Engels, desde su juventud se interesó por los temas militares tanto desde el punto de vista teórico como práctico. En 1849 tuvo una participación activa en los combates de Baden-Palatinado como parte del ejército de los rebeldes que intentaban crear una República. Ahí elaboró un plan militar de ataque que fue considerado muy bien concebido.

Por Américo Gomes

Sirvió bajo el comando del ex-oficial prusiano Otto von Mirbach[1], actuando al lado de luchadores revolucionarios como August Willich y Gustav Kammerling, que después sirvieron en el 9º Regimiento de Infantería de Ohio, durante la Guerra Civil norteamericana, y que mandaron informaciones para los artículos que Engels y Marx escribieron sobre el tema. Derrotados por las tropas prusianas y con una orden de prisión en su contra, Engels huyó primero a Colonia, después a Frankfurt, y finalmente se refugió en Suiza.

Engels se dedicó al estudio de obras militares sobre guerras e insurrecciones, analizando aspectos como la organización de los ejércitos, armamento, política internacional, condiciones de comando y calidad de los generales. Publicó artículos sobre el tema, especializándose en esa área. Escribió sobre los principales conflictos armados de su época, como la «Primavera de los Pueblos» de 1848-1849; la Guerra da Crimea de 1853-1855; la campaña de Garibaldi en Italia, en 1860, la Guerra Civil en los Estados Unidos de 1861 a 1865; la Guerra Austro-Prusiana de 1866; y la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Por eso, recibió de la familia Marx el sobrenombre de “General”

Ese interés no era casual. Engels tenía la comprensión de la importancia que tendrían los conflictos armados para la revolución socialista y la toma del poder por el proletariado. Hasta hoy, sus trabajos y publicaciones establecen conceptos generales que pueden y deben ser aplicados en el análisis de las luchas en las calles, guerras y revoluciones. Muchas de esas obras son reconocidas por especialistas militares burgueses.

Wollemberg[2] escribió que “Sus artículos sobre la guerra franco-prusiana (que precede a la Comuna), publicados en Pall Mall Gazette, fueron cuidadosamente estudiados por Trotsky cuando le fue dada la tarea de construir el Ejército Rojo[3], y Wilhelm Liebknecht dijo que: “Si hubiese otra revolución en su vida, tendríamos en Engels a nuestro Carnot[4], el organizador de ejércitos y victorias, el cerebro militar”[5]

El arte de la insurrección

La insurrección como arte fue profundamente estudiada por Engels, y sus aportes fueron la referencia para Lenin y Trotsky en la organización de la toma del poder en la Revolución de Octubre de 1917. Para Engels, los detalles deberían ser profundamente observados en el curso de una insurrección, pues pueden determinar el resultado de los combates.

La insurrección es un arte, exactamente como la guerra o cualquier tipo de arte. La insurrección está sujeta a ciertas reglas cuya no observancia lleva a la ruina de su responsable”.[6] Y advertía: “En primer lugar, no se puede jugar con la insurrección si no se está firmemente determinado a asumir todas las consecuencias del juego (…) una vez iniciado el camino de la insurrección se debe actuar con la mayor determinación y partir para la ofensiva. La defensiva es la muerte de toda y cualquier insurrección armada”. [7]

Lenin tuvo ese material como referencia para sacar las lecciones de la revolución rusa de 1905, y sistematizar aspectos de los enfrentamientos militares del proletariado en un proceso revolucionario. Y concluyó que preparar el momento de la insurrección pasa a ser una tarea clave y precisa, para la cual se tendría que tener en cuenta la combinación de situaciones objetivas y subjetivas, y donde todos los detalles deben ser considerados; «una vez que existan esas condiciones, recusarse a tratar la insurrección como un arte significa traicionar el marxismo y traicionar la revolución«.[8]

Guerra civil en los EEUU

Marx y Engels tuvieron un gran interés en el desarrollo de la Guerra Civil en los Estados Unidos, en los años de 1860, y sobre ella elaboraron tanto en el terreno político como militar. Cuando se dio el ataque del Sur al Fuerte Sumter, en Carolina del Sur, ellos escribieron centenas de artículos para el New York Tribune y para el vienés Die Presse sobre las cuestiones políticas y militares.

A diferencia de todos los analistas de la época, correctamente veían la Guerra Civil como resultado de profundos antagonismos económicos entre los Estados esclavistas y los Estados libres. De un lado, el sector de la burguesía industrial del Norte que busca impulsar la producción con trabajadores asalariados, aunque permitiese la esclavitud por un tiempo más, en varios Estados. Del otro lado, los plantadores del Sur, necesitando más tierra para expandir el cultivo, utilizando la esclavitud en gran escala, en virtud de la creciente demanda de la industria textil británica. “La actual batalla entre sur y norte (…) no es nada más que una batalla entre dos sistemas sociales, el sistema de la esclavitud y el sistema del trabajo libre. Consecuentemente estos dos sistemas no podrían vivir lado a lado por mucho tiempo. Ello solo puede terminar con la victoria de uno de estos sistemas[9].

Para los esclavistas, la adquisición de nuevos territorios era absolutamente necesaria, lo que los llevó a caracterizar la guerra declarada por los Confederados como una guerra de conquista.[10]

La Guerra duró cuatro años, con un total de por lo menos 620.000 muertos en combate y por enfermedades. Marx, al encargarse del análisis más amplio del conflicto, del desarrollo económico y de las relaciones políticas nacionales e internacionales, tenía una visión más general de la dinámica de la guerra. Engels, como analizaba más los aspectos militares, en el inicio tuvo una visión más pesimista. En setiembre de 1862 escribió a Marx preguntando si aún creía en la victoria de los “caballeros del Norte”[11]. Marx le respondió: “En lo que dice respecto a los Yankees, aún tengo la opinión anterior de que el Norte finalmente prevalecerá”. Marx creía que la base económica exigida por los esclavistas, desde el punto de vista estratégico, no podría ser victoriosa. Alertando al amigo: “Me parece que te dejas influenciar, un poco demás, por los aspectos militares de las cosas”.[12]

Aunque Marx tuviese razón sobre el resultado de la guerra, Engels, al tener en cuenta los aspectos militares, veía las contradicciones del enfrentamiento, generadas por la política capituladora de la burguesía del Norte, que podría llevar a la derrota o a la prolongación del conflicto, contra cualquier previsión determinista. Criticó duramente la no formación de batallones negros y su falta de armamento (sean libres, fugados o esclavos) y decía que discursos “benevolentes” no convencerían a los esclavistas, y sí la violencia y el uso de la fuerza. Estudió la geografía, las líneas férreas, los ríos y el terreno de los Estados Unidos, y apuntó que desde el punto de vista militar la estrategia para la victoria pasaba por abrir camino por el Norte de Alabama hasta Georgia, como la llave de entrada al territorio de los secesionistas.[13] Políticas que fueron aplicadas, después, por la burguesía del Norte con la Proclamación de la Emancipación, el 1 de enero de 1863, elemento decisivo para transformar el conflicto en una Guerra Civil Revolucionaria, y, en términos operacionales, Ulysses Grant y William Sherman la concretaron en la Guerra Total, implementada con la ofensiva de Tennessee hasta Georgia, tomando Atlanta en agosto de 1864. Lo que se transformó en la garantía de la victoria del segundo mandato de Lincoln en noviembre, sellando definitivamente la suerte del sur.

Los dos revolucionarios no se limitaron a acompañar el desarrollo bélico, sino que también tuvieron una actuación activa contra los esfuerzos de la burguesía británica de envolver a Inglaterra en la guerra en contra de la Unión. La industria textil sufrió con la falta del algodón, por eso este sector de la burguesía presionaba por la intervención del gobierno británico a lado de la Confederación. Aún con millares de trabajadores despedidos, la clase trabajadora británica se solidarizó con la lucha de la Unión. Marx y Engels hicieron parte del movimiento contra la intervención británica. “La clase trabajadora inglesa conquistó una honra histórica inmortal por sí misma, frustrando los repetidos intentos de las clases dominantes de intervenir en nombre de los propietarios de esclavos americanos con sus entusiasmadas reuniones de masa, a pesar de que la prolongación de la Guerra Civil Americana sujetó a un millón de trabajadores ingleses a los más terribles sufrimientos y privaciones.[14]

Marx y Engels, a pesar del apoyo al Norte, nunca tuvieron ilusiones en el gobierno de Lincoln. Ellos consideraban que fue levado a actuar producto de una revolución popular, arrastrado por los eventos objetivos de la realidad. Lincoln no tenía, al inicio de la guerra, el objetivo de destruir la esclavitud; su política era restaurar la Unión. Fue la resistencia de los esclavos y ex-esclavos, huyendo y negando su trabajo a la Confederación; la combatividad de algunos batallones como el Noveno de Ohio y las tropas de Nueva Inglaterra y del Noroeste; las manifestaciones realizadas por los abolicionistas, negros y blancos, lo que garantizó la victoria en esta guerra, transformándola en un proceso revolucionario, y Lincoln, fruto de ella, como él mismo dice, fue “un prisionero de los eventos”. Por eso ante la reelección de Lincoln, la Asociación Internacional de los Trabajadores, envió una carta de felicitaciones, escrita por Karl Marx.[15]

Lucha de barricadas

La polarización de la lucha de clases en este inicio del siglo XXI, como los enfrentamientos que están ocurriendo en Chile, Estados Unidos, Bielorrusia, Perú, coloca a la orden del día retomar los debates sobre los enfrentamientos en las calles y las manifestaciones de nuestra clase que chocan contra la violencia policial. Engels estudió los conflictos en las calles y las barricadas en París desde 1588 hasta su auge en julio de 1830 (cuando hubo barricadas en mayor número y en más lugares que en todos los tiempos), su utilización en los varios conflictos de Europa en 1848 y en la Comuna de París, en 1871, con su heroica pero ineficiente resistencia.

Concluyó que las luchas de barricadas, así como los conflictos en las calles, son parte de una “estrategia defensiva”, en el sentido de buscar principalmente “la división de las fuerzas represivas”, pero derrotarlas militarmente. “No tengamos ilusiones: una efectiva victoria de la rebelión sobre la tropa en la lucha en las calles, una victoria como la que un ejército obtiene sobre otro, solo ocurre muy raramente. Pero los insurrectos también raramente lo pretendían. Para ellos, se trataba apenas de desgastar las tropas por medio de influencias morales (…). Si eso resulta, la tropa se niega a obedecer o los comandantes pierden la cabeza y la revuelta vence. (…) Aún en el período clásico de las luchas en las calles, la barricada tenía, por lo tanto, un efecto más moral que material. Era un medio de debilitar la firmeza de la tropa. Si se aguantaba hasta conseguir ese objetivo, se alcanzaba la victoria; si no, era la derrota.[16]

Lenin que estudió este material fue en el mismo sentido: “La táctica militar depende del nivel de la técnica militar, sensible verdad que Engels demostró y se esforzó por llevar a la compresión de todos los marxistas. Kautsky tenía razón cuando escribió, después de Moscú y de revisar las conclusiones de Engels, que Moscú hizo surgir una “nueva táctica de barricadas”.[17]

Lo que fue confirmado por Larisa Reisner[18] cuando analizó las barricadas en Hamburgo: “Es una pared montada por árboles, piedras y vehículos volcados para arriba, cubriéndose como una zanja profunda, trinchera que impide el camino de los carros blindados, los enemigos más peligrosos de un levantamiento. Es en esa trinchera que reside el significado de la existencia de la barricada moderna. (…) La barricada aguanta corajudamente con el pecho todo el fuego ciego y frenético que las tropas hacen llover sobre sus enemigos invisibles. (…) Los trabajadores se vuelven invisibles, ilusorios, y casi invulnerables”.[19]

Actualmente, la lucha en las calles no solo continúa, con la flexibilización técnica necesaria y la iniciativa suficiente utilizada por los nuevos activistas luchadores, como continúa cumpliendo el objetivo de desmoralizar, dividir y paralizar los aparatos de represión.

Muchos académicos e intelectuales intentaron deformar las conclusiones de Engels alegando que al plantear la necesidad de actualización técnica para las luchas en las calles estaría abandonando la defensa de la violencia revolucionaria, optando por una política reformista de llegar al socialismo a través de vías pacíficas. Tales falsificaciones fueron echadas por tierra por los estudios de las cartas de Richard Fischer y la lectura del trabajo de David Riazanov, director del Instituto Marx-Engels.[20]

Trotsky fue categórico: “La crítica de Engels nada tenía en común con una renuncia a los métodos revolucionarios en provecho del puro parlamentarismo, como intentaron demostrar en su tiempo los filisteos de la socialdemocracia alemana, en cooperación con la censura de los Hohenzollern. Para Engels, la cuestión de las barricadas continuaba siendo la cuestión sobre uno de los elementos técnicos de la insurrección. Los reformistas intentaron deducir de la negación del papel decisivo de la barricada la negación de la violencia revolucionaria en general[21].

Engels defendía que la “lucha en las calles”, para ser efectiva en la división y posible derrota del aparato represivo del Estado, debería estar combinada con una política para reventar el ejército burgués por dentro: “el rompimiento del interior del militarismo y el de todos los ejércitos permanentes”.[22] Condición indispensable para el suceso de la revolución. Una tarea a ser realizada por medio de la propaganda y agitación políticas, y por la “interpenetración” entre el ejército y la población. Una orientación que fue asumida por la IIIa Internacional, expresada en la cuarta de las 21 condiciones para la admisión en la Internacional Comunista: “El deber de propagar las ideas comunistas implica la necesidad absoluta de desarrollar una propaganda y una agitación sistemática y perseverante entre las tropas (…)’[23].

Al comentar una carta de Engels a Kautsky[24] sobre este tema, Trotsky escribió: “Engels corrige a Kautsky (…) Es necesario que la tercera, o, mejor aún, las dos quintas partes del ejército (lógicamente estas proporciones se mencionan como ejemplo ilustrativo) adquieran simpatía por el socialismo; en este caso, la insurrección no sería un ‘pusch’; las barricadas volverían al auge, claro que no las barricadas de 1848, sino las barricadas “nuevas”, que, no obstante, servirían al mismo propósito; detener la ofensiva del ejército contra los obreros, brindando a los soldados la oportunidad y el tiempo necesario para sentir el poder de la insurrección y crear con ellos las mejores condiciones para que el ejército pase al bando de los insurrectos[25].

Engels y la violencia

Engels presentó el texto “Teoría de la Violencia” integrado a la obra Anti-Dühring, publicado en 1878, donde polemiza profundamente con el Dr. Dühring sobre la relación entre la violencia y la evolución de la sociedad. Para eso utiliza en su análisis una perspectiva dialética-histórica que actúa dentro de las relaciones de clase.

Dühring definía la violencia como “una maldad absoluta, a ser demonizada” como un modelo moral a-histórico. Engels demuestra que es todo lo contrario: el elemento económico, la apropiación privada y la diferencia social, es lo que hacen que la violencia se vuelva un instrumento en las manos de la clase poseedora para opresión de la otra clase. Lo que significa que la violencia está relacionada con la mantención de las desigualdades sociales en el capitalismo. Que después de estructurado solo podrá ser abolido también por la violencia, esta vez de la clase oprimida, en su lucha de resistencia contra la clase dominante explotadora.

En la política solo hay dos poderes decisivos: la violencia organizada del Estado, el ejército, y la violencia desorganizada, elemental, de las masas populares.”[26]

Engels estuvo a la vanguardia en la defensa de esa concepción, contra todas las variantes reformistas. “Para Herr Dühring, la fuerza (violencia) es el mal absoluto; el primer acto de fuerza para el pecado original (…) Esa fuerza, (violencia), entretanto, desempeña también otro papel en la historia, un papel revolucionario; que, en las palabras de Marx, es la partera de toda vieja sociedad embarazada de una nueva, que es el instrumento con el cual el movimiento social abre camino y destroza las formas políticas muertas y fosilizadas”.[27]

En este sentido, Marx y Engels dieron especial atención al estudio de la historia y composición de los ejércitos y las técnicas militares: “¿Hay alguna parte donde nuestra teoría según la cual la organización del trabajo es determinada por los medios de producción se verifica de modo más brillante que en la industria de la carnicería humana?[28]

Para comprender que existe una relación dialéctica entre estos y el desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales y el desarrollo económico de la sociedad[29], “el ejército ilustra prácticamente bien la relación entre las fuerzas productivas y los medios de cambio y distribución[30]

Las fuerzas de represión concretan el monopolio del Estado en el armamento y en la violencia. En “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado[31], de 1884, Engels abordó este aspecto de forma concreta al exponer que el Estado, para refrenar los antagonismos y conflictos de clase tiene que garantizar el monopolio de la violencia en las manos de la clase económicamente dominante, con sus aparatos de represión. Siendo necesario quebrar la máquina del Estado burgués y constituir nuevas instituciones, revolucionarias y proletarias. Ese concepto fue extensamente incorporado por Lenin en El Estado y la Revolución.

Engels y la toma del poder por el proletariado

Engels durante toda su vida intelectual trabajó con criterio revolucionario sobre la toma del poder y consecuentemente la insurrección, los combates en las calles y los enfrentamientos militares de la clase obrera, en el sentido de que tenían que ser preparados científicamente, en todos sus aspectos, porque entendía que solo una revolución violenta puede destruir el Estado burgués y abrir el camino para el socialismo. Mantuvo hasta el final de su vida la defensa de la violencia revolucionaria como una necesidad histórica para llegar a la Dictadura del Proletariado. Por eso estuvo en contra de la exigencia de la dirección de la Socialdemocracia alemana para que moderase las opiniones expresadas en su prefacio de Las luchas de clases en Francia” por causa de las “leyes antiterroristas”[32].

En palabras de Trotsky: “Que distancia entre las líneas de Engels, no del joven, sino del hombre de setenta y tres años, y la actitud estúpida y reaccionaria de quien tacha la barricada de ‘romanticismo’”, (como…) Kautsky (que) no tiene vergüenza de contarnos (que) había publicado un artículo donde ‘desarrollaba las ventajas del método de lucha democrático-proletario en los países democráticos, en contraposición a la política de la violencia’”.[33]

Son las bases teóricas desarrolladas por Marx y Engels, y la defensa de estas bases, principalmente después de la muerte de Marx, que establecieron los fundamentos para que Lenin, Trotsky y los bolcheviques realizasen la Revolución de Octubre, con la Guardia Roja y la constitución del Comité Militar Revolucionario, e instituyesen la República de los Soviets con los organismos que tenían la función de asegurar ese Estado, como el Ejército Rojo, los Tribunales Populares, y las fuerzas de represión para derrotar los intentos contrarrevolucionarios de la burguesía y del imperialismo.

Notas:

[1] Conocido comandante que había combatido en la revolución polaca, en Grecia y en Egipto como organizador militar.

[2] Comandó un destacamento de marineros revolucionarios en la revolución de 1918, uno de los líderes militares de la Revolución en Baviera (1919) y responsable por la construcción de células comunistas en el Reichswehr (ejército alemán), uno de los jefes militares en la insurrección del Ruhr en 1923, después oficial del Ejército Rojo entre 1924 y 1926.

[3] WOLLENBERG, Erich. El General del Proletariado, http://www.scientific- socialism.de/ArteGeneralProlet.htm#_ftn1.

[4] Lazare Nicolás Marguerite Carnot, conocido como el «Organizador de la Victoria” en las guerras revolucionarias francesas.

[5] W. Liebknecht, “Reminiscences of Engels” (1897), in W. A. Pelz (ed), Wilhelm Liebknecht and German Social Democracy.

[6] ENGELS, Friedrich.“La insurrección: reglas fundamentales”, publicado en: Revolución y Contrarrevolución en Alemania, capítulo XVII: Consultado em: http://www.scientific-socialism.de/ArteEngelsIns.htm.

[7]ENGELS, Friedrich.“La insurrección: reglas fundamentales”, publicado en: Revolución y Contrarrevolución en Alemania, capítulo XVII: Consultado em: http://www.scientific-socialism.de/ArteEngelsIns.htm. 

[8] LENIN, V. I. “El Marxismo y la Insurrección”, Carta al Comité Central, 26-27 de setiembre de 1917. Disponible en el link del artículo, https://www.marxists.org/portugues/lenin/1917/09/27-1.htm.

[9] Guerra Civil en los Estados Unidos, Die Press, 07 de noviembre de 1861. Escritos sobre la Guerra Civil Americana, Aetia Editorial.

[10] Novak, Georg. Marx y Engels sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos.

[11] Carta de Engels a Marx, 09 de setiembre de 1862,La Guerra Civil en los Estados Unidos”, Ediciones Rosa Blindada, 1973.

[12] Marx e Engels, 10 de setiembre de 1862, La Guerra Civil en los Estados Unidos. Ediciones Rosa Blindada, 1973.

[13] “Para una crítica de los asuntos americanos”, 4 de agosto de 1862, Escritos Sobre a Guerra Civil Americana, Aetia Editorial.

[14] NOVACK, George. Marx y Engels sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos.

[15] La Guerra Civil en los Estados Unidos, Ediciones Rosa Blindada, 1973.

[16]Prefacio al texto de Marx, “La lucha de clases en Francia”, publicado en 1891 https://www.marxists.org/portugues/marx/1850/11/lutas_class/introducao.htm

[17]Enseñanzas de la insurrección de Moscú,
Publicado en Proletari, número 2 del 29 de agosto de 1906, Obras Completas Tomo XIII. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/progreso/tomo13.pdf

[18] Escritora, poetisa y revolucionaria polaca-rusa, ayudó a Lunacharsky en el Ministerio de Cultura, después sirvió en el Ejército Rojo al lado de Trotsky durante la Guerra Civil, siendo jefe de una sección de inteligencia de la flotilla del río Volga en la batalla de agosto de 1918 por Sviazhsk; viajó en 1923 a Alemania, para participar del proceso revolucionario; sobre eso escribió dos libros: Hamburgo en las barricadas y Berlín, octubre de 1923.

[19] Hamburgo en las barricadas – parte 2

[20] Ver artículo completo sobre el tema, de Francesco Ricci, El “testamento” falsificado de Engels: una leyenda de los oportunistas, en la revista Marxismo Vivo – Nueva Época n.° 11.

[21] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, citación del capítulo “El arte de la insurrección”. Mondadori, 1969.

[22] ENGELS, Friedrich. Anti-Dühring part II, ch III, in K Marx and F Engels, Collected Works, op cit, vol XXV, p. 158.

[23] Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, Ediciones Pluma, Tomo 1, p. 143.

[24] 03 de noviembre de 1893.

[25]El ILP y la Cuarta Internacional, en medio del camino, 1935, Escritos, León Trotsky, Tomo VII, Volumen I.

[26] ENGELS, Friedrich. “El papel de la violencia en la historia”, 1888

[27] Engels, Friedrich. Anti-Dühring, 1877 Parte II: Economía Política, IV.

[28] Carta de Marx a Engels, 7 de julio de 1866, editorial Cartago, p. 183.

[29]Carta de Marx a Engels, del 25 de septiembre de 1857 (http://es.wikisource.org/wiki/Carta_de_Marx_a_Engels_(25_de_setiembre_de_1857)

[30] Para la Critica de la Economía Política.

[31] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. 1884.

[32]Leo hoy con asombro en el Vorwärtz un extracto de mi “Introducción” publicado sin mi conocimiento, truncado de tal manera que yo aparezco en él como un adorador pacífico de la legalidad, cueste lo que cueste.” Carta de Engels a Kautsky, 01 de abril de 1895.

[33] El ILP y la Cuarta Internacional en medio del camino, 1935, Escritos. León Trotsky, Tomo VII, Volumen I.