi cien millones de personas han recibido las dos dosis, o sea, 1,28% de la población mundial.

Por: Giacomo Biancofiore

Un cifra por demás insignificante si se piensa que hay países que han vacunado completamente a un porcentaje de dos dígitos respecto de su población (Israel incluso a 52,27%), otros como los Estados Unidos, aún habiendo vacunado un porcentaje menor, representa cerca de la mitad de los cien millones vacunados en el mundo (43 millones), y más de una centena de países en el resto del mundo que hasta ahora no han vacunado a 1% de la población.

La situación se invierte si, en lugar de considerar la campaña de vacunación, se tienen en cuenta los contagios y las muertes que la pandemia continúa cobrando en el mundo después de más de un año de su inicio (solo en Brasil si registran por día 80.000 casos y 2.500 decesos). Por otra parte, mientras los datos de vacunación son reales y fácilmente contabilizados, los contagios y sobre todo los decesos están absolutamente subestimados.

La situación en Italia

En lo que respecta a Italia, habíamos tratado ya en un artículo anterior[1] el continuo redimensionamiento de la campaña de vacunación. Habíamos destacado también el valor puramente aleatorio de las estimaciones y, en consecuencia, de la totalidad del plan de vacunación, sobre todo debido a las continuas y repentinas reducciones en el abastecimiento de dosis por parte de las empresas farmacéuticas.

Hasta la fecha, el informe de las personas vacunadas (con la segunda dosis) en la población está cercano a 5%; y las cerca de cien mil dosis inyectadas por día están lejos del objetivo ya reducido de quinientos mil.

La campaña de vacunación se vio frenada no solo por la carencia de vacunas sino también por el bloqueo temporario de la vacuna AstraZeneca, por motivos que plantean dudas sobre una posible guerra comercial (esta empresa debería suministrar en total 40 millones de dosis); denunciamos también el pésimo funcionamiento del sistema que gestiona el acceso a los centros de vacunación: por ejemplo, en Lombardía, precisamente en Cremona, en un día, sobre 588 dosis disponibles solo estaban convocadas 70 personas.

Las peligrosas posiciones No vax

La suspensión de la vacuna AstraZeneca por unos días, ha dado nuevo aire a los movimientos No vax [vacuna no] que, para alimentar su posición reaccionaria se apoyan en el pretexto del breve período destinado a la experimentación, por el cual «muchos datos sobre su seguridad y eficacia» son escandalizados por el hecho de que podrían ser recabados solo por el uso generalizado en la población.

En realidad, como a menudo ha sucedido en este último año, la difusión de las preocupantes posiciones negacionistas, complotistas y No vax parten siempre de una subestimación del genocidio en curso y de la extraordinaria emergencia de la salud pública.

Precisamente una emergencia como la pandemia obliga a distribuir medicamentos incluso con datos menos completos que los requeridos en condiciones normales: como indica la EMA (Agencia Europea de Medicamentos), los datos preliminares muestran que «los beneficios del medicamento o de la vacuna» superan «cualquier riesgo». Este es un enfoque improvisado dictado por la gravedad de la emergencia en curso. La ventaja en la relación riesgo/beneficio es indiscutible.

Los datos obtenidos de los estudios clínicos y de las campañas de vacunación en curso muestran que las vacunas contra la pandemia de Covid-19 se clasifican como «muy seguras» porque suelen tener efectos colaterales leves, y efectos graves (pero que pueden resolverse rápidamente con un seguimiento adecuado) únicamente en menos de un caso sobre cada 10.000.

Sin necesidad de entrar en complejas disquisiciones científicas, las casi tres millones de muertes (oficiales) deberían bastar como argumento para despejar el campo de posiciones irracionales, reaccionarias y criminales: estas favorecen las demoras que ponen en riesgo el programa de prevención de vacunas; más bien, se debe denunciar enérgicamente la profunda desigualdad en las tasas de vacunación entre los países.

Primero fueron las fábricas …

Desde los primeros días de la pandemia, el sistema económico capitalista ha mostrado su total incompatibilidad con las necesidades esenciales de la gran mayoría de las personas.

Después de haber clavado en sus responsabilidades la demolición de la salud pública, como denunciamos hace un año en un artículo de Mario Avossa[2], se hizo de inmediato evidente que los dictados de la burguesía capitalista nunca permitirían a los gobiernos aplicar medidas de contención colectiva de la epidemia (contumacia, cuarentena, cordón sanitario), los únicos capaces de preservar al proletariado del contagio y al ya debilitado sistema sanitario del colapso.

Entonces, la prioridad de los gobiernos fue asegurar que la producción industrial no se detuviese, con obreros y las obreras enviados a infectarse y morir como carne para el matadero. Una elección criminal.

Después de la masacre en los valles de Bérgamo, en la que los industriales lombardos obligaron a mantener abiertas las fábricas y el transporte relacionado a pesar de la propagación de la epidemia, la burguesía comenzó a acuñar eslóganes hipócritas y retóricos como «todo estará bien», incluidos corazones y arco iris. Los capitalistas hicieron todo lo posible para evitar paralizar el funcionamiento de sus actividades y la producción de bienes inútiles, agravando la explotación de los trabajadores, expuestos a un alto riesgo de contagio para mantener inalteradas las ganancias empresarias.

«Hay que salir y si alguien muere, paciencia»: la frase memorable de Guzzini, presidente de la Asociación de Industriales de Macerata, causó sensación, pero de hecho representó de manera realista toda la estrategia de los patrones.

… hoy son las vacunas

Los capitalistas dejaron funcionar sus fábricas, a pesar de todo, y enseguida demostraron la total incompatibilidad entre las necesidades de la humanidad y la necesidad «vital» para capital de no detener las ganancias. Las patentes, la producción y distribución de vacunas representan la confirmación de la monstruosidad de un sistema económico de comportamiento criminal, muy alejado de las necesidades de la humanidad.

Hoy en día, la contradicción más evidente es que unas pocas grandes empresas farmacéuticas representan un oligopolio. Estas obtienen ganancias fabulosas, mientras que solo una quinta parte de la población mundial tendrá acceso a la vacuna hasta 2022 (como denunció Médicos Sin Fronteras, basado en estudios realizados por la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos).

Esta es la prueba de que el progreso científico ya es capaz de lograr una vacuna segura en tiempo récord. A pesar de que se dan todas las condiciones tecnológicas y de producción para cumplir el objetivo de vacunas para todos y todas, el capitalismo permanece indiferente frente a la posibilidad de evitar la muerte de millones de personas: el mercado, en primer lugar.

Incluso la rica Unión Europea es incapaz de hacer imponer el respeto a los acuerdos de suministro a la industria farmacéutica; mucho menos lo son esos países irrelevantes frente al ansia de obtener grandes beneficios derivados de las patentes de suministros y servicios médicos.

Tampoco se ha cuestionado nunca el derecho de patentes, columna vertebral sobre la que se asienta la economía imperialista. Incluso frente a la pandemia, los capitalistas y sus gobiernos no dan un paso atrás en las patentes, ni dicen que la investigación de vacunas en todas partes se ha financiado con dinero público.

El programa de los comunistas

Frente a estas manifestaciones de la barbarie del capitalismo, todas las organizaciones de los trabajadores y las masas deben exigir la revocación de las patentes y la consecuente producción y distribución masiva que pueda detener el genocidio en curso.

Mientras tanto, a la espera de una verdadera campaña de vacunación para todos y todas, como se afirma en nuestro programa de emergencia[3], necesitamos asegurarnos de que, como sucedió hace un año, sean los trabajadores quienes proclamen las huelgas para cerrar de inmediato todos los sitios de producción de bienes y servicios no esenciales, con la reivindicación de mantener inalterados los salarios y los puestos de trabajo; con subsidios para todos, hasta completar la vacunación en masa que pueda llevarnos a la inmunidad deseada.

Notas

[1] https://www.alternativacomunista.it/politica/nazionale/vaccini-una-fotografia-del-capitalismo

[2]https://www.alternativacomunista.it/politica/nazionale/covid-19-inchioda-i-picconatori-della-sanita-pubblica-alle-loro-responsabilita

[3] https://www.alternativacomunista.it/politica/nazionale/coronavirus-il-nostro-programma-di-emergenza

Artículo publicado en www.partitodialterantivacomunista.org, 26/3/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.